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El ejército mexicano de hoy. Un largo y sinuoso camino

César E. Valdez
DEH-INAH

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 46.

La completa falta de coordinación entre las diferentes instituciones de seguridad hizo necesaria la incorporación del ejército en labores de seguridad pública. No obstante la paulatina militarización del país, en los últimos años, se ha recrudecido el crimen organizado y han aumentado las muertes violentas, los homicidios, las desapariciones y la violación de los derechos humanos.

189Actualmente, las misiones que realizan las fuerzas armadas mexicanas son doce: defensa territorial, integración y comunicación territorial, contrainsurgencia, modernización tecnológica, protección a la población civil ante desastres, lucha contra el terrorismo, guerra contra el narcotráfico, seguridad pública, defensa de los recursos naturales, acción cívica, actividades de inteligencia y guerra contra el crimen organizado. Todo esto sustentado en los planes DN-I, defensa externa; DN-II, orden interno; y DN-III, desastres naturales.

Desde la década de 1990, dos acontecimientos han marcado la actuación y el papel del ejército. En ambos casos se halló una clara falta de coordinación institucional, lo que fue perfilando la necesidad de que el ejército adquiriera autonomía en materia de inteligencia. El primero fue el choque del 7 de noviembre de 1991 en el municipio de Tlalixcoyan, Veracruz, entre elementos del 13° Batallón de Infantería y agentes de la policía judicial federal; el segundo, la declaración de guerra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional el 1 de enero de 1994, que implicó una campaña militar que duró doce días.

Revisemos el primero. El jueves 7 de noviembre de 1991, por la mañana, en el paraje conocido como El Llano de la Víbora, en Tlalixcoyan, Veracruz, tuvo lugar un enfrentamiento entre la policía judicial federal y el ejército mexicano. Los miembros del 13° Batallón de Infantería estaban realizando un operativo antidrogas en espera del aterrizaje de una avioneta Cessna 210 de origen colombiano y que se sabía estaba cargada de cocaína. Los tripulantes de la avioneta lograron escapar, pero a los pocos minutos aterrizó también una aeronave sin identificación que pertenecía a la Procuraduría General de la República (PGR), la cual fue recibida por el fuego de los efectivos militares y causó la muerte de siete agentes, quienes, según reveló la investigación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, presentaban tiro de gracia. La misma investigación arrojó los registros de control aéreo que daban cuenta del seguimiento de la avioneta, que los agentes de la PGR avisaron por radio que eran atacados por el ejército, que se había informado al comandante de la zona militar para que detuviera el choque y este último no creyó que la información fuese fidedigna.

El segundo episodio se inició el 29 de junio de 1993 cuando el ejército mexicano encontró un campamento militar en plena selva chiapaneca. Ahí recopiló información que analizaría después, así como lo haría el Centro de Investigaciones y Seguridad Nacional (CISEN). Ambos consideraron pertinente informar al presidente Carlos Salinas de Gortari, aunque puntualizaron que dicha organización no podía ser una amenaza para la seguridad nacional en virtud de su poca capacidad de fuego. Sin embargo, la madrugada del 1 de enero de 1994, un grupo armado compuesto principalmente por indígenas, autodenominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), declaró la guerra al gobierno mexicano. Esa mañana tomó cinco cabeceras municipales del estado de Chiapas: San Cristóbal de las Casas, Altamirano, Las Margaritas, Ocosingo y Chanal. Luego de dejarlas en custodia, marchó hacia las afueras de Rancho Nuevo para tomar el cuartel de la 31ª Zona Militar. Ahí, según la poca información que se conoce, 500 zapatistas fueron repelidos por catorce soldados que se encontraban de guardia, quienes soportaron lo suficiente hasta que recibieron refuerzos. Entre estos últimos había pilotos de los escuadrones 201, 205, 208, 209 y 215, quienes a bordo de aviones Pilatus y Arava y de helicópteros Bell, realizaron labores de apoyo al cuartel. Esto significó la primera experiencia de guerra para la fuerza aérea mexicana desde la segunda guerra mundial. En el encontronazo, según la secretaría de la Defensa Nacional murieron cinco soldados federales y 24 combatientes zapatistas.

