Archivo de la etiqueta: Antonio López de Santa Anna

Horacio Cruz GarcíaFacultad de Filosofía y Letras, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 58. Las celebraciones del inicio de la guerra de la independencia, en septiembre de 1842, tuvieron una particularidad inédita. Estando en la presidencia el militar que había destacado frente a los españoles y luego contra los franceses, sus apologistas crearon un monumento que guardaría en una urna de vidrio la pierna izquierda perdida en 1838 en Veracruz. Antonio López de Santa Anna es uno de los personajes fundamentales de la historia mexicana, pero, a diferencia de la mayoría, no es recordado o considerado como un héroe, sino como un dictador extravagante, responsable de la pérdida de la mitad del territorio nacional ante Estados Unidos. Sin embargo, en algunos momentos de su vida fue reconocido como un prócer. En ese sentido, destaca un episodio conocido y peculiar: el entierro de la pierna que…

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En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 58. Se cumple, en noviembre, el centenario de la muerte de uno de los hombres imprescindibles de la revolución mexicana: Ricardo Flores Magón. En tiempos en los que el anarquismo era perseguido, así como el socialismo y el comunismo –su muerte en una cárcel de Estados Unidos es su mejor ejemplo–, Flores Magón tuvo la valentía de llevar al extremo su ideario de libertad contra la desigualdad. Tanta radicalidad le significó la pérdida de amigos y correligionarios –de hecho, lo convirtió en un peligro en México donde también sufrió la cárcel–, pero sus ideas, enarboladas en textos y discursos, terminaron por convertirse en la razón intelectual de quienes se alzaron en armas para acabar con el régimen porfirista. Y si bien lo suyo fue agitar, como señala Guadalupe Villa, y nunca empuñar el fusil –aunque parezca una contradicción para un…

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Silvia L. Cuesy Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 54. Mucho gusto, mi general, tantos años penando por saber de usted… Empecé con las ganas cuando llegué a trabajar aquí, hace ya harto tiempo… Y nadie me daba razón. Anduve pregunte y pregunte por todos lados. De algunos asuntos supe casi sin yo indagarlo. Averiguar su historia se me volvió una testarudez, no sé por qué. Nadie me daba razón, le digo. ¡Chin!, como si usted no existiera; hasta topar, ¿a qué no adivina con quiénes?: con los vendedores de libros viejos del rumbo que tanto saben… Pero cómo no va a existir, si aquí estamos, ¿no? Yo frente a usted y usted frente a mí. Quizá su excelencia no se imaginase nunca este momento; la verdad es que yo mucho menos. Curiosa la vida, ¿verdad?, ni aunque lo hubiese yo pedido me habría imaginado llegar a conocerlo.…

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Ana Rosa Suárez Argüello Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 44. Durante su segundo exilio en Colombia y a un año de huir del país, el ex dictador recibió a un periodista de un medio estadounidense al que le relató su participación en el proceso de independencia, los “errores” de juventud de apostar por un país federado y el desprecio por las políticas americanas. Cuando “Amigo” se enteró de que el general Antonio López de Santa Anna se había establecido en Turbaco, a dos horas de Cartagena, Nueva Granada, decidió sacar partido de su viaje a Bogotá y detenerse en aquella población para hacerle una entrevista. Debía estar convencido de que su editor tendría interés en ella, por lo que no dudó en visitar al ex hombre fuerte de México y departir un rato con él. “Oliendo” una buena noticia, “Amigo” se presentó en…

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Faustino A. Aquino Sánchez Museo Nacional de las Intervenciones En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 37. En el país dividido de la primera mitad del siglo XIX, la legalidad se pretendía manejar con discreción. Mariano Otero la sufrió en carne propia, por eso el impulso que le dio a la figura jurídica del juicio de amparo. Pero también tuvo su papel destacado como congresista en momentos cruciales en que se usaba la guerra para fines personales, incluso por encima de los intereses del país.   Luego de las derrotas de Padierna y Churubusco los días 19 y 20 de agosto de 1847, el general y presidente Antonio López de Santa Anna celebró un armisticio con los invasores estadounidenses para iniciar negociaciones de paz. Estaba empeñado en que el Congreso avalara esta decisión, pese a que las relaciones exteriores estaban fuera de la órbita del legislativo y…

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Ana Suárez Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26. Su maldad ha convertido a la patria en un vasto cuartel Guillermo Prieto (Fidel) Santa Anna presumirá de generoso por haberte arraigado en este pueblo, Francisco, sin más celadores que el cura y el juez de paz, pero el exilio en el extranjero habría sido mejor. El rebozo verde y la falda roja de doña Lupe ondean junto a la cerca; a la nívea blusa sólo le faltan el águila y la serpiente. ¿Por qué vestirá así? Malhaya, cierra ahora el libro, se inquietará si descubre que lees versos y no las vidas de santos que el cura ordenó. ¡Vaya que debe de creerse lo que este dice sobre los malos instintos que excita la poesía! ¿Sabrá esta mujer de amor? Pregúntale… ¡Vamos, si tiene marido! Para enfadarla es mejor que le cuentes de cómo…

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Araceli Medina Chávez Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 22 El coronel José María de Santa Anna ayudó a su padre a mantenerse en el poder a base de represión y muerte. Cuando la dictadura cayó, escapó a La Habana a rehacer su vida. Tuvo casas de empeño y una economía holgada. Pero volver a casarse, luego de enviudar, fue una decisión que no se perdonaría. Según deja leer Antonio López de Santa Anna en sus memorias y otros escritos, amó a sus descendientes y a su manera se preocupó por todos y cada uno de ellos. Aunque pueda suponerse –dada la reputación de mujeriego de la cual gozaba– que procreó numerosos vástagos, solamente reconoció haber engendrado cuatro hijos legítimos con su primera esposa, Inés de la Paz García, y cinco con otras mujeres, según su testamento. José María fue su hijo con Rafaela…

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La guerra entre MAi??xico y Estados Unidos, y la derrota final del primero han sido interpretadas como el resultado lA?gico de la vecindad entre una potencia en expansiA?n y un paAi??s atrasado e inmerso en el caos polAi??tico.

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Mientras que potencias como Gran BretaAi??a y Francia se demoraron en fijar su posiciA?n con respecto a la Independencia de MAi??xico, en 1830 el diplomA?tico mexicano Manuel Eduardo de Gorostiza escribiA? un folleto titulado An Englishman, Cuba or the policy of England. Mexico and Spain with regard to that island, que se difundiA? en espaAi??ol como Cuba o la polAi??tica de Inglaterra, MAi??xico y EspaAi??a con respecto a la isla.

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