Archivo de la categoría: BiCentenario #31

Los caminos del terror

Eduardo Flores Clair
DEH-INAH

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31

Subirse a un carruaje para recorrer algunas distancias en el MAi??xico de hace mA?s de 150 aAi??os era lanzarse a la aventura de la inseguridad y el robo latente. La delincuencia no estaba mal vista y sus protectores abundaban. El lAi??mite entre legalidad e ilegalidad resultaba mA?s cercano a la impunidad.

ASALTO ALA DILIGENCIA (640x539)

Manuel Serrano, Asalto a la diligencia, A?leo sobre tela, ca. 1855. Museo Nacional de Historia, SecretarAi??a de Cultura-inah-MAi??x. ReproducciA?n autorizada por el INAH.

Este texto aborda algunos puntos sobre losAi??viajeros y sus miedos provocados por la delincuencia. Los delincuentes eran aquellasAi??personas que quebrantaban la ley, infringAi??anAi??las normas sociales y subsistAi??an graciasAi??a las prA?cticas ilAi??citas de la economAi??a ilegal.Ai??Como sabemos, existe un sinnA?mero de relatosAi??de viaje, pero sA?lo nos abocaremos a unosAi??ejemplos que describen de manera detalladaAi??la violencia, a travAi??s de las costumbres deAi??la sociedad y las instituciones de mediadosAi??del siglo XIX.

JosAi?? MarAi??a Tornel publicA? en 1843 una extensaAi??reseAi??a del libro MAi??xico. Memorias deAi??un viajero del barA?n austriaco Isidoro LAi??wenstern.Ai??En ella recriminA? agriamente al escritorAi??por sus juicios A?speros y de desprestigioAi??para la imagen del paAi??s en el extranjero. TodoAi??era causa del desconocimiento de las tierras queAi??habAi??a pisado, argumentaba. Agregaba que elAi??libro era una infame sA?tira cuyo blanco ha sidoAi??nuestra patria. En su texto, LAi??wenstern, despuAi??sAi??de quejarse de la hospitalidad mexicana,Ai??dejA? testimonio de un problema recurrenteAi??de los viajeros: el robo en los caminos, peroAi??sobre todo de las diligencias que recorrAi??an elAi??trayecto de Veracruz a la ciudad de MAi??xico.

Con todo detalle, el barA?n relataba la inseguridadAi??que existAi??a en la ruta dominadaAi??por bandidos y, en general, la incertidumbreAi??de los ciudadanos por la inestabilidad polAi??tica.Ai??Estando en Jalapa, sin reparos le pareciA?Ai??una actitud pusilA?nime que seis viajerosAi??de la diligencia de Veracruz se presentaranAi??semidesnudos por haber sido despojados deAi??sus pertenencias por dos hombres. ReseAi??A?Ai??que eran jA?venes robustos armados con unAi??fusil y un sable. Resultaba inexplicable queAi??contaran con muchas ventajas y se hubieranAi??dejado humillar por los bandidos. AprovechA?Ai??el hecho para hablar sobre la falta de valorAi??de los mexicanos y expresar que en su estadAi??aAi??habAi??a sido testigo de muchos actos deAi??cobardAi??a. Ante la inseguridad, los ciudadanosAi??eran incapaces de defenderse, mucho menosAi??confiar en que las autoridades les brindarAi??anAi??protecciA?n. ExplicA? cA?mo sucedAi??a un asalto:

El mexicano que viaja en diligencia sA?lo llevaAi??consigo objetos sin valor, envAi??a todos sus bA?rtulosAi??con los arrieros. Ligero de equipaje y con el bolsilloAi??provisto de unos cuantos pesos, se preparabaAi??para la visita de los bandidos con la mismaAi??paciencia con la que un viajante de comercioAi??se somete a las exigencias de la aduana. UnaAi??vez llegados los ladrones, es cosa de ver quiAi??nAi??salta mA?s rA?pido de la diligencia para tenderseAi??elegantemente boca bajo en el suelo; nadie debeAi??abandonar esa humilde postura salvo cuandoAi??haya que quitarse la chaqueta y otros vestidosAi??aA?n menos indispensables.

