Retos de la diplomacia mexicana: la coyuntura del golpe de Estado en Chile en 1973

Silvia Dutrénit Bielous – Instituto Mora / Entrevista a Gonzalo Martínez Corbalá

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

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Este país austral de América Latina transitó entre 1970 y 1973 por la “vía chilena al socialismo”. Así se conoció la experiencia de gobierno de Salvador Allende. En una región con muy distintos acontecimientos y en un contexto internacional de guerra fría, Chile destacó por buscar un modelo de país radicalmente alternativo mediante los mecanismos de un régimen democrático. Fueron pocos años en los que el gobierno de Allende osciló entre cambios propuestos y ejercidos y ataques internos o externos. La experiencia socialista despertó simpatía y apoyo de numerosos gobiernos del mundo. Su caída, provocada por el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 encabezado por el general Augusto Pinochet, produjo una fuerte reacción y encono internacional; al mismo tiempo en Chile los allendistas enfrentaban una creciente represión.

Las circunstancias acaecidas en esos años y en especial a partir de 1973, obligaron a definiciones diplomáticas de otros estados. Chile obligó a enfrentar fuertes desafíos a los embajadores que tenían a su cargo la representación de diversos países. Como es natural, no todos reaccionaron de igual forma. México y su embajador, el ingeniero Gonzalo Martínez Corbalá, dejaron grabados algunos hechos dignos y solidarios en el respaldo a las instituciones sostenidas por el gobierno de Allende y a partir del 11 de septiembre, en la protección a los perseguidos políticos.

Fuentes de distinto orden contribuyen a recrear lo sucedido. En estas páginas se recurre al relato del principal protagonista: el embajador mexicano. En algunos momentos, sus recuerdos son acompañados de aquellos que compartió Isabel Allende, política y legisladora chilena, una de las hijas del presidente.

Silvia Dutrénit Bielous /Instituto Mora

El embajador mexicano en Chile, Gonzalo MartAi??nez Corbala presenta credenciales al presidente Salvador Allende el 1 de septiembre de 1972

Presentación de credenciales,
inicio de una actividad diplomática poco habitual

El embajador Martínez Corbalá llegó a Santiago a mediados de 1972 y el 1° de septiembre presentó credenciales. No era un diplomático de carrera y su nombramiento, como representante de México en Chile, era el primero que había recibido de ese tipo. Nada sencillas fueron las circunstancias en las que se estrenó como embajador.

A pesar de que ese momento inaugural en la diplomacia distó por algo más de un año de aquel en el que se instaló el golpe militar, Martínez Corbalá recuerda que:

[…] ya se había producido un “boche” como dicen los chilenos. Esa mañana todavía [la del 1° de septiembre de 1972 en la que presentó credenciales] se sentía en el ambiente el efecto de los gases lacrimógenos, de modo que ya había agitación y problemas en las calles de Santiago, nosotros vimos venir el problema desde mucho antes quizá que los propios chilenos, sino todos algunos. [El ambiente político que se vivía era] una suerte de indefinición acerca de las tres áreas de la economía, el área social, la mixta y la privada. En la constitución chilena solamente existía, y entiendo que hasta ahora es lo mismo, la definición del área privada, y no es el caso de México verdad, que como bien sabemos tenemos el artículo 27 de la Constitución de la República que establece la legitimidad de las tres áreas de la economía.

Allende había expropiado las empresas transnacionales del cobre, de las comunicaciones como lo era la ITT; se trataba de empresas estratégicas para la economía nacional y con la nacionalización se las ponía en manos de los trabajadores. No obstante, como lo recuerda el mismo embajador, “la propiedad no se transmitía, el Consejo de Administración permanecía como estaba constituido respetando los intereses de los dueños legales, digamos jurídicamente calificados”. Estas medidas y otras del programa de Allende desataron reacciones que hicieron del último año de su gobierno, un lapso muy agitado, de confrontación verbal y física en las calles.

28El embajador mexicano siguió de manera cercana lo que sucedía e incluso tuvo varios encuentros con el presidente Allende. Los une una relación amigable que también la tenía el presidente de México, Luis Echeverría Álvarez. Ello sin duda incidió en la privilegiada relación bilateral de ambos estados, en medio de acontecimientos que hacían insostenible la estabilidad institucional. Pero por sobre todo, México apoyó a quien luego sería depuesto porque en su tradicional política exterior:

…siempre estaba muy claro que no ha habido ningún embajador mexicano que participe nunca en una asonada, en un motín, en una conspiración, en una conjuración en contra de un presidente legítimo y democráticamente electo e instaurado. Y tan fue legítimo, y tan fue democrático, que Allende gana las elecciones por mayoría relativa y en cumplimiento de la Constitución chilena México no era ni en Chile entonces, ni en ningún otro país lo ha sido, quien iba a desconocer o a poner en duda una decisión del pueblo chileno sancionada por el propio Congreso… Nosotros estábamos pues con Allende– cuenta el embajador.

[…]

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PARA SABER MÁS:

  • Archivo Salvador Allende, 1908-1973 en http://www.marxists.org/espanol/allende/
  • Ana Buriano, Silvia Dutrénit Bielous y Guadalupe Rodríguez de Ita (coord.), Tras la memoria: el asilo diplomático en tiempos de la Operación Cóndor,A México, Instituto Mora/ICC-Gobierno del Distrito Federal, 2000.
  • Silvia Dutrénit, Carlos Hernández y Guadalupe Rodríguez de Ita, De dolor y esperanza. El asilo un pasado presente, México, Instituto Mora/Conacyt, 2002.
  • Gonzalo Martínez Corbalá, Instantes de decisión. Chile 1972-1973, México, Grijalbo,1998.
  • Eugenia Meyer y Eva Salgado, Un exilio en la memoria, México, UNAM-Océano, 2002.
  • * La batalla de Chile, Patricio Guzmán, dir., varios países,1972-1979.
  • * El clavel negro, Ulf Hultberg, dir., Suecia, 2007.