Archivo de la categoría: BiCentenario #14

Ciudad Juárez en 1911 Un capítulo de la fotografía documental

Miguel Ángel Berumen

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 14.

La revolución mediática de Madero

No todos los actos de la política y la guerra son documentados fotográficamente. Tiene que haber una voluntad implícita entre los actores y los fotógrafos, sobre todo cuando se trata de conflictos militares. Cuando circula una fotografía de un frente de batalla lo regular es que hubo autorización explícita del jefe que domina ese territorio, quien sólo será complaciente con los fotógrafos en la medida que el registro fotográfico no le perjudique ni táctica ni mediáticamente.

Madero con su esposa y Elena Arizmandi en la casa del cA?nsul alemA?n Weber en Ciudad JuA?rez, mayo 1911

Madero con su esposa y Elena Arizmandi en la casa del cónsul alemán Weber en Ciudad Juárez, mayo 1911

En el caso de la revolución maderista fue evidente la conciencia de su líder al respecto y aunque al inicio atendió de modo correcto los aspectos políticos y militares siempre fueron aparejados con la intención de causar un efecto en la prensa nacional y extranjera. Cuando pudo y lo creyó conveniente propició el acercamiento de los fotógrafos.

En carta fechada el 25 de abril de 1911 dirigida a William Randolph Hearst, magnate del periodismo en Estados Unidos, el jefe revolucionario ponía de manifiesto las verdaderas intenciones de su campaña política, y dejaba muy en claro la importancia y el poder que le otorgaba la prensa:

Usted ha sido siempre un defensor de los principios democráticos y de las libertades públicas, valiéndose para defender estos principios de la palanca más poderosa de que dispone el mundo civilizado, la Prensa, que en ninguna parte mejor que en esa gran nación merece el título del cuarto poder… se imaginaban que yo creía en la eficacia absoluta del voto público para luchar contra el Gral. Díaz. Sin embargo, yo comprendía que al Gral. Díaz sólo se le podría derrocar por medio de las armas; pero para hacer una revolución era indispensable una campaña democrática, porque ésta prepararía la opinión pública y justificaría el levantamiento armado. Hicimos la campaña democrática como si no tuviésemos la idea de recurrir a las armas.

[…]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Un foto-reportaje taurino en Tenango del Valle

José Francisco Coello Ugalde
Centro de Estudios Taurinos de México, A.C.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 14.

Cuando el fotógrafo Winfield Scott visitó Tenango del Valle una tarde de enero de 1897 o de 1898 y tomó un conjunto de fotografías en dos sesiones “una de gabinete, otra en la plaza de toros”, nunca imaginó que formaran juntas este foto-reportaje. Lo presentamos a continuación, junto con información complementaria para apreciarlas mejor. Se localizan físicamente en la colección “Felipe Teixidor” del Archivo General de la Nación y en la Fototeca del INAH.

Ignacia FernA?ndez, "La guerrerita"

Ignacia Fernández, “La guerrerita”

Tenango del Valle es todavía una apacible población ubicada en el valle de Toluca. En su desusada tranquilidad, la fiesta patronal, que ocurre cada 15 de enero, celebración de nuestro padre Jesús, llega a cambiar temporalmente su ritmo y su vida. En el conjunto de celebraciones, las corridas de toros formaron parte, por lo menos entre 1838 y 1928, de las diversas festividades del lugar.

Sin proponérselo, C. B. Waite y su compañero Winfield Scott, fotógrafos y viajeros estadounidenses de fines del siglo XIX y comienzos del XX, rescataron dos sucesos a través de sus imágenes que, vistas desde nuestra perspectiva, enriquecen el quehacer del francés Jean Laurent (1816-1886), quien en su Catálogo de los Retratos (1861), dio a conocer las fotografías que tomó a su paso por la España de 1855 a 1868, incluidas las vistas de algunas plazas de toros y toreros famosos. Por su parte, Waite y Scott son autores de lo que hoy podemos llamar dos foto-reportajes taurinos. El primero, con poco más de 30 imágenes, ocurrió la tarde del 26 de diciembre de 1897 en la plaza de toros Bucareli de la ciudad de México; era la tercera y última corrida de abono, con Luis Mazzantini y Nicanor Villa Villita como matadores y seis toros de Tepeyahualco. El segundo, motivo de este artículo, corresponde a esa tarde de enero de 1897 A? 1898 en Tenango del Valle, en que Scott puso ante nosotros, para siempre, a dos personajes fundamentales en la historia del toreo: Ponciano Díaz Salinas e Ignacia Fernández La Guerrita.

