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Editorial

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 40.

BiC 40 Portada

Remar a contracorriente requiere de fortalezas inusitadas, vehemencia, templanza y un compromiso imperturbable con la razón que lo mueve. Algo así atesoraron una serie de hombres de las letras que en 1920, en pleno proceso de afirmación posrevolucionaria y de creación del discurso nacionalista que legitimaba al nuevo régimen y cohesionaba al país, se propusieron integrar a México al mundo con apertura de pensamientos e ideas, en un afán cosmopolita. Jaime Torres Bodet, Bernardo Ortiz de Montellano, Enrique González Rojo, José y Celestino Gorostiza, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta y Gilberto Owen fueron algunos de esos intelectuales que plantaron cara a una estructura simbólica del pensamiento oficial que justamente hacía hincapié en la frontera entre lo mexicano y las demás culturas.

Los Contemporáneos, como se hicieron llamar, no recalaron en manifiestos que los pudieran definir ni legislaciones que fueran a romper un orden, sino que intentaron convencer tanto a sus audiencias como a las autoridades, y sí que lo lograron si nos atenemos a sus nombres aún vigentes y necesarios para definir la historia de las letras y la intelectualidad en el país. Se aceptaron como parte de su sociedad, para promover la cultura, las artes y la literatura local. Las publicaciones impresas fueron el motor del grupo. Ulises. Revista de curiosidad y crítica y más tarde Contemporáneos, sirvieron para dar a conocer textos de Federico García Lorca, Juan Bautista Alberdi, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges o T.S. Eliot y Paul Valery, pero también las pinturas de Salvador Dalí, Pablo Picasso, Joan Miró o la fotografía de Sergei Eisenstein. Incluso el teatro, bajo el mecenazgo de Antonieta Rivas Mercado, tuvo en la impronta de los Contemporáneos la exposición de autores desconocidos por entonces.

Nacido como un grupo de amigos, y con una formación educativa similar, supieron combinar la difusión de la cultura mexicana con la incorporación de aquellos autores extranjeros de alta calidad, pero también gracias a una combinación de relaciones en el gobierno –varios de ellos participaron en la diplomacia, la política y la educación-, que les permitió convertirse en referencia intelectual. Son justificadas razones, sin duda, como para que la cuadragésima portada de BiCentenario esté dedicada a estos verdaderos referentes de una mirada contracultural como pocas veces se ha visto en el país.

La identidad, que no es otra cosa que el sentido de pertenencia, en el caso de la cultura entre la decada de 1920 y 1930 la supieron dar aquellos escritores, dramaturgos, poetas, editores, pero también la encontramos, con otros rasgos y en diferentes tiempos. Como aquella que supieron forjar lo cinco hermanos Rousset Montoya como hombres y mujeres arrojados a la causa revolucionaria de 1910, o más atrás en siglos, las pinturas de castas en Nueva España.

¿Por qué decimos esto? La toma de conciencia social y política de los Rousset en Puebla, al igual que la de sus vecinos, los Serdán Alatriste, fue la de miles de mexicanos que cansados de atropellos se sumaron a la lucha antirreeleccionista, y aunque terminaron sus vidas de forma sencilla y con carencias económicas, optaron por dar su aportación para un mejor futuro de igualdad para todos.

Otros verdaderos documentos para moldear la identidad fueron las mezclas raciales de mestizos, indígenas, blancos y negros durante el siglo XVIII en la América española expresados en las pinturas de castas. Aquí lo traemos a colación en las obras de Miguel Cabrera o Juan Patricio Morlete, entre otros, los primeros quizá en darle forma y color a los rostros de una nueva sociedad en formación y dejar así constancia. De aquellos días a los presentes, se ha ido conformado la pluriculturalidad mexicana, como pocas en el mundo.

Estos trazos culturales que podrán encontrar como lectores en este número 40 de BiCentenario, tienen también referencias en la recuperación de los años exitosos de la televisión, la radio, el cine, a partir de los años ‘50 del siglo pasado con los retratos de las celebridades del mundo del espectáculo en la fotografía de Humberto Zendejas.

Por su parte, Kathryn Blair, la autora de A la sombra del Ángel, la biografía novelada sobre su suegra Antonieta Rivas Mercado –sí, la misma que alentó las obras teatrales de los Contemporáneos–, hace un recorrido por su vida personal hasta adentrarse en un tardío éxito en la literatura.

