Ernest Gruening: la herencia revolucionaria de MAi??xico

MarAi??a del Carmen Collado (ediciA?n) / Instituto Mora

BiCentenario # 8

Ernest H. Gruening, ca. 1955

Ernest H. Gruening, ca. 1955

Ernest H. Gruening (1887-1974) fue un periodista y polAi??tico nacido en Nueva York, quien dirigiA? y fue editor de varios periA?dicos y participA? como funcionario del gobierno de Franklin D. Roosevelt en la dAi??cada de 1930. Fue gobernador de Alaska y, mA?s tarde, senador por el Partido DemA?crata. A lo largo de su vida, se opuso al intervencionismo estadunidense y, por ello, dio su voto en contra de la ai???ResoluciA?n del golfo de Tonkin,ai??? aprobada por el Senado en 1964, resolutivo que autorizA? el aumento de la injerencia militar estadunidense en el sudeste asiA?tico, que terminA? en el desastre de la guerra de Vietnam.Ai??

Gruening estudiA? medicina en Harvard, pero nunca la ejerciA? y optA? por el periodismo desde muy joven. Como director del semanario The Nation de 1920 a 1923, se interesA? por los acontecimientos mexicanos y viajA? al paAi??s con su esposa y sus hijos en 1922. Como fruto de esta visita, publicA? varios reportajes criticando al gobierno estadunidense por no dar el reconocimiento diplomA?tico a la administraciA?n de A?lvaro ObregA?n y tambiAi??n glorificA? las reformas emprendidas por este gobierno, que eran resultado de la RevoluciA?n. Gruening formA? parte de una corriente de intelectuales y artistas estadunidenses que viajaron a MAi??xico y simpatizaron con su gobierno, sus artesanAi??as, su historia, sus indAi??genas, al tiempo que admiraron la vitalidad y novedades del muralismo durante los aAi??os veinte. Casi todos ellos reivindicaron a la RevoluciA?n mexicana y sus reformas en artAi??culos y libros, contradiciendo la visiA?n del MAi??xico salvaje, caA?tico, plagado de bandoleros y personajes sanguinarios que privaba en la mirada de diplomA?ticos, algunos miembros del Departamento de Estado y de la prensa antimexicana de Randolph Hearst.Ai??

Gruening se distinguiA? del resto de los propagandistas del MAi??xico posrevolucionario, porque mantuvo una visiA?n mA?s equilibrada y crAi??tica, como se aprecia en su Mexico and Its Heritage (1928). Este texto fue el primero escrito con una perspectiva informada y que profundizA? en las raAi??ces histA?ricas de MAi??xico y su RevoluciA?n. Por ello marcA? una ruptura respecto a la leyenda negra revolucionaria, y su interpretaciA?n ha ejercido una gran influencia en los extranjeros interesados en el paAi??s hasta la fecha. El gobierno mexicano le concediA? la condecoraciA?n de la Orden del A?guila Azteca en 1964 ai??i??el mA?ximo galardA?n conferido a los extranjerosai??i?? en reconocimiento a su obra pionera que difundiA? la importancia de la RevoluciA?n y los cambios promovidos por ObregA?n y Calles.Ai??

Ernest H. Gurening, ca. 1940

Ernest H. Gurening, ca. 1940

MAi??xico y su herencia es producto de una investigaciA?n realizada durante tres estancias en el paAi??s a lo largo de 1924 y 1927, en las cuales contA? con la ayuda de la entonces joven Anita Brenner ai??i??una de las grandes difusoras de la cultura y la historia mexicanas en Estados Unidosai??i??, quien colaborA? en la recolecciA?n de material para el estudio. Se trata de un libro basado en entrevistas, visitas de campo y archivos nacionales, que muestra al paAi??s como resultado de una herencia secular, con una vida indAi??gena depositaria de tradiciones y portadora de nuevos valores, y presenta a la RevoluciA?n como consecuencia de malestares sociales y polAi??ticos de vieja data. Al mismo tiempo, Gruening fue partidario de ObregA?n y Plutarco ElAi??as Calles, alabA? las reformas agraria y laboral, los logros materiales y educativos de sus gobiernos, al tiempo que criticA? al militarismo, la c o r r up c i A?n , la oposiciA?n de la iglesia catA?lica a los cambios, la insalubridad y la miseria. RegresA? a MAi??xico en la dAi??cada de 1960 como senador, huAi??sped de honor del gobierno mexicano e invitado a la Tercera ReuniA?n de Historiadores Mexicanos- Norteamericanos celebrada en Oaxtepec, Morelos en 1969.Ai??

