Archivo de la categoría: BiCentenario #8

Almazán y el corazón de Aquiles Serdán: La fuerza de un símbolo

Josefina Moguel Flores / Centro de Estudios de Historia de México Carso
Revista BiCentenario #8
“El corazón de Aquiles Serdán honrado en Puebla” decía el encabezado de un diario local en noviembre de 1920 con la noticia de que el pueblo acudía vehemente al lugar donde reposaba el corazón de Aquiles Serdán. Era el décimo aniversario de la tragedia de los “mártires de Santa Clara” el 18 de noviembre de 1910 y el estado defendía su derecho precursor revolucionario. Suceso y fecha tenían ya gran significado.

Almazan-Aquiles B-8

Se honraba además la participación del general de división Juan Andreu Almazán, en aquel entonces estudiante de medicina del Colegio del Estado, quien “pese a sus escasos 19 años de edad”, ayudó en la autopsia de Aquiles, Méximo Serdán y Fausto Nieto, y se permitió extraer el corazón de Aquiles para conservarlo. Con ello, reiteró su protagonismo precursor y que “en el futuro” sus controvertidos actos fueran aceptados por los nuevos gobiernos revolucionarios. No es casual que décadas más tarde (22 de octubre de 1939) iniciara su lucha opositora como candidato presidencial en la ciudad de Puebla como homenaje-reclamo de su pertenencia a la lucha armada y demócrata de los ideales sufragistas de Francisco I. Madero. Entre Almazán y Puebla se había desarrollado un romance, tejido con la historia, “de entrega mutua de corazones en un torbellino de pasiones”, como él mismo consignó en sus memorias.

Acaso su lugar de nacimiento en Olinalí, Guerrero, no significaba movimiento, remolino, lugar de terremotos y torbellinos a los que se parecía. Fue así que Almazán, quien pasó su niñez y adolescencia en Puebla, participó en el movimiento antirreeleccionista tanto como en la epopeya de la calle de Santa Clara. Más tarde escoltó a Madero durante su visita del 13 al 15 de julio de 1911, cuando el candidato a la presidencia se alojó en casa de la familia Serdán, profirió un discurso-homenaje en el Teatro Variedades y puso bandas de honor a los defensores de la casa. Alfonso G. Alarcón, quien fuera estudiante de medicina como Almazán, resaltó las cualidades del “bravo corazón” de Serdán en el “Canto Heróico” que dedicó a Madero. Nadie dudaba que la “primera chispa de la revolución” hubiera ardido en Puebla, aunque el fuego ardió antes y tuvo protomártires en lugares como Cuchillo Parado, Chihuahua; San Pedro de las Colonias, Coahuila; San Bernardino Coutla, Tlaxcala; Valladolid, Yucatán; G9mez Palacio, Durango y Sinaloa, Morelos, Guerrero o el istmo, casi sin notarse.

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VACUNA, CATAPLASMAS Y VASIJAS DE AGUA HIRVIENDO: ENFERMEDADES Y REMEDIOS EN EL YUCATÁN DEL SIGLO XIX

Carlos Alcalá Ferríez / Universidad Autónoma de Yucatán
Revista BiCentenario #8
Kapotsi pA?stulas B-8Cuando en 1826 aparecieron casos de viruela en el hospital provisional de varones de la ciudad de Mérida, las autoridades pidieron que se apartara a los enfermos infectados y solicitaron a los sacerdotes que abreviarán los entierros para evitar el riesgo de contagio. No obstante, la mortandad causada por esta enfermedad había disminuido desde que, a principios del siglo XIX, el gobierno español instruyó a una expedición marítima para que llevara a todos los dominios de ultramar la vacuna descubierta por el inglés Edward Jenneren 1796 y probada con éxito en la península. La reaparición de la viruela se debía, en gran medida, a que la población se resistía a recibir la vacuna, lo que siguió pasando y dio lugar a que se presentara, aproximadamente, cada 20 años. Por lo demás, la situación se complicaba porque, en ocasiones, los brotes epidémicos iban acompañados de crisis de subsistencia, determinadas por las lluvias, sequías o plagas de langosta y aun por las guerras o las revueltas. Los médicos y el gobierno del estado pugnaron una y otra vez para que la inoculación fuera aceptada. Reiteraban que su aplicación era sencilla. Así, en un oficio dirigido al gobierno en el ano de 1842,el Dr. Manuel Campos, originario de Campeche, describía el procedimiento:

