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Los caminos del terror

Eduardo Flores Clair
DEH-INAH

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31

Subirse a un carruaje para recorrer algunas distancias en el MAi??xico de hace mA?s de 150 aAi??os era lanzarse a la aventura de la inseguridad y el robo latente. La delincuencia no estaba mal vista y sus protectores abundaban. El lAi??mite entre legalidad e ilegalidad resultaba mA?s cercano a la impunidad.

ASALTO ALA DILIGENCIA (640x539)

Manuel Serrano, Asalto a la diligencia, A?leo sobre tela, ca. 1855. Museo Nacional de Historia, SecretarAi??a de Cultura-inah-MAi??x. ReproducciA?n autorizada por el INAH.

Este texto aborda algunos puntos sobre losAi??viajeros y sus miedos provocados por la delincuencia. Los delincuentes eran aquellasAi??personas que quebrantaban la ley, infringAi??anAi??las normas sociales y subsistAi??an graciasAi??a las prA?cticas ilAi??citas de la economAi??a ilegal.Ai??Como sabemos, existe un sinnA?mero de relatosAi??de viaje, pero sA?lo nos abocaremos a unosAi??ejemplos que describen de manera detalladaAi??la violencia, a travAi??s de las costumbres deAi??la sociedad y las instituciones de mediadosAi??del siglo XIX.

JosAi?? MarAi??a Tornel publicA? en 1843 una extensaAi??reseAi??a del libro MAi??xico. Memorias deAi??un viajero del barA?n austriaco Isidoro LAi??wenstern.Ai??En ella recriminA? agriamente al escritorAi??por sus juicios A?speros y de desprestigioAi??para la imagen del paAi??s en el extranjero. TodoAi??era causa del desconocimiento de las tierras queAi??habAi??a pisado, argumentaba. Agregaba que elAi??libro era una infame sA?tira cuyo blanco ha sidoAi??nuestra patria. En su texto, LAi??wenstern, despuAi??sAi??de quejarse de la hospitalidad mexicana,Ai??dejA? testimonio de un problema recurrenteAi??de los viajeros: el robo en los caminos, peroAi??sobre todo de las diligencias que recorrAi??an elAi??trayecto de Veracruz a la ciudad de MAi??xico.

Con todo detalle, el barA?n relataba la inseguridadAi??que existAi??a en la ruta dominadaAi??por bandidos y, en general, la incertidumbreAi??de los ciudadanos por la inestabilidad polAi??tica.Ai??Estando en Jalapa, sin reparos le pareciA?Ai??una actitud pusilA?nime que seis viajerosAi??de la diligencia de Veracruz se presentaranAi??semidesnudos por haber sido despojados deAi??sus pertenencias por dos hombres. ReseAi??A?Ai??que eran jA?venes robustos armados con unAi??fusil y un sable. Resultaba inexplicable queAi??contaran con muchas ventajas y se hubieranAi??dejado humillar por los bandidos. AprovechA?Ai??el hecho para hablar sobre la falta de valorAi??de los mexicanos y expresar que en su estadAi??aAi??habAi??a sido testigo de muchos actos deAi??cobardAi??a. Ante la inseguridad, los ciudadanosAi??eran incapaces de defenderse, mucho menosAi??confiar en que las autoridades les brindarAi??anAi??protecciA?n. ExplicA? cA?mo sucedAi??a un asalto:

El mexicano que viaja en diligencia sA?lo llevaAi??consigo objetos sin valor, envAi??a todos sus bA?rtulosAi??con los arrieros. Ligero de equipaje y con el bolsilloAi??provisto de unos cuantos pesos, se preparabaAi??para la visita de los bandidos con la mismaAi??paciencia con la que un viajante de comercioAi??se somete a las exigencias de la aduana. UnaAi??vez llegados los ladrones, es cosa de ver quiAi??nAi??salta mA?s rA?pido de la diligencia para tenderseAi??elegantemente boca bajo en el suelo; nadie debeAi??abandonar esa humilde postura salvo cuandoAi??haya que quitarse la chaqueta y otros vestidosAi??aA?n menos indispensables.

Tornel reconociA? que los carruajes pA?blicosAi??eran asaltados y que los viajeros extranjeros yAi??nacionales se enfrentaban por igual a los bandoleros,Ai??quienes organizados en cuadrillas losAi??atemorizaban. Pero intentA? restar importanciaAi??al problema a travAi??s de la comparaciA?n estadAi??sticaAi??con otras latitudes como Estados UnidosAi??y Europa. PuntualizA?: no hay mA?s que leer susAi??gacetas de los tribunales, para conocer que nosAi??llevan la ventaja en una horrible desproporciA?n.

Estando en Puebla, LAi??wenstern reflexionA?Ai??sobre las consecuencias funestas de las revoluciones respecto a la religiA?n y, siguiendo suAi??postura polAi??tica, asegurA? que el partido conservadorAi??era una garantAi??a para esta, pero el partidoAi??destructor [el liberal] codicia las riquezas queAi??en MAi??xico posee todavAi??a el clero [ai??i??] y vista laAi??audacia de este partido, y el apoyo que encuentraAi??en el desorden de las masas, sus concesiones sonAi??muy prudentes, porque estA?n en relaciA?n con elAi??estado de deterioro del paAi??s.

