Archivo de la categoría: BiCentenario #26

Luis Buñuel, el cineasta que quería pintar y escribir

Anuar Fernando González Amaya
Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

Venerado y aplaudido, incomprendido también, el vanguardista que llevó como ningún otro el surrealismo al cine, nunca pasó desapercibido. Llegó a México por casualidad y en un momento clave: la época de oro de la cinematografía local. “Cantinflas” le abrió las puertas, y después,su propia originalidad y creatividad lo convertirían en un director de culto.

retrato de Luis Buñuel, Salvador DalÃ-, 1924 Museo Reina SofÃ-a (546x640)

Salvador Dalí, Retrato de Luis Buñuel, 1924, óleo sobre tela, inv. AS10530. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

En poesía, la vanguardia europea inició en Francia en 1857 con Las flores del mal (Les fleurs du mal), de Charles Baudelaire. En efecto, desde la antigüedad hasta el romanticismo el arte había coincidido siempre con la realidad; pero ahora, por primera vez en la historia, podía faltar dicha coincidencia. Por ejemplo, en el poema lxxviii, Baudelaire habla de una multitud muda de infames arañas que vienen a tender sus redes en el fondo del cerebro, y de que largos cortejos fúnebres, sin tambores ni música, desfilan lentamente por el alma: visiones que significan angustia y congoja.

A partir de esa época los poetas se valen de estas imágenes, irreales, y acaso consideradas disparates, que son una forma de expresión. Junto con tal giro de 180 grados, ocurrió otro en el concepto de belleza. En el siglo XIX prendió la idea del arte por el arte, el cual se volvió superior a la vida. Por lo tanto, se podía desairar a las convicciones dominantes: nacen la rareza y los temas poco afines a lo virtuoso, lo decoroso o lo aceptable socialmente.

En su tránsito de la objetividad a la subjetividad, el progresivo abandono de la tradición da otro paso. Considerándolo carente de gusto, mediocre, los artistas desprecian al gran público, la burguesía. Así, ya no se dirigieron a ninguna clase sino a sus propios colegas o a quienes lograran comprender sus extrañas cosmovisiones.

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Entrevista a Luis Buñuel, ca. 1945. Archivo Casasola, inv. 93001. SINAFO, CONACULTA-INAH-
MÉX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

La vanguardia y su serie de rupturas tocaron su punto más alto en el surrealismo: no se podía ir más lejos en el repudio del materialismo burgués ni en la inconexión lógica y emocional de las imágenes. De este modo, en 1924 Max Morise escribió: El color de las medias de una mujer no es forzosamente igual al de sus ojos, lo que ha hecho decir a un filósofo, cuyo nombre no vale la pena mencionar: Los cefalópodos tienen más motivos que los cuadrúpedos para odiar el progreso. Los poetas que nacieron a principios del siglo XX serían influidos por este último trecho de la revolución empezada por Baudelaire. Uno de ellos es conocido principalmente por sus películas.

Años de formación

Luis Buñuel Portolés, primogénito de María Portolés Cerezuela y Leonardo Buñuel González, nació el 22 de febrero de 1900 en Calanda, España. Su padre tomó parte en la guerra contra Estados Unidos en Cuba; al final montó un negocio de quincallería en la isla. De regreso en la península se casó y adquirió tierras de labranza con el cuantioso capital amasado. Tal condición, más la profunda devoción de su esposa, define los estudios de Luis, que asiste a colegios religiosos fraguando un sentimiento de amor y repulsión por la fe católica. Un encuentro de la adolescencia se extenderá al imaginario del futuro cineasta: paseando con su padre por un olivar vio a unos metros de ellos a un burro muerto, hinchado, del que se alimentaban una docena de buitres.

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El jarabe tapatío

Adriana Catarí Castillo Morales
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

Hijo de la seguidilla y el fandango, danzas zapateadas que trajeron los españoles, en algún momento llegó a estar prohibido y fue considerado obsceno. Pero rápidamente comenzó a popularizarse en Jalisco donde tomó mayor fuerza durante el primer tercio del siglo XIX. Si en la etapa independentista del país el jarabe sirvió como identificador de la identidad, hoy es un símbolo de la tradición musical mexicana.

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Charro y china poblana bailan el jarabe tapatío, ca. 1920. Archivo Casasola, inv. 114637. SSINAFO, CONACULTA-INAH-MÉX.
Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

Uno de los elementos más recurrentes en las creaciones vernáculas mexicanas es el azúcar y sus derivados. El jarabe tapatío recibió su nombre debido a la relación con este producto de la naturaleza y le hace gran honor porque este bello baile represen- ta un festín para los sentidos del espectador. Actualmente constituye un estereotipo de la nación mexicana gracias al cuadro de características que presenta y que definen el ser mexicano ante la mirada del foráneo. En el cuadro se aprecian dos personajes típicos del folclore nacional: la china y el charro, que  con sus motivos y colores patrióticos realzan el sentir nacional. Con el tiempo el jarabe tapatío fue empleado como un símbolo nacionalista, convirtiéndose en una referencia del carácter festivo mexicano.