Tornel reconociA? que los carruajes pA?blicosAi??eran asaltados y que los viajeros extranjeros yAi??nacionales se enfrentaban por igual a los bandoleros,Ai??quienes organizados en cuadrillas losAi??atemorizaban. Pero intentA? restar importanciaAi??al problema a travAi??s de la comparaciA?n estadAi??sticaAi??con otras latitudes como Estados UnidosAi??y Europa. PuntualizA?: no hay mA?s que leer susAi??gacetas de los tribunales, para conocer que nosAi??llevan la ventaja en una horrible desproporciA?n.

Estando en Puebla, LAi??wenstern reflexionA?Ai??sobre las consecuencias funestas de las revoluciones respecto a la religiA?n y, siguiendo suAi??postura polAi??tica, asegurA? que el partido conservadorAi??era una garantAi??a para esta, pero el partidoAi??destructor [el liberal] codicia las riquezas queAi??en MAi??xico posee todavAi??a el clero [ai??i??] y vista laAi??audacia de este partido, y el apoyo que encuentraAi??en el desorden de las masas, sus concesiones sonAi??muy prudentes, porque estA?n en relaciA?n con elAi??estado de deterioro del paAi??s.

Cabe aAi??adir que las autoridades localesAi??proporcionaron al barA?n LAi??wenstern duranteAi??su estadAi??a una escolta para protegerlo y tenAi??aAi??permiso para portar armas. Tornel criticA?, conAi??cierta mofa, que para realizar el trayecto deAi??Puebla a Cholula, el austriaco solicitA? resguardo;Ai??segA?n Ai??l, para esa distancia tan corta no seAi??requerAi??a y sA?lo la pedAi??an los hombres miedosos.Ai??Es posible que fuera una forma de contestarAi??a la afrenta de cobardAi??a de los mexicanos. PorAi??su parte, LAi??wenstern, sin mostrar gratitud,Ai??embistiA? contra los soldados que lo cuidaronAi??y los comparA? con los degolladores de laAi??conquista. DejA? en claro que los cuerpos deAi??seguridad caminaban a lo largo de una lAi??nea muy tenue entre la legalidad y la ilegalidad.Ai??MA?s allA? de los ataques al nacionalismo, esteAi??viajero legA? un testimonio de la transgresiA?nAi??y la injusticia cuando se refiriA? a las deudasAi??ancestrales de los peones de las haciendas,Ai??entre otros muchos temas.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Un inventor en tiempos de la ilustraciA?n mexicana

Mauricio SA?nchez M.
Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31

A JosAi?? Antonio Alzate y RamAi??rez le nacAi??an ideas de desarrollos tecnolA?gicos con naturalidad. Propuso mAi??todos de recolecciA?n de basura y vinculA? el mercurio con la exploraciA?n de minas. ProyectA? una manera de desaguar la Laguna de Texcoco, asAi?? como mejorar las caAi??erAi??as que distribuAi??an el agua en la ciudad de MAi??xico. PrA?ctico y experimental, no temAi??a al error, le interesaba la divulgaciA?n y que las ideas se pudieran comprobar aunque la autorAi??a final no fuera suya.

DSC00168 (709x1024)

H. Iriarte, JosAi?? Antonio Alzate, litografAi??a en Hombres ilustres mexicanos, MAi??xico, Imprenta de Ignacio Cumplido, 1873. Biblioteca ai???Ernesto de la Torre Villarai???, Instituto Mora.

JosAi?? Antonio Alzate y RamAi??rez naciA? en 1737Ai??y su infancia la pasA? en las inmediaciones deAi??Chalco. A sus 19 aAi??os de edad se graduA? comoAi??bachiller de TeologAi??a en la Real y PontificiaAi??Universidad, pero desde entonces mostrA? unaAi??inclinaciA?n por el mundo de la ciencia. Y aunqueAi??careciA? de una formaciA?n cientAi??fica formal,Ai??pudo Ai??l mismo generar un aprendizaje a travAi??sAi??de lecturas autodidactas y la experimentaciA?n.Ai??Alzate nos ayuda a entender el A?mbito delAi??Siglo de las Luces bajo las variables de etnia,Ai??profesiA?n y religiA?n en el preA?mbulo del MAi??xicoAi??independiente. Para ello nos valemos deAi??las Gacetas de Literatura, un semanario que seAi??encargA? de difundir informaciA?n diversa, enAi??ocasiones acompaAi??ada de ilustraciones.

