Cartas de un padre a su indeciso hijo y de un suegro a su mentecada nuera. De Matías Quintana a Andrés Quintana Roo y a Leona Vicario

Laura Machuca G.
CIESAS

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 11.

Matías Quintana, menos conocido por la historiografía nacional, fue padre del célebre Andrés Quintana Roo. Un acercamiento a su persona resulta de gran interés pues no sólo representa a ese tipo de hombre que debió debatirse entre el antiguo y el nuevo régimen, sino que además su actuación en Yucatán estuvo muy influenciada por las acciones de su hijo, a quien amaba entrañablemente, como se puede observar tanto en las cartas que anexamos como en una publicación que tuvo gran trascendencia: Clamores de la fidelidad americana contra la opresión.

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 21.44.30

Matías nació en Mérida el 24 de febrero de 1767 y contrajo nupcias con la campechana María Ana Roo. Tuvieron ocho hijos: Ana Guadalupe, Andrés, Tomás Domingo, Tomasa, María, Manuela, Josefa y María Ana, aunque sólo sobrevivieron los cinco primeros. Tomás Domingo fue cura y un activo hacendado y político local. Las hijas se casaron con personajes prominentes de la Península.

Si bien en Yucatán no hubo lucha armada, sí se vivió un choque ideológico entre los liberales, conocidos como sanjuanistas, y los rutineros, conservadores, aunque en realidad ninguno de los dos bandos desconoció al rey Fernando VII. De hecho, el único que llegó a dudar del rey fue precisamente Matías Quintana, al enterarse del destino tomado por su hijo. Matías se había unido al grupo sanjuanista desde sus inicios hacia 1805, cuando un grupo de vecinos del barrio de San Juan de Mérida se reunía en torno al capellán de la parroquia, Vicente María Veázquez. En 1812 el grupo encontró su punto de cohesión alrededor de la constitución de Cádiz, cuyos preceptos se volvieron su credo.

Matías no hizo estudios profesionales o académicos, pero le gustaba escribir. Su padre Gregorio, un español de la Coruña, había sido comerciante y Matías siguió por el mismo camino. Apenas hizo una educación básica y después se consagró a trabajar con su padre. Entre los dos crearon la compañía Quintana e Hijo y establecieron una tienda llamada Conejo. Ni siquiera hay evidencia de que Matías haya pasado por el seminario, de ahí quizá que se preocupara tanto por la educación de su hijo mayor. Además ocupó puestos en la administración regional, tuvo haciendas y fungió como prestamista. Sin duda tenía bastante solvencia económica. Cabe resaltar que contadas familias yucatecas podían costear estudios de sus hijos fuera, como él lo hizo con Andrés.

Para sus actividades comerciales Matías tenía apoderados en diversos lugares: Madrid, Habana, México. De hecho se tiene evidencia que en esta última ciudad, Agustín Pomposo Fernández de San Salvador, tío de Leona Vicario, había fungido como apoderado de la compañía Quintana e hijo. Se debe recordar que Andrés, después de hacer estudios en el Seminario conciliar de Mérida, se fue a estudiar leyes a la Universidad de México a donde llegó en el segundo semestre de 1808, justo poco después de la destitución del virrey Iturrigaray. Lo primero que hizo fue validar los estudios hechos en Mérida y obtuvo así el grado de bachiller en artes el 11 de enero de 1809 y en cánones el 21 del mismo mes y año, en la Universidad Real y Pontificia de México. Al mismo tiempo se integró en el despacho del licenciado Agustín Pomposo Fernández de San Salvador. Fue ahí donde conoció a Leona y se enamoró a pesar de que ella ya estaba comprometida. Así empezó el noviazgo a escondidas del tío, pues cuando por fin la pidió en matrimonio, aquél le negó la mano con el pretexto del prometido. Andrés sí puso al corriente a su padre y le pidió permiso para casarse.