Se usa una lanceta fina y bien afilada, con ésta se hacen dos pequeñas cortadas en cada brazo bien superficiales; las costras se introducen al fluido vacuno con la misma lanceta, cuidando que se sequen bien las cisuras antes de separarse el paciente del practicante. El mejor pus es lo que sacan del grano al tiempo de usarlo, sin embargo el pus conservado en vidrio bien cerrado sirve muy bien humedecido con un poco de agua fresca al tiempo de usarlo. La época más apropiada para sacar el pus del grano es desde el noveno hasta el duodécimo día, teniendo el grano un color de perla.

Por su lado, el gobierno reprendía a los reacios y, al mismo tiempo, les recordaba las ventajas:

Que el líquido se ha perdido en ésta es causa de la poca inoculación, casi nula en el último mes, por el insignificante número de niños que han participado de su beneficio. Esto proviene por desgracia del poco conocimiento que el pueblo tiene de inoculaciones tan benéficas y sabias como las de la vacuna. Ignorante del bien que le puede resultar y de los infinitos males que [ahí] le pueden sobrevenir a él y a sus semejantes. Los gobiernos cuando son paternales como el del Excelentísimo Sr. Gobernador y palpan esos males, procuran ponerles remedio, obligando por la fuerza ya que la persuasión no sirve a aceptar las felicidades.

Tratado vacula B-8

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La historia de Pepita Aguilar, una dama de palacio

Cecilia Alfaro Gómez / Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Revista BiCentenario #8

He recibido, señor Ministro, el nombramiento de Dama de Palacio con que Su Majestad, la Emperatriz Carlota, se ha dignado distinguirme. Mi corazón abunda de tal manera en sentimientos de amor y gratitud que experimento por la honrosa distinción de que en lo personal he sido objeto esta misma mañana. Me despido de usted desde el retiro y oscuridad de que jamás habría salido si Su Majestad la Emperatriz no me hubiese tendido su mano protectora. Su más cordial servidora.
Josefa Aguirre de Aguilar y Marocho
21-VI-1864

Pepita B-8 Es posible que la vida cotidiana en el hogar de la familia Aguilar Aguirre fuera, para la señora de la casa, oscura y aburrida. De allí que la llegada de Maximiliano y Carlota, los nuevos emperadores de México el 21 de junio de 1864, iluminara sus días. Y es que, desde ese momento, Josefa Aguirre de Aguilar tuvo, por primera vez en su existencia, la ocasión de participar en los sucesos públicos, lo cual hubo de dejarle una marca perenne. Josefa (“Pepita” para los íntimos) era esposa de un notable abogado conservador: Ignacio Aguilar y Marocho, quien fuera ministro de Gobernación durante la dictadura de Antonio López de Santa Anna y en los últimos meses había jugado un papel muy importante dentro de la Asamblea de Notables y como integrante de la comisiAón que viajó al castillo de Miramar a ofrecer el trono al príncipe austriaco. Esto facilitó que la emperatriz Carlota la eligiera como Dama de Palacio (nombramiento honorífico, pero no remunerado), ya que las mexicanas que entraron a la comitiva real lo debían a sus orígenes o relaciones consanguíneas o maritales. Ahora bien, ser Dama de Palacio no era algo sencillo, ya que esa posición implicaba cercanía con los soberanos y éstos debían ponderar y decidir a quiénes se la otorgaban.