Esta edición se involucra en el análisis de las complejas relaciones bilaterales México-estadunidenses, en esa simbiosis permanente y necesaria, entre pasado y presente, y plantea la pregunta acerca de Donald Trump y su discurso xenófobo y antimexicano: ¿la responsabilidad sólo recae en él?

Hay mucho más por descubrir en este BiCentenario, incluso un Benito Juárez desconocido, de identidad simulada, que perdió su clásico traje negro. Hasta la próxima.

Editorial #37

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 37.

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En un MAi??xico como el de la mitad del siglo XIX en el que dominaban los privilegios de las corporaciones militares y eclesiA?sticas, aunado al poder econA?mico de comerciantes y grandes propietarios, la emergente clase media de pequeAi??os propietarios y profesionales encontrA? en hombres clave para ese momento como el jalisciense Mariano Otero, figuras visionarias en la construcciA?n y direcciA?n de un paAi??s con mayores igualdades, federalista y en el que los derechos individuales fueran respetados.

Hace 170 aAi??os, este brillante jurista y polAi??tico impulsA? y logrA? incorporar en las discusiones que dieron lugar al Acta Constitutiva y de Reforma de 1847, el Juicio de Amparo, plasmado como un instrumento del liberalismo jurAi??dico decimonA?nico para garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos, y que hasta el dAi??a de hoy representa el principal recurso jurAi??dico al que han recurrido diversos sectores sociales para obtener una aplicaciA?n de la norma acorde con los principios de la ConstituciA?n.

Aunque puesto en vigencia seis aAi??os antes en la ConstituciA?nAi??PolAi??tica de YucatA?n, por el jurista Manuel Crescencio RejA?n, elAi??amparo tuvo alcance nacional a partir del Congreso ConstituyenteAi??y Extraordinario de 1846-1847 que debAi??a elaborar una nuevaAi??carta magna, y en el que Otero, representante por Jalisco, fue suAi??principal impulsor. Desde entonces, ha sido un medio constitucionalAi??por excelencia dentro de la estructura jurAi??dica, abarcandoAi??temas tan diversos como la materia civil, penal, administrativaAi??y laboral. En la actualidad es uno de los recursos legales mA?sAi??socorridos y que contribuye a que el poder judicial se considereAi??uno de los pilares mA?s confiables de las instituciones mexicanas.

BiCentenario dedica este nA?mero especial a Mariano Otero como hombre indispensable para entender la consolidaciA?n de las instituciones a partir de aquel documento constitucional queredactA? junto a un grupo de legisladores que entendAi??an que en MAi??xico la distribuciA?n del poder se debAi??a ampliar y ya no podAi??a ser propiedad de unos pocos sectores. Que los estados recobraran la soberanAi??a interna, asociados bajo la forma federativa, y que se incorporaran los derechos individuales, en los cuales el de amparo serAi??a su garantAi??a fundamental, eran pasos concretos establecidos en la ConstituciA?n promulgada en 1857.

Que Otero fuera una de esas figuras prominentes de la transformaciA?n polAi??tica del paAi??s, tenAi??a que ver con su formaciA?n en una Guadalajara entonces liberal y federalista, renuente a los privilegios sociales, que sAi?? se veAi??an en la ciudad de MAi??xico. Jurista estudioso y profundamente crAi??tico, fue la cara quizA? mA?s visible, o la que ha logrado perdurar a lo largo del tiempo, de un grupo de personalidades ai??i??Mariano Riva Palacio, Ignacio Cumplido, Juan Manuel GonzA?lez UreAi??a, Manuel MarAi??a Gaxiola, Francisco Elorriaga o Luis de la Rosa, entre otrosai??i??, que luchaban contra el antiguo conservadurismo y pretendAi??a darle otro rumbo al paAi??s. Otero consideraba imperioso introducir orden y uniA?n en la polAi??tica, mejorar la economAi??a y la recaudaciA?n, aplicar justicia en la reparticiA?n de los impuestos, reorganizar la fuerza militar con buenos cuadros de jefes y oficiales, disciplinados y fieles. Pregonaba por el fin de las ideas monA?rquicas y antiindependentistas, a las que el clero contribuAi??a con su poder intocable y criticaba a la prensa servil a esos intereses.

