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Carta desde Nuevo MAi??xico. Alexander B. Dyer

Gerardo AlcalA? Dyer /Ai??Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAMAi??

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Alexander B. Dyer

A menos de un aAi??o de la declaraciA?n de guerra contra MAi??xico por parte del Congreso de Estados Unidos, tuvo lugar la ocupaciA?n de las provincias del noroeste de MAi??xico por este paAi??s: Nuevo MAi??xico y California, en los primeros meses de 1847. El mando del ejAi??rcito que invadirAi??a la primera fue confiado al general Stephen Watts Kearny, un veterano que se habAi??a distinguido en la guerra de 1812 contra Gran BretaAi??a. Como medida preparatoria para su avance hacia territorio mexicano, Kearny publicA? una proclama el 22 de agosto de 1846, anunciando su intenciA?n de buscar la alianza con, y mejorar la condiciA?n de sus habitantes. Ai??stos eran una mezcla seudo civilizada de espaAi??oles e indios, en ese entonces bajo la completa influencia de Manuel Armijo, el gobernador de Nuevo MAi??xico, quien habAi??a reunido una fuerza compuesta por indios y unos cuantos soldados regulares, en un caAi??A?n cercano a la capital, Santa Fe, para detener el avance del enemigo. Sin embargo, no llegA? a dar la batalla pues el miedo lo dominA? y huyA? de manera precipitada, dejando a la provincia desprotegida ante la invasiA?n.Ai??

Sin hallar resistencia alguna, Kearny tomA? posesiA?n de Santa Fe el 15 de agosto. ErigiA? allAi?? un fuerte para una guarniciA?n de 250 hombres y estableciA? un gobierno civil semejante al de los territorios de Estados Unidos. Fue asAi?? que, en un periodo de 100 dAi??as, se las habAi??a arreglado para reunir y organizar a sus tropas, marchado 1,600 km, adquirido una nueva posesiA?n y establecido en ella el gobierno estadunidense. MAi??xico, en cambio, habAi??a perdido un territorio. Kearney se dirigiA? despuAi??s hacia California.Ai??

Todo pareciA? continuar armoniosamente en Nuevo MAi??xico hasta el 15 de diciembre, cuando el coronel Sterling Price, quien estaba al mando, recibiA? informes de una prA?xima insurrecciA?n, la cualAi??en efecto estallA? el 14 de enero de 1847. Congregando sus fuerzas con rapidez, Price partiA? al valle de Taos con 350 efectivos, y el 24 rastreA? y encontrA? a 1,500 insurgentes cerca del pueblo de Santa Cruz de la CaAi??ada. Poco despuAi??s, con el refuerzo de los dragones del capitA?n John Burgwin, marchA? a travAi??s de pasos escabrosos y profundas capas de nieve rumbo al pueblo de Taos, el cual tomA? por asalto el 14 de febrero con una cuantiosa baja de mexicanos.Ai??

La siguiente carta de Alexander Brydie Dyer, en ese entonces teniente de artillerAi??a del ejAi??rcito invasor, nos ilustra, entre otros aspectos, acerca del pensamiento de un soldado estadunidense situado en Nuevo MAi??xico respecto a la guerra, asAi?? como sobre los sucesos ocurridos en las semanas posteriores a la toma del pueblo de Taos, y la represiA?n del complot para acabar con los invasores. Nos brinda tambiAi??n detalles acerca de los ataques que las tribus indAi??genas de Nuevo MAi??xico emprendAi??an contra los convoyes militares y cA?mo su relaciA?n con las nuevas autoridades estadunidenses se tornaba cada vez mA?s tensa. A lo largo de la carta, Dyer puso Ai??nfasis en la disciplina y la superioridad del ejAi??rcito al que pertenecAi??a, en comparaciA?n con el ejAi??rcito enemigo. En esta carta, asAi?? como en otros escritos que elaborA? durante su estancia en Nuevo MAi??xico, califica a los mexicanos de ignorantes y pobres diablos, considerando que no merecAi??an el privilegio de convertirse en ciudadanos estadunidenses. Se hacAi??a vocero, de esta manera, de la ideologAi??a del ai???Destino manifiestoai???, que veAi??a a las poblaciones al sur del rAi??o Bravo como racial y culturalmente inferiores.

