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Mariposas al vuelo

Gloria María Fulladosa Morales

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 24.

En medio del escenario, la voz no se apaga. La solista queda en el centro de una esfera opresora, sujeta a los arbitrios de sus íntimas extrañezas. Siente que pierde su chaqueta y se le estruja el corazón. Cree escuchar los sollozos de la muchedumbre. La función está por terminar..

Gran evento musical tuvo lugar en Lecumberri. Extraordinaria función única a cargo de Guillermo Ferrer Clavé, director del Orfeo Catalá.
El Imparcial, septiembre de 1910.

fotografia de moda  en Teatros en MAi??xico 1910-1911 Ed. Ernesto Chavero , Mexico Artes y Letras, 1911 ca (407x640)

Moda de los teatros a principios del siglo xx, en Ernesto Chavero, Teatros en México 1910-1911,
México, Artes y Letras, 1911.
Biblioteca “Ernesto de la Torre Villar”- Instituto Mora

Sylvia lamenta ser tan pelirroja y llamativa. Preferiría desaparecer como aquella muchacha que la asombró hace algunos años en el escenario del Teatre Principal de Barcelona, al evaporarse de la escena milagrosamente entre antorchas y fogonazos, mientras el ilusionista sonreía diabólico y profesional. Ahora esto no es posible, está obligada a permanecer al frente del improvisado escenario porque no solamente forma parte de las primeras voces del coro, sino que también es una de las solistas; debe actuar para esa audiencia deformada y trastornada por el encierro. El desasosiego atrapa a la joven, debilita sus rodillas, siente los ávidos ojos que desmenuzan su cuerpo y recuerda la constante burla de sus hermanas: ¡Ay, Sylvia! ¿Qué se siente ser tan vanidosa? ¡Eres la presunción an- dando, hermanita! Sonríe un poquito, muy poquito y de lado. Ya les contará, ya les platicará lo que se siente entrar al Palacio Negro. La verdad es que hoy quisiera con toda su alma no ser como es. Se esconde detrás de un muro imaginario, permanece con la mirada baja, ni siquiera se atreve a sonreír. Durante el concierto, el volumen de su voz descendería provocando la mirada interrogante de Guillem Ferrer Clavé.

Eran las diez de la mañana cuando los carros que trasladaban a los artistas disminuyeron la marcha al desembocar por la ancha avenida polvorienta, para estacionarse frente a la sobria construcción circundada por llanos y pastizales secos. Después de traspasar la muralla almenada, les esperaba un gran mezzanine y a la derecha una puerta que daba acceso  al penal. Los artistas caminaban uno detrás de otro y eran revisados por guardias que veían los pases y escudriñaban sus rostros, el de ella en especial.  Penitenciaria, En MAi??xico su evoluciA?n social, MAi??xico, J, Basllesca y CompaAi??Ai??a 1902 (640x158)Las pecas, la cabellera  rojiza que apenas podía dominar con un chongo, el cuerpo como figurín de revista y los grandes ojos color miel deslumbraron al último de ellos, un hombre cuyo uniforme tenía un tono menos oscuro que el resto. La saludó inclinando la cabeza. Ella, orgullosa, abanicando las pestañas, levantó el mentón para que su nariz respingada luciera mejor y desvió la mirada hacia otro lado con arrogancia, mientras avanzaba en fila como habían ordenado los oficiales de policía. El guardia no se desanimó y decidió ocupar el lugar del empleado que prendía unos distintivos especiales en la ropa de cada uno de los visitantes. Eran artesanías realizadas con papel de china.

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JosAi?? Revueltas. Luces y sombras de un andar apasionado

Diana GuillAi??n – Instituto Mora.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

En noviembre de 1975, Eugenia Meyer entrevisto al intelectual de origen duranguense para el Programa de Historia Oral del Cine Mexicano, del INAH. Del testimonio respectivo a continuaciA?n se rescatan algunos extractos en los que habla de su infancia, de cA?mo se hizo autodidacta, de sus profundas inquietudes por la polAi??tica, y del cine y la escritura.

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JosAi?? Revueltas, ca. 1945. Archivo General de la NaciA?n, fondo Hermanos Mayo, Revueltas JosAi??, sobre 75331.

