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Le decían Jack

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 27.

Guadalupe Villa Guerrero
Instituto Mora

Estuvo tan sólo cuatro meses en México, pero le fueron suficientes para explicar los complejos personajes que dieron vida a la revolución mexicana. Escritor comprometido con sus ideas, temperamental y carismático, John Reed iba a contracorriente. Escribía tanto sobre la represión a obreros en su natal Estados Unidos como sobre la revolución bolchevique en Rusia. Así abrió los ojos de muchos a través de reportajes y libros que mostraban otras perspectivas del mundo

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Quizá como ningún otro, Reed nos dejó el registro de la rica y compleja gama de personajes que de muy diversas maneras se integraron a los ejércitos revolucionarios. Él mismo se consideró, temporalmente, un revolucionario más entre las fuerzas de la División del Norte, al unirse a las tropas del general Tomás Urbina en su marcha a Torreón. La colección de re- portajes que actualmente es posible disfrutar en el libro México Insurgente, nos adentra en sus experiencias: Esto era la tropa cuando la vi por primera vez. Eran como un centenar de sol- dados, cubiertos de harapos pintorescos; algunos vestían ropas de obrero, de mezclilla; otros, las chaquetillas charras de los peones; en tanto que uno o dos alardeaban de sus pantalones pegados de vaqueros. Sólo unos cuantos llevaban zapatos; los más de ellos huaraches, y el resto iba descalzo. […] los rifles colgaban de sus monturas, llevaban cuatro o cinco cananas de cartuchos cruzados sobre el pecho, altos sombreros de flotantes alas; inmensas espuelas que tintineaban al cabalgar; sarapes de brillantes colores, amarrados atrás de la silla. Todo esto constituía su equipo.

Otros combatientes retratados por el reportero fueron los soldados de fortuna o mer- cenarios, algunos de ellos habían combatido en el ejército maderista y estaban de regreso en el país para ofrecer sus servicios, aun sin hablar el español: El capitán canadiense Treston tenía su vivac y su batería de ametralladoras bajo la sombra de los álamos […] habían descargado los cañones y sus pesados trípodes, de las mulas, veíanse regados en todo el contorno los útiles de campaña. Los animales pastaban en la rica y verde pradera. Los hombres estaban acuclillados o tira- dos a lo largo de las orillas del canal. Treston nos saludó agitando una tortilla llena de ceniza que comía y gritó: ¡Oiga, Reed! ¡Por favor, venga acá a traducirme! ¡No puedo hallar a mis intérpretes, y si entramos en acción, estaré en un aprieto! No sé hablar el condenado idioma; cuando vine aquí, Villa contrató los servicios de dos intérpretes para que me acompañaran siempre. seq-5 (388x640)Y ahora no los encuentro […] ¡siempre se ausentan y me dejan en un atolladero!

Tan solo fueron cuatro meses los que Reed permaneció en nuestro país y, no obstante, los pintorescos relatos recogidos a lo largo de su travesía, muestran al socialista comprometido que intentó desentrañar el alma de los mexicanos y el porqué de la lucha fratricida. Este vivaz e infatigable periodista no regresaría más a México, pero estaría presente en muchos de los escenarios de protesta social en su tierra y en las guerras internacionales que caracterizaron al siglo XX

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Los hombres de la DivisiA?n del Norte

Guadalupe Villa Guerrero – Instituto Mora.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

El 29 de septiembre de 1913 quedA? formada en La Loma, Durango, la DivisiA?n del Norte. Esta fuerza militar, encabezada por Francisco Villa y conformada por hombres de Chihuahua, Durango y La Laguna, obtuvo para el ejAi??rcito constitucionalista los mA?s sonados triunfos de la revoluciA?n y a ella se debiA? la derrota de Victoriano Huerta.Ai??

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Gral. Francisco Villa pasa revista a las tropas de la DivisiA?n del Norte, ca. 1914. Library of Congress, Washington D. C. Estados Unidos.

Durante la primera etapa de la revoluciA?n, Francisco Villa habAi??a adquirido prestigio como organizador y estratega militar y habAi??a dejado en claro su admiraciA?n y lealtad por Francisco I. Madero. En 1912, el flamante mandatario lo habAi??a llamado para combatir a un antiguo aliado que se habAi??a vuelto en su contra, PasAi??cual Orozco. Cuando el lAi??der norteAi??o ai??i??hasta entonces dedicado a la vida privadai??i?? retomA? las armas, prestA? sus servicios como fuerza auxiliar bajo las A?rdenes de Victoriano Huerta.

Poco despuAi??s de haberse incorporado al ejAi??rAi??cito federal, afloraron las diferencias entre los militares de carrera y aquellos que habAi??an conquistado sus grados en la lucha revoluAi??cionaria. El choque entre Huerta y Villa fue inevitable, y Villa fue acusado de insubordiAi??naciA?n, desobediencia y robo, y puesto frente al paredA?n, sentencia a muerte conmutada por cA?rcel en la ciudad de MAi??xico; primero en la PenitenciarAi??a de Lecumberri y despuAi??s en la prisiA?n militar de Santiago Tlatelolco, de donAi??de huyA? para establecerse en Estados Unidos. De allA? volverAi??a para vengar las muertes de sus admirados amigos, el presidente Francisco I. Madero y el gobernador de Chihuahua, Abraham GonzA?lez.

