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9 de abril, la víspera

Silvia L. Cuesy – El Colegio de México

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

11¡Me carga la chingada!, me oyen gritar mientras humedezco de orines el tronco de un cazahuate, ¡ya estoy harto! Las mentadas son lo común entre la tropa y no hacen caso al escucharme. Lo inusual, opinan entre disimulados cuchicheos, dos o tres, es el imperceptible, lento cambio en mi proverbial mirada, cada vez más taciturna, hosca, enigmática, ocultando algo a las habituales furias.

Las soldaderas me preparan el rancho; se enfría intacto en la escudilla, la ignoro cuando me la ofrecen. Con la muina apenas contenida, enciendo el puro con una varita seca prendida en la fogata; exijo a un vale mi acostumbrada botella de licor, y me alejo del grupo. Mis lugartenientes se atragantan las advertencias y consejos preparados; por el ademán firme de mi mano entienden lo inconveniente del momento. Paso de largo, las espuelas le sacan chispas al polvo, y dejo a mis espaldas el campamento con la vista de mi escolta fija nomás en mí. Al propinarle una encabronada patada al cachorro juguetón, lo mando por los aires. Mientras me acomodo en el promontorio de piedras un mohín, mezcla de sorna y fastidio, se refleja en mi cara; de seguro le rompe las costillas y por eso el animalito chilla sin consuelo. Trato de divisarlo por encima del hombro, pinche perro que se me atraviesa.

El puro y el coñac me ayudarán a desenredar cavilaciones, y la luz de las estrellas tal vez las aclarará. Me quito el sombrero, con los dedos abro surcos en mi cabello; cientos, miles, millones de luceros son el mejor tocado para mi cabeza. Recargado sobre una roca contemplo con anhelo la paz y el orden del firmamento, y un cálido y tranquilizador cobijo me envuelve en medio de la sierra.

Chinameca, Chinameca, la bocanada de humo parece perseguir el recuerdo del origen náhuatl de esa palabra. Chi-na-me-catl, musito. Lugar de cercas de cañas, organizo el significado en una frase. Luego le sigue otra, lugar donde usan lazos de zacate de caña. Cerca, lazos, caña. Chinamitl, mecatl, acatl. Atenazo con el índice y el pulgar una escama de tabaco de la punta de la lengua. Cerca… cerca… cercado. El repentino vuelo de un murciélago rasga la negrura, mi vista no alcanza a perseguirlo. Lazo… lazo… lazado. Las aletillas de la nariz se me dilatan con el aroma de tortilla tatemada, aroma engatusador excepto ahora; ni el olor de iguana asada logra seducirme. Caña… caña… ¿Cuál caña? Aquí ya no hay caña; sólo cenizas y aflicción, y promesas no cumplidas. Soy bueno para engalanarme con los más finos trajes charros y para no llevar a cabo lo ofrecido. Pregúntenle a Inés, a Josefa, a Gregoria…a cuántas más… Ellas les dirán si llegué cuando me esperaban, si las vi parir a sus chamacos, si nada más fueron las únicas en mi vida. Caña, ¿cuál caña? Un vendaval macabro la arrancó de cuajo. ¡Qué chulada la fragancia de la zafra! El gusto nos duró el paso de una estrella fugaz. Casi dos años sin tener a los carranclanes montados en nuestro morrillo. Las sonrisas campesinas atoradas de oreja a oreja, y acompasados a las aguas de los apantles, hombres, mujeres y escuincles atareados en los campos de las haciendas confiscadas. Caña, maíz, pollos, comida en abundancia; eso fue hace casi cuatro años. Labriegos sombrerudos bajo el sol, viejas llevando itacates a sus maridos o hijos. Titipuchal de tortillas calientitas, frijoles negros, colorados y bayos, chile de sobra. Fiestas, corridas taurinas, jaripeos, canciones, borracheras. ¿Era esto el anarquismo mencionado por los leídos? Estar pegado a la tierra ha sido el ideal del campesino. La guerra se lo llevó todo a la mismísima chingada, a la mierda, carajo. De nueva cuenta han aparecido racimos humanos penduleando de los árboles; lenguas multiplicadas por doquier en siniestra mueca de burla. El coro de grillos deleita mis oídos. Hoy, apenas hoy, empiezo a entender. El gran triunfo del hombre es cuando reconoce su derrota; concluir una lucha es una victoria, y sólo se consuma cuando alguien dice: ¡hasta aquí!

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Chinameca, el canto de la muerte, miquistli, fue de trueno, salía de los mA?useres federales cuando me emboscaron hace tiempo en el casco de la misma hacienda que visitar en un rato. Imagino las miradas de estupor de los soldados enemigos al no encontrarme; no me tocaba aún, discurro. Chinameca… El hedor a difunto era mi propio miedo transpirado en cada poro cuando, entonces, agazapado tras las paredes me sentí perdido. Recuerdo el opresor amasijo atorado en mi esternón, pasó al gaznate y me catapultó al monte; milagrosamente salí bien librado, sin amilanarme, ese menguante verano de 1911. Mi estómago y pecho liberan el aire retenido mientras esa escapatoria se aleja de mi mente.

Pinche “Ave Negra”, aprendió bien su oficio en Santa Clara, buen administrador el pérfido. Con sus falsedades por poco me desbanca del Cuartel General, fue una abyecta deshonra caer en sus intrigas; de sus mañas… de ésas mejor ni acordarse. Harto, hastiado de estar harto, malditos intelectuales deslenguados, ni siquiera “El Gordito”, ni de eso fueron capaces, no pudieron enseñarme una palabra para decir: ¡estoy encabronadamente harto!, y otras más para explicar el sentimiento metido muy dentro, que me hurta la dignidad, como si cada día transcurrido me enchiquerara el alma… Soy despreciable, vil.