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A?QuiAi??n era el autor de esta carta? Alexander Brydie Dyer naciA? el 10 de enero de 1815, en Richmond, Virginia. A temprana edad habAi??a adquirido una buena educaciA?n primaria, sentando asAi?? bases formativas que le servirAi??an en el futuro. A los 18 aAi??os de edad, apoyado por el general William H. Ashley, un integrante del Congreso por parte del estado de Missouri, Dyer fue designado cadete, y el 1A? de julio de 1833 ingresA? a la Academia Militar de West Point, en la cual se graduA? aAi??os mA?s tarde como sexto de su clase. El 1A? de julio de 1837 fue promovido al rango de teniente segundo en el tercer regimiento de artillerAi??a, con el que desempeAi??A? labores en el Fuerte Monroe, Virginia, y durante la segunda guerra contra los indios seminolas en Florida. A partir de la ampliaciA?n del Departamento de Ordenanza, el 9 de julio de 1838 fue transferido a Ai??l, y desempeAi??A? labores en varios arsenales hasta los aAi??os de la guerra con MAi??xico. En este conflicto no tuvo la suerte de servir bajo las A?rdenes de los generales Zachary Taylor o Winfield Scott, en cualquiera de las grandes lAi??neas de invasiA?n. Asignado a una esfera de menor actividad militar, fue en cierto modo recompensado, a pesar de ser apenas teniente segundo, con el nombramiento de jefe de Ordenanza del ejAi??rcito que ocupA? Nuevo MAi??xico. Al aceptar este cargo, Dyer asumiA? la responsabilidad de garantizar el abastecimiento de armas y municiones para las tropas de ocupaciA?n. A. B. Dyer demostrA? tal energAi??a, fervor y habilidad en el manejo de la artillerAi??a que el 16 de marzo de 1848, cuando el conflicto aA?n no se habAi??a terminado, fue ascendido al grado de capitA?n, por su valiente y meritoria conducta.

Trece aAi??os despuAi??s de la salida de las tropas invasoras de la repA?blica mexicana y, ante la amenaza de secesiA?n por parte de los estados del Sur, se vio obligado a elegir entre la ConfederaciA?n y la UniA?n. A pesar de haber nacido en Virginia, un estado sureAi??o, no dudA? en jurar lealtad a la segunda. No le fue fA?cil pues, en un principio, fue calumniado por su origen. Sin embargo, todas las calumnias y las sospechas cedieron ante la incansable industria y la eficiencia que Dyer demostrA? en todos los departamentos que tuvo bajo su mando. AsAi??, el 21 de agosto de 1861 el Congreso no encontrA? razones para no otorgar a un sureAi??o el mando de la ArmerAi??a de Springfield, Massachussetts, en ese entonces uno de los mA?s importantes centros de producciA?n armamentAi??stica de Estados Unidos. El modo en como desempeAi??ara tal cargo determinarAi??a en gran medida el triunfo o la derrota de la UniA?n. No decepcionA? a la A?ltima, pues mientras sirviA? como superintendente de la ArmerAi??a, sus instalaciones se ampliaron y la calidad del personal mejorA? notablemente. Estos aspectos se vieron reflejados en la producciA?n, que se cuadruplicA? a mil rifles por dAi??a. DesempeAi??A? el cargo hasta el 12 de septiembre de 1864, dAi??a en que, con el rango de general brigadier, fue nombrado jefe del departamento de Ordenanza a nivel federal, con la responsabilidad de supervisar la producciA?n y distribuciA?n de armamento, asAi?? como la modernizaciA?n de las instalaciones para el aumento de la producciA?n de armas cortas y municiones. Al tAi??rmino de sus labores en Springfield, 3 mil oficiales y empleados le otorgaron como felicitaciA?n por haber sido promovido a jefe de su departamento una charola de plata de 82×50 cm, con una imagen grabada de la ArmerAi??a.Ai??