Tras su regreso al paAi??s en marzo de 1913, Villa fue incrementando el exiguo grupo de ocho hombres con los que cruzA? el Bravo hasta transformarlo en un importante contingente al frente del cual se convirtiA? en uno de los jefes de operaciones en el estado de ChiAi??huahua. En tan sA?lo seis meses, su carisma y don de mando convertirAi??an al controvertido duranguense en lAi??der de uno de los mayores y mA?s exitosos ejAi??rcitos revolucionarios: la DivisiA?n del Norte.

ESCRUTINIO DE LIDERAZGO

Pancho Villa, Toribio Ortega y Juan Medina - 68106 (532x640)

Generales Francisco Villa, Toribio Ortega y el coronel Juan Medina.

Lograr acaudillar a los insurrectos de ChiAi??huahua no fue empresa fA?cil, pues muchos rehusaban subordinarse a mandos superiores; unAi??an, sAi??, temporalmente sus fuerzas para lograr determinados objetivos militares, pero no tenAi??an interAi??s en perder el poder que ejercAi??an en sus territorios. Entre los sublevados que se sumaron a Villa estaban Toribio Ortega, lAi??der agrario de Cuchillo Parado, veterano de la revoluciA?n maderista, cuyo nA?mero de efectivos ascendAi??a a 500 hombres; y Juan Medina, un antiguo oficial federal que durante su permaAi??nencia en el ejAi??rcito habAi??a participado en 1903 en la guerra contra los yaquis. La inhumana campaAi??a lo indujo a darse de baja como miliAi??tar y avecindarse en Chihuahua, donde se incorporA? a la luAi??cha maderista. Al triunfo de la revoAi??luciA?n y con AbraAi??ham GonzA?lez como gobernador, desempeAi??A? el carAi??go de jefe polAi??tico del Distrito Bravos. Cuando Victoriano Huerta asumiA? el poder, fue perseguido por sus antiguos comAi??paAi??eros de armas y tuvo que huir a Estados Unidos, de donde volviA? para unirse a Villa. Medina prestarAi??a grandes servicios a su superior, pues serAi??a el encargado ai??i??como jefe de Estado Mayorai??i??, de entrenar, disciplinar y dar cohesiA?n a los heterogAi??neos grupos armados.

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“El mA?s leal”, el villista Toribio Ortega

Pedro SalmerA?n SanginAi??s / ENAH
Revista BiCentenario No. 5, pA?g. 42-43

Gral. Ortega B-5Entre los caudillos revolucionarios que, con sus hombres, constituyeron la famosa DivisiA?n del Norte eligiendo a Pancho villa como jefe de la misma, el general Toribio Ortega RamAi??rez, jefe de la Brigada JesA?s GonzA?lez Ortega, era conocido como “el mA?s leal”. Pero ademA?s de eso, Toribio Ortega era uno de los generales de la DivisiA?n del Norte con mayor claridad polAi??tica: desde 1903 encabezA? la AsociaciA?n de Habitantes de Cuchillo Parado, que tenAi??a por objeto continuar el viejo pleito legal que los campesinos de ese pueblo sostenAi??an contra el hacendado Carlos MuAi??oz, que al amparo de las leyes de terrenos baldAi??os y con el aval de la CompaAi??Ai??a Deslindadora de Juan A. Creel (hermano de un influyente polAi??tico del grupo de los “cientAi??ficos” que fue embajador de MAi??xico en Washington, secretario de Relaciones Exteriores y gobernador de Chihuahua de 1903 a 1911), se apoderA? de buena parte de las tierras que el pueblo tenAi??a amparadas por tAi??tulos de propiedad otorgados por el presidente Benito JuA?rez en 1865.

Durante seis aAi??os Toribio Ortega encabezA? la lucha legal del pueblo contra el hacendado y el gobernador, sin obtener ningA?n resultado favorable, por lo que en 1909 decidiA? fundar un Club Antirreleccionista, corresponsal del que en la ciudad de Chihuahua dirigAi??a don Abraham GonzA?lez. Ortega y sus compaAi??eros lograron que en Cuchillo Parado y otros pueblos del desierto oriental de Chihuahua ganara Madero las elecciones de julio de 1910, a pesar de la acciA?n y las amenazas del gobierno. Y cuando Madero llamA? a la revuelta, Ortega se comprometiA? a levantarse puntualmente el 20 de noviembre… lo que no cumpliA?, pues el dAi??a 13 recibiA? el aviso de que gendarmes montados habAi??an salido del pueblo de Coyame para aprehenderlo a Ai??l y a sus principales partidarios, por lo que al amanecer del dAi??a 14 se apoderA? del pueblo y se retirA? a la sierra del PegA?is para esperar el dAi??a 20. Desde entonces, la gente de Cuchillo Parado reclama para sAi?? el honor de haber empezado la revoluciA?n, pues Ortega y los suyos se levantaron en armas cuatro dAi??as antes de que en Puebla cayera Aquiles SerdA?n.

Villa y Ortega B-5

Villa y Toribio Ortega

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