Gentuza espuria anda quitándose el poder, y al subir uno a la silla y caer el siguiente, vuelvo a pedir a un intelectual de mierda exponer en palabras inteligentes y bonitas lo que quiero decir con claridad, y no con malentendidos. Mi revolución es mi revolución, mi revolución es la revolución de los campesinos del sur, y estos licenciaditos coyones a fuerza han intentado hermanarla con otras que a mi qué carajos… El rasguido de una guitarra, débiles voces que cantan si no le cumplen al pueblo/sobre las armas pagarán, el relincho de un caballo alebrestado, el titilar de las luciérnagas, se detienen ante mi ira, la ira del cabecilla suriano.

¿Habrán tenido razón los correligionarios?, los que insistían en la conveniencia de establecer pactos y acabar con la cruenta lucha. Sí a ciencia cierta que hay un lugar para mí en el infierno; me lo gané por haber mandado ajusticiar a mi compadre y a tantos más, aun parientes. ¿Y si ellos tuvieran la razón y no yo? Y resulta que ahora ando pretendiendo pactar ¿tons pa’qué las ejecuciones ordenadas por mí? ¿ A cuántos no mandé fusilar por hacer tratos con el enemigo? Un par de nubecillas pasajeras me entusiasma en el transcurso de un parpadeo, y en el siguiente tengo la certeza de haber extraviado mi enjundia en algún escondrijo de la entidad. Y ahora algunos seguidores me han hecho buscar a los gringos, al sobrinito de don Porfirio y demás rivales, carajo, y a mí se me revuelve la sangre nomás de pensar en la infidencia a las ideas con las que comenzó todo este desmadre. ¿En qué maldito instante dejé a los fuereños intelectuales meter su cuchara en asuntos de mi pueblo? Méndigos catrines, la cagué con ellos. Y por su tozudez y la mía me llevé entre las patas a los campesinos. ¿De qué les servirá a los morelenses tanta puta ley? Ni para hacerlas tacos y calmar su hambre ancestral. ¿Para qué tanto méndigo plan?, ni para abanicar un rayo de esperanza, los restantes se fueron agotando con los afanes de ocho años de ahorcados, acribillados, mutilados; ocho años de sangre y lágrimas, y sudor y afanes.

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El rebozo en México durante los siglos XIX y XX

Ariana Martínez Otero – Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

 

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El rebozo, prenda de forma rectangular, larga y tejida con hilos de seda, algodón o una combinación de estos materiales, ha sido indispensable para muchas mujeres a lo largo y ancho del país durante gran parte del periodo colonial y los siglos XIX al XXI.

Su origen se remonta a Persia e India, de dónde llegó a México vía España; es más, la palabra chal deriva de xal, manto con que se cubrían los sacerdotes persas. Se dice que fueron los árabes quienes lo introdujeron a la península el rebociño (02toca blanca de un lienzo tenue, ceñido a la cabeza y el rostro femenino, que a veces caía sobre los hombros o el pecho); y también que procede del ayate prehispánico. El hecho es que en nuestro país el chal se convirtió en rebozo, vocablo que viene de arrebozarse o sea, cubrirse el rostro con una capa o manto.

En las novelas del siglo XIX existen extraordinarias descripciones de las costumbres y vestimenta femenil mexicana, lo cual se aprecia a partir de los personajes que cobran vida en ellas. Un ejemplo aparece en El fistol del diablo, de Manuel Payno:

Arturo volvió la cara y se encontró con una mujer tapada con un rebozo y unas enaguas blancas y delgadas, cuya vejez, a pesar de su aseo, se podía notar. […] La muchacha, con uno de esos movimientos admirables y divinos de pudor, cubrió un poco más su cara y sólo dejó contemplar al joven dos hermosos y apacibles ojos azules.

03El rebozo es una prenda cuyo uso no distinguía clase social, siendo utilizado tanto por mujeres adineradas que seguían la moda del momento, como por aquellas cuya condición económica no era tan favorecida. También podía recibir un mal uso. Fanny Calderón de la Barca cuenta como

El rebozo mismo, tan gracioso y adecuado, tiene el inconveniente de ser la prenda más a propósito, hasta ahora inventada, para encubrir todas las suciedades, los despeinados cabellos y los andrajos. Aun en las mejores clases contribuye al disimulo del desaliño en el vestir, pero en el pueblo el efecto es intolerable.

0406El uso generalizado del rebozo mantuvo esta prenda como una de las mercancías textiles más demandadas por la población a lo largo del siglo XIX. Se le podía encontrar en las tiendas de telas en los portales, pero también en los mercados y con los vendedores ambulantes. El rebozo servía para que las mujeres cubrieran su cabeza al asistir a misa, para protegerse de la lluvia o el viento o simplemente de la vista de quienes andaban los pueblos o las ciudades, como una forma de recato. Se empleaba también como cuna infantil: los niños iban sujetos y abrigados a la espalda de sus madres, mientras éstas se atareaban. Era canasto improvisado para transportar verduras o cachivaches o asiento de los canastos repletos de fruta e incluso cobija con que se tapaban las ollas de los tamales ubicadas en las esquinas de las calles. De igual forma podía llevarse como adorno sobre el pecho.

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A dichos usos, habría de añadirse el que se le dio durante la revolución mexicana, pues las mujeres que acompañaban a las tropas federales o insurrectas y se conocían como soldaderas 07empleaban el rebozo para cargar alimentos o municiones y distribuirlas entre los hombres. Les servía además para cubrir su condición materna y aparentemente frágil, y a la vez para portar un rifle y acudir al campo de batalla. A veces lo aprovechaba para curar heridas y hasta como mortaja.

08La tradición del rebozo, manto de historia, perdura hasta hoy. Si bien su uso ha disminuido en comparación con los siglos precedentes, todavía es visto entre las mujeres que venden artículos en los cruceros de las grandes avenidas, o en aquellas cuyos ingresos son mayores y los destinan a ocasiones especiales.

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Todo esto nos permite considerar el rebozo como la prenda femenina mexicana por excelencia. Sus funciones y la forma de llevarlo sólo tienen por límite la imaginación de su portadora.