Hombre tAi??mido y modesto a pesar de la luciAi??dez que acompaAi??A? su apasionado andar, JosAi?? Revueltas no buscA? el reconocimiento que al paso del tiempo propios y extraAi??os le conceAi??den. Su presencia autodidacta en las esferas polAi??tica y cultural de un MAi??xico que dejaba atrA?s la vida decimonA?nica para incursionar en las modernidades asociadas con el siglo xx, se materializA? en obras literarias y adapAi??taciones cinematogrA?ficas de primer nivel. Aun si hay quienes sA?lo lo recuerdan por sus posturas crAi??ticas frente al rAi??gimen que emergiA? de la revoluciA?n de 1910 y cuya construcciA?n acompaAi??A? como una piedra incrustada en el zapato de manera cuasi cabalAi??stica, pues su nacimiento en Durango el 20 de noviembre de 1914, se adelantA? a las conmemoraciones que hasta el dAi??a de hoy se realizan para festejar el inicio de la gesta revolucionaria.

Su actitud indA?mita hacia el poder instiAi??tuido tambiAi??n se manifestA? a la hora de comAi??batir ortodoxias de una izquierda a la que se adscribAi??a y en la que desde muy temprana edad habAi??a militado. QuizA? por ello con la misma facilidad que cosechaba amistades en andanzas bohemias prolongables por dAi??as, generaba animadversiones que cruzaban desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda del espectro polAi??tico nacional. Entre las luces y sombras que iluminaron u obscurecieron una existencia marcada por el anhelo de cambio y el compromiso para alcanzarlo a costa incluso del aislamiento, se delineA? asAi?? un personaje que mA?s allA? de sus tintes polAi??micos dejA? un importante legado artAi??stico y contribuyA? a escribir parte de la historia de nuestro paAi??s.

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JosAi?? Revueltas, ca. 1945. Archivo General de la NaciA?n, fondo Hermanos Mayo, Revueltas JosAi??, sobre 75331.

Desde tal perspectiva, la entrevista que le concediA? a Eugenia Meyer a fines de 1975 nos permite acercarnos a un testimonio en sAi?? mismo valioso, pues a pesar de que las respuestas por momentos parecAi??an fluir a cuenta gotas, quedan en ellas los restos del balance que tiende a hacerse cuando se acerca el final del camino. Menos de seis meses despuAi??s JosAi?? Revueltas se llevarAi??a consigo desde los recuerdos de la niAi??ez vivida en Durango durante los primeros aAi??os de la revoluciA?n, hasta los tatuajes personales que le dejA? el movimiento estudiantil de 1968, pasando por sus experiencias en la ciudad de MAi??xico durante una juventud que rayando en la adolescencia conociA? los rigores de la cA?rcel.

El encuentro entre Meyer y Revueltas se realizA? como parte del Programa de Historia Oral del Cine Mexicano diseAi??ado por el DeAi??partamento de EtnologAi??a y AntropologAi??a Social del inah, en el modestAi??simo apartamento arrendado por el entrevistado en la ciudad de MAi??xico. El interAi??s central era, por lo tanto, la faceta cinematogrA?fica del duranguense, pero ademA?s de la informaciA?n que en tal sentido aportA?, y que sin duda constituye una buena veta para los estudiosos del tema, el oficio de la entrevistadora abriA? la puerta para que se colaran otros temas. Es asAi?? que nos enteramos de los sinsabores del familiA?n al estilo proAi??vinciano que en la dAi??cada de los veinte saliA? de Durango buscando mejores horizontes o de las satisfacciones que la vena artAi??stica de Silvestre, FermAi??n y Rosaura, ademA?s del propio JosAi??, produjeron en padres con enorme sensibilidad y gusto por las ramas que los hijos contribuyeron a engrandecer. O, en fin, de inAi??numerables detalles de su trayectoria personal que a manera de instantA?neas fotogrA?ficas nos acercan a escenarios ya idos.

A continuaciA?n se incluye una pequeAi??a proAi??bada de todo ello, con la invitaciA?n a consultar la plA?tica completa en el Archivo de la Palabra que resguarda el Instituto Mora: Entrevista a JosAi?? Revueltas realizada por Eugenia Meyer el 18 de noviembre de 1975, Archivo de la Palabra, Instituto Mora, PHO/2/42.

El Indio Fernandez, Olivia Peralta, JosAi?? y Rosaura Revultas llegando al homenaje por el premio a El luto humano, 1943 (800x531)

Emilio “El Indio” FernA?ndez, Olivia Peralta y JosAi?? Revueltas, 1943. Archivo General de la NaciA?n.