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El 13 de marzo de 1865, un mes antes de ser asesinado, el presidente Lincoln, quien lo estimaba grandemente, le confiriA? el rango de general de divisiA?n del ejAi??rcito de Estados Unidos, por sus fieles, meritorios y distinguidos servicios en el departamento de Ordenanza durante la guerra civil, cargo que desempeAi??A? hasta su muerte, el 20 de mayo de 1874. Dyer fue inhumado en el Cementerio Nacional de Arlington, Virginia. Yacen en la misma tumba su esposa, Elizabeth Allen Dyer y 4 de sus 6 hijos.Ai??

La carta que sigue, dirigida por Dyer al coronel George H. Talcott, se localiza en la secciA?n de Documentos Familiares (colecciA?n 2087), en la DivisiA?n de Manuscritos y Colecciones Raras de la biblioteca de la Universidad de Cornell, en Nueva York.Ai??

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Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

 

El chocolate en MAi??xico durante los siglos XIX y XX

Marcela Meza RodrAi??guez

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 11.

No hay duda que el sabor del chocolate, en sus muy distintas formas, es uno de los favoritos de muchos paladares. Su origen, sobre todo el cacao ai??i??el fruto originalai??i??, se sitA?a en tierras americanas y su industrializaciA?n a partir de la segunda mitad del siglo XIX, sobre todo, en el Viejo Mundo. Ahora bien, A?cA?mo se desarrollA? y transformA? el consumo y la manufactura del chocolate en nuestro paAi??s?

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 21.50.05El cacao tuvo suma importancia para los mesoamericanos, tanto en el aspecto econA?mico como en el alimenticio pues por una parte les servAi??a de moneda y por otra para hacer chocolate, bebida que resultaba muy nutritiva. Se le veAi??a como un regalo divino y se destinaba a los gobernantes, aunque tambiAi??n el comA?n de la poblaciA?n lo consumAi??a.

Los espaAi??oles se percataron pronto de su importancia y se apropiaron de su cultivo. Durante la Colonia, la gran demanda propiciA? una producciA?n muy alta; muchas actividades comerciales giraron en torno suyo, convirtiAi??ndolo en un gran negocio y en parte esencial de la vida econA?mica de distintas regiones, ademA?s de ser alimento de primera necesidad y bebida tAi??pica consumida por todas las cases sociales. VariA? un poco la manera de prepararlo respecto a la Ai??poca prehispA?nica: el cacao se siguiA? moliendo en el metate, pero con otros ingredientes como canela, almendras, anAi??s y algA?n endulzante, para una vez molido y mezclado hacer barras o bolitas, que despuAi??s se disolvAi??an en agua o leche con ayuda de un molinillo.

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DespuAi??s de la guerra de Independencia y a lo largo del siglo XIX, el chocolate no dejA? de ser la bebida mA?s popular de MAi??xico. Si bien por influencia europea se impuso en la reposterAi??a y empezA? a rivalizar con el cafAi??, no tuvo aA?n un rival digno como reconfortante, digestivo y estimulante.

Los talleres para elaborar el chocolate en forma artesanal existAi??an desde el siglo XVIII. Las mA?quinas llegaron en el siglo XIX, lo que ayudA? a aumentar y a la vez reducir sus precios. La industrializaciA?n fue lenta debido, seguramente, a que una poblaciA?n experta en el proceso del chocolate (compra, elaboraciA?n y consumo) y apegada a Ai??l de modo muy personal se resistiA? a delegarlo en manos de otros. AsAi??, aunque casi toda la producciA?n llegA? a mecanizarse, sobrevivieron los talleres tradicionales que fueron la alternativa para un pA?blico tradicional. El chocolate continuA? durante mucho tiempo preparA?ndose y saboreA?ndose en casa, por mA?s que la apertura de numerosos cafAi??s ofreciA? la posibilidad de degustarlo en espacios pA?blicos.