Las cartas que presentamos fueran escritas por Matías del 22 de agosto al 7 de noviembre de 1812. Se trata de un periodo de transición en Yucatán, pues aunque la constitución de Cádiz ya había sido promulgada desde el 11 de marzo y que el diputado yucateco a las Cortes, Miguel González Lastiri, en cuanto pudo regresó y la dio a conocer en Yucatán, el documento causó tanto impacto que las autoridades retrasaron su publicación hasta el 8 de octubre. En las cartas de Quintana se observa la preocupación porque la Constitución se plantificara de una vez.

Se nota la gran desesperación del padre por no recibir noticias del hijo desde mayo de 1812. Justo en julio, Andrés se fue a presentar a Tlalpujahua, Michoacán, luego en Zitácuaro se puso a las órdenes de Ignacio Rayón. Don Matías en sus cartas pide al hijo que regrese a su hogar y que deje a su novia que le quita el tiempo. Al parecer, Matías ya había dado su consentimiento para el matrimonio desde principios de 1812 y no había recibido más noticias. A Leona la ve con muy malos ojos, incluso la trata de “inconsiderada”, “débil” , “mentecata”, e “irresoluta” . Como hombre de su época, Matías no pensó en la verdadera lucha interna que libraba Leona, por un lado, para no decepcionar a su tío, pero por el otro, para apoyar una causa en la que creía, a la cual finalmente se entregó. Para Leona no fue fácil la ida de Andrés, y desde su casa colaboró con el movimiento, sirviendo de enlace entre distintos insurgentes, comprando armas con su dinero y enviándolas a su destino, además de dinero, ropa y medicinas. Como no fue tan discreta en sus movimientos fue descubierta. Leona resultó ser más decidida de lo que su yerno creía y en marzo de 1813 simplemente huyó, aunque con Andrés no se vería sino hasta meses después. En cuanto a Matías su actitud le valió ser encarcelado en San Juan de Ulóa de 1814 a 1817, junto a sus compañeros Francisco Bates y Lorenzo de Zavala. Una vez obtenida la independencia marchó a México como diputado por Yucatán y nunca más regresó.

Correspondencia emitida por Josef Matías Quintana, vecino de Mérida, a su hijo el Licenciado Andrés Quintana y Roo, Abogado de la Real Audiencia, y a su prometida Maráa de la Soledad Vicario.

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 21.42.43

Cartas de Don Matías Quintana vecino de Mérida, a su hijo don Andrés que existe con Morelos.

Mérida y agosto 22 de 1812.

Mi amada Leoncita. Por mis anteriores habrás visto que di la licencia a Andrés solamente por no desairarte ni faltarte al honor debido de tu notorio merito. Pero el espacio de más de ocho meses y la necesidad en que me hallo de concluir este negocio, me hace suplicarte decidir con firmeza si te casas con él, o de no decirle que se ponga en camino en un mes después de recibida ésta porque yo no puedo tolerar que ni tú ni él están indecisos en negocios en que al momento deben concluirse. Yo en este concepto di la licencia y no puedo sufrir que ni tú ni él sean el objeto de las hablillas de ese pueblo de que está corrido tu afectuosísimo servidor que te ama.

Josef Mathías Quintana [rúbrica]

Mérida y agosto 29 de 1812.

Amado hijo Andrés. Hasta 24 de mayo te dije que tuve carta tuya. Para mí tan plausible como que por ella te miraba fiel a la constitución de la monarquía española. Prescinde de los dicterios de los Rutineros y sí simplemente virtuoso y leal a la patria.

No llevo a gusto por ningún pretexto que sigas con la bobera del casamiento. Si di mi consentimiento fue nada más que por no desairar a Leoncita. Pero ya que la debilidad de ésta la hace respetar más las preocupaciones de su tío y a su mismo honor, ya que no tiene talento para conocer su vituperio en el negocio de mayor importancia para una mujer, yo no puedo autorizar el escándalo con mi consentimiento y tu luego, luego trasladándole este capítulo le dirás que te vienes en un mes a más tardar que tu padre tan celoso del honor de sus hijos, como de las personas que los favorecen con su estimación no puede sufrir que sean el objeto de la sátira y de la murmuración y sin más avío que el mío preciso, te pondrás en camino luego, luego, como lo espera de tu filial obediencia tu padre que te ama y bendice.

Josef Mathías

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.