Mientras se tiene acceso a dicha versiA?n, el texto que ofrece este nA?mero especial de BiCenAi??tenario ha sido editado para facilitar la lectura y aun cuando en todo momento se respetaron los argumentos e ideas que se desprenden de las mA?s de 100 pA?ginas en que quedA? transcrita la entrevista, en algunos casos la secuencia original debiA? modificarse atendiendo a los cuatro ejes temA?ticos utilizados para recuperar los fragmentos elegidos: Un familiA?n al viejo estilo provinciano, Una educaciA?n abrupta, La cA?rcel, sombra reincidente y De las pelAi??culas por metro a la adaptaciA?n cinematogrA?fica.

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Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??base a la Revista BiCentenario.

Pancho Villa en prisiA?n (1912)

Revista BiCentenario # 18

Guadalupe Villa G.Ai?? /Ai?? Instituto Mora

Apenas iniciado su gobierno, Francisco I. Madero tuvo que hacer frente a una oleada deAi??rebeliones que buscaban su derrocamiento. El 16 de noviembre de 1911 el general Bernardo Reyes lo desconociA? como presidente, siguiAi??ndole pocos dAi??as despuAi??s Emiliano Zapata; cuatro meses mA?s tarde Emilio VA?zquez GA?mez y Pascual Orozco y, en octubre de 1912, FAi??lix DAi??az. Madero, no obstante, subestimA? a sus enemigos al considerar que neutralizando a los dirigentes, el problema quedaba resuelto.

Bernardo Reyes
El general Reyes habAi??a gozado del apoyo y la confianza de Porfirio DAi??az por varias razones, entre ellas mantener el control polAi??tico y social en el estado de Nuevo LeA?n durante sus diversas gestiones gubernamentales; tambiAi??n estuvo temporalmente al frente de la secretarAi??a de Guerra y Marina y fue elegido por los opositores de DAi??az, para disputarle a Ai??ste la primera magistratura a travAi??s del Partido DemocrA?tico, aunque acabA? por no aceptar la postulaciA?n. En cambio, cuando DAi??az habAi??a partido ya al destierro, contendiA? en las elecciones presidenciales contra Madero, logrando el apoyo de hacendados y empresarios en diversas zonas del paAi??s.

Efectuadas las elecciones, triunfA? la fA?rmula Maderoai??i??Pino SuA?rez, aunque a nivel nacional pronto circularon fuertes rumores de un nuevo movimiento armado iniciado por elementos reyistas, defraudados en sus esperanzas de elevar al poder al general.

En el estado de Morelos, Zapata y muchos otros que tambiAi??n habAi??an brindado su apoyo a la revoluciA?n maderista se sintieron decepcionados por la polAi??tica agraria del presidente y en lo sucesivo se mantendrAi??an en pie de lucha para lograr la devoluciA?n de las tierras arrebatadas por la Ley de Terrenos BaldAi??os invocada por el lAi??der demA?crata.

Pascual Orozco
En Chihuahua Orozco, quien se adhiriA? a la lucha democrA?tica encabezada por Madero, se sintiA? humillado cuando el lAi??der ordenA? el licenciamiento de las tropas revolucionarias y le negA? la posibilidad de gobernar su estado natal, relegA?ndolo al cargo de jefe de la Primera Zona Rural. Por otra parte, los proyectos de reforma agraria que el gobernador Abraham GonzA?lez pretendAi??a implantar, con el respaldo del ejecutivo federal, alarmaron a la Ai??lite local que, sintiendo amenazados sus intereses, cooptA? al antiguo arriero haciAi??ndolo el instrumento mediante
el cual derrocarAi??an a Madero.

El gobierno intentA? suprimir la revuelta antes de que cobrara fuerza mA?s allA? de sus fronteras. El general JosAi?? GonzA?lez Salas fue el encargado de combatir a Orozco, pero fracasA? en su cometido. Fue entonces cuando Francisco Villa, a instancias de Madero, se uniA? a la DivisiA?n del Norte Federal comandada por Victoriano Huerta. En sus memorias, aquel seAi??alA? que el presidente le habAi??a dado la orden para que se pusiera a las A?rdenes del general Huerta. ai???No era ese mi programaai??? ai??i??dice Villaai??i??, ai???pero ante todo estaba mi obediencia al seAi??or Maderoai???.

