Robert Capa, mensajero del tiempo

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 27.

Rebeca Monroy Nasr
DEH-INAH

Centenares de negativos de la guerra civil española se perdieron durante casi siete décadas. Por extrañas coincidencias ese tesoro apareció en México hace ocho años. Sus autores, Robert Capa, Gerda Taro y su amigo David Chim Seymur, murieron sin saber de ellos. Capa pasó por México durante las elecciones presidenciales de 1940 donde dejó una huella tan invaluable como lo fueron sus coberturas de guerra o los retratos de los personajes de aquellos tiempos.

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Robert Capa en Normandía, 1944. ©Robert Capa/Magnum Photos/Latinstock México.

El fotorreportero húngaro Endre Ernö Friedmann, mejor conocido por el seudónimo Robert Capa, llegó a México, maleta en mano, en abril de 1940. Su visita no fue sólo una casualidad del destino. La necesidad de salir de Estados Unidos para tramitar su visa de residente lo llevó a lo que fue una cita con la vida, como dijera Jorge Luis Borges.

En esos años, México tenía cierta resonancia en el exterior. La revolución de 1910 estaba aún cercana, y el régimen de Lázaro Cárdenas había desatado las pasiones de los empresarios extranjeros al nacionalizar el petróleo y su industria. Pero también estaba muy presente la política de puertas abiertas para cientos de refugiados que escapaban de la guerra civil española, después de un periodo de regocijo y alegría republicana, como lo ha mostrado Dolores Pla en sus estudios. Todo ello había mostrado una nueva cara de México en el entorno internacional del periodo de entreguerras en Europa. Sería una huella irrepetible y profunda.

El joven Capa llegó a México a los 27 años con materiales fotográficos vírgenes y frescos, y una gran experiencia en la cobertura de guerra. Ya había estado en el conflicto chino–japonés, así como en la resistencia y derrumbe de la república española. En esas tierras captó a los combatientes vencidos, a sus mujeres y niños caminando en 1939 hacia los campos de refugio en Francia, que con el tiempo se convirtieron en campos de concentración por las pésimas condiciones de vida que tuvieron allí. Es importante mencionar que Capa arribó a México después de sufrir una de las pérdidas más dolorosas, su esposa y colega, la fotógrafa alemana Gerda Taro.

Gerda Taro y Robert Capa, París 1936. ©Corbis / Latinstock México.

Gerda Taro y Robert Capa, París 1936. ©Corbis / Latinstock México.

Mujer de talante audaz, Gerda Pohorylle había nacido en Stuttgart el 1 de agosto de 1910, y se daría a conocer por el seudónimo de Gerda Taro. Fue creadora de temas fotográficos poco trabajados anteriormente en materia de fotoperiodismo y vida cotidiana, aunado al uso de formas poco convencionales en sus imágenes. Ella le inventó el seudónimo de Robert Capa a Endre Ernö Friedmann y le ayudó a vender sus trabajos a precios exorbitantes, dada su supuesta exclusividad, con lo que lograron insertar las imágenes en la revista Vu. Eran grandes cómplices que compartieron los rollos, las cámaras, las lentes, la pijama y la vida.

Gerda Taro moriría de forma accidental en El Escorial, el 26 de julio de 1937, después de hacer un gran fotorreportaje de la batalla de Brunete, ganada por los republicanos, y que le daría una importante presencia en el medio editorial de la época. A tan sólo una semana de cumplir 27 años, cuando se retiraba del frente de guerra un tanque republicano la atropelló al caerse del estribo del coche en el que viajaba. Fue un golpe terrible para el fotoperiodismo y especialmente para Capa, quien nunca se sobrepuso a su pérdida. Se considera que Taro fue la primera mujer fotorreportera que murió en un frente de guerra.

Ante la avanzada de las fuerzas franquistas y el temor de perder sus trabajos de la guerra civil, los jóvenes Capa y Taro junto con otro colega, el polaco David Seymur, mejor conocido como Chim (nacido en Varsovia el 20 de noviembre de 1911 y fallecido en Qantara, Egipto, el 10 de noviembre de 1956), preservaron los negativos de 35 mm. en cajas de cartón a las que les hicieron divisiones internas para evitar que se rayaran y confundieran. A cada uno de los rollos lo registraron con datos, nombres y fechas, y los colocaron en perfecto orden para que fueran resguardados por algún colega, amigo o compañero de ruta. El valioso material nunca se supo a quién fue entregado. Durante casi 70 años aquel tesoro estuvo perdido, a pesar de las incansables búsquedas que hicieron en vida los propios Capa y Chim, sobrevivientes de la guerra, estudiosos, curadores e historiadores de las imágenes. Sería en México donde fue hallado el material en 2007.

Robert Capa 937

Manifestantes durante la campaña presidencial de Manuel Ávila Camacho, México 1940. ©Robert Capa/Magnum Photos/Latinstock México.

A México fueron a dar, de manera extraña, de mano en mano: de un combatiente republicano a un militante, de un embajador de la cultura a un cineasta. Los 126 rollos cuidadosamente guardados, anotados y señalados que estuvieron perdidos desde 1939, se conocieron como la Maleta Mexicana, por su residencia insospechada de décadas.

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