El joven legislador mostraba su desazA?n, se aislaba, segA?n decAi??a un aAi??o antes de morir, para no mezclarse con la mala polAi??tica de entonces. PreferAi??a limitar su actividad polAi??tica a votar en el Senado a conciencia. Pero ese desA?nimo circunstancial era propio de su compromiso. Otero se interesaba en el rumbo polAi??tico de MAi??xico, aunque tambiAi??n era un hombre que formaba parte del ambiente intelectual de la Ai??poca, asiduo a las discusiones y debates en tertulias, miembro de la Academia de LetrA?n, creador de un A?rgano polAi??tico como El Siglo Diez y Nueve. ai???Nos hemos propuesto publicar el presente diario, cuyo objeto mA?s esencial serA? el de calmar las pasiones agitadas con tantos aAi??os de inquietudes, promover la uniA?n de todos los mexicanos e indicar lo que creamos conveniente a nuestra regeneraciA?n polAi??ticaai???, escribAi??a en su primer nA?mero de octubre de 1841. AsAi?? como el Congreso serAi??a el foro desde el cual defenderAi??a sus principios, el periodismo fue el vehAi??culo para dar a conocer su particular visiA?n del MAi??xico de entonces.

El Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestiA?n social y polAi??tica que se agita en la repA?blica mexicana, que escribiera en 1842, serAi??a un texto fundamental para entender cA?mo analizaba el momento polAi??tico y econA?mico. AllAi?? hablaba de la clase media que debAi??a emerger como ai???el principal elemento de la sociedadai??i?? el verdadero germen del progreso y el ingrediente polAi??tico mA?s natural y favorable que pudiera desearse para la futura ConstituciA?n de la RepA?blica.ai???

A Mariano Otero se le recuerda por su paso como congresista, las controversias y argumentos por contar con un rAi??gimen legal orientado a defender las garantAi??as y derechos de los ciudadanos, ante las injusticias y abusos de los funcionarios pA?blicos. Tuvo tambiAi??n un breve paso en la administraciA?n pA?blica como secretario de Relaciones Exteriores del presidente JosAi?? JoaquAi??n de Herrera. Fue en un momento crAi??tico para el paAi??s, cuando la derrota en la guerra contra Estados Unidos marcaba el A?nimo general, la economAi??a estaba en mal estado, el ejAi??rcito desbaratado y la reconciliaciA?n entre los mexicanos era indispensable. Los asuntos a los que se enfrentA? no fueron menores como el retiro de las tropas estadunidenses de la aduana de Veracruz y la problemA?tica de los mexicanos que se quedaron en los territorios comprendidos en el tratado de paz.

En el recuerdo de Mariano Otero y su legado vale precisar cuA?nto sacrificio le implicA? tambiAi??n, aA?n y a pesar de su bA?squeda pacAi??fica y conciliatoria por la unidad nacional y un cambio de mentalidad, que sus ideas progresistas lo condujeran a la cA?rcel en 1842. AllAi?? aprenderAi??a cA?mo se podAi??an violar leyes y derechos civiles sobre las personas. De cA?mo abusa una autoridad sin lAi??mites, especialmente sobre el ciudadano comA?n y corriente. Ese encarcelamiento serAi??a el origen de una permanente dedicaciA?n por diseAi??ar un cA?digo de garantAi??as y derechos que defendieran al ciudadano, y resultar su herencia fundamental para generaciones de mexicanos: el Juicio de Amparo.

La primera sentencia de un juicio de este tipo, tras su incorporaciA?n a la carta magna de 1857, se resolviA? en una hoja. En la actualidad contienen centenares de pA?ginas. Se ha vuelto una instancia jurAi??dica compleja, a tono tambiAi??n con los cambios sociales de los A?ltimos 170 aAi??os. El peligro de transformarse en elitista, alejado de los conocimientos mayoritarios de la poblaciA?n, comienza a ser seAi??alado por algunos estudiosos. Este homenaje de BiCentenario a Mariano Otero trata de recuperar las vicisitudes de un hombre visionario, pero tambiAi??n es una invitaciA?n a atesorar y cuidar aquello que se considera imprescindible para nuestra convivencia diaria y una garantAi??a de igualdad ciudadana.