La confianza que tuvo Alzate en la generaciA?nAi??de conocimiento por propia manoAi??lo llevA? a realizar varias investigaciones que,Ai??gracias a los recursos econA?micos de sus padres,Ai??pudo ver publicadas en sus MemoriasAi??y Gacetas. En cuanto a sus trabajos, hay queAi??seAi??alar que algunos respondieron a la peticiA?nAi??de alguna autoridad eclesiA?stica o del virreyAi??en turno. AsAi??, la lista de memorias, noticiasAi??o informes que redactA? es extensa y variada.Ai??Propuso mAi??todos de recolecciA?n de basura y,Ai??en beneficio de la minerAi??a, escribiA? informesAi??relacionados con la exploraciA?n de nuevas minasAi??y la mejora en la producciA?n de mercurio.Ai??Incluso propuso mA?quinas para fundir metalesAi??o para hacer circular el aire mediante fuellesAi??y caAi??ones en las profundidades de las minas.

El bachiller Alzate tambiAi??n hizo algunasAi??propuestas al Ayuntamiento de MAi??xicoAi??como el Proyecto para desaguar la laguna deAi??Tezcocoai??i?? (1767) y el MAi??todo fA?cil para mejorarAi??las caAi??erAi??as que sirven para la distribuciA?nAi??de las aguas de que se abastece el pA?blico de estaAi??capital de MAi??xico (1768). Resulta evidenteAi??su interAi??s por brindar soluciones a los problemasAi??de su entorno. Y para ello estableciA?Ai??lazos con sus pares en el extranjero. Es decir,Ai??fue socio corresponsal de la AcadAi??mie RoyaleAi??des Sciences de ParAi??s (1771-1786) y del RealAi??JardAi??n BotA?nico de Madrid (1785), asAi?? comoAi??integrante de la Real Sociedad BascongadaAi??de Amigos del PaAi??s (1773).

DSC00173 (640x463)

JosAi?? Antonio Alzate, Mecanismo, litografAi??a en Gacetas de Literatura de MAi??xico, Puebla, Oficina del Hospital de San Pedro, 1831. Biblioteca ai???Ernesto de la Torre Villarai???, Instituto Mora.

Dichos contactos le permitieron conocerAi??y comunicar en sus Gacetas los avances de laAi??ciencia en diferentes campos, como el de laAi??medicina. Destaca la noticia sobre el tema deAi??la inoculaciA?n contra la viruela. AsAi?? publicA?,Ai??durante la epidemia de 1779, una Carta escritaAi??al autor del Diario de fAi??sica por Mr. Maupetitai??i??Ai??acerca de las viruelas, julio de 1776. LaAi??apropiaciA?n que hizo Alzate del texto provinoAi??no sA?lo de su traducciA?n al espaAi??ol, sinoAi??de sus notas a pie de pA?gina. De esta formaAi??daba a conocer que el primero en introducirAi??la inoculaciA?n en suelo mexicano habAi??a sidoAi??el doctor francAi??s Stephen Morell, tal y comoAi??en Inglaterra profesionalmente lo ejecutaron Edward Jenner y la viajera lady Mary Wortley.Ai??Alzate escribiA? sobre Morell que en la epidemia de 1779 no sA?lo dispuso en la casa de su morada unAi??pequeAi??o hospital en que inoculA? a varios niAi??os,Ai??sino que verificA? en varias personas de la ciudadAi??lo A?til que es la inoculaciA?n, las que se libertaronAi??del contagio general… A su solicitud la nobleAi??ciudad [de MAi??xico] estableciA? en el hospital deAi??San HipA?lito una sala para que se vacunasen losAi??pequeAi??os que allAi?? se condujesen.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

El legado fotogrA?fico de Cruz SA?nchez

Paulina Michel
Archivo HistA?rico de la UNAM-IISUE

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31.

La revoluciA?n mexicana tuvo abundantes fotA?grafos, aunque pocos pudieron dar a conocer sus trabajos. Entre los que permanecen menos visibles estA? este alcalde de Yautepec, quien se tomA? su tiempo para dejar algunas huellas revolucionarias en imA?genes de varios de sus lAi??deres como Zapata, algunos de sus enemigos y la cotidianidad de la Ai??poca. MA?s de medio centenar de sus trabajos se encuentra resguardado en la UNAM.

