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Mujer de altos vuelos

María de los Ángeles Avelar Mayer
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Revista BiCentenario #16

A?ngel ZA?rraga: NiAi??a aprendiendo la historia, 1927

Si bien durante el siglo XIX la paulatina inserción de la mujer dentro de ciertos campos como el académico o el laboral (restringido a ciertas áreas), como el magisterio fue aceptada, el que dejase en un segundo plano las tareas domésticas continuó siendo duramente rechazado por la sociedad; en este sentido, se le permitió desarrollarse personalmente siempre y cuando satisficiera primero las necesidades de los otros. Pero no todas las mujeres estuvieron totalmente de acuerdo con los cánones que se les imponían ni con la continuidad de las estructuras tradicionales que condicionaban el crecimiento personal al estricto ejercicio de los roles que les habían sido designados. Una de estas mujeres fue la tabasqueña Dolores Correa Zapata, maestra y escritora que si bien reconoció como primordiales las labores de esposa y madre, también comprendió que no todas las mujeres estaban interesadas en ejercerlas y por lo tanto consideró fundamental dotar de herramientas a sus congéneres que buscaban tener otra forma de vida. Demos un breve vistazo a la vida de esta gran mujer.

Dolores Correa Zapata nació el 23 de febrero de 1853 en Teapa, Tabasco. Fue la única hija de Juan Correa y María de Jesús Zapata; le precedían tres hermanos, Alberto, Armando y José. En 1863, ya instaurado el Segundo Imperio, llegaron a Tabasco tropas francesas lo que quizá obligó a Juan Correa, hombre de ideas liberales, a huir a la isla de Cuba en busca de asilo político en tanto que Dolores, junto con su madre y sus hermanos, salió de Tabasco para irse a vivir con la familia de su padre, los Correa Zavala, a Mérida, Yucatán.

Laureana Wright de Kleinhaas

Es en esta tierra donde Dolores pasó toda su infancia y parte de su juventud. Influenciada por sus primas Gertrudis Tenorio Zavala y Cristina Farfán, quienes más tarde serían poetisas y periodistas de suma importancia, adquirió un amor profundo por las letras y la instrucción femenina. Como parte de una familia con recursos económicos modestos, pero no escasos, recibió educación con maestros privados (tal y como se estilaba en la época).

En 1868, a poco de caer el segundo imperio, su padre regresó a México y la familia volvió a Teapa, lugar donde, junto con su hermano Alberto, sería enviada a la escuela local. Poco tiempo después la familia se trasladó a la capital tabasqueña donde Dolores ingresaría al instituto Superior de San Juan Bautista. Este suceso marcaría la formación académica de Lola ya que durante el siglo XIX, si bien empezaban a darse los primeros movimientos de emancipación femenina en América (muchos de ellos influenciados por la ilustración), que abogaban por un proyecto educativo que contemplase una instrucción más completa para las mujeres, en México la educación femenina se encontraba aún muy rezagada.

Diego Rivera, Picos e Inesita, 1928

Dolores, como algunas mujeres educadas de la clase media, se incorporó rápidamente al magisterio. A los veintidós años ya fungía como maestra de educación primaria en Tabasco. Tal vez la insuficiencia de escuelas para niñas en la región fue lo que la inspiró para la construcción del Colegio María (nombrado así probablemente en honor a su madre). El día en que inauguró dicha institución dirigió las siguientes palabras al alumnado:

No penséis en quiméricas glorias
La ventura del alma buscad
Que las galas del mundo ilusorias
Amarguras tan sólo nos dan, hermosas
Si queréis vuestras sienes
De brillantes laureles ornar
Si queréis de la vida, dichosas
Vuestras horas serenas pasar
Que el amor al trabajo os dirija
Por la senda preciosa del bien,
Escribid en el lema que os rija,
“La niña Dios, familia, conciencia, deber.”

[...]

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El rebozo en México durante los siglos XIX y XX

Ariana Martínez Otero – Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

 

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El rebozo, prenda de forma rectangular, larga y tejida con hilos de seda, algodón o una combinación de estos materiales, ha sido indispensable para muchas mujeres a lo largo y ancho del país durante gran parte del periodo colonial y los siglos XIX al XXI.

