El Palacio de Correos, una joya del Centro Histórico

Graziella Altamirano Cozzi
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.

Declarado monumento artístico de la nación en 1987, la quinta casa de correos, como se le conoció en un principio, se erigió sobre un amplio terreno en el que estuvo el antiguo hospital de terceros de San Francisco.

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Edificio de Correos, Compañía Industrial Fotográfica,ca. 1922.

A las ocho de la noche del 17 de febrero de 1907, casi cinco años después de que fuera colocada la primera piedra, el nuevo Palacio de Correos fue solemnemente inaugurado por el presidente Porfirio Díaz, con el acto simbólico de depositar en flamantes buzones las tarjetas conmemorativas del evento, mientras se escuchaban las notas del Himno Nacional ejecutadas por la Orquesta del Conservatorio y ondeaban, como símbolo de paz y fraternidad, las banderas de las naciones que formaban la Unión Postal Universal.

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El nuevo edificio, también conocido como Quinta Casa de Correos, por ser la quinta sede del correo mexicano, respondía a la necesidad de contar con una oficina a la altura de otros países, y acorde con el proyecto de modernización y progreso que, al despuntar el siglo XX, pretendía colocar a la capital en un lugar preponderante con la construcción de grandes obras.

El diseño de la nueva casa para el sistema mexicano de correos fue encargado al italiano Adamo Boari, famoso arquitecto e ingeniero residente en México desde los últimos años del siglo XIX, y autor de otros diseños importantes como el Palacio de Bellas Artes, cuya construcción fue interrumpida por la revolución.

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Bajo la dirección del ingeniero militar Gonzalo Garita, la nueva obra, calificada en su época como uno de los edificios más notables por su amplitud y suntuosidad, fue edificada en un terreno de 3 730 metros cuadrados en lo que fuera el antiguo Hospital de Terceros de San Francisco, ubicado sobre el antiguo callejón de la Condesa y las calles de San Andrés y Santa Isabel, hoy Eje Central Lázaro Cárdenas, y Tacuba.

El estilo arquitectónico de este bello edificio ha sido calificado como ecléctico, con elementos que incluyen el gótico, el art nouveau, el barroco, el renacimiento italiano y el plateresco español. Al paso de los años se ha convertido en un símbolo conocido por algunos como la joya dorada del Centro Histórico, cuyo exterior está trabajado en cantera blanca de Pachuca y cuya fachada principal en pan-coupé cuenta con un chaflín en la esquina de delicada crestería y, en su último nivel, un reloj de factura alemana. El resto del exterior presenta diversos motivos ornamentales con figuras de dragones y gárgolas inspiradas en seres mitológicos, así como marquesinas, luminarias y herrería de bronce dorado.

Según reseñas de la época, el interior se diseñó con todos los progresos y confort del nuevo siglo, mostrando ostensiblemente las minuciosidades y detalles contemporáneos requeridos por un servicio tan importante, propio de las sociedades modernas. Destacaban los pasamanos de bronce italiano para la soberbia escalera de mármol mexicano del vestíbulo principal, el cual fue cubierto por un enorme domo de cristal emplomado, importado de Francia y montado en elegante armadura
metálica, así como la arquería interior del tercer piso, rematada por los escudos de los países que formaban parte de la Unión Postal Universal a comienzos del siglo XX.

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De igual manera, se anunciaba entonces que en la planta baja del majestuoso edificio el público podía circular libremente por las amplias galerías destinadas en su totalidad a las oficinas locales y contando, a toda hora, con cómodos pupitres y suficiente recado de escribir, bajo la vigilancia de empleados especiales a fin de que la gente inculta no fuera a deteriorar los muebles, ni a hacer mal uso de los útiles. Las diferentes secciones de esta planta eran Correspondencia, Giros, Impresos y Certificados, las cuales quedaban separadas por lujosos canceles de bronce soportados por un zócalo de mármol negro veteado con tableros de ónix verde. Se informaba, asimismo, que en los arquitrabes del primer cuerpo se podían leer las inscripciones que señalan las distintas etapas del servicio postal en México, desde 1580 hasta 1884 en que surgió el primer código postal.

Las galerías altas del edificio estuvieron destinadas a conservar y custodiar los archivos del ramo, clasificados por épocas y, desde el proyecto inicial, se contempló la instalación de un Museo Postal en el que se expusiera la colección de sellos de distintas épocas, así como diversos objetos, como el buzón más antiguo y las cornetas que en un tiempo sirvieron para anunciar la llegada y salida del correo.

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En la actualidad existe un mural mosaico hecho con unos 50 000 timbres con sellos de finales del siglo XIX y principios del XX. En el segundo piso se encuentra una exposición permanente de Cultura Postal y, en el último, la sede del Museo de Historia y Cultura Naval de la Secretaría de Marina, inaugurado en noviembre de 2004.

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