El resultado es conocido: acusado por Huerta de insubordinaciA?n y robo, Villa fue puesto frente al paredA?n, perdonado y enviado a la PenitenciarAi??a de la ciudad de MAi??xico. El 5 de junio de 1912 Huerta telegrafiA? a Madero:
En este momento parte el tren que lleva con el carA?cter de procesado, debidamente escoltado hasta esa capital, al general Villa. El motivo que he tenido para mandarlo con el carA?cter de preso a disposiciA?n del ministerio de la Guerra, es el hecho de haber cometido faltas graves en la divisiA?n de mi mando [ai??i??] A Villa le he perdonado la vida ya estando dentro del cuadro que debAi??a ejecutarlo, por razA?n de haberme suplicado lo oyera antes de ser pasado por las armas, de cuya entrevista resultA? el que yo resolviera abrir una averiguaciA?n previa y remitirlo con dicha averiguaciA?n, poniAi??ndolo a la disposiciA?n de la secretarAi??a de Guerra.

Lecumberri

FAi??lix DAi??az
El sobrino de don Porfirio declarA?, a mediados de mayo de 1912, al periA?dico neoyorkino The Sun que la popularidad de Madero estaba perdida, acrecentA?ndose dAi??a con dAi??a la opiniA?n pA?blica en su contra, debido a que muchos pensaban que una vez obtenido el triunfo, Ai??ste sA?lo habAi??a servido para el medro personal y egoAi??sta de la familia Madero, dejando incumplidas las promesas hechas.
DAi??az conspiraba activamente a pesar de la nube de agentes que lo vigilaban de cerca en Veracruz. El 15 de octubre, el jefe supremo del movimiento militar efectuA? el pronunciamiento, cuyo propA?sito era ai???restablecer la paz por medio de la justiciaai???.

Contra todo vaticinio, el movimiento fue rA?pidamente sofocado y su dirigente capturado, hecho que causA? gran sorpresa en todo el paAi??s. Por instrucciones de Madero, se formA? un Consejo de Guerra Extraordinario que habrAi??a de juzgar a los principales implicados en el movimiento. El tribunal sentenciA? a DAi??az a la pena mA?xima, sin embargo se logrA? que la Suprema Corte de Justicia lo amparara puesto que ya no pertenecAi??a al ejAi??rcito. DespuAi??s de haber pasado un tiempo en la prisiA?n de San Juan de UlA?a, fue trasladado a la ciudad de MAi??xico e internado en la PenitenciarAi??a el 24 de enero de 1913.

Los grupos contrarios a Madero, se multiplicaron desde el interior del propio gobierno; miembros del ejAi??rcito federal bajo las A?rdenes de Victoriano Huerta se sumaron a la rebeliA?n; Alberto GarcAi??a Granados, secretario de GobernaciA?n, aseguraba tener pruebas de que el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, estaba preparado para iniciar la revuelta contra el mandatario y de que Miguel M. Acosta, secretario de Comunicaciones y Obras PA?blicas era el encargado de recaudar fondos para dicho movimiento. El descontento general pronto se extendiA? por todo el paAi??s.

La lealtad puesta a prueba
La estancia de Villa en la PenitenciarAi??a fue prolongada y difAi??cil y a tres meses de su confinamiento aA?n no se le juzgaba. Estaba consciente de que su encarcelamiento era polAi??tico y que habAi??a gente trabajando para evitar su liberaciA?n. En una carta enviada a Madero el 21 de septiembre, escribiA?: ai???A muchos de sus enemigos les cae como anillo al dedo que yo estAi?? preso, pues he tenido ofrecimientos innumerables, pero si yo soy fiel, el tiempo se lo dirA?ai???.

Es interesante subrayar que uno de los mitos relacionados con Villa es que no sabAi??a leer ni escribir y que durante su estancia en prisiA?n aprendiA? gracias a las enseAi??anzas del ideA?logo zapatista, Gildardo MagaAi??a. Lo cierto es que sAi?? sabAi??a leer y escribir, las cartas escritas en prisiA?n son muestra fehaciente de ello. Obviamente su redacciA?n tanto como su ortografAi??a eran deficientes, pero es claro que habAi??a tenido una rudimentaria enseAi??anza escolar y en el caso de que hubiera conocido a MagaAi??a ai??i??hay discrepancias al respectoai??i??, lo mA?s que pudo hacer fue darle a conocer las razones de la lucha zapatista y tal vez ayudarle a mejorar su escritura y su lectura.