Actualmente, hay varios centros reboceros en el país. Los más conocidos son: Santa María del Río, en San Luis Potosí, famoso por sus rebozos de seda; Tenancingo, especializado en el rebozo de algodón fino, y Tejupilco, ambos en el estado de México; Zamora y Tangancícuaro, en Michoacán; Moroleón, Guanajuato, y Chilapa, Guerrero.

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El trabajo propagandístico de los profesores carrancistas durante la revolución mexicana: el caso de Santiago Pacheco

Jaime Eduardo Figueroa Daza – Tecnológico de Monterrey, Campus Guadalajara

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

 

Gral. Venustiano Carranza

El movimiento constitucionalista se valió de profesores para difundir su mensaje y llegar a sectores indígenas monolingües alejados del desarrollo y el significado de la revolución mexicana. En seguida daremos a conocer el caso del profesor Santiago Pacheco, quien llevó a cabo una interesante y bien diseñada campaña por territorio yucateco entre abril y septiembre de 1915, con la misión de convencer a los pobladores de que el proyecto encabezado por don Venustiano Carranza era el único y, por tanto, el mejor que podía llevarse a cabo.

Veamos los sucesos con detenimiento…

Entre noviembre de 1914 y julio de 1915, la revolución experimentó una de sus etapas más críticas, por el endurecimiento militar “las batallas del Bajío guanajuatense” y el apogeo de una guerra ideológica que trataría de legitimar, por un lado al gobierno de Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, y por el otro al presidido por los convencionistas, cuyo ejército estaba encabezado por Francisco Villa, y tenían el respaldo de Emiliano Zapata.

Presidencia Municipal Yucateca

Presidencia Municipal Yucateca

La lucha armada permitió ocupar territorios y declararlos constitucionalistas o convencionistas, según fuera el caso. Sin embargo, persuadir a la desesperada población de que el bando triunfante lograría la anhelada paz y se abocaría a construir una nación más justa, se convirtió en un objetivo difícil de alcanzar. La persuasión, entonces, sería la otra arma que, “bien utilizada” otorgaría la añorada legitimidad a los combatientes. En atención a ello, los constitucionalistas, a diferencia de los convencionistas, pusieron en marcha una campaña propagandística que, para su tiempo, se puede considerar innovadora, bien planificada, sistemática y certera: su labor informativa giró en torno a la divulgación del proyecto de mejora social propuesto por Venustiano Carranza en las Adiciones al Plan de Guadalupe, al tiempo que procuraba contrarrestar la popularidad de Villa, Zapata y los convencionistas.

Los convencionistas, por su parte, publicaban periódicos, pegaban avisos, celebraban reuniones y, sobre todo, confiaron en la popularidad que Villa y Zapata tenían entre los mexicanos, lo que, sin duda, les sumaron adeptos. Esto fue insuficiente, pues carecieron de un centro de información expreso y oficial que pudiese contraatacar las acciones de los constitucionalistas.

Para lograr su cometido persuasivo, los partidarios del carrancismo encabezados por Álvaro Obregón, Rafael Zubarán, Alberto J. Pani, Jesús Urueta, Luis Cabrera y el Dr. Atl (Gerardo Murillo), entre otros fundaron, en noviembre de 1914, la Confederación Revolucionaria, con el fin de coordinar los esfuerzos civiles y militares para unir a la sociedad mexicana en pro del constitucionalismo. Desde su nacimiento, la Confederación se convirtió en la instancia propagandística de mayor importancia en la nueva etapa revolucionaria.

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La Confederación Revolucionaria delegó sus responsabilidades a los ministerios de Gobernación y de Instrucción Pública y Bellas Artes en febrero de 1915. La primera instancia tuvo a su cargo la Oficina Central de Información y Propaganda Revolucionaria (OCIPR), que al poco tiempo se convirtió en un organismo independiente de Gobernación, debido a la envergadura que alcanzó la guerra civil durante el primer semestre de 1915. La segunda, en coordinación con la OCIPR, efectuó el despliegue oficial de profesores, a lo largo del territorio constitucionalista, como difusores ilustrados de la “doctrina carrancista”.

A continuación, damos cuenta del trabajo de convencimiento llevado a cabo por el profesor Santiago Pacheco en algunas comunidades de Yucatán, labor que ejemplifica la buena organización propagandística que echaron a andar los constitucionalistas durante el periodo de “guerra ideológica” que se menciona líneas arriba y de la cual Pacheco Cruz ha dejado memoria impresa en su obra Recuerdos de la propaganda constitucionalista en Yucatán (1956).

Es importante seAi??alar que el proceso revolucionario en Yucatán fue diferente al resto del país, debido fundamentalmente al férreo dominio social ejercido por la clase gobernante en complicidad con los caciques, situación que no libraría a la península de las rebeliones y los enfrentamientos bélicos, aunque fueron menos si comparamos con otras regiones. Entre 1911 y 1914 Yucatán tuvo siete mandatarios; uno de ellos, Eleuterio Ávila, el primer gobernador carrancista del estado, decretó la liberación de los jornaleros, pero debió retractarse ante la amenazante oposición de los hacendados. Al poco tiempo, una rebelión lo derrocaría, lo cual fue el preámbulo de los siguientes gobiernos afines al Primer Jefe: Toribio de los Santos, primero, y Salvador Alvarado, después. Alvarado, distinguido militar sinaloense, tuvo como meta la reconciliación social en Yucatán, para lo cual se apoyó en el trabajo de los profesores propagandistas, como veremos a continuación.

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Gozo contra hastío. Diversiones en Durango

Guadalupe Villa G. – Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

Trapecistas (1890)

Trapecistas (1890)

En todas las sociedades la utilización del tiempo libre ha servido para canalizar el gusto y el placer que dan las horas de asueto. Actividades recreativas como jugar, pasear, conversar o el disfrute de ciertos espectáculos evidencian a través del tiempo, cómo muchas de las formas de convivencia social, pública y privada,se han mantenido con pocas variantes.