El testimonio de Ernest Gruening que reproducimos, recupera secuencias de una entrevista grabada cuatro dAi??cadas despuAi??s de la publicaciA?n de su influyente libro. En los fragmentos de la conversaciA?n que presentamos ai??i??realizada en inglAi??s por Eugenia Meyer durante la citada reuniA?n de Oaxtepecai??i??, encontramos cA?mo se iniciA? su interAi??s por MAi??xico, cuA?les fueron sus impresiones sobre el paAi??s, sus actores, pero sobre todo quAi?? pensaba sobre ObregA?n, Calles, la iglesia y Morones, entre otros. Cabe advertir que el entrevistado tenAi??a una especial admiraciA?n por Calles, a quien consideraba pieza crucial del MAi??xico posrevolucionario.Ai??

A cien aAi??os de la RevoluciA?n mexicana, es pertinente presentar la percepciA?n de este norteamericano, que simpatizA? con las reformas emprendidas como resultado de la lucha armada de 1910, que defendiA? el derecho de MAi??xico a darse leyes y gobiernos propios, al tiempo que subrayA? lastres como la corrupciA?n y la falta de democracia.Ai??

MarAi??a del Carmen Collado

En 1920, cuando la RevoluciA?n habAi??a llegado a una fase evolutiva, cuando la lucha habAi??a terminado y A?lvaro ObregA?n ocupA? el poder; la administraciA?n de [Warren C.] Harding, que contaba con Charles Evans Hughes como secretario de Estado, se negA? a reconocer el gobierno de ObregA?n. InsistAi??a en que el gobierno obregonista diese garantAi??as para que al llevarse a cabo los postulados de la RevoluciA?n, no [se afectaran] las propiedades norteamericanas. HabAi??a enormes latifundios en manos extranjeras, especialmente en las de William Randoph Hearst en el estado de Chihuahua, que sobrepasaban el millA?n de hectA?reasai??i??

El general A?lvaro ObregA?n, 1917.

El general A?lvaro ObregA?n, 1917.

ObregA?n, claro, no podAi??a y no querAi??a, como buen patriota mexicano, abolir los postulados de la RevoluciA?n que habAi??an sido establecidos en la ConstituciA?n de 1917, asAi?? que por ello, no se le habAi??a otorgado el reconocimiento y nosotros en The Nation, simpatizA?bamos mucho con su posiciA?n y estA?bamos en absoluto desacuerdo con la tomada por nuestro Departamento de Estado. Esta fue la razA?n que me llevA? a escribir un buen nA?mero de vAi??vidos artAi??culos editoriales insistiendo en que se reconociera a ObregA?nai??i?? que el gobierno mexicano tenAi??a todo el derecho de llevar a cabo las promesas de la RevoluciA?n. Pero, nada sucediA?.

Entonces se me ocurriA? proporcionar al pA?blico una informaciA?n mA?s amplia de lo que habAi??a estado ocurriendo en MAi??xico. Nada se habAi??a publicado, nada con autoridad sobre la RevoluciA?n en los Estados Unidos. Ni una sola obra habAi??a sido escrita en inglAi??s haciendo referencia a la RevoluciA?nai??i?? La mayor parte de la informaciA?n que se obtenAi??a eraAi??de fuentes tendenciosas antimexicanas. Todos los periA?dicos Hearst, que tenAi??an enorme circulaciA?n, de millones de ejemplares, propagaban constantemente la idea de que MAi??xico estaba infestado de bandidos; que la vida no era segura; que la RevoluciA?n no servAi??a para nada; que el bueno de Porfirio DAi??az era el hombre que sabAi??a manejar MAi??xico y que era una lA?stima que lo hubiesen derrocado. Apoyaron a Victoriano Huerta, y la aplastante informaciA?n que se le estaba proporcionando al pueblo norteamericano era negativa para MAi??xico.

PARA SABER MA?S:

ALICIA AZUELA y GUILLERMO PALACIOS (coords.), La mirada mirada. Transculturalidad e imaginarios del MAi??xico revolucionario, 1910-1945, MAi??xico, El Colegio de MAi??xico/UNAM, 2009.

NICOLA?S CA?RDENAS GARCA?A, ai???La incA?moda herencia de Gruening a MAi??xicoai??? en Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales, nA?m. 69, septiembre-diciembre 2007.

MARIANA FIGARELLA, Edward Weston y Tina Modotti en MAi??xico; su inserciA?n dentro de las estrategias del arte posrevolucionario, MAi??xico, UNAM, 2002.

EUGENIA MEYER, Conciencia histA?rica norteamericana sobre la RevoluciA?n de 1910, MAi??xico, INAH, 1970.

ELENA PONIATOWSKA, TinAi??sima, MAi??xico, Era, 1992.

* Ver Frida, de Julie Taymor, 120 minutos, 2002.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.