En la correspondencia enviada por Villa a Madero desde la penitenciarAi??a, nunca obtuvo ninguna respuesta directa del presidente; Ai??ste se dirigiA? en dos ocasiones al reo a travAi??s de su secretario Juan SA?nchez Azcona y no intervino para conseguir su excarcelaciA?n.

El 7 de octubre Villa habAi??a suplicado al mandatario trasladarlo a ai???algA?n cuartel de esta ciudad, toda vez que causas muy poderosAi??simas, que a su tiempo explicarAi??, me obligan a solicitar esa graciaai???. Es posible que otros reos polAi??ticos estuvieran intentando atraerlo al movimiento que se estaba preparando para derrocar al gobierno constitucional. Los abogados JosAi?? Bonales Sandoval y Antonio Castellanos, a quienes Villa comisionA? para hablar con Madero, formaban respectivamente parte del proyecto de FAi??lix DAi??az y Bernardo Reyes sin que, hasta ese momento, Ai??l lo supiera.

Un mes mA?s tarde, SA?nchez Azcona comunicA? al general Villa que ai???obsequiando los deseos expresados por su defensor el Sr. Bonales Sandoval [el seAi??or presidente ha dispuesto] que sea trasladado a la prisiA?n militar de Santiago Tlatelolcoai???.

En su nueva prisiA?n, Villa tuvo oportunidad de conocer al general Bernardo Reyes y quizA? de enterarse de sus planes subversivos. Luz Corral escribiA? despuAi??s que ella acompaAi??aba a su esposo todo el dAi??a y algunas veces, Reyes comiA? con ellos.

En la prisiA?n militar, Pancho Villa escribiA? detalladamente los servicios que prestA?, a lo largo de la revoluciA?n maderista, hasta la caAi??da de Ciudad JuA?rez en mayo de 1911. SegA?n cuenta en las Memorias, el documento lo realizA? como parte de un ejercicio mecanogrA?fico, ai???sin otro maestro que su firme deseo de aprenderai???.

Ante los oAi??dos sordos de Madero, a sus reiteradas sA?plicas de justicia y auxilio, Villa optarAi??a por fugarse de Santiago Tlatelolco y trasponer la frontera mexicana. No obstante que el general protestA? lealtad al mandatario, permaneciA? fiel a su causa y siempre le mostrA? su admiraciA?n y respeto, no encontrA? reciprocidad en Madero, fue, como bien seAi??ala el historiador Friedrich Katz, un amor no correspondido.

Carta Villa-Madero

Carta de Villa a Madero (1912)

Las hojas de servicio

Es necesario aclarar que una versiA?n de lo contenido en los papeles escritos a mA?quina fue recogida por Manuel Bauche Alcalde, quien se encargarAi??a de escribir las memorias de Villa a principios de 1914. El manuscrito de Bauche tiene bA?sicamente la misma informaciA?n de las hojas de servicio, pero estA? mA?s completo porque se subsana lo que al reo le fue difAi??cil recordar y que ya en calma, seguramente auxiliado por compaAi??eros y amigos, pudo corregir. TambiAi??n estA? mA?s pulido porque Bauche era un hombre culto, habAi??a ejercido el periodismo y hablaba varios idiomas. Las hojas de servicios son reveladoras de la personalidad de Villa, de sus sentimientos, maneraAi??de ser y expresarse.

Como Chihuahua fue el territorio en el que Villa operA? durante la revoluciA?n maderista, en suAi??hoja de servicios se destaca su relaciA?n con Abraham GonzA?lez, su encuentro con Francisco I. Madero, los hechos de armas en los que participA? y todas las dificultades que tuvo que superar para hacerse respetar y ganar adeptos.

El relato comienza prA?cticamente el 17 de noviembre de 1910, cuando GonzA?lez acudiA? a comerAi??a casa de Villa para definir el plan que consistiA? en el reclutamiento de tropas: el primero en el norte del estado y el segundo en el sur.