Fue así que en el bello estado de Jalisco surgió este baile tan particular que desde los principios del siglo XIX sirvió para identificar a las culturas criolla y mestiza que habrían de devenir la mexicana. A pesar de no ser el único jarabe dentro del saber popular, el tapatío llegó a ser el más representativo de todos pues tanto música como baile y personajes hablan del folclore nacional de una manera única. Sin embargo, antes de llegar a formarse como tal, tuvo lugar un proceso de asimilación de algunas danzas zapateadas y del mismo género en nuestro territorio. De manera que se entiende que el jarabe jalisciense fue parte de una evolución de otros modos bailables y musicales, mismos que veremos a continuación.

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Manuel Serrano, El jarabe, 1858, óleo sobre tela. Museo Nacional de Historia. CONACULTA-INAH-MÉX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

Los principios

El género del jarabe surgió como un derivado de las danzas zapateadas españolas, como la seguidilla y el fandango. Los albores de estas danzas datan del siglo XVI cuando fueron traídas al territorio americano por los colonizadores. Con el tiempo, las clases media y baja de la sociedad novohispana las adoptaron debido a su alegre música así como a las coplas y versos que develaban mucho ingenio y picardía. Con la adopción de estos bailables españoles se dio también su incorporación a la tradición popular y sufrieron modificaciones, de manera que para finales del siglo XVIII comenzaron a surgir nuevas composiciones de este estilo en el pueblo, las cuales pasó a denominar como jarabe.

Los primeros jarabes de los que  se sabe y que son considerados los antecedentes del tapatío son los mencionados en los documentos del Santo Oficio por haber sido denunciados ante esta autoridad debido a su obscenidad tanto lírica como coreográfica. Y es que debe tomarse en cuenta que el ritmo de la música invitaba a que el baile estuviera compuesto por movimientos muy marcados, además de que esta cuestión atendía a la tradición de los zapateados españoles. Las prohibiciones continuaron hasta principios del siglo XIX cuando las denuncias ya hacían referencia a diversos jarabes de los que el pueblo gozaba y entre los cuales los más conocidos eran el jarabe gatuno y el pan de jarabe. Del primero se extrae un verso que dice así:

Veinte reales he de dar
Contados uno por uno,
Sólo por verte bailar
El jarabito gatuno.

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El exilio de Marietta Blau en México

Pilar Baptista Lucio
Universidad Panamericana

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

En una Austria tomada por los nazis, la científica judía no podía sobrevivir. Fue Albert Einstein quien la salvó de una muerte segura consiguiéndole trabajo en un México donde poco se hacía aún en investigación científica. Durante los seis años que permaneció en el IPN, poco pudo avanzar en su especialidad, la aplicación del método fotográfico para el registro de partículas nucleares. La actividad profesional en un área dominada por los hombres y con escasos recursos resultó compleja. Su contribución a la formación de investigadores en física ha sido su gran legado para el país.

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Personal docente de la ESIME en su 25 aniversario, 25 de noviembre de 1941. Marietta Blau sentada en el costado izquierdo. IPN, Archivo Histórico de la ESIME.

Marietta Blau es un talento desperdiciado en su país
Albert Einstein a Francisco Castillo Nájera, 24 de junio de 1941

Pequeña de estatura, tímida, con mirada intensa e inteligente, son los adjetivos que coinciden en las descripciones de quienes conocieron  a la gran científica austriaca Marietta Blau, quien vivió en la ciudad de México de 1938 a 1944. Una fotografía tomada en 1940 confirma esta narrativa. En la imagen, Marietta se asoma por una esquinita del retrato de grupo. Aparece con otros 57 profesores –todos ellos varones– del Instituto Politécnico Nacional. Pese a esta impresión, lo que sobresale en su vida es gran valentía y tenacidad, ya que pese a los múltiples obstáculos que enfrentó, no abandonó su carrera científica.