Tanto Waite como Scott realizaban su trabajo con un fin sobre todo utilitario, lo cual no obsta para que se dejaran fascinar por el encanto que les produjo la vida cotidiana de nuestro país. De allí que su trabajo se extendiera ampliamente en estos aspectos de 1896 a 1913, siendo al parecer sus últimas fotografías las tomadas durante la Decena Trágica (9-19 de febrero) en la ciudad de México. De uno y de otro existen varios miles de soportes fotográficos que se publicaron en El Mundo Ilustrado o están en archivos como el General de la Nación, la Fototeca del INAH o la Fototeca de Pachuca, Hidalgo.

La presencia de Ponciano Díaz y Luis Mazzantini en este conjunto de imágenes es clara muestra del fin de una época y del nacimiento de otra; del ocaso de un ídolo y la ascensión de otro con apoyo de patrones tauromáquicos novedosos y esperados en México, luego de la muy larga prohibición de las corridas de toros impuesta entre 1867 y 1887 en la capital del país.

Esta prohibición, a partir de la publicación de la Ley de Dotación de Fondos Municipales del 28 de noviembre de 1867, resultó de la aplicación y regularización de impuestos o gabelas. Dado que la empresa de la plaza de toros del Paseo Nuevo no estaba al día en ellos, la sanción en su contra se aplicó de manera fulminante. Por años se ha tenido la creencia de que fue el presidente Benito Juárez quien dictó tal decreto; en todo caso, tanto él, como el secretario de Gobernación, Sebastián Lerdo de Tejada, lo firmaron y, si bien es cierto que Juárez no era afecto a estas diversiones, sí condescendía con ellas, y así asistió a varias, en particular las incluidas en festejos con fines de beneficencia. Las corridas se reanudaron en febrero de 1887 y en un lapso bastante corto (de 1887 a 1894), se construyeron hasta ocho plazas de toros en la ciudad de México. Lamentablemente, las desmesuras de empresarios y toreros así como lo malo de algunos toros orillaron a otra prohibición entre 1891 y 1893.

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En cuanto a Ponciano Díaz, el “torero con bigotes”, nacido y formado en la hacienda de Atenco (1856-1899), tuvo gran fama, la cual lo transformó en el ídolo taurino de México durante la década de 1880. Vivió la época de transición del toreo propiamente mexicano a un toreo a la española. El “mitad charro y mitad torero” aceptó ambas formas, pero no las hizo suyas de manera total. A su muerte desapareció también una manera muy peculiar de combinar las suertes campiranas con los esquemas hispanos.

Ignacia Fernández La Guerrita llegó hacia 1890 a nuestro país, donde estuvo activa hasta más o menos 1910, ya que decidió quedarse a torear en cuanto festejo le fuera posible. Aunque en general la presencia de la mujer en los ruedos era vista como extraña, lo cierto es que hubo más mujeres toreras en el siglo XIX de las que habría en épocas posteriores. Basta citar, además de La Guerrita, a Victoriana Sánchez, Dolores Baños, Soledad Gómez, Pilar Cruz, Refugio Macías, Ángeles Amaya, Mariana Gil, María Guadalupe Padilla, Carolina Perea, Antonia Trejo, Victoriana Gil, Ignacia Ruiz La Barragana, Antonia Gutiérrez y María Aguirre La Charrita Mexicana. Hubo, incluso, al finalizar ese siglo, una cuadrilla integrada por las conocidas como Señoritas toreras (las españolas Dolores Pretel Lolita y Emilia Herrero Herrerita).