Sin duda, la asombrosa facilidad con la que Villa reuniA? 375 hombres en cinco dAi??as admira aAi??cualquiera. A?QuAi?? impulsA? a estos hombres a dejar hogar y familia para embarcarse en una aventura incierta? Cada uno de ellos tenAi??a una historia detrA?s. A?Era gente conocida con anterioridad? A?Estaban en deuda con Ai??l? A?Deseaban proteger sus tierras? A?Hacerse de ellas? A?TenAi??an esperanzas de acabar con la oligarquAi??a terrateniente y elegir libremente a las autoridades? A?Ganar acceso a puestos de elecciA?n popular? A?Les faltaba el trabajo? Es seguro que hubo una combinaciA?n de todo esto.

En los primeros enfrentamientos, Villa recibiA? su primera herida como revolucionario y tuvoAi??que enfrentarse a los problemas que le planteaba su nuevo status: garantizar la paga a sus hombres y el continuo suministro de armamento, vituallas y vestimenta, asAi?? como la curaciA?n de los heridos en combate.

El escrito nos hace imaginar las vicisitudes por las que pasaron los revolucionarios en estos incipientes meses de lucha en los que la organizaciA?n fue primordial. Los hombres que formaban el contingente revolucionario de Chihuahua eran todos buenos jinetes, avezados en el manejo de armamento, pero sin experiencia en enfrentar a un ejAi??rcito de lAi??nea.

La improvisaciA?n de los primeros tiempos de lucha propinA? varios reveses a los revolucionarios pues en la Sierra Azul, donde tenAi??an su refugio, pasaron no sA?lo hambre, sino mucho frAi??o por falta de ropa adecuada y cobijas para soportar las intensas nevadas. HabAi??a que aprender a no dejarse sorprender por el enemigo y a no dejar armas ni municiones expuestas a pAi??rdida o abandono. La necesidad de contar con buena caballada podAi??a tambiAi??n hacer toda la diferencia entre la vida y la muerte.

En esta Ai??poca descrita por Villa, uno de los problemas mayores fue tratar de unificar el armamento pues lo habAi??a de diferentes marcas y calibres, lo que complicaba el correcto abastecimiento de cartuchos y municiones. Las haciendas consideradas propiedad de los enemigos de la RevoluciA?n, sirvieron tambiAi??n para abastecer a los revolucionarios. Tampoco faltaron administradores a favor de la causa que pusieron a su disposiciA?n trojes repletas de maAi??z para la caballada, ganado para alimentar a la tropa y tortillas hechas por mujeres en las casas de cuadrillas. Pero hubo ocasiones en que Villa tuvo necesidad de entrar subrepticiamente a Chihuahua, para proveerse de artAi??culos de primera necesidad como azA?car y cafAi?? para sus hombres. Estar pendiente de las necesidades de su gente lo convirtieron en una figura paternal.

Uno de los episodios destacados por Villa en las hojas de servicio, fue su primer encuentro con Francisco I. Madero en la hacienda de Bustillos: ai???Nombre Pancho Villa que muchacho eres, yo que te creAi??a tan viejo, pues querAi??a conocerte para darte un abrazo por lo mucho que se habla de ti y lo bien que te has portado, A?quAi?? tanta gente tienes?ai??? Para entonces Villa habAi??a aumentado su contingente en 700 hombres, pero como Ai??l mismo dijo estaban ai???mal armadosai???.

En abril de 1911 durante la marcha hacia Ciudad JuA?rez, plaza fronteriza que los revolucionarios esperaban tomar y controlar, ocurriA? el primer connato de sublevaciA?n de la gente de Pascual Orozco en contra del presidente provisional, cuando los jefes JosAi?? InAi??s Salazar, Luis A. GarcAi??a y LA?zaro AlanAi??s trataron de desconocer a Madero. Orozco habAi??a rehusado acatar las A?rdenes dadas por el mandatario para que desarmara a sus hombres, argumentando que podrAi??a haber un alto costo en vidas.

Por A?rdenes de Madero, Villa controlA? la insubordinaciA?n ai???sin que hubiera habido un solo muerto y sAi?? uno que otro golpeado, de los que trataban de oponer resistenciaai???. TambiAi??n de acuerdo con el mandatario, entregA? el armamento y parque a Orozco. Estas fueron las inconsistencias del presidente provisional, conservar a su lado a hombres levantiscos, sin medir los riesgos futuros.