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Se ignora cuA?ndo se fundA? laAi??primera fA?brica de chocolate en el paAi??s, pero se sabe que la llamada Diego Moreno y CompaAi??Ai??a estaba asentada en 1841 en la ciudad de MAi??xico. AquAi?? y en provincia la sucedieron otras entre 1860 y 1880, de gran capacidad, como La Concha y La Norma. Para 1900 habAi??a unas quince tan sA?lo en el Distrito Federal y habAi??a mA?s en los estados de QuerAi??taro, San Luis PotosAi??, Tabasco y Durango. Las primeras fA?bricas de golosinas de chocolate, fundadasAi??por europeos y en las que los mexicanos participaron no surgirAi??an sino despuAi??s de 1890.

La manufactura del chocolate sufrirAi??a altibajos por el alza en el precio internacional del cacao en el siglo XX, en especial en la segunda mitad. Ante la competencia del cafAi??, ademA?s del cacao africano, el gobierno federal tomA? distintas medidas para mejorar los cultivos y aumentarlos. Esto ha permitido que MAi??xico tenga un lugar importante como productor. Desde luego, la industrializaciA?n y la concentraciA?n de la vida en las ciudades han modificado las formas de consumo; el uso de nuevas tecnologAi??as hizo posible la fabricaciA?n de todo tipo de variantes: el chocolate soluble y mA?ltiples dulces, pero el Ai??xito creciente del cafAi??, el tAi??, los jugos frutales y las bebidas alcohA?licas lo desplazaron de las mesas y la preferencia del mexicano. Con todo, la publicidad de las empresas chocolateras le ha generado un gran impulso.

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El empleo del chocolate varAi??a de acuerdo con las clases sociales: en el espacio urbano, el chocolate de mesa ha desaparecido casi por completo del consumo cotidiano, si bien se le retiene como golosina, mientras que en algunos estados tiene una mayor presencia como bebida tradicional o incluso tAi??pica ai??i??como en Oaxaca para su tradicional ai???chocolate con panai???ai??i?? . El cacao posee todavAi??a, en algunas comunidades indAi??genas, el valor de moneda o de material simbA?lico de intercambio.

La transformaciA?n de las formas de producciA?n y consumo del chocolate ha influido en un cambio de su significado. La bebida que en el pasado fue perfecta para la relajaciA?n, el reposo, la digestiA?n y el convite es hoy una golosina, un regalo, un portador de calorAi??as y energAi??a, ademA?s de un medio para expresar buenos deseos e incluso amor.

Cartas de un padre a su indeciso hijo y de un suegro a su mentecada nuera. De MatAi??as Quintana a AndrAi??s Quintana Roo y a Leona Vicario

Laura Machuca G.
CIESAS

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 11.

MatAi??as Quintana, menos conocido por la historiografAi??a nacional, fue padre del cAi??lebre AndrAi??s Quintana Roo. Un acercamiento a su persona resulta de gran interAi??s pues no sA?lo representa a ese tipo de hombre que debiA? debatirse entre el antiguo y el nuevo rAi??gimen, sino que ademA?s su actuaciA?n en YucatA?n estuvo muy influenciada por las acciones de su hijo, a quien amaba entraAi??ablemente, como se puede observar tanto en las cartas que anexamos como en una publicaciA?n que tuvo gran trascendencia: Clamores de la fidelidad americana contra la opresiA?n.

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MatAi??as naciA? en MAi??rida el 24 de febrero de 1767 y contrajo nupcias con la campechana MarAi??a Ana Roo. Tuvieron ocho hijos: Ana Guadalupe, AndrAi??s, TomA?s Domingo, Tomasa, MarAi??a, Manuela, Josefa y MarAi??a Ana, aunque sA?lo sobrevivieron los cinco primeros.TomA?s Domingo fue cura y un activo hacendado y polAi??tico local. Las hijas se casaron con personajes prominentes de la PenAi??nsula.Ai??