A fines del siglo XIX y principios del XX la capital del estado de Durango gozó de una variedad de espectáculos que de cuando en cuando llegaron a interrumpir el letargo urbano. El arribo del Ferrocarril Central a la ciudad de Torreón, Coahuila, acortó las comunicaciones y facilitó nuevas formas de diversión que, aunque esporádicas, imprimieron un nuevo sello en la vida y costumbres de los duranguenses. Así comenzaron a llegar empresas de teatro, ópera y el género chico español, tanto extranjeras como nacionales. Así, la compañía dramática Luisa Martínez y la de zarzuela Vigil y Robles, de España y la compañía nacional de zarzuela de Cleofas Moreno, esposo de la conocida primera tiple cómica Romualda Moriones, quien a partir de 1886 inició exitosas giras a lo largo del país que lo colocaron entre los empresarios favoritos del público.

Teatro principal Ricardo Castro

Teatro principal Ricardo Castro

Otra compañía que llegó a Durango fue la encabezada por la tiple española Prudencia Griffel, quien había debutado en el teatro Principal de la ciudad de México a mediados de 1904. Al poco tiempo ingresó a la compañía de las hermanas Romualda y Genara Moriones, convertidas ya en empresarias tras enviudar la primera. La carrera artística de la Griffel fue en ascenso, convirtiéndose en una gloria de la escena, aunque pronto la abandonaría para consagrarse como actriz. Por su parte, las Moriones supieron aprovechar la fiebre de la zarzuela que acometió al país entero en la última década del siglo XIX y principios del siguiente, ejerciendo el control absoluto del género en México.

El lugar que tuvieron las zarzuelas de corte cómico en la preferencia del público y su representación por tandas llevaron al crítico Figueroa Doménech a escribir que, a fines del siglo, el teatro en México, París y Londres había perdido su esencia original, y que la perversión y el mal gusto habían sentado sus reales, sin que se supiera que lamentar más, si la falta de arte o el exceso de realismo.
Desde 1895 las reiteradas disposiciones del ayuntamiento para hacer del viejo teatro fundado en 1800, llamado Coliseo (hoy Victoria), un lugar decoroso, nos dan idea de la situación reinante en cuanto a las malas condiciones de higiene y deplorable comportamiento de cierto sector del público. Una década después no se habían podido resolver los problemas de desaseo y falta de civilidad: fumar, comer y beber durante las funciones implicaba arrojar al piso toda clase de desperdicios y esa basura, combinada con la fetidez proveniente de los urinarios y el hedor corpóreo de algunos de los asistentes, hacían ingratas las funciones que de suyo se esperaban placenteras.

Juegos hAi??picos

Juegos hípicos

Era paradójico que, cuando se suponía que los adelantos de la ciencia, la educación y las costumbres habían arraigado en la sociedad, algunos mostraran su lado negativo luciendo sus mejores atavíos que desmerecían con su nocivo comportamiento.

Los preceptos generales en el ramo de diversiones muestran los intentos del ayuntamiento por hacer de los espectáculos esparcimientos seguros y ordenados, tanto para los actores como para el público asistente. La reglamentación da idea de las fallas con que habían venido operando las empresas dedicadas al entretenimiento, entre ellos variaciones en los espectáculos e impuntualidad respecto a la hora anunciada; suspensión de funciones a causa de riñas entre actores o público asistente. Las manifestaciones de descontento en contra de los comediantes iban desde la injuria hasta la agresión mediante el lanzamiento de diversos objetos y las demostraciones de aprobación eran ruidosas y de mal gusto. Para evitar desórdenes o corrupción, se prohibió dedicar funciones a empleados públicos, funcionarios y corporaciones, fueran civiles o militares.

Las medidas de presión por parte de las autoridades comenzaron por un rubro sensible para todos los empresarios: multas económicas que iban de uno a veinticinco pesos; mayor injerencia de las autoridades, entre ellas un juez y la comisión de diversiones del municipio. Por primera vez se mencionaba que los locales o edificios de espectáculos debían contar con puertas suficientemente amplias, fáciles de abrir para allanar la salida de la concurrencia, sobre todo en caso de accidentes, no obstante que la energía eléctrica redujo el riesgo de incendios que la iluminación con velas hizo tan propicia.

En el centro de Durango

En el centro de Durango

Algunas de las crónicas aparecidas en los periódicos introducen al lector no sólo al mundo de las diversiones, sino al de las modas, resultando muy ilustrativas:

Nuestro feo e incómodo gallinero [se refiere al teatro Coliseo] se vio esa noche bien repleto de gente y todos, muy a su pesar, sudaron el kilo. Algunas de nuestras niñas cursis, que por desgracia empiezan a abusar de ciertos afeites, sintieron resbalar por sus sonrosadas mejillas corrientes de polvo de haba y carmín, que hacían aparecer sus traviesas caritas como paredes chorreadas.

Xavier Gómez en su obra Bojedades, destaca que los artículos de belleza no eran tan variados, sin embargo las mujeres hacían gala de su ingenio para hermosearse. En las tiendas podían encontrarse variedad de perfumes, polvos de arroz o de haba y cremas o “pomadas” para el rostro. Los “coloretes” (cosméticos de tonos rojizos para las mejillas), estaban reservados para gente de teatro y ninguna “dama decente” los compraba, éstas se maquillaban los ojos con corcho quemado o humo de cerillo y el tono rosa de mejillas y labios lo obtenían del papel de china rojo.

Durante la temporada teatral las representaciones variaban de noche a noche, pues de ese modo la gente se entusiasmaba para asistir a las seis o siete funciones ofrecidas, sin embargo, el teatro no era en sí una diversión popular pues resultaba relativamente costoso para los trabajadores, ya que el abono para la temporada costaba 4 pesetas, lo que era considerado “una liberalidad exorbitante”. Las crónicas reportaban que las galerías tenían llenos sólo una vez a la semana y no más.

