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Los cimientos del voto femenino

Martha Eva Rocha Islas /Ai??DirecciA?n de Estudios HistA?ricos, INAH

Bicentenario #22

Se cumplen seis dAi??cadas de la entrada en vigor de la ley que puso en pie de igualdad el derecho a votar de la mujer mexicana. Pero ya en 1915 un grupo de mujeres habAi??a colocado el tema en discusiA?n a travAi??s de los clubes femeniles y la difusiA?n en la prensa. El Congreso Constituyente de 1916 le dio un eco poderoso, donde si bien no permearon las propuestas por el sufragio femenino, dotA? de legitimidad su reclamo democrA?tico.

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Sra. Margarita Robles de Mendoza, sosteniendo un cartel en la espalda, MAi??xico D.F., ca. 1934-1940, SINAFO.

El debate legislativo sobre el voto femenino en MAi??xico, se dio por primera vez en el Congreso Constituyente de 1916. El paAi??s aA?n no estaba en paz, sin embargo la facciA?n carrancista se vislumbraba como la vencedora. AllAi?? se presentaron tres iniciativas a discusiA?n, resultado de la activa participaciA?n que habAi??an llevado a cabo las mujeres como propagandistas en la revoluciA?n mexicana y que algunas de ellas iniciaron desde la primera dAi??cada del siglo XX.

La revoluciA?n mexicana involucrA? a las familias y sus acciones no podrAi??an entenderse si no se mira el entramado de relaciones sociales y de parentesco que las sustentan; las mujeres propagandistas resolvieron la logAi??stica organizativa mediante la formaciA?n de clubes polAi??ticos femeniles, aunque algunas se integraron a los clubes presididos por hombres que operaban en distintas poblaciones del interior del paAi??s.

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“La mujer en la lucha social”

Ai??Los primeros clubes femeniles que se formaron fueron el Josefa Ortiz de DomAi??nguez, en Puebla, en 1909; y el Hijas de CuauhtAi??moc, en la ciudad de MAi??xico, en junio de 1910. En la segunda etapa revolucionaria encabezada por Venustiano Carranza, bajo la bandera de la legalidad constitucional suscrita en el Plan de Guadalupe, el 26 de marzo de 1913, se llamA? una vez mA?s a los mexicanos a sublevarse. Unido a la lucha bAi??lica, el despliegue de las campaAi??as de propaganda por parte de los distintos grupos revolucionariosAi?? ai??i??constitucionalistas, zapatistas, villistasai??i?? era fundamental para lograr el triunfo de sus programas. El compromiso de las mujeres propagandistas en esta etapa adquiriA? una relevancia inusitada y se fundaron nuevos clubes. Atala Apodaca dirigAi??a el cAi??rculo Josefa Ortiz de DomAi??nguez, en Guadalajara, Jalisco; Mercedes Olivera estaba al frente del club del mismo nombre en JuchitA?n, Oaxaca; el club Plan de Guadalupe fue organizado por Mercedes RodrAi??guez Malpica, en Veracruz. Hay que mencionar, ademA?s, el club Melchor Ocampo en la regiA?n de Atlixco, Puebla; la Segunda Junta Revolucionaria Constitucionalista de Puebla-Tlaxcala, el club Mariano Escobedo del cual era vicepresidenta Josefina Ierena; el club Lealtad que presidiA? MarAi??a Arias Bernal, y que fundA? en el PanteA?n FrancAi??s, el 22 de marzo de 1913, un mes despuAi??s de ocurridos los asesinatos de Francisco I. Madero y JosAi?? MarAi??a Pino SuA?rez, y el club DemocrA?tico Feminista, ambos formados en la ciudad de MAi??xico.