DarAi??o Fritz

Editorial

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 29-30

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Crueldad, miserias humanas, hambre, dolor, pAi??rdidas, formanAi??parte de las huellas imborrables de las guerras con las que susAi??sobrevivientes tienen que lidiar por el resto de sus vidas. UnaAi??aceitada maquinaria compleja de poder econA?mico, estrategiaAi??y liderazgo marcan la diferencia entre el triunfo y la derrota.Ai??Los grises y los matices desaparecen con ella. Se estA? de unAi??lado o del otro. Lealtades y traiciones forman parte indivisibleAi??de su fisonomAi??a, y si no se las conoce y anticipa el lAi??miteAi??entre ellas se quiebra con la misma resonancia en que unaAi??bala viaja desde la boca del fusil hasta destruir el corazA?n delAi??combatiente. Al edificar su DivisiA?n del Norte que la hicieraAi??imbatible y a prueba de batallas, Francisco Villa tejiA? relacionesAi??y vAi??nculos con un trAi??o de hombres que ademA?s de prometerleAi??lealtad a la causa le aseguraban primordialmente las armasAi??indispensables que debAi??an llegar de los proveedores estadunidenses.Ai??Hasta un submarino llegaron a ofrecerle para unaAi??guerra que sA?lo tenAi??a como ajedrez territorial la disputa enAi??tierra. Demasiado confiado o quizA? sin mayores alternativas,Ai??el caudillo chihuahuense dejA? en manos de ellos los abastecimientos para enfrentar a las tropas de Carranza en lo queAi??serAi??a la madre de las batallas, el control por el centro del paAi??s,Ai??paso previo para ir por la capital. Aquellos tres hombres, sinAi??sangre mexicana, dos de ellos estadunidenses y uno europeo,Ai??que jugaban sus propios proyectos personales y relaciones directas con los gobernantes en Washington, por diferentesAi??razones se convertirAi??an en verdaderos mercaderes. LlegadoAi??el momento de abastecer a las nutridas columnas villistas, losAi??fusiles no aparecieron y las balas enviadas a cuentagotas seAi??mezclaban con inofensivas municiones vacAi??as. AsAi?? se cuajA? laAi??derrota de Celaya y las que le siguieron a las tropas revolucionariasAi??para que la DivisiA?n del Norte convirtiera su travesAi??aAi??en retroceso y derrota.

La apasionante historia de componendas, negocios y hastaAi??espionaje de estos tres hombres que optaron por dejar sA?lo aAi??Villa, abren este nA?mero de Bicentenario que habla de otrasAi??guerras y de otras luchas, aunque ya no en el campo de batallaAi??de la polAi??tica.

El doctor Eduardo Liceaga fue un verdadero cruzadoAi??por la mejora de la salud en el paAi??s, que hacia 1888 estabaAi??en Francia, cuna de los avances cientAi??ficos del momento enAi??materia de higiene pA?blica, para aprender de todos los conocimientosAi??necesarios que pudiera aplicar en un MAi??xico aA?nAi??insuficiente. Liceaga atravesA? por varias semanas el AtlA?nticoAi??con un recipiente que contenAi??a un cerebro de conejo bajoAi??el brazo en las condiciones climA?ticas mA?s adversas para suAi??futuro experimento. Mientras el tiempo le jugaba en contra,Ai??perseverante y detallista, nos relata el texto de Samuel AlmazA?nAi??Santiago, logrA? rescatar de aquel cerebro en glicerina susAi??partes enfermas para inyectarlas en otros conejos y generar enAi??poco tiempo lo que en el Instituto Pasteur parisino le habAi??anAi??enseAi??ado: producir la vacuna contra la rabia.

Los pioneros abundan en esta ediciA?n de la revista, ampliaAi??por sus temA?ticas, y que recupera a diversos personajesAi??que destacan en distintos momentos del paAi??s, por tenacidad,Ai??dedicaciA?n y esa locura propia de quienes creen en una idea yAi??tratan de contagiarla al resto. Uno de ellos es el gallego TadeoAi??Ortiz quien unas seis dAi??cadas antes que Liceaga, se lanzara aAi??la aventura de poblar el Istmo de Tehuantepec con el proyectoAi??de crear una vAi??a que uniera los ocAi??anos AtlA?ntico y PacAi??fico,Ai??como motor del desarrollo econA?mico del sur mexicano. OrtizAi??fue un adelantado que para entonces veAi??a la necesidad de irAi??por los mercados de China y la India. A la distancia, aquel sano desvarAi??o para un momento en que no se contaba conAi??recursos econA?micos ni tecnologAi??as suficientes, fracasA? hastaAi??en el intento de traer a la zona a inmigrantes franceses, peroAi??sentA? las bases para una idea aA?n vigente.

