El EZLN a dos décadas de su surgimiento

Diana Guillén
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 24.


Chiapas ya no es la misma entidad que el levantamiento zapatista de 1994 colocó en las primeras planas nacionales e internacionales, por lo que a dos décadas de distancia conviene plantearse interrogantes como ¿a la sociedad chiapaneca le ha dejado algo?, ¿ha significado cambios importantes para las comunidades indígenas?, o ¿tuvo alguna incidencia para la vida nacional e internacional? Aventurar posibles respuestas a estas y a otras preguntas es el reto del presente artículo.

Mujeres zapatistas (640x418)

Delegados zapatistas, fotografía de Julian Stallabrass, 1996, www.flickr.com/creativecommons.

Antes de que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional  (EZLN)  colocara a Chiapas en las primeras planas de la prensa nacional e internacional, propios y extraños reconocían en la entidad un lugar de indescriptible belleza física donde además de paisajes, edificios colonia- les o ruinas mayas, podían encontrarse las particularidades de la vida indígena. Había quienes en todo ello identificaban desafiantes laboratorios cuyas puertas abiertas tentaban a biólogos, médicos, arqueólogos, sociólogos, antropólogos, economistas y cuanta mirada curiosa buscara acercarse a los distintos aspectos de la cotidianeidad local. Estaban también quienes desde las esferas privada o gubernamental explotaban los recursos agrícolas, madereros, ganaderos, eléctricos y petroleros que ofrecía, o aquellos que consolidaban posiciones políticas con el respaldo de votos rurales fácilmente manipulables.

El punto de partida para este texto es ese mundo de contrastes que era y sigue siendo Chiapas; en concreto interesa ver qué ha significado dentro y fuera de la entidad el que con la última de las campanadas de 1993 y las uvas que apurábamos para festejarlo, el EZLN lanzara un reto armado al gobierno mexicano. Aventurar posibles respuestas a dicha in- terrogante es el horizonte que propongo como parte del recorrido a vuelo de pájaro por una historia reciente que sigue escribiéndose y dentro de la cual vale la pena hurgar así sea de manera fugaz.

Hoy decimos basta…

Durante la década de los setenta se lanzó una campaña cuya emblemática frase ¡Todo en Chiapas es México! recorrió el país entero y se convirtió en la invitación oficial para conocer el estado. A 150 años de que la entidad se incorporara al pacto federal se utilizaron diversos medios de comunicación para reforzar la idea de que, a pesar del aislamiento y abandono en los que se encontraba y de lo poco que se había hecho para remediar su situación, el extremo sur de México también formaba parte de la nación.

Al tiempo que se conmemoraba el siglo y medio que cumplían los chiapanecos como mexicanos, el tendido de puentes entre unos y otros se acompañó de una creciente dependencia federal hacia el potencial petrolero e hidroeléctrico escondido tras sus exhuberantes selvas y caudalosos ríos. En términos económicos y geopolíticos, Chiapas se convirtió en un punto neurálgico para el conjunto del país, pero la riqueza que de manera sostenida empezó a aportar en beneficio del mismo, lejos de traducirse en mejores condiciones de vida para la mayoría de sus pobladores, añadió nuevas inequidades a las ancestralmente existentes.

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