Tomando como modelo a Rafael Guerra Guerrita, integrante del “califato taurino”, grupo al que dio forma el imaginario popular desde finales del siglo XIX y hasta nuestros días, formado además por Rafael Molina Lagartijo, Rafael González Machaquito, Manuel Rodríguez Manolete y Manuel Benítez El Cordobés, considerados como grandes matadores originarios de la provincia española de Córdoba, La Guerrita hizo suyo el “remoquete” de Rafael Guerra. Ignacia supo ganarse el afecto de los espectadores, toreando en diversas partes del territorio mexicano.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Criar hijos ajenos: Las nodrizas en México durante los siglos XVIII y XIX

Luis Ernesto Hernandez Morales
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 14.

Contratar chichiguas fue algo común en México durante los años de la Colonia y en el siglo XIX pues las madres no siempre querían o podían amamantar a los recién nacidos, a pesar de que la alimentación infantil es, por razones naturales, su tarea y en nuestro país, las fuentes revelan que la crianza de los hijos ha sido parte central en las actividades cotidianas de las mujeres desde tiempos inmemoriales. Por ejemplo, en la época prehispánica, el cuidado de los niños era considerado asunto de gran vigilancia y cuidado; Fray Diego de Landa en su Relación de las cosas de Yucatán refiere que entre los mayas, los niños eran alimentados por sus madres biológicas hasta los cuatro años de edad, por lo que crecían sanos y fuertes. Sabemos también que los mexicas consideraban que atenderlos era obligación de las madres quienes, sólo en caso de verse incapacitadas para amamantarlos, podían disponer de una chichigua (palabra náhuatl para referirse a las nodrizas) con buena leche para hacerse cargo de esa labor por un periodo que podía ser bastante largo hasta cuatro años, pues los niños tardaban en ser destetados.

Durante la época colonial, Fray Toribio de Benavente Motolinía relata que si una mujer tenía gemelos, les daba a ambos la teta y no buscaba ama de leche para que los amamantara. Estamos al tanto de que la Santa Inquisición permitía a las madres presas tener a sus hijos en la celda durante el tiempo de lactancia y, en caso de que no pudieran alimentarlos adecuadamente, se buscaba a una nodriza para que lo hiciera.

Nodrizas mexicanas

Nodrizas mexicanas

Sin embargo, existieron innumerables casos entre las familias novohispanas (principalmente de clase alta y media) en las que el cuidado de los hijos fue depositado en manos de nodrizas. En este caso, la existencia de las amas de leche obedecía principalmente a que los recién nacidos no recibían el pecho de su madre, la que guardaba cama durante 40 días, atendida y alimentada por sus familiares y criados para que recuperaran su fuerza y vitalidad. Inmediatamente después de nacer, el niño era puesto en manos de una cuidadora de leche, que visitaba la casa varias veces al día pues podía trabajar para más de una persona o incluso vivía allí hasta que el niño era destetado.

José Alfarón, Castas, 1787

José Alfarón, Castas, 1787

El fraile español Francisco de AjofrAi??n, durante su estancia en nuestro país en el siglo XVIII, escribía: La crianza de los hijos en la gente principal es como corresponde a su carácter, aunque nunca calificaría por acertado el estilo de entregarlos a mulatas y mulatos… El testimonio del fraile capuchino muestra que el empleo de amas de leche de raza negra para el cuidado de los hijos de familias españolas, criollas y, en algunos casos, mestizas, era algo muy común para las madres del México colonial.