GMC-0582 (800x518)

Cruz SA?nchez, Retrato de grupo en el que aparece (al centro, sentado) el general sinaloense Juan M. Banderas, quien fuera delegado zapatista a la ConvenciA?n de Aguascalientes, como integrante de la ComisiA?n del EjAi??rcito Libertador, Yautepec, Morelos, 1914. IISUE, Fondo Gildardo y Octavio MagaAi??a, ColecciA?n GrA?fica y HemerogrA?fica.

El Archivo HistA?rico de la Universidad NacionalAi??AutA?noma de MAi??xico (AHUNAM) resguardaAi??138 fondos y colecciones de muy distintaAi??procedencia entre los que se encuentranAi??aquellos relacionados con personajes de laAi??revoluciA?n mexicana como Heriberto Jara,Ai??Roque Estrada Reynoso, Juan BarragA?n, BlasAi??Corral, Jacinto Blas TreviAi??o, Amado Aguirre,Ai??Francisco L. Urquizo y Gildardo MagaAi??a,entre otros. Este A?ltimo archivo contiene,Ai??entre una gran cantidad de documentos, aproximadamenteAi??mil imA?genes sobre la revoluciA?n,Ai??particularmente sobre el movimientoAi??encabezado por el general Emiliano ZapataAi??en el estado de Morelos. Cabe seAi??alar queAi??este fondo ha sido llamado ahora ArchivoAi??Gildardo y Octavio MagaAi??a Cerda, ya queAi??reA?ne documentos coleccionados por ambosAi??hermanos, ademA?s de imA?genes de la gestiA?nAi??de Gildardo MagaAi??a como gobernador deAi??MichoacA?n entre 1936 y 1939. En esta ocasiA?nAi??solamente me referirAi?? a un pequeAi??o grupo deAi??fotografAi??as que se encuentran en este archivo,Ai??especAi??ficamente alrededor de las imA?genes firmadasAi??o atribuidas al fotA?grafo Cruz SA?nchez,Ai??oriundo de Yautepec, Morelos, quien registrA?Ai??este acontecimiento en una de las sedes delAi??cuartel general de Zapata.

Con la revoluciA?n mexicana comenzA? tambiAi??nAi??la proliferaciA?n de fotA?grafos, los cualesAi??dieron a conocer el movimiento armado aAi??travAi??s de las imA?genes en la prensa, tanto enAi??el paAi??s como en el extranjero. Destacaron enAi??esta labor autores como JesA?s H. Abitia, ManuelAi??Ramos, Hugo Brehme y Samuel Tinoco,Ai??entre otros, asAi?? como las agencias fotogrA?ficasAi??de AgustAi??n VAi??ctor Casasola y los prestigiadosAi??trabajos de Heliodoro Juan GutiAi??rrez EscobarAi??en los estudios FotografAi??a H. J. GutiAi??rrez yAi??The Chicago Photo Studio.

AdemA?s de las tradicionales fotografAi??as deAi??gabinete, el desarrollo tecnolA?gico de entoncesAi??les permitiA? realizar tomas instantA?neas de sucesosAi??cotidianos y militares, los cuales fueronAi??documentados exhaustivamente al seguir losAi??pasos de los lAi??deres revolucionarios, quienesAi??a su vez utilizaban estas imA?genes para promoverAi??su causa y su persona.

En el caso de Emiliano Zapata, la prensaAi??porfirista, conservadora y crAi??tica con el movimiento revolucionario (El Imparcial o El PaAi??s,Ai??por ejemplo), se encargA? de presentar en susAi??pA?ginas al lAi??der agrarista y a sus seguidoresAi??como un grupo de bandidos y rebeldes, conAi??intenciones de arrasar a la poblaciA?n urbana.Ai??Fue entonces cuando se acuAi??A? el tAi??rmino deAi??ai???Atila del Surai??? para descalificar a Zapata yAi??alertar del supuesto peligro que representabaAi??un ejAi??rcito de campesinos.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Editorial

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31.