186El 9 de enero, el entonces secretario de la Defensa, general Antonio Riviello Bazán, informó al presidente que la derrota de la guerrilla era total y que únicamente esperaba la orden para perseguir y someter al grupo armado. También dejó claro al presidente que el ejército mexicano tenía clara superioridad armamentística y numérica y, por tanto, el EZLN no significaba un riesgo para la seguridad del Estado, pues a los aproximadamente 3 000 combatientes zapatistas, el ejército mexicano respondió con 30 000 efectivos.

Carlos Salinas de Gortari asegura en sus memorias que tomó la decisión del cese de hostilidades al saber que el EZLN estaba prácticamente derrotado. Sin embargo, no se debe perder de vista la importancia de la sociedad civil que se volcó a las calles para exigir un alto al fuego.

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El EZLN a dos décadas de su surgimiento

Diana Guillén
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 24.


Chiapas ya no es la misma entidad que el levantamiento zapatista de 1994 colocó en las primeras planas nacionales e internacionales, por lo que a dos décadas de distancia conviene plantearse interrogantes como ¿a la sociedad chiapaneca le ha dejado algo?, ¿ha significado cambios importantes para las comunidades indígenas?, o ¿tuvo alguna incidencia para la vida nacional e internacional? Aventurar posibles respuestas a estas y a otras preguntas es el reto del presente artículo.

Mujeres zapatistas (640x418)

DeDelegados zapatistas, fotografía de Julian Stallabrass, 1996, www.flickr.com/creativecommons.

Antes de que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional  (EZLN)  colocara a Chiapas en las primeras planas de la prensa nacional e internacional, propios y extraños reconocían en la entidad un lugar de indescriptible belleza física donde además de paisajes, edificios colonia- les o ruinas mayas, podían encontrarse las particularidades de la vida indígena. Había quienes en todo ello identificaban desafiantes laboratorios cuyas puertas abiertas tentaban a biólogos, médicos, arqueólogos, sociólogos, antropólogos, economistas y cuanta mirada curiosa buscara acercarse a los distintos aspectos de la cotidianeidad local. Estaban también quienes desde las esferas privada o gubernamental explotaban los recursos agrícolas, madereros, ganaderos, eléctricos y petroleros que ofrecía, o aquellos que consolidaban posiciones políticas con el respaldo de votos rurales fácilmente manipulables.

El punto de partida para este texto es ese mundo de contrastes que era y sigue siendo Chiapas; en concreto interesa ver qué ha significado dentro y fuera de la entidad el que con la última de las campanadas de 1993 y las uvas que apurábamos para festejarlo, el EZLN lanzara un reto armado al gobierno mexicano. Aventurar posibles respuestas a dicha in- terrogante es el horizonte que propongo como parte del recorrido a vuelo de pájaro por una historia reciente que sigue escribiéndose y dentro de la cual vale la pena hurgar así sea de manera fugaz.

Hoy decimos basta…

Durante la década de los setenta se lanzó una campaña cuya emblemática frase ¡Todo en Chiapas es México! recorrió el país entero y se convirtió en la invitación oficial para conocer el estado. A 150 años de que la entidad se incorporara al pacto federal se utilizaron diversos medios de comunicación para reforzar la idea de que, a pesar del aislamiento y abandono en los que se encontraba y de lo poco que se había hecho para remediar su situación, el extremo sur de México también formaba parte de la nación.

Al tiempo que se conmemoraba el siglo y medio que cumplían los chiapanecos como mexicanos, el tendido de puentes entre unos y otros se acompañó de una creciente dependencia federal hacia el potencial petrolero e hidroeléctrico escondido tras sus exhuberantes selvas y caudalosos ríos. En términos económicos y geopolíticos, Chiapas se convirtió en un punto neurálgico para el conjunto del país, pero la riqueza que de manera sostenida empezó a aportar en beneficio del mismo, lejos de traducirse en mejores condiciones de vida para la mayoría de sus pobladores, añadió nuevas inequidades a las ancestralmente existentes.

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