Castas, 1787

Castas, 1787

El uso de amas de crianza fue una práctica tan extendida entonces que instituciones como la Casa de Niños Expósitos requerían de sus servicios. En efecto, como la madre biológica no estaba disponible para alimentar a los infantes abandonados, no quedaba más que acudir a las nodrizas para que los amamantaran; había, por así decirlo, un mercado de trabajo para mujeres que pudiesen dar el pecho a una criatura y quisieran hacerlo a cambio de una remuneración. Y en varias ocasiones, el exceso de infantes o la falta de amas de leche hizo que una solo mujer amamantara a más de una criatura y que los encargados de la Casa se vieran en la necesidad de buscar más nodrizas para llenar la necesidad alimenticia de los expósitos. Para satisfacer esta demanda, recurrieron a mujeres indígenas con hijos recién nacidos que, como ya señalamos, buscaban un ingreso. Esto ocurría en pleno siglo XIX, tal y como lo muestra madame Calderón, quien en sus cartas de viaje nos cuenta:

En medio de la revolución nos divirtía el más pacífico de los espectáculos: la llegada de todas las nodrizas de la [Casa de] Cuna, que venían de los pueblos para recibir su mesada. Cuando el niño [nace] se le confía a una nodriza india en uno de los pueblos inmediatos a México. […] Estas nodrizas tienen una fiadora, persona responsable que vive en el mismo pueblo y responde por su buena conducta. Se le paga a cada nodriza cuatro pesos al mes, suma suficiente para decidir a una india pobre y con familia, a que se agregue un ser más a la que ya tiene.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Jurien de la Graviere

Reloj de arena 14

  • 14-X-1811 Las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez llegan a la Plaza Mayor de Guanajuato. Félix María Calleja planeaba exponerlas en Granaditas el 28 de septiembre, justo al año de la sangrienta toma de la Alhóndiga. Los ataques insurgentes y el temor a que más que un escarmiento significara un estímulo para la población le impidieron cumplir con su propósito hasta ocho meses y medio después.
Jurien de la Graviere

                Jurien de la Graviere

 

  • 28-XII-1861 Jurien de la Gravière, comandante de las tropas francesas enviadas a México para reclamar al gobierno de Benito Juárez por el pago de la deuda externa, conversa en La Habana con el general Juan Prim, al mando de las tropas españolas, enterándose de que, a juicio de éste, lo único que Francia, Gran Bretaña y su propio país deben buscar en México es “la expresión libre y sincera del voto nacional”. Prim ofrece el apoyo de los aliados al mismo Juárez, si éste acepta el ultimátum extranjero y “consulta al pueblo mediante el sufragio universal”. Desea evitar, como sea, una campaña militar que reviva “el odio de los mexicanos contra la raza española.”
  • 28-XI-1911  Proclamación del Plan de Ayala, escrito por Emiliano Zapata y Otilio Montaño, que condena la traición de Francisco I. Madero y demanda la restitución de tierras a los pueblos y la redistribución agraria. Lo firma un total de 55 oficiales del ejército zapatista: “Ésos que no tengan miedo”, arenga Zapata, “pasen a firmar”. Un testigo contaría que una noche antes se veían muchas fogatas de “los vigías en los sitios más altos y que había mucha gente cuando se firmó”.
  • 15-XI-1961 Fallece don Artemio del Valle Arizpe a los 77 años. Escritor, diplomático, historiador, académico de la Lengua y cronista de la ciudad de México, fue un trabajador apasionado, que, diría años después el literato Mauricio Magdaleno, “nunca soltó la pluma”. Su amor por los temas coloniales le llevó a publicar tantos libros al respecto, que inventó en sus obras de ficción “un estilo arcaizante, falso o verdadero, y a recrear tipos y ambientes con la habilidad del consumado erudito y la viveza del buen novelista, mezclando con desenfado libertad e imaginación”.
Virreyes y virreinas de la Nueva EspaAi??a

    Virreyes y virreinas de la Nueva España

Tlalpujahua, Michoacán

¿Sabías que…? 14

Tlalpujahua, MichoacA?n

                             Tlalpujahua, Michoacán

De Tlalpujahua, en Michoacán, se dice que se negó a morir. La villa, que existe desde la época prehispánica y tuvo importancia como Real de Minas en la Colonia, llegó a ser la primera productora de oro en el mundo entre 1908 y 1913. La tragedia estaría a punto de hacerla desaparecer la madrugada del 27 de mayo de 1937, cuando un alud de lodo, arcilla y agua bajó por la colina, sepultó casas y tiendas, gente y animales bajo 30 metros y se solidificó como si fuera cemento. Lo único que permaneció en el centro fue la torre de la vieja iglesia, mudo testigo de millares de muertes y la ruina general. Quienes no se marcharon, buscarían otras opciones y, gracias a su gran empeño, salieron adelante. Hoy son un pueblo mágico, que vive de la producción de esferas navideñas, la alfarería, el trabajo de cantera, la producción de dulces y pan, así como de los viajeros que lo visitan y se embelesan con su carácter especial.