Su origen se remonta a Persia e India, de dónde llegó a México vía España; es más, la palabra chal deriva de xal, manto con que se cubrían los sacerdotes persas. Se dice que fueron los árabes quienes lo introdujeron a la península el rebociño (02toca blanca de un lienzo tenue, ceñido a la cabeza y el rostro femenino, que a veces caía sobre los hombros o el pecho); y también que procede del ayate prehispánico. El hecho es que en nuestro país el chal se convirtió en rebozo, vocablo que viene de arrebozarse o sea, cubrirse el rostro con una capa o manto.

En las novelas del siglo XIX existen extraordinarias descripciones de las costumbres y vestimenta femenil mexicana, lo cual se aprecia a partir de los personajes que cobran vida en ellas. Un ejemplo aparece en El fistol del diablo, de Manuel Payno:

Arturo volvió la cara y se encontró con una mujer tapada con un rebozo y unas enaguas blancas y delgadas, cuya vejez, a pesar de su aseo, se podía notar. [...] La muchacha, con uno de esos movimientos admirables y divinos de pudor, cubrió un poco más su cara y sólo dejó contemplar al joven dos hermosos y apacibles ojos azules.

03El rebozo es una prenda cuyo uso no distinguía clase social, siendo utilizado tanto por mujeres adineradas que seguían la moda del momento, como por aquellas cuya condición económica no era tan favorecida. También podía recibir un mal uso. Fanny Calderón de la Barca cuenta como

El rebozo mismo, tan gracioso y adecuado, tiene el inconveniente de ser la prenda más a propósito, hasta ahora inventada, para encubrir todas las suciedades, los despeinados cabellos y los andrajos. Aun en las mejores clases contribuye al disimulo del desaliño en el vestir, pero en el pueblo el efecto es intolerable.

0406El uso generalizado del rebozo mantuvo esta prenda como una de las mercancías textiles más demandadas por la población a lo largo del siglo XIX. Se le podía encontrar en las tiendas de telas en los portales, pero también en los mercados y con los vendedores ambulantes. El rebozo servía para que las mujeres cubrieran su cabeza al asistir a misa, para protegerse de la lluvia o el viento o simplemente de la vista de quienes andaban los pueblos o las ciudades, como una forma de recato. Se empleaba también como cuna infantil: los niños iban sujetos y abrigados a la espalda de sus madres, mientras éstas se atareaban. Era canasto improvisado para transportar verduras o cachivaches o asiento de los canastos repletos de fruta e incluso cobija con que se tapaban las ollas de los tamales ubicadas en las esquinas de las calles. De igual forma podía llevarse como adorno sobre el pecho.

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A dichos usos, habría de añadirse el que se le dio durante la revolución mexicana, pues las mujeres que acompañaban a las tropas federales o insurrectas y se conocían como soldaderas 07empleaban el rebozo para cargar alimentos o municiones y distribuirlas entre los hombres. Les servía además para cubrir su condición materna y aparentemente frágil, y a la vez para portar un rifle y acudir al campo de batalla. A veces lo aprovechaba para curar heridas y hasta como mortaja.

08La tradición del rebozo, manto de historia, perdura hasta hoy. Si bien su uso ha disminuido en comparación con los siglos precedentes, todavía es visto entre las mujeres que venden artículos en los cruceros de las grandes avenidas, o en aquellas cuyos ingresos son mayores y los destinan a ocasiones especiales.

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Todo esto nos permite considerar el rebozo como la prenda femenina mexicana por excelencia. Sus funciones y la forma de llevarlo sólo tienen por límite la imaginación de su portadora.

Actualmente, hay varios centros reboceros en el país. Los más conocidos son: Santa María del Río, en San Luis Potosí, famoso por sus rebozos de seda; Tenancingo, especializado en el rebozo de algodón fino, y Tejupilco, ambos en el estado de México; Zamora y Tangancícuaro, en Michoacán; Moroleón, Guanajuato, y Chilapa, Guerrero.