Marietta Blau RecorteMarietta Blau nació en Viena el 29 de abril de 1894, en el seno de una familia acomoda- da, judía e intelectual. Su padre Markus era abogado y su madre Florentine Goldenzweig se dedicó al hogar y a sus cuatro hijos: Fritz, Otto, Marietta y Ludwig. El primero murió de pequeño, y tanto Otto como Ludwig fueron llamados al ejército cuando empezó la Gran Guerra en 1914. En ese mismo año Marietta comenzaría el pregrado en física y matemáticas. Se matrícula en la Universidad de Viena junto con otras 22 compañeras del bachillerato. Ante la falta de hombres jóvenes quienes habían decidido defender al imperio austrohúngaro de los Habsburgo en frentes muy lejanos se abrieron puertas para que las mujeres tuvieran nuevas oportunidades profesionales, pero también altas probabilidades de soltería. Como a otras chicas de su generación, ambas cosas marcarían a Marietta. Sus hermanos sobrevivieron la guerra y regresaron tardíamente a terminar sus carreras cuando Marietta ya se doctoraba en Física en 1919.

Después de un par de estancias de trabajo en Alemania, Marietta vuelve en 1923 a una Viena desesperanzada. Imaginemos a una ciudad devastada por las pérdidas humanas, en continua crisis política y económica y, sobre todo, con la humillación de transitar en tan sólo cuatro años de ser la capital del orgulloso imperio austrohúngaro con casi 50 000 000 de personas, a serlo de una nueva república con 6 000 000 de habitantes. Con la desin- tegración del imperio austrohúngaro –dice la historiadora Maureen Healy en su libro sobre la vida cotidiana en Viena después de la Gran Guerra–, se pierde también un sistema de identificación que cohesionaba a los diferentes grupos y etnias. Sin aquel, pocos eran verdaderamente austriacos y se tachaba a los judíos de traidores, a los checos de cobardes, a los marxistas de ilusos y a los católicos de egoístas y convenencieros.Todos contra todos. En la posguerra, o más bien en el periodo de entreguerras, Austria careció de unión ante la desgracia común. Divisiones, odios y tensiones se intensificaban cada día y, sin embargo, el interés por el conocimiento, las artes y la investigación científica –anclado en el siglo XIX– no parecía menguarse.

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Miguel Agustín Pro, el sacerdote mártir que festejaba la vida

María Gabriela Aguirre Cristiani
Universidad Autónoma Metropolitana, X.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

El padre jesuita pasó algunos años en Europa, fortaleciendo su formación educativa y afrontando problemas de salud. Su regreso a México lo tomó por sorpresa, en un momento en que la actividad religiosa era perseguida por el gobierno de Calles. La convivencia con su colega John J. Druhan muestra la personalidad alegre, entusiasta y comprometida con sus creencias de un hombre que seis décadas después de su fusilamiento fue beatificado por el Vaticano.

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John J. Druhan, Padre Miguel Agustín Pro Juárez, diciembre de 1925, Bélgica.
Fotografía cortesía de “Archives of the New Orleans Province of the Society of Jesus, Loyola University New Orleans Monroe Library”.

A finales de diciembre de 1924, en plenas fiestas navideñas, dos jesuitas iniciaron una corta pero significativa amistad cuyo punto de encuentro fue la casa de estudios de Maison St. Augustin, en Enghien, Bélgica. Se trataba del padre mexicano Miguel Agustín Pro y del estadunidense John J. Druhan.

Siete años después de aquella fecha, con cierta dosis de nostalgia, y tal vez como una forma de consuelo ante la muerte de un amigo, el padre Druhan se dio a la tarea de escribir una especie de memorias a las que tituló Detalles anecdóticos relacionados con el padre Miguel Agustín Pro, S. J. (Side lights on father Miguel Pro, S. J.).

Movido probablemente por la trascendencia que tuvo el fusilamiento de su compañero y amigo, ocurrido el 23 de noviembre de 1927, Druhan dejó evidencias de su relación con Pro. El escrito se encuentra en el Archivo Histórico de la Provincia de la Compañía de Jesús, en Nueva Orleans, jurisdicción a la cual perteneció.

Sobre la primera impresión que el padre Miguel le provocó, comenta: fue la de ser un hombre bromista y alegre que con gran prontitud mereció el título de bufón de Dios (God’s jester); sobresalía del resto de los hermanos por su indiscutible jovialidad y buen humor, características que hicieron imposible sospechar que padecía intestino ulcerado que afectaba sobremanera su salud. Con gran destreza –continúa–, el religioso mexicano jugaba billar, fumaba y entretenía a los compañeros recién llegados al colegio, como lo fue su propio caso. En su opinión, valíaJohn Druhan (2) (503x640) la pena recordarlo como el jovial mexicano que alegró la navidad a un ciudadano estadunidense en un día invernal de Bélgica. Para entonces, Miguel Agustín estaba cerca de cumplir los 34 años. Él tenía 32.