Si bien en YucatA?n no hubo lucha armada, sAi?? se viviA? un choque ideolA?gico entre los liberales, conocidos como sanjuanistas, y los rutineros, conservadores, aunque en realidad ninguno de los dos bandos desconociA? al rey Fernando VII. De hecho, el A?nico que llegA? a dudar del rey fue precisamente MatAi??as Quintana, al enterarse del destino tomado por su hijo. MatAi??as se habAi??a unido al grupo sanjuanista desde sus inicios hacia 1805, cuando un grupo de vecinos del barrio de San Juan de MAi??rida se reunAi??a en torno al capellA?n de la parroquia, Vicente MarAi??a VelA?zquez. En 1812 el grupo encontrA? su punto de cohesiA?n alrededor de la constituciA?n de CA?diz, cuyos preceptos se volvieron su credo.

MatAi??as no hizo estudios profesionales o acadAi??micos, pero le gustaba escribir. Su padre Gregorio, un espaAi??ol de la CoruAi??a, habAi??a sido comerciante y MatAi??as siguiA? por el mismo camino. Apenas hizo una educaciA?n bA?sica y despuAi??s se consagrA? a trabajar con su padre. Entre los dos crearon la compaAi??Ai??a Quintana e Hijo y establecieron una tienda llamada Conejo.Ai??Ni siquiera hay evidencia de que MatAi??as haya pasado por el seminario, de ahAi?? quizA? que se preocupara tanto por la educaciA?n de su hijoAi??mayor. AdemA?s ocupA? puestos en la administraciA?n regional, tuvo haciendas y fungiA? como prestamista. Sin duda tenAi??a bastante solvencia econA?mica. Cabe resaltar que contadas familias yucatecas podAi??an costear estudios de sus hijos fuera, como Ai??l lo hizo con AndrAi??s.

Para sus actividades comerciales MatAi??as tenAi??a apoderados en diversos lugares: Madrid, Habana, MAi??xico. De hecho se tiene evidencia que en esta A?ltima ciudad, AgustAi??n Pomposo FernA?ndez de San Salvador, tAi??o de Leona Vicario, habAi??a fungido como apoderado de la compaAi??Ai??a Quintana e hijo. Se debe recordar que AndrAi??s, despuAi??s de hacer estudios en el Seminario conciliar de MAi??rida, se fue a estudiar leyes a la Universidad de MAi??xico a donde llegA? en el segundo semestre de 1808, justo poco despuAi??s de la destituciA?n del virrey Iturrigaray. Lo primero que hizo fue validar los estudios hechos en MAi??rida y obtuvo asAi?? el grado de bachiller en artes el 11 de enero de 1809 y en cA?nones el 21 del mismo mes y aAi??o, en la Universidad Real y Pontificia de MAi??xico. Al mismo tiempo se integrA? en el despacho del licenciado AgustAi??n Pomposo FernA?ndez de San Salvador. Fue ahAi?? donde conociA? a Leona y se enamorA? a pesar de que ella ya estaba comprometida. AsAi?? empezA? el noviazgo a escondidas del tAi??o, pues cuando por fin la pidiA? en matrimonio, aquAi??l le negA? la mano con el pretexto del prometido. AndrAi??s sAi?? puso al corriente a su padre y le pidiA? permiso para casarse.

Las cartas que presentamos fueran escritas por MatAi??as del 22 de agosto al 7 de noviembre de 1812. Se trata de un periodo de transiciA?n en YucatA?n, pues aunque la constituciA?n de CA?diz ya habAi??a sido promulgada desde el 11 de marzo y que el diputado yucateco a las Cortes, Miguel GonzA?lez Lastiri, en cuanto pudo regresA? y la dio a conocer en YucatA?n, el documento causA? tanto impacto que las autoridades retrasaron su publicaciA?n hasta el 8 de octubre. En las cartas de Quintana se observa la preocupaciA?n porque la ConstituciA?n se plantificara de una vez.