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Consejos de belleza

EL SIGLO XIX

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El rostro femenino recibía una atención especial. Las publicaciones periódicas prodigaban consejos y anuncios de artículos de belleza y nuestras tatarabuelas y bisabuelas debieron buscarlos y conseguirlos. En general, el ideal era que la tez luciese como de porcelana, el cabello se peinara en rizos o un moño sencillo o trenzado y recogido en una guirnalda. Se aceptaba el teñido, pues desagradaba el cabello gris o rojo. Asimismo, se veía vulgar la pintura roja en labios o mejillas y el retoque de las cejas. Los sombreros, que enmarcaban la cara, formaban parte del guardarropa y cambiaban según la moda.

Sin título5Como en el siglo XVIII

Apenas sale la señora de la cama, después de hacer dos caricias a su perrito, dar dos voces a sus criados, y olvidándose muchas veces de dar gracias a su Creador, se dirige a este paraje [el tocador], en donde se gastan las mejores horas de la mañana –entra el peluquero– la señora padece con gran gusto un martirio insufrible. Gasta tres o cuatro horas en adobar su cabello [...]. Saca luego los emplastos y salserillas, dase en el rostro, y con ellos logra, ¡qué milagro! Salir blanca de morena, colorada de descolorida, con lunares, sin haberlos tenido, y en fin con una cara sobrepuesta, adulada de mueble, lisonjeada de sus criadas, y ella muy pagada de sí.

Diario de México, 1811.

 

A las trigueñas

Lo blanco sienta bien a todas las fisonomías [...]. Pero con respecto a los demás colores, debe la trigueña consultar el buen gusto y el espejo. El azul fuerte sobre todo en pañuelos cerca de la cara, debe considerarlo como una tentación del demonio. Nada diremos del encarnado en igual caso, porque nos parece imposible que ninguna trigueñita en su juicio quiera exponer sus gracias a prueba tan terrible. En general, no conviene a su fisonomía ningún color fuerte. El de barquillo, el de paja, el de caía bajo, el azul muy suave, el rosa muy suave también, son colores que sientan bien, que aumentan la expresión de una cara trigueña.

Panorama de las señoritas mexicanas, 1842.

Para secar el cabello

El abundante cabello de una señora puede secarse inmediatamente, exponiendo al vaho o vapor del benjuí. Debe la señora reclinarse en un sofá de suerte que le cuelgue el pelo por el otro lado. Un braserillo con dos o tres pedacitos de carbón encendido se coloca después debajo del cabello y échese luego una poca de goma de benjuí en polvo en el braserillo. El espeso humo que se desprende y que está muy impregnado de ácido carbónico, absorbe rápidamente la humedad del pelo, el cual debe antes enjuagarse muy bien con una toalla de manera que conserve la menor humedad posible, y pocos minutos se tendrá el cabello perfectamente seco y aromatizado.

Semana de las señoritas mexicanas, 1851.

Vinagre aromático, cosmético y antimefítico

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Este vinagre preparado para el tocador evita y hace desaparecer los granitos, ardor, manchas ocasionadas por el sol, y las arrugas; refresca, blanquea y ablanda el cutis, hace que esté siempre terso. Se halla de venta en México en la calle de S. Agustín núm. 1.

Los espejuelos del diablo, 1865.

Vigor del cabello del Dr. Ayer

Es el mejor cosmético. Hace crecer el cabello, destruye la caspa, y con su uso el cabello gris vuelve a tomar su color primitivo [...], conservando su riqueza, exuberancia y color hasta un periodo avanzado de la vida. Cuanto más se usa, más rápidos son sus efectos. Medalla de oro en la Exposición de Barcelona.

El mundo, 1896.

01Nueva higiene del cabello

La nueva higiene del cabello que prescribe el Dr. Guelpa consiste en tratar el cabello con sustancias grasientas y proceder al masaje de la cabeza, prescribiéndose en cambio el empleo de lociones antisépticas, salvo en casos especialmente indicados. La experiencia ha demostrado que con el masaje de la cabeza los cabellos suelen crecer más rápidamente y más fuertes que con cualquier otro tratamiento.