Un año después de haberse conocido, en el mismo mes de diciembre, pero ahora de 1925, ambos jesuitas volverían a coincidir. Antes de este segundo encuentro, el hermano Pro había conseguido su ordenación sacerdotal. El 30 de agosto de ese año recibió el presbiterado de manos de monseñor Charles-Albert Lecomte, obispo de Amíens. No obstante, Druhan refiere que este logro no cambió el carácter humilde y de servicio ya detectado por él y mucho menos ayudó a evitar sus problemas de salud, cada vez más intensos. Ahora más que nunca, expresa y reitera, el padre Miguel Agustín era un enfermo alegre que fue obligado a someterse a una seria y dolorosa operación, una gastroenterostomía, de acuerdo con los términos médicos. No obstante, su personalidad jocosa y entusiasta no desapareció.

El lugar del reencuentro fue la Clínica Saint Rémi, en Bruselas, Bélgica, un hospital privado bajo la administración de unas hermanas francesas que contaba, en opinión de Druhan, con un magnífico médico alemán como director del lugar. El padre Pro no hablaba alemán, pero dominaba el francés al igual que el doctor, así que su comunicación fue menos difícil que la de otros pacientes que tenían problemas con el idioma. En su narración, el jesuita estadunidense insiste: el sarcasmo, las bromas y el contagioso buen humor del padre Pro se transmitían en todos los idiomas con la misma fluidez.

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La guerra que Carranza no quiso comprar

Harim Benjamín Gutiérrez Márquez
Universidad Autónoma Metropolitana, X.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

En momentos en que la primera guerra mundial entraba en la etapa de definiciones, Alemania planificó una jugada para evitar la confrontación con Estados Unidos. La idea involucraba a México y Japón, pero la intercepción y desencriptación de un telegrama enviado por el ministro del exterior alemán Arthur Zimmermann tiró toda la operación por la borda. Woodrow Wilson sí entró en guerra y Venustiano Carranza mantuvo su neutralidad filogermana.

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The Temptation, caricatura del ofrecimiento de Zimmermann, en The Dallas Morning
News, 2 de marzo de 1917.

Era 1916. La primera guerra mundial desangraba a Europa. La alianza de Gran Bretaña, Francia, Rusia e Italia luchaba contra los imperios centrales: Alemania, Austria-Hungría y Turquía. Parecía que nadie podía lograr una victoria decisiva.

En el mar, el imperio británico tenía una ventaja: su flota de guerra, la Royal Navy, la más grande y poderosa del mundo. Había bloqueado el paso a los barcos germanos y cercenado la mayoría de las rutas comercia- les marinas del Reich alemán. Pero los ale- manes tenían submarinos que podían burlar el bloqueo y atacar en alta mar, por lo que esperaban que tarde o temprano cortaran o redujeran las rutas de abastecimiento y obligasen a Gran Bretaña a rendirse. Para asegurar esa estrategia urdieron un plan que parecía brillante: provocar una guerra entre México y Estados Unidos.

Para entender lo anterior, hay que recordar que al principio de la guerra los beligerantes atacaban por lo general a los barcos enemigos, respetando las naves neutrales. Pero los alemanes se dieron cuenta de que así no ganarían. Por eso, en 1915 declararon la guerra submarina ilimitada (GSI); es decir, ordenaron a sus submarinos destruir cualquier barco que se acercara a las costas de Gran Bretaña o Francia (solo dejaron abierto un pequeño corredor en el Atlántico para naves neutrales). Eso provocó la protesta de Estados Unidos, que defendía su derecho de comerciar con quien quisiera. Los alemanes sabían que la neutralidad de ese país favorecía a los Aliados, pues era un importantísimo proveedor y prestamista de Gran Bretaña y Francia, así que continuaron con la GSI. En ese mismo año hundieron al transatlántico británico Lusitania, matando a 1 198 pasajeros, entre ellos a 128 estadunidenses.

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Submarino U-14, 1914. Library of Congress, Washington, Estados Unidos.

El gobierno de Washington, presidido por Woodrow Wilson, protestó enérgicamente por esas muertes. Sin embargo, no declaró la guerra, pues tenía la esperanza de promover negociaciones de paz entre los beligerantes. Además, gran parte de los estadunidenses eran aislacionistas, persuadidos de que no debían involucrarse en una guerra europea. Asimismo, Wilson pensaba reelegirse en 1916, objetivo que logró ostentándose como el hombre que había salvado a su país de la guerra. Sin embargo, el hundimiento del Lusitania y otros incidentes similares aumentaron el tono de sus protestas, por lo que en septiembre de 1915 Alemania suspendió la GSI. Una parte de sus gobernantes comprendía que si Estados Unidos les declaraba la guerra, su enorme capacidad financiera y productiva podría dar la victoria a los aliados.

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