Familia real B-8

Tarjeta de visita con fotos de Maximiliano, Carlota, Miramón, Mejía y Méndez

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Poesía y guerra: Querétaro en 1808 y 1810

José Martín Hurtado Galves / Escuela Normal Superior de Querétaro
Revista BiCentenario #8
Conspiradores B-8
 

Un correo de la Ciudad de México llegó a Querétaro en la madrugada del 13 de octubre de 1808, avisando de la sublevación del pueblo español en contra de los franceses. Anunciaba que lo habían derrotado por completo. Ante la noticia, “salió la plebe en gallos por las calles en tanta cantidad, que no podían numerarse”. Festejaban con poemas; sus versos elogiaban a los españoles y vituperaban a Napoleón Bonaparte. A fin de que la población participase de manera más entusiasta, se dio orden a los alcaldes para que no rondaran durante las noches en que se celebrase el levantamiento ocurrido el 2 de mayo en Madrid. Y es que la poesía era entonces una forma ideológica de festejar y de asumirse con una postura política. Su valor no sólo estaba en lo literario, sino en que permitía transmitir ideas y sentimientos. Por lo demás, su contenido no difundía nada más lo que el escritor pensaba y sentía, sino también lo que la gente pensaba y sentía al utilizarla como medio de expresión. Una muestra de ello es la forma en que los queretanos la utilizaron en el festejo por el triunfo de los españoles. La “gente mediana y plebeya” fue a festejar a la Alameda ese mismo 13 de octubre y allí, en el centro, “se erigió un palo sobre el cual se puso a la vergüenza una estatua de Bonaparte por artificio del cohetero y adornado de todas las insignias que porta su original; y en lo interior del cuerpo bastante provisión de bombas y demás cositas de lucimiento”. Al pie, este lema:  ”Por traidor fiero astuto, te quemamos como a un pu…” Tal era la efervescencia que el pueblo queretano se desahogó en toda suerte de “dicterios, puyas y chufletas” en contra del emperador francés. Lanzaron piedras, barro y “otras inmundicias” a su efigie y no se detuvieron sino hasta quemarla, con lo que empezó a dar vueltas, truenos y estallidos que pronto la consumieron, entre la alegría general.

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¿Sabías qué…?

El arquitecto Félix Candela inventó los “paraboloides hiperbólicos”, estructuras en forma de paraguas cuadrado de cemento con el caño de agua de lluvia en la columna central, que han tenido gran difusión por la belleza de su diseño y por facilitar la construcción en poco espacio de obras ligeras, baratas, resistentes y que podemos apreciar en iglesias, mercados, fábricas, gasolineras y estacionamientos. Madrileño de origen, Candela se exilió en México a raíz de la guerra civil española, haciéndose mexicano en 1941. Fue en nuestro país donde se desarrolló como arquitecto e hizo sus mejores trabajos, entre otros el restorán de Los Manantiales en Xochimilco, el Pabellón de los Rayos Cósmicos en Ciudad Universitaria, el Palacio de los Deportes, la iglesia de la Medalla Milagrosa y la capilla abierta en Lomas de Cuernavaca.

sabAi??as que B-8

Editorial #8

BiCentenario #8

México ha sido siempre fuente de inspiración para intelectuales, artistas y viajeros extranjeros. En la mente de aquellos que lo han visitado o que han escuchado o leído sobre sus paisajes, tradiciones e historia, México representa una suerte de realidad de sueño. Desde el propio Bernal Díaz del Castillo, pasando por personajes como Humboldt a principios del siglo XIX, hasta los intelectuales que se refugiaron en México después del triunfo franquista en España,la lista de los marcados por lo que el escritor Le ClA?zio llama el “sueño mexicano” es interminable.  ¿En dónde radica la fuerza de esta fascinación? En parte, en la posibilidad de trazar nuestra historia hasta un pasado milenario que impregna muchos aspectos de la vida moderna. En parte, en un cierto “rito de la otredad”, que se reproduce a cada instante y en el cual el sueño hace el amor con la realidad, mientras la realidad suspira y sufre con el anhelo de convertirse en sueño; rito por el que las personas están dispuestas a dar, al mismo tiempo, todo y nada; los hombres son amables y hospitalarios, pero violentos y recelosos.