Correo del lector #14

Leo con placer el documentadísimo artículo sobre la participación mexicana en el primer Mundial de fútbol. El autor hace un estudio muy serio de cómo, desde el inicio, hemos alimentado la esperanza nacional a partir del fútbol, aunque en lo profundo de nuestro ser, la derrota es más conocida y menos sospechosa (no es casualidad que seamos el equipo que recibió el primer gol de la historia). Asimismo, el artículo derrota otro mito: que en Estados Unidos no se jugaba fútbol. Claro que se jugaba y es más, tuvieron mucho que ver en el desarrollo del fútbol mexicano. Sin embargo, me parece que hace falta algo que me gustaría precisar: el fútbol mexicano era completamente aficionado y no sólo en lo contractual, sino aun en lo conductual (son famosas las anécdotas del “Trompo” Carreño acerca de sus colosales francachelas), razón por la que el fútbol mexicano debió esperar más de 30 años para ganar su primer partido y llegar al “quinto” partido. Gracias y felicidades por el texto.

Carlos Azar Manzur, DF

Estimado Carlos:

Agradezco mucho los comentarios sobre mi artículo. Efectivamente, para bien o para mal, el fútbol ha servido de mecanismo para alentar esperanzas de ser triunfadores, pese a que casi siempre ha habido malos resultados. Sobre Estados Unidos, he consultado con algunos especialistas sobre la materia y también se han mostrado sorprendidos de que este país tuviera injerencia en el desarrollo inicial del balompié mexicano, sobre todo por los nexos establecidos con la que hoy es la UNAM y es que se deseaba instituir un modelo de grandes resultados en ese país: la vinculación universidad-deporte como medio de selección de los mejores. Faltaría explorar por qué no se ha podido establecer un modelo como éste.

Rogelio Jiménez

Estimados editores: Vivo en Los Ángeles. Estoy interesada en el artículo “Testimonio de un japonés radicado en México durante la segunda guerra mundial. Teiji Sekiguchi”, del número 7 de la revista. ¿Cómo la puedo obtener?


María Amparo Escandón

Estimada María Amparo: Te invitamos a entrar a la página del Instituto Mora, entrar allí a la “librería virtual” y solicitarla: http://institutomora.edu.mx. Saludos afectuosos,

Los editores

La diputación novohispana en las Cortes de Madrid

Carlos Cruzado Campos
UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 14.

Sesión de apertura de las cortes, 1820 (Museo Municipal de Madrid) (640x456)

Las modernas Cortes españolas, lugar para la representación política surgido a partir de la invasión napoleónica, tuvieron dos momentos históricos en relación con la Nueva España: las Cortes reunidas en Cádiz entre 1810- 1814, que promulgaron la Constitución de 1812, y las Cortes del trienio liberal reunidas en Madrid de 1820 a 1823, tras el golpe militar que Rafael de Riego, el héroe del liberalismo español, asestara a la monarquía absoluta de Fernando VII para restablecer el orden constitucional gaditano, que había sido cancelado en 1814 cuando inició el llamado sexenio absolutista. Los historiadores mexicanos han concedido poco espacio a los diputados novohispanos en estas reuniones parlamentarias. En términos generales se dice que hubo una representación escasa, tanto en número, como en lo relativo a su participación política. A través de estas líneas, comprobaremos que estas afirmaciones merecen por lo menos un matiz distinto.