El tiempo ilustrado, 1910.

 

EL SIGLO XX

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Fue en el decenio de 1920 cuando el arreglo del rostro femenino cambió de forma radical con hábitos nuevos como el depilado de las cejas o el uso del lápiz labial. Con el avance de la liberación femenina, este arreglo fue cada vez más atrevido y personal. La industria de los cosméticos triunfó, aunque siguieron las rutinas caseras –sugeridas muchas veces en periódicos y revistas populares. La tez blanca se defendió, aunque se aceptó darle tonos rosados y, años después, que se bronceara, el cabello se recortó, pero también se usó largo, se le tiñó pero no sólo para ocultar las canas sino para cambiar el color, y labios, mejillas, ojos, cejas, pestañas se pintaron de colores rojos o púrpuras. A partir de los años sesenta, y hasta la fecha, no hubo o hay más límites que los que cada quien se impuso o impone. Los afeites para el rostro, por lo demás, hallaron un nuevo mercado: el masculino. En cuanto a los sombreros, ineficaces en un mundo y un tiempo marcados por las multitudes y la velocidad, fueron desapareciendo.

Agua para rejuvenecer el rostro

Cuézanse dos pies de ternero en diez y ocho libras de agua de río, y cuando se haya disminuido ésta de una mitad, échese una libra de arroz, que se hará cocer asimismo con migas de pan remojado con leche, dos libras de mantequilla fresca y las claras de diez huevos también frescos con sus cortezas y telillas. Enfriada la mezcla se pasará en seguida por un lienzo fino, y el agua que resultara es la que tiene la propiedad de hermosear y rejuvenecer.

Elegancias, 1923.

 

03 (465x640)El camino más corto hacia la belleza

Indudablemente que usted lo descubre cuando se asegura de que su maquillaje es correcto. De igual manera que si sus ojos son azules usted realza su belleza con un vestido azul, el maquillaje que le corresponde es el que proporciona el uso de Lápiz Labial, Arrebol, Sombra, Máscara y Polvo Marvelous en tonto Dresden. Si sus ojos son oscuros, Parisian si café claro, Continental si verdes o grises, Patrician.

La familia, 1931

Un aspecto más juvenil

Un magnífico estimulante de la circulación sanguínea del rostro es un trozo de hielo. Envuelto en un paño delgado –pues aplicado directamente podría causar ligeras quemaduras– como si fuera una borla de polvos, pasárselo repetidas veces por la cara, pero siempre partiendo de la barbilla en dirección a la frente. Su acción beneficiosa es múltiple, pues además de activar el riego sanguíneo hace que se adquiera en seguida un aspecto más animado y juvenil. [..] Después de este pequeño masaje un poco de crema va muy bien.

Enciclopedia del hogar, 1945.

04 (320x500)Atención especial al rostro

La crema base para polvo o tónica simplemente, se aplica con los dedos haciéndose un ligero masaje. Luego se retira el excedente con una toalla suave o un kleenex, luego el polvo; se arreglan meticulosamente las pestañas, el rouge y lápiz de los labios, de acuerdo con el color del rostro, y ya está.

Excélsior, 1960.

 

ARSA

 

La moda femenina

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 3.

En el siglo XIX

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El atuendo de la mujer ha variado radicalmente en los útimos dos siglos, influido por los cambios en la estética y la sensualidad femeninas. El gusto por la moda francesa, que dominaba en el mundo hispano desde la época de los Borbones se extendió hasta principios del siglo XX. Sin embargo, hubo modificaciones. Así, en el Calendario de las señoritas megicanas para el año de 1838 dispuesto por Mariano Galvá (también los de los años 1839, 1840, y 1843) se aprecian ya variaciones. Se ha dejado la rigidez del estilo barroco, con sus bordados en hilos de oro y plata, los encajes, las alhajas profusas y las pelucas empolvadas, de modo que ver en las calles una mujer así arreglada debía parecer anticuado. Se juzgaba muy elegante ataviarse según la moda neoclásica, con vestidos más sencillos de muselina, seda y tafetán, sin olvidar el terciopelo, y con ornamentos más sencillos: joyas discretas, el cabello recogido sobre la cabeza y la nuca, los sombreros de paja italiana o de arroz, de gasa lisa o crespón, bajos, con ala pequeña y velo.