Con estas ideas presentamos el número ocho de BiCentenario. Si el lector se acerca y observa con detenimiento verá que el número contiene un itinerario para visitar algunas contradicciones y opuestos del sueño mexicano, no sólo en el sentido aspiracional de la palabra sino en su sentido onírico más amplio. De esta manera, la revista incluye un texto sobre la relación entre dos mundos contrastantes, el de la poesía y el de la guerra, durante las vísperas de la guerra de Independencia en la ciudad de Querétaro. En la misma línea incluimos un texto que relata cómo una vieja caja de pastelillos franceses puede contener un tesoro documental acerca del oculto boicot en contra de la Ley Calles y un artículo sobre la inspiración que el corazón del revolucionario poblano, Aquiles Serdán, ejerció sobre Juan Andreu Almazán.

Para hacer honor a lo que Antonio Caso llamó “bovarismo nacional”, hemos incluido un texto sobre la experiencia de Pepita Aguilar como dama en la corte de la emperatriz Carlota, claro ejemplo del empeñ mexicano de ir tras de sueños que a menudo salen muy caros. También en honor a nuestra facultad de concebirnos como algo que no somos, hemos incluido un cuento histórico sobre la ceremonia de inauguración del hospital para enfermos mentales La Castañeda.

Por otra parte, no hay que olvidar que la relación con nosotros mismos ha estado siempre condicionada por nuestra relación con “los otros”, los que no forman parte del sueAi??o mexicano. En este tenor, asistimos a la historia del circo en México y seguimos sus influencias extranjeras durante el siglo XIX. También desde la perspectiva de la historia cultural ofrecemos al lector un testimonio sobre el México que comenzó a despertar y a desechar tabúes sobre el rock en la década de 1970.

Las influencias del exterior son exploradas en  “Comercio y diplomacia”, que aborda el papel de México durante la guerra de Secesión en Estados Unidos; en “La llegada de los generales”, donde la autora hace una suerte de exégesis acerca de la pintura del encuentro entre Villa y Zapata, del canadiense Arnold Belkin; y los fragmentos de una entrevista a Ernest Gruening, periodista y político estadounidense, simpatizante de varios aspectos del régimen posrevolucionario de 1910.

Finalmente, al abordar nuestra historia desde el punto de vista onírico, no podía faltar el género de las pesadillas. Hemos incluido por ello un chapuzón en la trágica historia del recurso del agua en la ciudad de México y una visita “con vacuna y tapabocas” a las epidemias en la península de Yucatán durante el siglo XIX.

Es apenas una “probadita” de las razones por las cuales resulta tan fascinante esta realidad de sueño tanto para los extranjeros como para los mexicanos que se atreven a adentrarse en su historia, a abrir y leer las páginas que siguen.

Carlos Domínguez

Revista BiCentenario #8 gratuita

 

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El contenido de la revista:

Editorial

 

Correo del lector

 

Artículos

 

  • Poesía y guerra. El caso de Querétaro en 1808 y 1810
  • Comercio y diplomacia en las riberas del Bravo. La guerra de Secesión y el norte de México
  • Desde la oscuridad de un hogar del Segundo Imperio. La historia de Pepita Aguilar, un dama de Palacio
  • Vacuna, cataplasmas y vasijas de agua hirviendo. Enfermedades y remedios en la península de Yucatán durante el siglo XIX
  • Almazán y el corazón de Aquiles Serdán, el poder de un símbolo
  • Un peculiar periódico clandestino: “Desde mi sótano”, 1926-1927

 

Desde hoy:

 

  • Historia trágica del recurso del agua en México

 

Desde ayer:

  • Documento: 1975- El año en que Chicago vino a México

Imágenes: El circo en los siglos XIX y XX

 

Cuento histórico: Estreno de residencia

 

Arte:Belkin

 

Entrevista: Ernest Gruening: “Lo más interesante de la Revolución es que su ideología es fruto absoluto de su experiencia”