BiCentenario 31 (1466x2000)

La inseguridad, el temor a ser vAi??ctimas de una agresiA?n, delAi??robo, el ultraje, el daAi??o fAi??sico o psAi??quico, es tan antiguo comoAi??la guerra. En cada momento de la historia de la humanidad seAi??pueden hallar en forma de terror, persecuciA?n, fobias o simpleAi??sobresalto. Ni es de estos dAi??as ni de tiempos cercanos, aunqueAi??las experiencias personales son las que nos marcan. Pero enAi??los aAi??os posteriores a la independencia de la corona espaAi??olaAi??los aventurados viajeros que cruzaban el paAi??s en diligenciasAi??o carruajes marchaban como alma en pena, marcados por laAi??incertidumbre, con el corazA?n pegado a la garganta, porqueAi??sabAi??an que podAi??an ser vAi??ctimas de atracos en el momento mA?sAi??inesperado. Subirse al A?nico transporte que por entonces lesAi??permitAi??a cruzar valles y montaAi??as tenAi??a altos riesgos pese aAi??contar siempre con guardias que los protegAi??an mientras queAi??los propios viajeros se aprovisionaban de pistolas o cuchillosAi??para la autodefensa. Para la delincuencia, clAi??rigos y extranjerosAi??solAi??an estar a salvo de los ataques personales. Pero estoAi??no siempre se correspondAi??a en el caso de las mujeres queAi??eran objeto de secuestros y abusos. El linchamiento de losAi??ladrones o su ejecuciA?n sumaria por los propios guardias deAi??los carruajes para ser exhibidos en los caminos como ejemploAi??de escarmiento ya se conocAi??an. Pero tambiAi??n los delincuentesAi??tenAi??an su aura de Robin Hood. No eran mal vistos como seAi??pudiera creer, algo que nos asemeja con el presente de mA?s deAi??un narcotraficante. HabAi??a una red clientelar que los protegAi??aAi??y a su vez mA?s de una situaciA?n Ai??pica de los maleantes queAi??los convertAi??a en objeto de fascinaciA?n. Las leyes benAi??volas enAi??muchos casos propiciaban la libertad antes que la sentencia,Ai??pero detrA?s habAi??a un contexto de crisis polAi??tica y econA?micaAi??que lo explicaba.

Esa incertidumbre que se vivAi??a en los caminos de Veracruz,Ai??Puebla o Zacatecas en los aAi??os 30 y 40 del siglo XIX tambiAi??nAi??la vivAi??an aA?n a fines de esa centuria los habitantes de lasAi??grandes ciudades que en las noches a falta de luz artificial seAi??veAi??an obligados a refugiarse en sus casas. La vida en las callesAi??no se extendAi??a mA?s allA? de las 20 A? 21 horas, como mA?ximoAi??las 22, y siempre que la luna reflejara algo de luminosidad. ElAi??calendario de fases lunares era clave para programar fiestas yAi??reuniones. Las velas y el ocote fueron los aliados de los mA?sAi??animosos, y luego las lA?mparas de gas, pero hasta que noAi??llegA? la luz elAi??ctrica, la penumbra reinA? y la costumbre de estar en casa desde temprano fue la norma. A esas horas, lasAi??calles eran dominio de la supersticiA?n, de aparecidos y almasAi??fantasmales, leyendas urbanas y rurales de las que mejor era protegerse con puertas y ventanas bien cerradas.

AsAi?? se va desentraAi??ando este nA?mero 31 de BiCentenario.Ai??En toda aventura revolucionaria, la seguridad es quizA? loAi??que menos cuenta. Las convicciones, la ideologAi??a, la apuestaAi??por las ideas se llevan al extremo, y la vida, la familia, losAi??proyectos profesionales pasan a ocupar un lugar secundario.Ai??A los hermanos Benavides, de Coahuila, poco les importA?Ai??poner en juego hasta su sA?lida economAi??a personal. CreyeronAi??en el movimiento maderista y a Ai??l se incorporaron sin dudarlo.Ai??Como asesores jurAi??dicos, secretarios privados, diputado oAi??empuAi??ando las armas y dirigiendo la tropa, las historiasAi??de AdriA?n, Luis y Eugenio Benavides retratan sus certezasAi??polAi??ticas por una causa. No esperA?bamos recompensa, recordabaAi??uno de ellos al final de su vida: pactamos recorrer juntos laAi??aventura revolucionaria, decAi??a, segA?n nos cuenta el texto deAi??Javier Romo Aguirre.