La A?pera, fue otro de los géneros musicales que llegó a Durango. La cantante Luisa Tetrazzini fue una de las divas triunfadoras en México que, en 1905, cosechó triunfos en Chihuahua y Durango. En 1906 se estrenó la ópera La leyenda de Rudel con música del compositor duranguense Ricardo Castro y letra del estadunidense Henry Brody.

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Antonio Carbajal ¿héroe o bandido? La olvidada batalla de Atlixco

Rosalía Martha Pérez – Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP)

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

Batalla del 5 de mayo

Batalla del 5 de mayo

Por los empinados caminos del centro de un país que no acababa de desarticularse ni de constituirse, cabalgaron a lo largo del siglo XIX jinetes de identidades asombrosas. Mirados al derecho eran combatientes por la defensa de sus terruños, de sus hijos y de sus mujeres. Si en algún momento la imagen de la patria se les desdibujó, la presencia de ejércitos extranjeros vino a alentar su instinto de supervivencia y a descubrirles el nacionalismo. Días de hambre y resistencia afinando sus estrategias defensivas contra el invasor. Mirados al revés, eran bandoleros agavillados acechando por los caminos.

Esta dualidad de imágenes que cuadran a Antonio Carbajal no ha impedido que San Pablo Apetatitlán, Tlaxcala, de donde el gavillero fue oriundo, lleve su nombre en señal de respeto; hoy se ostenta como San Pablo Apetatitlán de Antonio Carbajal. En aquellos lustros tan difíciles las guerrillas, utilísimo recurso defensivo y ofensivo, fueron parte de la estrategia militar. Multitud de episodios se hicieron historia desde las primeras señales de movimientos sospechosos de tropas norteamericanas en el norte del país. En esa ocasión Manuel Payno, el novelista, fue destacado como espía de sus movimientos y tuvo que aprender las estrategias propias del guerrillero; los sin zapatos de calzón de manta raída que formaron en buen número el ejército liberal en la guerra de Reforma y las que le siguieron, tuvieron que apoyarse en guerrillas A?giles y bien orientadas en los terrenos que conocían a perfección. Con ellas contó el presidente Juárez en sus azarosas campañas. Así, la presencia de partidas más o menos numerosas, que jugaban con el peligro como cuando se baila el trompo en una mano no era una novedad. De la profundidad de los pueblos, por cañadas escondidas del altiplano y de la tierra caliente muchos acudieron en apoyo de los ejércitos regulares, convocados por el presidente más trashumante que haya tenido México. Actuaron con tanta pasión que los partes de guerra los reportan como excelentes auxiliares.

El pueblo se arma para combatir a los franceses

El pueblo se arma para combatir a los franceses

Sin duda la acción más destacada que registra la historia del centro del país en 1862 es la batalla del 5 de mayo y parece increíble que, en emotiva ceremonia que duró todo un día, el presidente Benito Juárez le entregara al general y guerrillero tlaxcalteca Antonio Carbajal la medalla de reconocimiento por la defensa de Puebla a nombre del Congreso Nacional, en la misma ceremonia en que entregó idéntica presea al Jefe del Ejército de Oriente Ignacio Zaragoza y a los demás combatientes de aquel 5 de mayo.

Tropas francesas

Tropas francesas

Poco se ha hablado de Carbajal en aquel largo carnaval en el que la muerte lució tantos disfraces: corrían las guerras intestinas, las de la Reforma y la Intervención Francesa, en las que esa misma insaciable muerte, diluida en el agua, vino para matar con el cholera morbus a mucha gente, luego se sumió en las hambrunas oscureciendo las ojeras del pueblo; vino presurosa a elegir a sus víctimas siempre que el clarín tocó a degüello, encarnizada y ebria de furia en las cargas cuerpo a cuerpo por los pueblos y haciendas de Tlaxcala, por Puebla, por Hidalgo, por México, cebándose sobre un territorio con profundas heridas recibidas de los invasores estadunidenses, que todavía no cicatrizaban…la misma muerte que quemó con la fiebre a Zaragoza respetándole sólo unos pocos días de gloria. No sólo los naturales y los mestizos de los pueblos entraron a la guerra. Fueron muchos hombres los que se enrolaron en las cabeceras municipales, en las capitales como Tlalpan, que lo fue del estado de México, la Puebla de la Ángeles, la señorial Tlaxcala, convirtiéndose por sus esfuerzos y heroísmo en capitanes y tenientes coroneles del ejército mexicano. Dada la corta expectativa de vida de aquellas décadas dieron lo mejor de sí desde sus años mozos. Mencion a Manuel Payno como una muestra entre cientos, miles de ejemplos de mexicanos que alternaron las armas con su vida diaria. Permítaseme recordar al novelista de folletín más popular de mediados del siglo que a la edad de 23 años publicó la novela Ironías de la vida, poco tiempo después de haber participado en la defensa de la patria en la guerra de 1847: Pantaleón Tovar, nacido en México el año del motín del Parián y de La Acordada, que fue en 1828, y que alcanzaría como muchos otros jóvenes el grado de teniente coronel en el ejército mexicano. Payno y Tovar fueron periodistas, novelistas de folletín, diputados al Congreso Nacional, funcionarios del gobierno, tenientes coroneles del ejército, enamorados, soñadores y poetas. Mucho papel necesitaríamos para recordar a tantos mexicanos ilustres de aquella época, y es que a la mitad del siglo XIX hombres y mujeres tuvieron que entender, asimilar, resolver, arriesgarlo todo para fundar una nación. No escapó a la improvisación el joven guerrillero Carbajal, señalado por sus excesos contra la población civil y acusado de bandido por sus mismos correligionarios en un asunto que fue muy confuso. Para sus biógrafos, Antonio Carbajal fue denigrado y vilipendiado por la prensa conservadora y por algunos españoles, al grado de orillarlo a solicitar por sí mismo que lo sometieran a juicio.

[…]

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Editorial #15

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15

BiC 15-Portada

En BiCentenario continuamos abriendo ventanas a nuestro pasado. Desempolvamos viejos papeles, indagamos sucesos desconocidos y rescatamos actores olvidados, con el propósito de ofrecer a nuestros lectores historias nuevas, escenarios distintos y testimonios inéditos, sin dejar a un lado asuntos relevantes de nuestro presente.