El proceso electoral

Para entender mejor la elección de los parlamentarios novohispanos conviene señalar que el proceso se presentó en lugares y fechas distintas. Los trabajos de las Cortes arrancaron en el mes de julio de 1820; de igual forma que había pasado con las Cortes gaditanas de 1810, para que las provincias de Ultramar no se quedaran sin representación mientras hacían su arribo los diputados propietarios, el día 29 de mayo se llevó a cabo en Madrid una primera elección de 30 diputados suplentes. Por la Nueva España fueron electos José Mariano Michelena, José Miguel Ramos Arizpe, Juan de Dios Cañedo, José María Couto, Francisco Fagoaga, José María Montoya y Manuel Cortázar, personajes que en ese momento radicaban en la península y quienes participaron desde el inicio en las sesiones del congreso.

La otra parte del proceso electoral, un complejo mecanismo que dividía la elección en tres niveles: parroquia, partido y provincia, se celebró desde los primeros días de junio en todo el territorio de la Nueva España. De acuerdo con la Constitución de Cádiz, habróa un diputado en cada provincia por cada 70,000 almas, es decir, aquellas personas en cuyo linaje no hubiera sangre africana. El primer lugar donde se verificó la elección fue Yucatán; en el mes de agosto se eligieron los primeros nueve diputados. Sólo asistirían cuatro, entre ellos estaba Lorenzo de Zavala, quien antes de salir con rumbo a España había pasado algunas horas en prisión, debido a sus conflictos con el comandante militar de Yucatán.

Unos días después en Guadalajara, fueron electos seis representantes, todos eclesiásticos, y todos partícipes en las Cortes. En Zacatecas, de los tres electos sólo hizo el viaje Bernardo del Castillo, dos prominentes abogados no integraron la asamblea: Juan José Flores Alatorre y Pedro Vélez, quien ocuparía por algunas semanas el Ejecutivo de México durante 1829.

En las Provincias Internas de Occidente, hubo tres juntas electorales. Una definió a los diputados por Sonora y Sinaloa ya en el mes de noviembre; de ellos solo asistió José Quirós y Millón. Durango y Chihuahua eligieron dos representantes, aunque ninguno participó en las Cortes. Fue el mismo caso del lejano reino de Nuevo México, donde desde septiembre se eligió a Pedro Bautista Pino, quien estuvo en las Cortes de Cádiz, pero al final decidió no volver a España.

En las lejanas y poco pobladas Provincias Internas de Oriente, formadas por Nuevo León, Nuevo Santander, Coahuila y Texas, la elección se llevó a cabo en el mes de octubre de 1820; en Monterrey, los representantes electos fueron Juan Bautista Valdés, eclesiástico, y el militar Felipe de la Garza, quien no hizo el viaje; años más tarde tendría intervención directa en el fusilamiento de Agustón de Iturbide.

[…]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Por amor a la historia (14)

Don Luis Osorio

Don Luis Osorio

Don Luis Osorio, responsable del Archivo Diocesano de la Catedral de Campeche y a cargo del orden y la preservación de los papeles de este templo, se ocupa de dar a conocer a los campechanos, a través de folletos, algunos datos curiosos y relevantes de su historia. Su interés le ha llevado a hacer investigaciones diversas. Estudió así las lápidas de la catedral, a partir de lo cual desarrolló la genealogía de 50 personas. Y ante el desconocimiento de qué santos ornamentaban la fachada se dio a la tarea de averiguar a quienes representaban, pues, si bien la construcción comenzó en el siglo XVII, a nadie le había interesado a lo largo de los años; descubrió que una de las esculturas corresponde a Santa Margarita de Antioquía, en honor a la principal donante que llevaba ese nombre, y la otra es de San José, en honor de Joseph Manuel Nájera del Castillo, quien se hizo responsable de los gastos para concluir la obra de la Catedral.

Editorial #14

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 14

BiC 14-Portada

No obstante que el pasado 2010 México conmemoró y celebró los 200 años del comienzo de la lucha por la Independencia y los 100 años de los albores de la revolución maderista, este año rememoramos otro hecho centenario, la caída de Ciudad Juárez el 10 de mayo de 1911. Este suceso no podía pasar inadvertido por dos razones, la primera, porque fue el parteaguas entre una época que expiraba y otra que nacía; y segunda, porque la toma de aquella importante plaza fronteriza puso a nuestro país ante los ojos del mundo entero.