Cabe aAi??adir que las autoridades localesAi??proporcionaron al barA?n LAi??wenstern duranteAi??su estadAi??a una escolta para protegerlo y tenAi??aAi??permiso para portar armas. Tornel criticA?, conAi??cierta mofa, que para realizar el trayecto deAi??Puebla a Cholula, el austriaco solicitA? resguardo;Ai??segA?n Ai??l, para esa distancia tan corta no seAi??requerAi??a y sA?lo la pedAi??an los hombres miedosos.Ai??Es posible que fuera una forma de contestarAi??a la afrenta de cobardAi??a de los mexicanos. PorAi??su parte, LAi??wenstern, sin mostrar gratitud,Ai??embistiA? contra los soldados que lo cuidaronAi??y los comparA? con los degolladores de laAi??conquista. DejA? en claro que los cuerpos deAi??seguridad caminaban a lo largo de una lAi??nea muy tenue entre la legalidad y la ilegalidad.Ai??MA?s allA? de los ataques al nacionalismo, esteAi??viajero legA? un testimonio de la transgresiA?nAi??y la injusticia cuando se refiriA? a las deudasAi??ancestrales de los peones de las haciendas,Ai??entre otros muchos temas.

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Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

A?Manos arriba! El bandolerismo durante la guerra de Independencia

Rodrigo MAi??ndez
Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM
Revista BiCentenario #9, pp. 20-25
Ai??

26 de octubre de 1811

ExcelentAi??sima seAi??ora:

Hace ya dos dAi??as que lleguAi?? sano y salvo a la capital de la AmAi??rica Septentrional. PerdA?neme por no haber escrito antes y dejarla en vilo por la salud de mi persona, pero ha sido el largo trabajo el que me ha arrancado su bello rostro de la mente.

Como ya se lo habAi??a notiii???cado, mi plan era llegar a esta ciudad el 22 de octubre, pero un sinfAi??n de infelicidades retrasA? mi llegada. Una de ellas la mA?s cielo de luna nueva y muchas estrellas. Vuestra SeAi??orAi??a sabe que las convulsiones en esta Nueva EspaAi??a estA?n desatadas, desde que ese ai???bribA?nai??? cura Hidalgo empezA? el levantamiento que persigue la independencia de este reino, el desorden estA? por doquier. Tal situaciA?n ha puesto en predicamentos a la Acordada, que no se da abasto con los bandidos de los caminos. Pareciera que esta ola de ladrones sabe mA?s del trA?nsito en los parajes que las mismas ratas.

Justo cuando bajaba la peligrosa cuesta de ai???El Pinarai??? para dirigirme a Puebla de los A?ngeles y el sendero se torna misterioso, el crujir de la diligencia provocA? que mis huesos se estremecieran como anti cipando lo que en seguida iba a suceder. Todo era silencio, todo era paz, cuando de repente oAi??mos una voz arrebatada: A?Manos arriba!, A?azorrAi??llense todos, que es un asalto!

Asalto a una diligencia

Asalto a una diligencia

Siendo estos ataques de bandoleros resultado de la acciA?n de un grupo de hombres armados, cometidos con un grado mayor o menor de violencia para apropiarse de lo ajeno y por lo general en un marco rural, donde suelen reunirse factores que le son propicios, como el hambre, la pobreza, la ilegalidad, la ignorancia, etc., se puede entender que el fenA?meno fuera una constante en la vida cotidiana de la Nueva EspaAi??a. Veamos como el escritor JosAi?? JoaquAi??n FernA?ndez de Lizardi sube a la escena a una gavilla:

Ahora es tiempo, compaAi??eros, de manifestar nuestro valor y aprovechar nuestro lance, porque sin duda los que vienen son mercaderes que van a emplear a Veracruz y toda su carga se compondrA? de reales y ropa ii???na, la ventaja estA? con nosotros, pues somos cinco y ellos sA?lo tres. Perico, yo y el PAi??pilo les saldremos de frente y el zurdo y el chato les tomarA?n la retaguardia. Si se rinden no hay mA?s que ama rrarlos a ese cerro pero si se resisten no hay que dar cuartel, que todos mueran.

Al estallar la revoluciA?n de 1810, los A?nimos exaltados tanto como la indisciplina y el desor den que se fueron extendiendo facilitaron los movimientos de los bandidos. Hubo quienes se mezclaron con los combatientes de la causa in surgente y se proclamaron amos y seAi??ores de los caminos reales y de la tierra que pisaban. Ofrece testimonio un viajero irlandAi??s, quien se hallaba en Nueva EspaAi??a en el momento de mayor Ai??mpetu de la insurrecciA?n (1814). AsAi?? cuenta que: ai???Antes de entrar en Puebla de los A?ngeles, mi escolta y yo sufrimos un intento de asalto por una gavilla de bandidos pero por temerarios perdieron tres hombres y cinco caballosai???.

Con el desarrollo del conii??i??icto, el odio ai??i??reii??i??ejo del creciente deterioro en las relaciones sociales del virreinatoai??i?? se desbordA?. A cada paso de los rebeldes, se sentAi??a el peligro. El historiador Carlos MarAi??a de Bustamante cuenta cA?mo el furor de los indios llegA? a ser tal que la vida corrAi??a peligro en cualquier momento. Ya en la toma de la AlhA?ndiga de Granaditas ocurriA? que a una mujer le dieron una cuchillada en la cara, tan sA?lo porque a la vista del cadA?ver de un gachupAi??n gritA? despavoridaai??i?? ai???A?Ay pobrecito!ai???

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