Esos aAi??os de inestabilidad polAi??tica y social se complementanAi??en este segundo ejemplar del aAi??o de BiCentenario con el legadoAi??fotogrA?fico de Cruz SA?nchez, un inquieto polAi??tico de YautepecAi??que ademA?s de ser alcalde retratA? al zapatismo. Su trabajo, pocoAi??conocido y conservado en el archivo de la UNAM, se apreciaAi??por su calidad y por las circunstancias que le tocaron vivir:Ai??residAi??a donde se concentraba el principal cuartel del generalAi??Emiliano Zapata y, entre ellos, los militares de su confianza.

Pero no son pA?ginas las de esta ediciA?n que A?nicamenteAi??nos petrifican con el sobresalto de cruzar los caminos y callesAi??citadinas de hace siglo y medio o que desmenuzan aspectos pocoAi??conocidos de la revoluciA?n de 1910 y 1913. Un joven e ilustradoAi??JosAi?? Antonio Alzate y RamAi??rez dejaba que la imaginaciA?n seAi??desplegara y con base en la experimentaciA?n se mostraba comoAi??un Leonardo Da Vinci mexicano del siglo XVIII. Hijo de unaAi??familia que le ayudA? a financiar sus publicaciones de avancesAi??cientAi??ficos y las de otros colegas, Alzate dejA? testimonio de laAi??actividad ilustrada en MAi??xico, sin importar autores ni temA?ticas.Ai??La medicina, la construcciA?n o la astrologAi??a, a pedido de clAi??rigosAi??o autoridades, lo hicieron un baluarte de la divulgaciA?n, comoAi??nos hace saber Mauricio SA?nchez.

En tiempos mA?s cercanos contamos las vicisitudes vividasAi??por el exilio, principalmente europeo, que llegA? a MAi??xicoAi??en los aAi??os 40 del siglo pasado, alentado por las polAi??ticas,Ai??en algunos aspectos selectivas, de los gobiernos de LA?zaroAi??CA?rdenas y Manuel A?vila Camacho.

TambiAi??n nos adentramos en recuperar los avataresAi??culturales del Hotel del Prado, un edificio Ai??pico que porAi??esos mismos aAi??os se levantaba sobre avenida JuA?rez y que eraAi??un ejemplo de las transformaciones del paAi??s, especialmenteAi??porque sobre sus paredes desfilaron las pinturas de varios deAi??los artistas mA?s reconocidos en esos aAi??os.

El centenar de pA?ginas que configuran cada nA?meroAi??de BiCentenario se complementa en esta ediciA?n 31 conAi??un nostA?lgico recuerdo de los cafAi??s ubicados en los bordesAi??limAi??trofes del Centro HistA?rico de la ciudad de MAi??xico y queAi??aA?n sobreviven a la tecnologAi??a del siglo XXI.

Empezamos describiendo en estas lAi??neas los temores a laAi??inseguridad de hace mA?s de siglo y medio y lo cerramos conAi??un destello anecdA?tico de los controles propios de la guerra frAi??aAi??que reinaban en MAi??xico hace seis dAi??cadas. La zafra cubana,Ai??unos estudiantes en trA?nsito en el aeropuerto capitalino y losAi??espAi??as de entonces sirven de anzuelo para la lectura.

No se asusten, regresamos en el prA?ximo nA?mero.

DarAi??o Fritz

El compromiso revolucionario de los hermanos Aguirre Benavides

Javier Romo Aguirre

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 31.

Adrián, Luis y Eugenio juraron correr juntos la aventura revolucionaria sin esperar nada a cambio. Sus roles fueron diferentes, pero en cada caso ocuparon lugares políticos y militares destacados al lado de Madero, Carranza y Villa.

INCLUIR Valor de mujer_ALFREDO VILCHIS (800x578)

Alfredo Vilchis, Valor de Mujer, Siglo XX, Óleo sobre lámina, 22 x 30 cm, Colección Alfredo Vilchis Fotografía Marco A. Pacheco. Cortesía Casa Lamm.