Paralelamente al inicio de la guerra civil se fue produciendo en México un importante caudal de imágenes elaboradas por numerosos fotógrafos que, procedentes de Estados Unidos y de diversos lugares de nuestra nación, documentaron para la posteridad la naciente lucha por la democracia; a los personajes comprometidos con la causa y a los sufridos protagonistas de una vida trastocada en su cotidianidad. Sin duda las fotografías que generaron profesionales y aficionados de la lente, nos remiten a un mundo que hemos idealizado. La Revolución, capturada en imágenes fijas o en movimiento, no refleja (salvo pocas excepciones) los horrores de la guerra; su representación preciosista ha ejercido gran fascinación en el imaginario de propios y extraños. Con poco más de cuarenta fotógrafos se inicia y cierra, de acuerdo a Miguel Ángel Berumen, el primero de los grandes capítulos de la fotografía documental en México que tuvo lugar durante el asedio y toma de Juárez en 1911.

Coincidiendo con este aniversario y, por tanto, motivo de evocación, es el aniversario luctuoso de uno de los periodistas más combativos y notables de la época porfiriana, Filomeno Mata, director del diario independiente de oposición: Diario del Hogar. Con más de treinta ingresos a la cárcel de Belén, motivados por sus acerbas críticas al régimen de Díaz y el apoyo solidario brindado a colegas que como él pusieron sus empeños en denunciar ante la opinión pública los atropellos e injusticias que los hombres con poder o riqueza cometían a lo largo y ancho del país, la vida justo le alcanzó para ver el triunfo de la revolución maderista y la caída de su ex amigo y azote Porfirio Díaz. “Purgando las culpas” es el título del escrito dedicado a Mata a cien años de su muerte.

BiCentenario se une al gozo de una celebración particular: el trigésimo aniversario de la fundación de nuestro Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Con tal motivo, Laura Suárez de la Torre nos cuenta en “Historia de una casa”, las vicisitudes del inmueble del siglo XVIII, de su propietario, el liberal reformador Valentín Gómez Farías y del pueblo de Mixcoac, fusionado hoy como una colonia más de la ciudad de México. A partir del decreto presidencial emitido en 1981 por José López Portillo, dio principio el centro de investigación y estudios que, en la actualidad, es reconocido nacional e internacionalmente por sus programas de excelencia, su magnífico acervo bibliotecario, sus publicaciones y la labor de un gran equipo humano que día con día se esfuerza en acrecentar su prestigio y mantener la belleza y funcionalidad del inmueble.

BiCentenario, inclinada en cada nuevo número a entregar a sus lectores una rica y variada información, ofrece una gama de artículos de corte histórico, como el desempeño de los diputados novohispanos en las Cortes reunidas en Madrid de 1820 a 1823; el papel de las chichiguas o nodrizas en nuestra historia; las impresiones que dejó el diplomático Nathan Clifford sobre México; el registro fotográfico de Winfield Scott y C.B. Waite en una tarde de toros en Tenango del Valle; el relato sobre la prohibición de producir, vender y traficar con bebidas embriagantes en Estados Unidos y su repercusión en nuestro país; y la narración sobre el Nacional Monte de Piedad. De actualidad es la reveladora crónica sobre los diversos y frustrados proyectos para dar solución de largo plazo a los problemas que plantea el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. La sección de testimonios rescata el escrito inédito de una mujer de la élite sobre la toma de la ciudad de Durango en junio de 1913. También encontrarán el análisis de la pintura La ida a Emma, del artista Ramón Sagredo; el inquietante cuento “La falta de un varón” y la entrevista a Gertrude Duby, fotógrafa, etnóloga, luchadora social, protectora de las comunidades indígenas y defensora del medio ambiente y de los recursos de la selva lacandona. Esta revista conmemora y festeja, ¡celebremos juntos!

Guadalupe Villa
Instituto Mora