Los revolucionarios llegaron al rancho de Flores, cerca de Ciudad JuA?rez, situado a orillas del RAi??oAi??Bravo, donde segA?n el escrito fueron recibidos cariAi??osamente por las familias del lugar: Madero ai???caminaba a pie al igual de todas las fuerzas. Parte de estas hicieron jornadas mA?s cortas para servirle de escolta y hacerle menos penosa la travesAi??a. Ai??l iba tapado con un sarape pinto que le hacAi??a confundirse entre el grueso de la tropa, entre la cual se le podAi??a haber tomado por un simple soldado y no por el C. presidente de la RepA?blicaai???.

La opiniA?n del general BenjamAi??n J. Viljoen de que era imposible tomar Ciudad JuA?rez dada la fortificaciA?n de la plaza decidiA? a Madero retirar las tropas hacia el sur para evitar complicaciones internacionales. Villa y Orozco insistieron en que, por dignidad, se deberAi??a procurar el asalto ai???pues era vergonzoso retirarnos sin siquiera haber intentado dicho ataqueai???. El 8 de mayo ocurriA? una inesperada ofensiva a JuA?rez; Madero ordenA? cesar el fuego pero su mandato no fue escuchado, dado que existAi??a el acuerdo entre Pascual Orozco y Francisco Villa para tomar la plaza. Al dAi??a siguiente los revolucionarios empezaron a tomar posiciones para el asalto final. El 10 con los cuarteles federales rodeados, exhaustos por el cansancio, el hambre y la sed, los defensores se rindieron. Villa describe la magnitud de la sorpresa de Madero cuando se enterA? de que Ciudad JuA?rez habAi??a caAi??do en manos de los revolucionarios.

Uno de los problemas que tuvo que resolver Villa, despuAi??s de recoger a sus muertos y darles sepultura, fue procurar alimento para los vencidos y para su propia gente: Y aunque comprendAi??a que mis fuerzas estaban en iguales condiciones de hambre que ellos, creAi?? de mi deber como vencedor, procurar primero a los vencidos, quienes al verme entrar con dicho comestible [costalesAi??de pan] me aclamaron llenos de gratitud. De ahAi?? me fui a hacer igual operaciA?n con mis soldados, mA?s como no alcanzara el pan para todos, organicAi?? escoltas con sus respectivos oficiales y clases, con orden de salir a buscar alimentos.

Lo mA?s increAi??ble de la narraciA?n es que Villa se dirigiA? al cuartel general donde estaban prisioneros los oficiales y se llevA? a nueve de ellos a El Paso, Texas, ai???donde comimos con la mayor fraternidadai???. Lo inconcebible no fue que los hubiera invitado a comer, sino que los oficiales vencidos en campaAi??a regresaran a territorio mexicano. Era una Ai??poca en que la palabra de honor valAi??a y se respetaba.

Villa cierra las hojas de servicio tocando dos aspectos mA?s: el connato de sublevaciA?n que intentaron Ai??l y Orozco en contra de Madero, por haberse opuesto al fusilamiento del generalAi??Juan N. Navarro. Tarde descubriA? Villa el ardid de Orozco quien habiAi??ndole ordenado desarmar a la guardia de Madero, ignorA? el hecho en el momento mismo, haciAi??ndolo aparecer como el instigador de la insurrecciA?n.

Por considerarse ai???hombre de sentimientos y vergA?enzaai???, Villa puso punto final a su actuaciA?n revolucionaria, en esa primera etapa, entregando a RaA?l Madero el mando de sus tropas.

El epAi??logo
De la sencillez de Madero, de su carA?cter bondadoso, de su desprendimiento, surgieron la admiraciA?n, el respeto y la lealtad que Villa le profesarAi??a hasta su muerte. El hecho de que Madero fuera rico terrateniente y empresario y arriesgara su comodidad y su fortuna en una empresa que se antojaba titA?nica le valiA? su incondicionalidad.

Abraham GonzA?lez jamA?s dudA? de la lealtad de Pancho Villa y es posible que Madero tampoco dudara, sin embargo, cabe preguntarse A?quAi?? orillA? al mandatario a distanciarse de su antiguo aliado? A?CA?mo fue que Villa cayA? en desgracia? Aquella felicitaciA?n que enviA? Madero luego de sus triunfos sobre Orozco, poco antes de que Huerta intentara fusilarlo en JimAi??nez, Chihuahua, habAi??a perdido todo sentido: ai???Estoy verdaderamente satisfecho de tu conducta y te aseguro que ademA?s de la legAi??tima satisfacciA?n que has de sentir de servir una causa justa y de ser leal conmigo, harAi?? de modo de recompensar debidamente los servicios que has prestado a la RepA?blicaai???.