¿Cuáles serían las motivaciones para que un grupo de parientes y conocidos en Coahuila, pertenecientes a una clase social acomodada y culta, se unieran a los movimientos revolucionarios de 1910 y 1913? ¿Qué motivaciones tan poderosas pudieron mover a este conjunto acaudalado que teniéndolo todo arriesgó sus fortunas y sus vidas en esos movimientos libertadores? ¿Habrá influido en ellos por su cercanía geográfica la vocación democrática de los Estados Unidos de América?

¿Pudo ser la tiranía ejercida por el presidente Porfirio Díaz con el argumento de mantener el orden? El propio Díaz se lo expresó al periodista James Creelman, sin faltarle su dosis de arrogancia:

Eramos duros. Algunas veces, hasta la crueldad. Pero todo esto era necesario para la vida y el progreso de la nación. Si hubo crueldad, los resultados la han justificado con creces. Fue mejor derramar un poco de sangre, para que mucha sangre se salvara. La que se derramó era sangre mala, la que se salvó, buena. La paz era necesaria, aun cuando fuese una paz forzada, para que la nación tuviera tiempo de pensar y actuar. La educación y la industria han llevado adelante la tarea emprendida por el ejército. O fue la educación familiar, con profundas raíces democráticas, éticas, morales y con un desmedido amor a la patria?

Fue el caso, sin duda, de los hermanos Adrián, Luis y Eugenio Aguirre Benavides, formados con un arraigo profundo a sus tierras coahuilenses desde la llegada de sus antepasados entre los siglos XVI y XVII. Sus padres fueron Rafael Aguirre Valdez y Jovita Benavides Hernández. El primero, descendiente de Fortunato o Diego de Aguirre, quienes acompañaron a Francisco de Urdiñola a la conquista y colonización del entonces territorio de la Nueva Vizcaya entre 1570 y 1576, y fueron primeros pobladores de Saltillo; y la segunda, descendiente de Alonso de León, también ilustre expedicionario y gobernador de Nuevo León.

El matrimonio Aguirre Benavides tuvo nueve hijos: Adrián, Rosalía, Rafael, Eugenio, Luis, Clotilde, Alfonso, Raúl y Gustavo, de los cuales, como se ha se alado, Adrián, Eugenio y Luis se fueron a la revolución. Cuando Madero inició sus actividades políticas y fundó el Partido Antirreeleccionista para contender en las elecciones como candidato a la presidencia contra la séptima reelección de Porfirio Díaz, los hermanos Aguirre Benavides ya estaban enardecidos por la represión política que había desencadenado el gobierno mediante persecuciones y arrestos. Acusado de incitar al pueblo a la rebelión, Madero fue aprehendido y encarcelado en San Luis Potosí, logrando escapar para reunirse con sus más allegados partidarios en Estados Unidos, donde redactó el Plan de San Luis con su programa de acción para iniciar la insurrección armada.

Ante la inminencia del estallido revolucionario y huyendo de la represión porfirista, la familia Aguirre Benavides se trasladó a San Antonio, Texas, con excepción de Luis y Eugenio que permanecieron en Torreón, donde habían almacenado grandes cantidades de armas, preparándose para el 20 de noviembre, fijado por Madero para iniciar el movimiento.

Los Aguirre Benavides, 1914 (800x666)

El general Eugenio Aguirre Benavides al frente de la Brigada Zaragoza, con su padre Rafael Aguirre Valdés, su hermano Rafael y otros jefes revolucionarios en la partida a la Campana del Sur en Ciudad Juárez, el 12 de febrero de 1914. Colección Particular.

 

 

Rafael, otro de los hermanos, fue comisionado por la familia Madero para recoger en San Antonio algunos ejemplares del Plan de San Luis y distribuirlos en Torreón y la zona de La Laguna. Adrián permaneció al lado de Madero y sirvió como su consejero y confidente, encargándose además de comisionar y coordinar a un grupo de valerosas mujeres que se prestaron a pasar armas y parque por el ferrocarril de la frontera de Texas a Piedras Negras. Cuando Eugenio y Luis se enteraron de los sucesos acaecidos en Puebla, tras el descubrimiento de las actividades de los hermanos Serdán, decidieron alcanzar a Madero en Eagle Pass, Texas, y luego trasladarse a San Antonio. Para abril de 1911, Eugenio se había incorporado a las fuerzas insurgentes del movimiento maderista, participando como soldado raso al lado de Antonio I. Villarreal y Cesáreo Castro.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.