Iniciamos este número con un viaje al siglo XIX, al siglo de los claroscuros; el de la independencia y la nueva nación; el de los avances y tropiezos, los vaivenes políticos, las guerras civiles y las invasiones extranjeras. En episodios distintos nos encontramos con actores poco conocidos y también descubrimos nuevas facetas de algunos protagonistas cuyos nombres nos son familiares. Así, presentamos a un escribano de cabildo en Zitácuaro que se adhirió a los insurgentes en la lucha por la independencia, participó en la instalación de la Suprema Junta Nacional Americana y perdió la vida defendiendo sus ideales. Como aporte a la conmemoración de los doscientos años del nacimiento de Ponciano Arriaga, damos a conocer aspectos novedosos de la vida de este prócer potosino de la Reforma, quien en sus años formativos desde su trinchera periodística llevó a cabo una férrea defensa del federalismo, en una época de ajustes y desajustes en que el país definía su rumbo en la búsqueda de un rostro propio. En otro momento, volvemos a ver la labor de periodistas y escritores que alternaron las armas con su quehacer diario, cuando el suelo mexicano se encontraba mancillado por fuerzas extranjeras; exploramos el papel que tuvieron las guerrillas en apoyo al ejército liberal durante la guerra de Reforma y la Intervención francesa y allí descubrimos la controvertida figura de un guerrillero tlaxcalteca que recibió del Benemérito una medalla de reconocimiento por su contribución al triunfo alcanzado en Puebla contra el invasor extranjero.

En este recorrido tomamos la diligencia para trasladarnos con Manuel Payno hasta Veracruz y, deleitados con su testimonio, lo acompañamos en su travesía hasta el otro lado del océano. También viajamos tierra adentro y arribamos al Durango porfiriano para conocer sus diversiones y asistir al teatro, a la A?pera y a la opereta; presenciar corridas de toros, peleas de gallos, funciones de circo, títeres y cinematógrafo.

En el siglo XX nos remontamos a los años revolucionarios, en el momento de la escisión de los principales caudillos y presenciamos la labor de un maestro campechano recorriendo los poblados mayas de Yucatán, en apoyo a la campaña propagandística del gobierno de Carranza. En el mismo escenario de la revolución el cuento histórico de este número nos transporta a otro lugar, unos años antes, y nos conduce a un rincón del campamento zapatista donde encontramos al famoso jefe suriano sumido en las más amargas cavilaciones de su vida.

Abordamos el tema de la diplomacia mexicana en un artículo que destaca el exilio de una familia brasileña acogida por el gobierno mexicano a finales de los años treinta, y en la entrevista que cierra este número, con las voces que recuerdan el golpe de estado en el Chile de Salvador Allende y el papel que jugó la embajada de México en ese país. Para las últimas décadas del siglo XX damos cuenta de la trayectoria de un importante diario capitalino que con sus impresos a color se convirtió en símbolo de la modernidad tecnológica de la prensa nacional.

En esta ocasión la sección de arte está dedicada a uno de nuestros más grandes muralistas. Por medio de una detallada explicación de los frescos que alberga el Instituto Nacional de Cardiología, recorremos la historia de esta especialidad plasmada por el pincel de Diego Rivera y conocemos a sus principales exponentes. Y en cuanto a nuestras tradiciones le dedicamos unas páginas al rebozo como la prenda femenina mexicana por excelencia.

En la sección “Desde hoy” nos sumamos al homenaje rendido a Gabriel Vargas, el autor de la famosa historieta La familia Burrón, seguida durante más de sesenta años, semana a semana, por millones de lectores que compartieron la vida cotidiana de esta célebre familia en su vecindad de la ciudad de México.

Invitamos, pues, al lector a hacer con nosotros este recorrido por nuestra historia para conocer más de cerca algunos de sus episodios y descubrir nuevas facetas de sus actores.

Graziella Altamirano Cozzi
Instituto Mora

Vicente Eyzaguirre y Azcoyoti Un escribano de cabildo en la Junta de Zitácuaro

Moisés Guzmán Pérez – Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

Escudo de la Suprema Junta Nacional Americana

Uno de los acontecimientos más relevantes para la historia política de la insurgencia mexicana lo constituye sin duda el 19 de agosto de 1811, fecha en que fue formalmente instalada en Zitácuaro la Suprema Junta Nacional Americana. No obstante que ya contamos con varios estudios que se ocupan del papel desempeñado por este gobierno colegiado durante los primeros años de la independencia, y se han publicado libros y ensayos sobre la vida y obra de Ignacio Rayón, José Sixto Berdusco y José María Liceaga, poco sabemos del resto de los electores que se reunieron en la villa michoacana para acordar la creación de un gobierno representativo, con carácter de “nacional” e “independiente”, sobre todo en lo referente a su vida pre insurgente y a las razones o motivos que los hicieron abrazar el partido de la insurrección.

Esto es importante señalarlo dado que mucho se ha insistido en que la Junta no se formó inicialmente con cinco vocales por la falta de personas con preparación; es cierto que la mayoría de ellos carecían de instrucción, pero no todos. Además de Ignacio Rayón, quien se recibió de abogado en una de las salas de la Real Audiencia; de José Sixto Berdusco, doctor en teología por la Real y Pontificia Universidad de México y de José María Liceaga que en sus años mozos había incursionado en la carrera militar, sobresalía un funcionario criollo avecindado en Zitácuaro desde 1784 que prestaría importantes servicios a la causa de la revolución: Vicente Eyzaguirre y Azcoyti.