Se nota la gran desesperaciA?n del padre por no recibir noticias del hijo desde mayo de 1812. Justo en julio, AndrAi??s se fue a presentar a Tlalpujahua, MichoacA?n, luego en ZitA?cuaro se puso a las A?rdenes de Ignacio RayA?n. Don MatAi??as en sus cartas pide al hijo que regrese a su hogar y que deje a su novia que le quita el tiempo. Al parecer, MatAi??as ya habAi??a dado su consentimiento para el matrimonio desde principios de 1812 y no habAi??a recibido mA?s noticias. A Leona la ve con muy malos ojos, incluso la trata de ai???inconsideradaai??? , ai???dAi??bilai??? , ai???mentecataai??? , e ai???irresolutaai??? . Como hombre de su Ai??poca, MatAi??as no pensA? en la verdadera lucha interna que libraba Leona, por un lado, para no decepcionar a su tAi??o, pero por el otro, para apoyar una causa en la que creAi??a, a la cual finalmente se entregA?. Para Leona no fue fA?cil la ida de AndrAi??s, y desde su casa colaborA? con el movimiento, sirviendo de enlace entre distintos insurgentes, comprando armas con su dinero y enviA?ndolas a su destino, ademA?s de dinero, ropa y medicinas. Como no fue tan discreta en sus movimientos fue descubierta. Leona resultA? ser mA?s decidida de lo que su yerno creAi??a y en marzo de 1813 simplemente huyA?, aunque con AndrAi??s no se verAi??a sino hasta meses despuAi??s. En cuanto a MatAi??as su actitud le valiA? ser encarcelado en San Juan de UlA?a de 1814 a 1817, junto a sus compaAi??eros Francisco Bates y Lorenzo de Zavala. Una vez obtenida la independencia marchA? a MAi??xico como diputado por YucatA?n y nunca mA?s regresA?.Ai??

Correspondencia emitida por Josef MatAi??as Quintana, vecino de MAi??rida, a su hijo el Licenciado AndrAi??s Quintana y Roo, Abogado de la Real Audiencia, y a su prometida MarAi??a de la Soledad Vicario.

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Cartas de Don MatAi??as Quintana vecino de MAi??rida, a su hijo don AndrAi??s que existe con Morelos.Ai??

MAi??rida y agosto 22 de 1812.

Mi amada Leoncita. Por mis anteriores habrA?s visto que di la licencia a AndrAi??s solamente por no desairarte ni faltarte al honor debido de tu notorio merito. Pero el espacio de mA?s de ocho meses y la necesidad en que me hallo de concluir este negocio, me hace suplicarte decidir con firmeza si te casas con Ai??l, o de no decirle que se ponga en camino en un mes despuAi??s de recibida Ai??sta porque yo no puedo tolerar que ni tA? ni Ai??l estAi??n indecisos en negocios en que al momento deben concluirse. Yo en este concepto di la licencia y no puedo sufrir que ni tA? ni Ai??l sean el objeto de las hablillas de ese pueblo de que estA? corrido tu afectuosAi??simo servidor que te ama. Josef MathAi??as Quintana [rA?brica]

MAi??rida y agosto 29 de 1812.

Amado hijo AndrAi??s. Hasta 24 de mayo te dije que tuve carta tuya. Para mAi?? tan plausible como que por ella te miraba fiel a la constituciA?n de la monarquAi??a espaAi??ola. Prescinde de los dicterios de los Rutineros y sAi?? simplemente virtuoso y leal a la patria.

No llevo a gusto por ningA?n pretexto que sigas con la bobera del casamiento. Si di mi consentimiento fue nada mA?s que por no desairar a Leoncita. Pero ya que la debilidad de Ai??sta la hace respetar mA?s las preocupaciones de su tAi??o y a su mismo honor, ya que no tiene talento para conocer su vituperio en el negocio de mayor importancia para una mujer, yo no puedo autorizar el escA?ndalo con mi consentimiento y tu luego,Ai??luego trasladA?ndole este capAi??tulo le dirA?s que te vienes en un mes a mA?s tardar que tu padre tan celoso del honor de sus hijos, como de las personas que los favorecen con su estimaciA?n no puede sufrir que sean el objeto de la sA?tira y de la murmuraciA?n y sin mA?s avAi??o que el mAi??o preciso, te pondrA?s en camino luego, luego, como lo espera de tu filial obediencia tu padre que te ama y bendice.