En tiempos mA?s contemporA?neos, prA?cticamente a la parAi??y desde actividades diferentes, Heberto Castillo y Pedro RamAi??rezAi??VA?zquez fueron dos perseverantes luchadores, uno porAi??dotar de verdadera democracia al paAi??s, el otro por dejar unaAi??marca registrada en la arquitectura. En el caso del ingenieroAi??Castillo, con sus ideales por la apertura a la democratizaciA?nAi??del paAi??s fue tambiAi??n un hacedor de la unificaciA?n de la izquierdaAi??en MAi??xico. En este nA?mero acercamos una reflexiA?n histA?rica, a travAi??s de sus propias palabras, sobre el papel deAi??la izquierda en la polAi??tica nacional, con lo que cerramos laAi??propuesta expresada en estas pA?ginas desde ediciones anterioresAi??de plasmar los idearios polAi??ticos e ideolA?gicos posterioresAi??a la revoluciA?n. El caso de Jacinto LA?pez Moreno, unAi??rara avis de las luchas agrarias y sindicales en el noreste delAi??paAi??s, personaje Ai??ntegro e incorruptible, tambiAi??n presente enAi??esta ediciA?n, complementa la trayectoria a veces olvidada de quienes contribuyeron a tener un paAi??s plural y de libertades.

RamAi??rez VA?zquez, quizA? en las antAi??podas polAi??ticas deAi??Heberto Castillo, tiene una amplia trayectoria como constructorAi??de proyectos que han dejado marca en la iconografAi??a arquitectA?nica de la ciudad de MAi??xico, e incluso en otrasAi??ciudades extranjeras, tales los casos del Museo Nacional deAi??AntropologAi??a, el Estadio Azteca o la torre de la SecretarAi??aAi??de Relaciones Exteriores en Tlatelolco. AquAi?? nos centramosAi??en su titA?nica tarea por recuperar los cimientos fangosos deAi??la BasAi??lica de la Villa de Guadalupe, y a su vez dotar al lugarAi??de un espacio de vastas proporciones para dar lugar a unaAi??afluencia diaria de miles de peregrinos. Aquello se convirtiA?Ai??en una gran arena pA?blica tal cual la conocemos hoy y que noAi??generA? debates menores sobre si correspondAi??a hacerlo o no,Ai??especialmente en el mundo de la Iglesia donde se recelabaAi??de sus ideas vanguardistas.

Esta ediciA?n de BiCentenario coloca el acento tambiAi??n enAi??el cine en dos perspectivas: el trA?nsito rocoso de los cineastasAi??que han apostado al gAi??nero del terror con una suerte variopintaAi??y, por otro lado, la transformaciA?n de los espacios deAi??proyecciA?n, que por una polAi??tica de Estado al retirar subvencionesAi??a la industria del cine, dio lugar a la desapariciA?n deAi??las salas A?nicas tradicionales por los complejos de mA?ltiplesAi??lugares de proyecciA?n.

No queremos dejar de mencionar que la revista recupera paraAi??esta ediciA?n el aporte a la fotografAi??a documental y artAi??stica que haAi??hecho durante mA?s de medio siglo el holandAi??s Bob Schalkwijk. ArtAi??fice de un acervo de mA?s de 400 000 imA?genes, SchalkwijkAi??sostiene el archivo que lleva su nombre con una obstinaciA?nAi??envidiable y escaso apoyo oficial y privado, lamentablemente,Ai??para un trabajo en gran parte inAi??dito. La serie de trabajos queAi??reproducimos aquAi?? lo testimonian. Hasta la prA?xima.

DarAi??o Fritz.

Editorial

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 28

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En mayo de 1949 el cineasta Arcady Boytler y su esposa LinaAi??recibieron un inesperado regalo. Era un autorretrato que algunasAi??dAi??cadas mA?s tarde adquirirAi??a un valor impensado paraAi??esa Ai??poca. La pintura llevaba el nombre de El venado heridoAi??y estaba acompaAi??ada de unos versos dedicatorios en octosAi??labosAi??donde su autora les pedAi??a que la recordaran en su futuraAi??ausencia. Consciente, se anticipaba a lo que prefiguraba comoAi??irremediable. Cinco aAi??os mA?s tarde aquella amiga del regalo,Ai??Frida Kahlo, morAi??a.