Su vida comienza un 29 de abril de 1756 en el Cortijo, ranchería cercana al pueblo de Taximaroa (hoy Ciudad Hidalgo, Michoacán) de la alcaldía mayor de Maravatío, donde vio la luz como fruto de la unión de José Francisco Eyzaguirre y Anna Agustina de Azcoyti, ambos de ascendencia vasca. Fue bautizado con el nombre de José Vicente Mariano, siendo sus padrinos don José de Arroyo y su esposa doña Ana Gertrudis de Arávalo. Al parecer fue hijo único, ya que en los libros de bautismos de la parroquia donde fue registrado no encontramos ningún otro hermano.

Hesiquio Iriarte, Heroica Zitácuaro (480x284)

El pequeño Vicente creció en un ambiente fundamentalmente rural en compañía de sus padres. Las actividades comerciales que estos últimos desarrollaban tanto en la ciudad de México como en la villa de Zitácuaro, hicieron que desde los siete años de edad el niño Vicente abandonara su pueblo natal y viviera cortas temporadas tanto en la villa michoacana como en la capital del reino, “yendo y viniendo” como él mismo declaró, hasta finales del año de 1784 en que decidió establecerse en Zitácuaro.

El motivo principal que lo había hecho tomar esta decisión fue su compromiso de matrimonio con la señorita Genara Manuela González de Aguilar, vecina de la ciudad de México e hija legítima de don José Ignacio González y de doña Ana Micaela Morales. En mayo de 1784 se corrieron las amonestaciones y al no haber impedimento legal ni canónico alguno, la boda se realizó meses después en la ciudad de México. De inmediato la joven pareja se trasladó a Zitácuaro para radicar definitivamente en la villa y Vicente Eyzaguirre se dio a la tarea de lograr para sí un cargo público que le permitiera vivir con cierta tranquilidad a él y a su futura familia.

Ya para entonces el joven Vicente había aprendido el saber de escribano en la práctica, en la actuación cotidiana; lo hizo al lado de su padre José Francisco, quien hacia 1780 se desempeñaba como escribano público en la jurisdicción de Maravatío, Taximaroa y su agregado de Tlalpujahua. Además de conocer las diferentes formas escriturales, supo lo importante que era poseer una calidad moral que lo mantuviera exento de conductas que pudieran desacreditar la fe pública. Con su esposa procreó cuatro hijos: María Petra Alejandra (1786), Francisco Vicente de los Santos (1789), José Ramón (1793) y José Victoriano Ignacio Guadalupe (1796), todos nacidos en la villa michoacana.

El 3 de septiembre de 1787 murió don José Francisco Eyzaguirre y Vicente quedó al frente de sus asuntos. Por ser uno de los pocos “en quienes concierne la necesaria instrucción”, Eyzaguirre llegó a fungir como perito apreciador de oficios en diciembre de 1790, valuando el de escribano anotador de hipotecas especiales en 80 pesos. Asimismo, el 4 de enero de 1792 participó como testigo de asistencia en los pregones para el abasto de carne de la villa de Zitácuaro.

Ignacio LA?pez RayA?nContaba con 39 años de edad cuando el 6 de julio de 1795, después de un largo litigio de ocho años, le fue concedido el título del oficio notarial de la villa de San Juan Zitácuaro por la cantidad de 1000 pesos. Poco después, cumplidos los requisitos, presentó su examen de conocimientos ante la Real Audiencia, y ya aprobado, hizo el juramento de rigor para recibir el título de escribano. Así regresó a Zitácuaro donde acondicionó su oficina y comenzó a trabajar. Los asuntos que trataba eran de la más diversa índole: testamentos, poderes especiales, certificación de avalúos, escrituras de hipotecas, arrendamientos, etcétera.

Muy pronto Eyzaguirre se convirtió en un personaje importante dentro del círculo social de la oligarquía zitacuarense. Había estrechado lazos de compadrazgo con José Gómez de Cosío y Manuel de Obeso, regidores del ayuntamiento del lugar; tenía roce cercano con otros funcionarios de la misma corporación como Juan Manuel de Echenique y Miguel Frutis; atendía los negocios de notables comerciantes como José Modesto de Angulo y Luis Gonzaga Correa, y por si fuera poco, su mismo cargo lo hacía ver como una persona indispensable en los asuntos legales que se llevaban en la villa.

Los años de 1808 a 1810 estuvieron colmados de noticias y acontecimientos políticos interesantes que de una u otra forma repercutieron en la vida de los habitantes de toda la Nueva España, y los de Zitácuaro no escaparon a esa realidad. La destitución del virrey José de Iturrigaray en 1808 y la conspiración de Valladolid en 1809 fueron de su entero conocimiento; esta última le impactó directamente, pues en dicha conjura figuró un familiar de su amigo el regidor Manuel de Obeso, y porque además, el principal denunciante de la conspiración había sido uno de sus clientes: Luis Gonzaga Correa, administrador de correos en Tuxpan y comerciante avecindado en Zitácuaro.

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Correo del lector #15

15CARTAS

El número 14 me parece increíble, los felicito, cada número es más lindo que el anterior, ¡me encantó el tema de las nodrizas!

Ana Perusquía, Morelia

Gracias, ¡no dejes de leernos! ¡Vienen muchas sorpresas!

 

16¡Excelente! Me costó trabajo hallar una noticia sobre deportes entre 1821 y 1850 que mi hijo de 5o año de primaria debía desarrollar como tarea… Realmente es un trabajo difícil para ese nivel escolar por lo arduo de la búsqueda, pero gracias a páginas de internet como la suya podemos sacar estas locuras adelante. ¡Enhorabuena por sus contenidos! ¡Tienen un nuevo fan!

Rafael Hernández Mortera

Gracias, Rafael. ¡Ya habrá otros artículos sobre la historia de los deportes!

17El artículo sobre lo que ocurrí en la Plaza Mayor de México en el siglo XVIII me pareció muy bueno. Me gustaría ver la pintura completa.

Chilango apasionado

Adelante. Te espera en la galería de Historia del Castillo de Chapultepec.