Ai??Los clubes constituyeron un lazo de uniA?n entre los rebeldes en armas y la poblaciA?n civil, a la que habAi??a que convencer buscando la adhesiA?n de voluntarios que engrosaran las filas constitucionalistas. Las integrantes de los clubes eran tambiAi??n espAi??as, correos, agentes confidenciales, enfermeras, conseguAi??an y transportaban armas y material de guerra asAi?? como medicamentos y alimentos a los campamentos bAi??licos, lo que las hizo padecer cateos, detenciones y encarcelamientos.

Ai??En los clubes se desarrollA? entonces el trabajo de las propagandistas, quienes no sA?lo distribuAi??an materiales impresos en sus recorridos (planes, programas, periA?dicos, circulares, hojas volantes, decretos), sino que, como voceras, impartAi??an conferencias y hacAi??an arengas polAi??ticas a la poblaciA?n civil. Este convencimiento mediante la palabra fue fundamental en una poblaciA?n mayoritariamente rural y analfabeta. El activismo de las mujeres hacAi??a evidente en la prA?ctica lo que a nivel del discurso se les negaba: sus aspiraciones de participar en la vida polAi??tica del paAi??s.

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Mujer colocando su voto para gobernador de Jalisco, 1955. SINAFO

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Un pastizal dorado

Irma RamAi??rez Orozco

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 2.

InterioresBicentenario 2_Page_39

A?Quieres que te cuente cA?mo vivAi?? mi juventud? A?QuAi?? vas a escribir? A?un artAi??culo para una revista?

TA? lo sabes, de nuestra generaciA?n, el que no era hippie o revolucionario, no fue joven; vivimos los sueAi??os y las fantasAi??as, los delirios y las angustias del tiempo de la guerra frAi??a y en Chihuahua esas tensiones se amalgamaron con nuestra historia y nuestra tAi??pica forma de ser.

A?Que no me ponga tan docta? A?Pues entonces quAi?? es lo que quieres que te platique? A?Algo mA?s cotidiano?

La vida de los jA?venes de mi barrio ahora resulta muy convencional; tardeadas, twist, rock and roll, sodas y, como un reto a lo establecido, las escandalosas pelAi??culas de Elizabeth Taylor. aunque estA?bamos un poco aislados, nos llegaban las noticias sobre los triunfos de la RevoluciA?n cubana y nos estremecimos con el asalto al cuartel de Ciudad madera por un grupo guerrillero.

A?Algo mA?s personal? Ay, conversaciA?n a la carta y toda la cosa. bueno, va.

A?Te acuerdas de haberme oAi??do mencionar a Teo, mi vecino? Fue mi novio. un sA?bado en que venAi??amos del cine, vimos algunos carros desconocidos frente a la casa. Me preguntAi?? quiAi??nes serAi??an y si estA?bamos presentables. SentAi?? que mis cejas se estiraban al darme cuenta de que Teo traAi??a las huellas de mis labios por toda la cara y su respiraciA?n aA?n subAi??a en grandes oleadas a pesar de sus esfuerzos por normalizarla. Con un paAi??uelo borrAi?? mis besos de su frente y sus mejillas y el bilAi?? desparramado alrededor de mi boca. una vez mA?s, Ai??l me habAi??a pedido que dejara la secundaria nocturna. naturalmente, me neguAi??. nos enojamos. la reconciliaciA?n se dio, arrecholados, en un rincA?n oscuro de la calle. Quiero decirte que para mAi?? asistir a la secundaria nocturna resultaba muy importante, no sA?lo por las clases y el certificado para seguir estudiando, tambiAi??n porque era como subir a una loma y desde allAi?? ver las cosas de otra manera. En la escuela escuchamos por primera vez a los Beatles; oAi??mos grabado en una cinta uno de los mA?s bellos discursos por la paz y la igualdad entre los seres humanos de Martin Luther King; tambiAi??n se vendieron carteles de Angela Davis, expulsada de la universidad de California por su forma de pensar, ostentando con orgullo su negritud, su ropa africana, su libre y natural melena encrespada, al punto que pronto se convirtiA? en el sAi??mbolo sexual de los chavos de la escuela.

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