La vida multifacAi??tica de Frida estA? enmarcada en su cotidianidadAi??por un permanente vAi??nculo con el mundo de esplendorAi??de la cinematografAi??a de mitad del siglo xx. Si ha sidoAi??un imA?n para el cine, tanto en vida como en las pelAi??culas yAi??documentales que la retrataron, en los cortos aAi??os en que fueAi??erigiAi??ndose su figura artAi??stica, y en compaAi??Ai??a de Diego Rivera,Ai??desarrollA? relaciones entraAi??ables con directores, actrices,Ai??actores o guionistas como en el caso de Boytler.

El texto que destacamos en nuestra portada de este nA?meroAi??de BiCentenario, nos da cuenta de la Frida Kahlo personaAi??y personaje para el cine, pero tambiAi??n de la amiga queAi??compartAi??a tragedias con Chabela VillaseAi??or o le pedAi??a apoyoAi??econA?mico a Dolores del RAi??o en momentos de crisis, cercanaAi??a Sergei Einsenstein o a Adolfo Best Maugard, desconfiadaAi??del parrandero “Indio” FernA?ndez porque arrastraba a Diego,Ai??dispuesta a interpretar su propio personaje ante las cA?marasAi??de Lola A?lvarez Bravo o Nicholas Murray.

En el mismo aAi??o en que Frida pintaba su autorretratoAi??con cuerpo de venado, llegaba a MAi??xico de manera casualAi??el pensador alemA?n Erich Fromm, padre del psicoanA?lisisAi??social. Con poco menos de dos dAi??cadas de experiencia enAi??tratar de comprender de manera dinA?mica al ser humano a partir del inconsciente, aquAi?? forjarAi??a gran parte de su carreraAi??profesional. Acumulando investigaciones, formando colegasAi??en la unam, abriendo espacios de debate y de consolidaciA?n teA?rica y prA?ctica de su escuela de pensamiento, Fromm dejA?Ai??una huella perenne hasta hoy dAi??a.

El creciente papel de la mujer en la vida pA?blica se alimentaAi??de las historia de otras como ellas que en el pasado,Ai??con mayores discriminaciones y rechazos, lograron imponerAi??ideas, proyectos y esfuerzos personales. AllAi?? estA? la crA?nica deAi??1865 cuando Carlota viajA? hasta YucatA?n y Campeche paraAi??recorrer una zona olvidada por el imperio de Maximiliano.Ai??Para la misma Ai??poca, en la capital del paAi??s las mujeres tenAi??anAi??pocos lugares donde dar a luz, que no fueran sus propias casas.Ai??La inyecciA?n econA?mica que le dio la emperatriz a la Casa deAi??Maternidad permitiA? que mA?s mujeres, especialmente pobres,Ai??tuvieran mejores condiciones de salubridad para los partos.Ai??Pero una vez que se tuvo que regresar a Francia, a punto deAi??caer el imperio, otra mujer, Luciana ArrA?zola de Baz, marcA?Ai??la senda final por donde deberAi??a ir la atenciA?n de la salud.Ai??Fueron dos protectoras clave en tiempos en que un embarazoAi??era un riesgo alto para la vida de cualquier mujer.

Esta nueva ediciA?n de BiCentenario relata el hallazgo deAi??78 imA?genes guardadas extraAi??amente en los entresijos del elevadorAi??de un hotel del centro del Distrito Federal. Las fotos,Ai??muchas de ellas reveladas en ParAi??s, segA?n los sellos que conservan,Ai??llegaron a manos de nuestra integrante del ConsejoAi??Editorial, Graziella Altamirano Cozzi, y muestran por unAi??lado el rico intercambio epistolar de postales con comentariosAi??sobre la Decena TrA?gica; pero por otra parte dejan ver aAi??un inAi??dito Porfirio DAi??az reunido con familiares y visitantesAi??que formaban parte de la elite porfirista desahuciada por laAi??revoluciA?n. Son recuerdos de una Ai??poca extinguida y que quedaronAi??en secreto arrumbados en un sobre en aquel ascensorAi??por mA?s de medio siglo.

La etapa posrevolucionaria tiene cabida en esta ediciA?nAi??con los afanes propagandAi??sticos y que explican hasta la actualidadAi??el comportamiento de los medios de comunicaciA?n.Ai??Venustiano Carranza ejercAi??a el poder en 1916 pero necesitabaAi??una nueva ConstituciA?n que lo legitimara. Apuntando a lograrAi??esto, destinA? un vasto apoyo econA?mico para la creaciA?n deAi??medios impresos en ciudades importantes que le ayudaran aAi??su causa. AsAi?? naciA? El Universal el 1 de octubre de 1916 y luegoAi??otros medios. De la mano de su amigo FAi??lix Palavicini,Ai??fue el periA?dico que tuvo la mayores prerrogativas durante elAi??carrancismo. AA?n asAi??, este diario a punto de ser centenario,Ai??supo adaptarse a los momentos polAi??ticos crAi??ticos que le siguieronAi??y estar muy cercano al poder.