En estos momentos me encuentro tratando de desentrañar la historia de los payasos en México. Estudio la carrera de Arte y Patrimonio Cultural en la UACM. Me interesa destacar la presencia del payaso en distintos ámbitos de la cultura popular mexicana, de la calle al circo, del circo a los hogares por medio de las fiestas infantiles, su presencia en televisión, en la feria, en carnavales; su imagen también presente en el juguete popular, en cromos y carteles y hasta en los tatuajes de los pandilleros. 18Payasos de luz y payasos de oscuridad, como símbolos de la alegría y los más puros sentimientos, pero también transformados en símbolos de perversión y desafío contra la sociedad. Creo que la dignificación del oficio pasa por el rescate histórico, la capacitación y la investigación. Estoy convencido de que tanto el vasto mundo del circo en lo general, como la presencia del payaso en lo particular forman parte importante del patrimonio cultural de los mexicanos.

Roberto Godínez Navarijo, D. F.

Tus planteamientos nos parecen muy interesantes. ¿Por qué no te animas a preparar un pequeño artículo sobre alguno de los aspectos mencionados, y lo envías al consejo editorial? Dirección: bicentenario@institutomora.edu.mx

¿SABÍAS QUÉ?

La Quinta Schmoll, situada en la zona xerófila queretana que rodea a Cadereyta de Montes, posee una de las mejores y más completas colecciones de cactáceas americanas y suculentas africanas. Fue fundada en 1920 por la bióloga alemana Carolina Wagner y su esposo, el pintor Fernando Schmoll, con el fin de estudiar y divulgar el conocimiento de esa familia vegetal. A la fecha es administrada por sus descendientes, igualmente interesados en el cuidado y la multiplicación de estas plantas, algunas tienen hasta 150 años de edad y un buen número están en peligro de extinción. Desde el inicio, la quinta ha estado en comunicación con institutos y personas afines a su especialidad, recibido la visita de un sinnúmero de botánicos y naturalistas y es citada en diversos estudios biológicos en todo el mundo. También aporta y recibe semillas, lo cual le permite reproducir cactáceas y suculentas de muchos tipos. Tiene una filosofía: “producir para conservar y saber”. Te invitamos a visitarla.

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POR AMOR A LA HISTORIA

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Descendiente de doce generaciones de maestros artesanos del metal, don JosAé Ojeda Larios ha creado una cuchillería de reconocimiento nacional e internacional. A la fecha, dos hijos y varios nietos laboranía su lado en el taller de Sayula, Jalisco. De los Ojeda aprendió la herrería; de los Larios la cuchillería. Comenzó haciendo frenos y herraduras para caballos; un día le pidieron fabricar un arma y, con el pago que recibió, compró el material suficiente para montar su propio taller de armería. Hoy fabrica cuchillos con diversos mangos, que es lo que le apasiona, además de fundas, navajas, dagas, cubiertos, cerrojos, canceles, picaportes, goznes, hebillas, aperos, así como herraduras y frenos para caballos. Cuando le preguntan qué tan filosos son los cuchillos que fabrica, responde: “Su filo es como de lengua de suegra”.

RELOJ DE ARENA

JosAi?? MarAi??a Morelos (539x640)31 de enero de 1812
Desde el pueblo de Tlalchapa, Ignacio López Rayón comunica a José María Morelos que le llegó el rumor de que entre sus tropas, viene un sujeto que se ignora su nombre, pero es grueso barrigón […], el cual tiene ofreciédole al virrey entregar al ejército. López Rayón admite que puede ser un ardid para desalentar a los insurgentes, pero prefiere advertírselo para que actúe con la cordura que le es propia. El comentario del jefe militar muestra su sentido del humor: Que no hay aquí otro barrigón que yo […]


19 de febrero de 1862

21Manuel Doblado, ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Benito Juárez, y el general Juan Prim, representante de las tropas de España, Francia y Gran Bretaña, se reúnen cerca del pueblo de La Soledad, al que marchan en el mismo coche, escoltados por 50 lanceros mexicanos. El periódico El Constitucional narró así el encuentro: el pueblo se agrupó para contemplar de cerca a esos individuos, tan poco conocidos como mal juzgados. Los señores se apearon en una casa de mampostería, situada a un costado de la iglesia […] tuvieron una larga y reservada conferencia […] interrumpida por el almuerzo. Terminado éste fueron a dar una vuelta hacia el puente mientras una charanga de caballería tocaba varios aires, y seguidamente volvieron a conferenciar con igual reserva, encerrados en un salón de té hasta las tres y media, en que el mismo coche acompañado por el jefe del estado mayor y otros individuos de la comitiva regresaron con el general Prim […]. El resultado alentaría a México, pues las potencias se obligaron a respetar su independencia, soberanía e integridad territorial, a cambio de permitir el avance de sus soldados a las poblaciones de Córdoba, Orizaba y Tehuacán.

2212 de marzo de 1912
Producto de las diferencias de opinión y una decepción extendida, varios jefes de la Revolución, asociados con la élite de Chihuahua inician un movimiento contra el gobierno de Madero, encabezados por Pascual Orozco. Se sustentan en el Pacto de la Empacadora, llamado así por haber sido firmado frente a la empacadora de carne (hoy planta procesadora de alimentos) de la capital del estado. Desconocía a Madero como presidente, y proclamaba adherirse a las propuestas sociales del Plan de Ayala. La revuelta, definida por algunos autores como contrarrevolución, fue derrotada por el ejército federal al mando de Victoriano Huerta.

31 de enero de 1962
La Organización de Estados Americanos (OEA) celebra su VIII Reunión de Consulta en un salón del hotel San Rafael, en Punta del Este, exclusivo centro turístico en el extremo norte de la desembocadura del río de la Plata, en Uruguay, a fin de considerar las amenazas a la paz continental y determinar las disposiciones necesarias. Allí la delegación mexicana encabezada por Manuel Tello, secretario de Relaciones Exteriores, se abstuvo de votar a favor de la exclusión de Cuba de la OEA, con el argumento de que tal medida no era jurídicamente posible sin la previa modificación de su Carta, que sólo estipulaba la baja o retiro voluntario de sus miembros.

DEL SECRETER DEL ABUELO

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