En el siglo XX

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Para la década de 1920, el giro en la moda femenina era ya muy marcado, acorde con los cambios que se daban en la vida de la mujer occidental. Su incorporación a la economía como obreras, secretarias y profesionistas, y la obtención del voto en algunos países fueron sólo algunos de ellos. El transporte rápido y el diferente sentido del tiempo en las ciudades exigieron que su ropa se simplificara. La revista Elegancias(1923-1925) muestra como se adoptaron entonces túnicas rectilíneas de talles largos y sueltas hasta la cadera, faldas arriba del tobillo o a media pierna y mangas cortas, al tiempo que el corsé entró en desuso. Se redujo la cantidad de tela empleada en los sombreros y éstos se convirtieron en cascos que ceñían la cabeza. Se cortaron las cabelleras largas y eso, junto con la moda, provocó el escándalo de los sectores tradicionales de la sociedad.

Los diseños de Hollywood sustituyeron a los de París a través del cine y la moda se hizo masiva al facilitarse su confección y abaratarse el costo. El ideal femenino era la mujer joven, deportista, que bailaba y disfrutaba de una vida más secular.

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De cómo las mujeres se fueron a la Revolución

Ana Lau -UAM-X

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 3.

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Ramón F. Iturbe y su Estado Mayor femenino.

Las mujeres han sido parte integrante de la construcción histórica de México. su presencia es fundamental en todos los órdenes de la vida económica, política y social. No obstante, su ausencia en los análisis historiográficos, así como en las historias generales, es una muestra de la invisibilidad que como protagonistas han padecido a lo largo del tiempo, por lo cual hay que combatir esa exclusión, incluyéndolas, estudiándolas y develando su participación.

El siglo XX mexicano estuvo marcado por una numerosa presencia de mujeres en espacios que habían estado reservados para los varones; paulatinamente se fueron integrando al trabajo remunerado, a la educación superior, a la política y también a la guerra. Las dos primeras décadas de ese siglo fueron testigos del activismo femenino en la prensa, la oposición al régimen porfirista y los movimientos revolucionarios, ya que fue en esos ámbitos donde se rompieron esquemas, se desdibujaron los roles tradicionales y se trastocó la división entre el ámbito público y el privado.

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1900-1917 ¿Dónde estaban las mujeres?

Durante el Porfiriato hubo intentos por desarrollarse económicamente a través del establecimiento de un gobierno fuerte, capaz de dominar y pacificar al país. se pretendía entrar a la modernidad impulsando la industrialización y el comercio exterior, pero se continuó con la acumulación de tierras en pocas manos, se ahondó? la dependencia económica y la práctica del peonaje se hizo más severa; lo mismo ocurrió con la falta de libertades políticas. La situación de pobreza y desigualdad que afectaba a la mayoría de las y los mexicanos propició la fundación de movimientos de oposición que crecieron y se fortalecieron, hasta organizarse en un movimiento que en 1911 derrocaría al dictador Porfirio Díaz.

Para 1910 la población mexicana total ascendía a 15 160 369 habitantes de los cuales 7 504 471 eran hombres y 7 655 898 mujeres.

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Pascual Orozco y el gobernador González, rodeados de las señoritas que tomaron parte en la recepción hecha al bravo revolucionario, La Semana Ilustrada, México, 30 de junio de 1911.

Entre éstas encontramos algunas de clase media, que habían estudiado y empezaban a trabajar como profesionistas. Abogadas, dentistas, farmacéuticas, médicas, parteras, tenedoras de libros, periodistas, poetisas, escritoras y profesoras formaban una minoría que, poco a poco, se haría notar y empezaría a exigir igualdad para su sexo.

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