TambiAi??n en tiempo novohispanos, un siglo antes, EspaAi??aAi??requerAi??a de controles propagandAi??sticos sobre la poblaciA?n paraAi??que la insurgencia del cura Hidalgo no se ampliara. De estoAi??nos habla en su texto JoaquAi??n Espinosa Aguirre. Y de cA?moAi??tambiAi??n desde el lado de la insurrecciA?n se hacAi??a contrapropaganda.Ai??Una muestra de que aA?n hoy, con mAi??todos mA?s sofisticadosAi??por Internet, redes sociales, o con televisiA?n, el finAi??de controlar la opiniA?n pA?blica tiene larga data de existencia.

Entre el ayer y el hoy que siempre termina por entrecruzarse,Ai??analizamos al Partido AcciA?n Nacional, siguiendo conAi??la propuesta de revisar a las organizaciones polAi??ticas y susAi??ideA?logos destacados. A?El pan de su creaciA?n y de la luchaAi??desde la oposiciA?n ya no es el mismo? Sobre esto y otros aspectosAi??del partido desentraAi??a el artAi??culo de Mario SantiagoAi??JimAi??nez. TambiAi??n recuperamos una entrevista radial a suAi??fundador, Manuel GA?mez Morin, realizada en 1949, donde describe las serias dificultades para ejercer el voto con libertad.

BiCentenario 28 no termina allAi??. MA?s artAi??culos, mA?s anA?lisis,Ai??mA?s informaciA?n lo puedes descubrir a continuaciA?n enAi??estas pA?ginas. Hasta la prA?xima.

DarAi??o Fritz.

Editorial #21

BiCentenario #21

A toda etapa de transformaciones profundas en la vida institucionalAi??de un paAi??s le sigue la de consolidar los logros y esfuerzos,Ai??una tarea que muchas veces suele resultar mA?s complejaAi??aun que aquella de sembrar. La revoluciA?n mexicana,Ai??despuAi??s de aAi??os de batallas, sangre derramada y los doloresAi??intrAi??nsecos propios que deja toda conflagraciA?n civil, necesitabaAi??afianzarse. Poner la obra en marcha requerAi??a, entreAi??otras medidas de cirugAi??a mayor, tener a sus fuerzas militaresAi??disciplinadas y bajo control.

El texto que identifica nuestra portada de Bicentenario 21Ai??echa luz sobre un momento complejo de la historia posrevolucionariaAi??como lo fue la necesidad de establecer las bases deAi??lo que serAi??a el ejAi??rcito mexicano. Los historiadores difierenAi??sobre el momento en que comenzA? aquella etapa clave para lasAi??tropas revolucionarias. Como lo explica Martha Beatriz Loyo,Ai??unos lo sitA?an en 1913 ai??i??hace un siglo yaai??i??,Ai??cuando VenustianoAi??Carranza crea el ejAi??rcito constitucionalista dividido en variosAi??cuerpos para restablecer el orden constitucional quebrantadoAi??por Victoriano Huerta. Pero otros lo ubican en 1917, despuAi??sAi??de promulgarse la nueva ConstituciA?n. Llevar orden a la nuevaAi??instituciA?n era una tarea compleja en la que abundaban lasAi??relaciones personalistas entre jefes y soldados. ProliferabanAi??los feudos y las posibles rebeliones estaban presentes en cadaAi??medida que se adoptaba. Pero no sA?lo habAi??a que sustituir laAi??lealtad a los jefes por la lealtad a la instituciA?n, predominabaAi??una economAi??a destrozada, propia de la guerra. Las arcas gubernamentalesAi??necesitaban equilibrarse y para ello destinar unAi??tercio del presupuesto a las fuerzas militares resultaba inviableAi??para un paAi??s apremiado por redistribuir recursos econA?micos.Ai??TendrAi??a que correr mA?s de una dAi??cada de transformacionesAi??hasta lograr consolidar el ejAi??rcito de corte popular que lo haAi??hecho diferente de muchos otros del continente.