Abraham GonzA?lez tratA? de hacer valer su influencia con Madero para ayudar a Villa y pusoAi??todo lo que estuvo de su parte para liberarlo. La actitud del presidente fue distinta, pues confiA? mA?s en el ejAi??rcito federal que en aquellos que lo habAi??an llevado al poder.

Villa escapA? de la prisiA?n militar de Santiago Tlatelolco y mantuvo con firmeza su lealtad alAi??presidente y al gobernador de Chihuahua, quienes poco despuAi??s fueron traicionados por Victoriano Huerta y asesinados por A?rdenes suyas. En adelante, Villa se empeAi??A? en una lucha, la constitucionalista, para vengar la muerte de aquellos benefactores y amigos suyos.

PARA SABER MA?S:

  • Francisco L. Urquizo, La ciudadela quedA? atrA?s, MAi??xico,Ai??Summa mexicana, 2009.
  • Guadalupe Villa y Rosa Helia Villa, Pancho Villa. RetratoAi??autobiogrA?fico 1878-1914, MAi??xico, Taurus, 2005.
  • Cuartelazo, Alberto Isaac, dir. Imcine, dvd.

Una lecciA?n de historia. La RevoluciA?n Mexicana en la pintura mural

Guadalupe Villa Guerrero -Ai??Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 1.

David Alfaro Siqueiros (1896-1974), naciA? en Santa RosalAi??a Camargo, Chihuahua. ingresA? a la Academia de Bellas Artes de San Carlos a mediados de 1911. Posteriormente, en 1914, se incorporA? a la revoluciA?n sumA?ndose a las fuerzas del Cuerpo de EjAi??rcito del Noroeste, bajo las A?rdenes del general Manuel M. DiAi??guez, jefe de la DivisiA?n de Occidente. En 1919 el gobierno de MAi??xico lo enviA? becado a Europa a continuar con los estudios interrumpidos en Bellas Artes. De regreso en MAi??xico, se involucrA? ai??i??a partir de 1924ai??i?? activamente en las luchas obreras. Su incorporaciA?n al Partido Comunista y su actividad partidaria lo llevA? a prisiA?n en varias ocasiones ai???por cuestiones polAi??ticasai???. Vinieron despuAi??s su destierro a Estados Unidos, su viaje a EspaAi??a y su incorporaciA?n al EjAi??rcito Republicano EspaAi??ol en la 82A? brigada mixta (Teruel), para posteriormente pasar a la 46A?Ai?? Brigada Motorizada en el frente de Extremadura. regresA? a MAi??xico en 1944. Miembro prominente del Partido Comunista, siguiA? sus actividades como agitador sindical y polAi??tico que le valieron volver a Lecumberri. Como pintor alcanzA? fama internacional por sus obras de caballete, frescos y grandes murales que pintA? en diversos edificios pA?blicos, entre ellos el de la Escuela Nacional Preparatoria, el del Palacio de Bellas Artes y el del Museo Nacional de historia. Su A?ltima obraAi?? fue El Poliforum Siqueiros iniciada en 1970 en la Ciudad de MAi??xico.

0. El primer mural

El trabajo que Siqueiros realizA? para la Sala de la RevoluciA?n en el Castillo de Chapultepec no fue continuo. El artista participA? durante 1959 en varias manifestaciones encaminadas a obtener la libertadAi?? de Demetrio Vallejo ai??i??dirigente ferrocarrileroai??i?? y otros activistas presos; dictA? conferencias en las que criticA? acerbamente la polAi??tica laboral del gobierno y fue acusado, entre otros delitos, de disoluciA?n social, por lo que se le encarcelA? en el llamado Palacio Negro de Lecumberri. En 1964 se le concediA? el indulto y en 1967 concluyA? el mural que constituye, indudablemente, una obra maestra tanto por su plasticidad como por su sAi??ntesis didA?ctica. Siqueiros no pinta la revoluciA?n Mexicana sino sus antecedentes y, sobre todo, a los precursores e ideA?logos que con su influencia o acciA?n directa la hicieron posible.

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