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Diario de la Decena TrA?gica (del 9 al 27 de febrero de 1913)

Escrito por Kumaichi Horigoutchi, encargado de negocios del JapA?n en MAi??xico.

EdiciA?n Graziella Altamirano Cozzi – Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 4.

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La Decena TrA?gica es uno de los capAi??tulos mA?s cruentos de la historia de MAi??xico, cuya culminaciA?n fue la caAi??da del gobierno de Francisco I. Madero y el asesinato del presidente y el vicepresidente JosAi?? MarAi??a Pino SuA?rez.

SegA?n el plan fraguado por un puAi??ado de conservadores y algunos miembros del ejAi??rcito federal, la madrugada del 9 de febrero de 1913, el general Manuel MondragA?n, al frente de una fuerza militar, logrA? liberar a los generales Bernardo Reyes y FAi??lix DAi??az, encarcelados en distintas prisiones de la ciudad por haberse levantado en armas contra el gobierno y desde donde habAi??an preparado otro alzamiento, que iniciarAi??an con el ataque al Palacio Nacional. AsAi?? fue; pero el general Reyes muriA? en el asalto y, al mando de DAi??az, los demA?s insurrectos se atrincheraron en el edificio de la Ciudadela, a la vez almacAi??n de armas y cuartel.

El presidente Madero, quien se hallaba en el Castillo de Chapultepec, se dirigiA? al centro de la ciudad y, en vista de que el comandante de la plaza habAi??a resultado herido en el ataque, nombrA? jefe de las operaciones contra los rebeldes al general Victoriano Huerta. Desde entonces, la ciudad de MAi??xico se paralizA?. Un buen nA?mero de calles y avenidas se convirtieron en campo de batalla, la vida civil se detuvo, el combustible y los alimentos escasearon, se suspendieron los servicios municipales y la vigilancia policAi??aca, faltA? la luz elAi??ctrica y la prensa dejA? de aparecer.

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Al paso de los dAi??as, la situaciA?n se tornA? mA?s difAi??cil. La poblaciA?n tuvo que soportar el ruido incesante de los caAi??ones y presenciA? el resplandor producido por las fogatas que incineraban a los cadA?veres en descomposiciA?n y la basura acumulada durante los dAi??as de lucha para evitar una epidemia, asAi?? como el acarreo incesante de heridos por las ambulancias de las cruces Roja y Blanca.

El bombardeo indiscriminado sobre las calles mA?s cAi??ntricas atemorizA? a las legaciones extranjeras, que solicitaron al gobierno las seguridades necesarias para proteger a sus familiares y sus conciudadanos en las zonas de mayor peligro. Pero al embajador de los Estados Unidos, Henry L. Wilson, le movAi??an tambiAi??n otros intereses; pretendAi??a la renuncia de Madero, que juzgaba la A?nica respuesta a la grave situaciA?n, de modo que aumentA? las amenazas de intervenciA?n militar por parte de su paAi??s y coadyuvA? al derrocamiento del gobierno mexicano, al provocar alarma, desacuerdos y divisiones entre sus integrantes.

Como jefe de operaciones militares, el general Huerta no desarrollA? una estrategia ni tampoco atacA? a los rebeldes de la Ciudadela. Por el contrario, se hizo su cA?mplice para dar el golpe final al gobierno. El 18 de febrero mandA? aprehender al presidente y al vicepresidente y, a invitaciA?n de Wilson, se reuniA? en la embajada estadunidense con el general DAi??az para firmar el conocido como Pacto de la Embajada, que desconocAi??a al Poder Ejecutivo.

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Ante la amenaza de una intervenciA?n extranjera y con la idea de no ensangrentar mA?s al paAi??s, Madero y Pino SuA?rez, presos en la intendencia de Palacio Nacional, firmaron su renuncia, con lo cual Huerta logrA? sus fines y procediA? a justificar el cuartelazo y su ascenso al poder. AsAi??, el Congreso de la UniA?n aceptA? las renuncias, luego de lo cual Pedro LascurA?in, secretario de Relaciones Exteriores, protestA? como presidente provisional por unos minutos, para renunciar despuAi??s de nombrar a Huerta secretario de GobernaciA?n. De forma que Huerta asumiA? la presidencia con el respaldo del ejAi??rcito y el apoyo del embajador de Estados Unidos.

El domingo 23 de febrero la ciudad de MAi??xico amaneciA? con la noticia de que Madero y Pino SuA?rez habAi??an muerto. La versiA?n oficial, dispuesta por Huerta, y que se publicA? en los periA?dicos, fue que la noche anterior, durante el traslado de los prisioneros a la PenitenciarAi??a, un grupo de hombres armados les habAi??a atacado. Se aseguraba que quisieron fugarse aprovechando el tiroteo y que los mataron al salir de los automA?viles.

Con estos dramA?ticos sucesos llegA? a su fin el gobierno de Madero, cuya fragilidad era cada vez mA?s evidente, debido sobre todo a las crAi??ticas y los ataques de quienes abusaron de las libertades que el mismo rAi??gimen les dio; a las rebeliones en su contra; a las divisiones y desacuerdos entre sus colaboradores; a la actitud del gobierno estadunidense y la traiciA?n de sus antiguos seguidores.

En el cuerpo diplomA?tico acreditado en esos dAi??as, figuraba Kumaichi Horigoutchi, representante de JapA?n, llegado a MAi??xico a finales de 1909, quien habAi??a tenido una participaciA?n relevante en las fiestas del Centenario de la Independencia, al presidir, junto con Yasuya Uchida, enviado especial de su paAi??s, y el presidente Porfirio DAi??az, la inauguraciA?n de la ExposiciA?n Japonesa en el ai???Palacio de Cristalai???, en la calle del Chopo, donde se exhibieron maravillosas muestras del arte e industria niponas.

Tras la caAi??da del gobierno porfirista, Horigoutchi estuvo a cargo de los negocios de su paAi??s durante los quince meses del gobierno de Madero. En los aciagos dAi??as de la Decena TrA?gica anotA? dAi??a a dAi??a sus impresiones sobre los sucesos que sacudAi??an a la ciudad, dejando asAi?? testimonio del apoyo que Ai??l y muchos residentes japoneses otorgaron al presidente Madero, al dar refugio en la legaciA?n en la colonia Roma a sus familiares y prestarles toda clase de ayuda y consuelo.

G.A.C.

Domingo 9 de febrero de 1913. Un dAi??a primaveralAi??y esplAi??ndido, como los de esa Ai??poca en laAi??ciudad de MAi??xico. Ya en los dAi??as anteriores se rumorabaAi??con mucha insistencia que iba haber algA?n levantamiento, pero como amaneciera aquella maAi??anaAi??tan limpia y serena, la impresiA?n del tiempoAi??me imponAi??a tanto que ni siquiera pasaba por miAi??mente la idea de que iba a pasar algo grave. A esoAi??de las 7 de la maAi??ana se acercA? apresuradamenteAi??a la legaciA?n…

Ai??[...]

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