La etapa posrevolucionaria que ponemos en este nA?meroAi??en manos de los lectores, se complementa con una miradaAi??sobre la importancia que tuvo su difusiA?n. Y para ellos esAi??imprescindible hablar del cine y cA?mo distintos directoresAi??de la Ai??poca fueron relatando a los ciudadanos, especialmenteAi??de la capital, aquellos momentos que no estaban alejados deAi??la propaganda polAi??tica. Todos los lAi??deres militares y polAi??ticosAi??supieron aprovechar el alcance persuasivo del cine para unAi??pA?blico con escasos instrumentos para informarse. FranciscoAi??Villa fue uno de los que lo supo capitalizar, pero no el A?nico.Ai??Y algunos cineastas se identificaron claramente con la causaAi??de los jefes revolucionarios.

La historia estA? hecha de personajes que la construyenAi??dAi??a a dAi??a con su ideas transformadoras, vicisitudes, valentAi??asAi??o frustraciones. Hombres y mujeres, en su mayorAi??a anA?nimos,Ai??y otros que dejan en el imaginario popular un encanto queAi??se transmite mA?s allA? de su tiempo. Descifrarlos es tarea deAi??la historia y eso nos proponemos hacer en cada una de lasAi??ediciones de BiCentenario. MarAi??a Ignacia La GA?era RodrAi??guezAi??es una de ellas. CAi??sar MartAi??nez NA?Ai??ez nos cuenta las A?timias pinceladas de vida de una mujer que viviA? cerca deAi??los hombres de poder en Nueva EspaAi??a y buscaba comulgarAi??las culpas que la enredaron durante dAi??cadas. Los oAi??dos de unaAi??sobrina monja le sirvieron para limpiar la carga emocional deAi??amores marchitos, tiempos de economAi??a domAi??stica maltrechaAi??y abandonos apresurados, antes de retirarse a un convento deAi??franciscanos a pasar sus A?ltimos dAi??as.

Otros personajes que circundarA?n estas pA?ginas nos llevarA?nAi??hasta nuestros pioneros de la astronomAi??a y una de lasAi??figuras emblemA?tica de nuestro cine y teatro de la mitad delAi??siglo XX. Francisco DAi??az Covarrubias supo imponer su tesA?nAi??para convencer a los polAi??ticos de fines del siglo XIX queAi??un grupo de cientAi??ficos como Ai??l podrAi??an aportar a la cienciaAi??mucho mA?s que teorAi??as inalcanzables sobre el universoAi??para el comA?n de los mexicanos. LogrA? viajar a JapA?n paraAi??presenciar el pas. de Venus y ante la elite de sus pares en elAi??mundo pudo resolver entre los mA?s avanzados cA?mo medirAi??la distancia entre el Sol y la Tierra. Fue un hito para el desarrolloAi??de la astronomAi??a de MAi??xico, aunque la ciencia siguieraAi??luego ocupando un lugar institucional marginal.

El otro personaje que se incorpora a estas pA?ginas es FernandoAi??Soler. Era un hombre de teatro pero una vez que elAi??cine sonoro reemplaz. al cine mudo, fue de los primeros queAi??lo supo interpretar para llenar las salas de un pA?blico A?vidoAi??por conocer sus personajes bohemios, parranderos o p.caros.Ai??Soler describe en una entrevista que recuperamos de 1975Ai??sus tiempos como actor y director, el rechazo a todo cine queAi??no fuera masivo y hasta las primeras piedras que colocA? paraAi??fortalecer la sindicalizaciA?n de actores.

Este nA?mero 21 de Bicentenario no se acaba allAi?? ni muchoAi??menos. Hay mA?s por descubrir: los orAi??genes de la luchaAi??libre, lo mismo que el desarrollo del dibujo entre mujeres yAi??niAi??os en los albores del siglo pasado, asAi?? como las recepcionesAi??festivas de virreyes y libertadores en la Ai??poca novohispana.Ai??Un teatro en Campeche que fue el sueAi??o de una sociedadAi??que aspiraba a tenerlo entre los mA?s destacados de las capitalesAi??mundiales, y la migraciA?n constante de los chiapanecosAi??de Simojovel. Para cerrar, una revuelta estudiantil olvidadaAi??como la de los jA?venes que se oponAi??an al golpe de Estado deAi??1858 acompaAi??a este octubre en otro aniversario mA?s de aquelAi??movimiento estudiantil de 1968 que dejA? la marca propia deAi??una bisagra para la democracia mexicana.

DarAi??o Fritz