Josef MathAi??as

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El ZA?calo de la ciudad de MAi??xico en los siglos XIX y XX

BiCentenario #18

Tania Santa Anna Saucedo / Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM

A?QuAi?? citadino no ha caminado por el ZA?calo capitalino?, A?quiAi??n no lo ha visto por lo menos en fotografAi??as o televisiA?n? Aunque su magnitud se puede ver opacada por la belleza de la Catedral metropolitana o la seriedad del Palacio Nacional, allAi?? estA?, siempre presente. AsAi?? lo escribiA? Madame CalderA?n de la Barca en La vida en MAi??xico: ai???Hice mi debut en MAi??xico yendo a misa a la Catedralai??i?? Pasamos por la calle de San Francisco [hoy Madero], la calle mA?s hermosa de MAi??xico, tanto por sus tiendas como por sus casas (entre ellas, el Palacio de Iturbide, ricamente labrado, pero ahora casi en ruinas), y que termina en la Plaza en donde se levantan la Catedral y el Palacioai???.

Todos tenemos en la mente la imagen de esa enorme plaza, donde en medio ondea la bandera de MAi??xico en una enorme asta, pero A?cuA?ntos conocemos su historia? Por ejemplo, que su nombre oficial es Plaza de la ConstituciA?n, y recibiA? este nombre a finales del virreinato, porque ahAi?? se jurA? la ConstituciA?n de CA?diz de 1812 en la Nueva EspaAi??a de 1813. Antes era llamada Plaza de Armas, Plaza Principal o Plaza Mayor.

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De hecho, su origen se remonta a la Ai??poca prehispA?nica, cuando era el lugar donde se realizaban las ceremonias religiosas, ya que los palacios donde habitaban los gobernantes y los templos dedicados a los diferentes dioses se encontraban a su alrededor. MA?s tarde, cuando llegaron los espaAi??oles, utilizaron esos mismos sitios para construir los edificios que representarAi??an al poder polAi??tico, civil y religioso.

A fin de conmemorar en 1843 la Independencia de MAi??xico, Antonio LA?pez de Santa Anna convocA? a un concurso para erigir una columna conmemorativa en el centro de la plaza. El ganador fue Lorenzo de la Hidalga, quienAi??ordenA? construir primero el zA?calo, es decir la base donde iba a ser colocada la futura columna. El monumento nunca fue construido y el ZA?calo siguiA? allAi?? por tantos aAi??os que los habitantes de la ciudad comenzaron a utilizar la palabra para referirse a la Plaza Mayor.

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El emperador Maximiliano retomarAi??a este proyecto encomendando a RamA?n RodrAi??guez Arangoity la remodelaciA?n del ZA?calo, lo cual incluAi??a la construcciA?n de la columna monumental del proyecto original de De la Hidalga. La columna estarAi??a rodeada con esculturas de los hAi??roes de la Independencia y coronada con una gran figura alada. Sin embargo, al ver los planos, el emperador decidiA? que en vez de una figura alada se pusiera el A?guila imperial rompiendo una cadena y remontando el vuelo; sus planes tambiAi??n quedaron inconclusos por la caAi??da del Imperio y su fusilamiento.

Poco antes, en 1866, el alcalde municipal Ignacio Trigueros habAi??a mandado a hacer los jardines de la plaza, en vista de que los citadinos tenAi??an el hA?bito de reunirse allAi??. Se plantaron A?rboles, colocaron bancas de hierro y construyeron fuentes y para dar seguridad a los paseantes, se pusieron lA?mparas de hidrA?geno. AAi??os despuAi??s, en 1878, se instalarAi??a un kiosco de hierro en el centro ai??i??hecho en ParAi??s y regalo al ayuntamiento de Antonio EscandA?nai??i??, a fin de que orquestas y bandas alegraran a los paseantes. En el Porfiriato hubo otro kiosco mA?s pequeAi??o, colocado por las empresas de tranvAi??as y desde el cual ellas ofrecAi??an sus servicios.

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Durante la Decena TrA?gica (en 1913), al ser bombardeado el Palacio Nacional, los jardines del ZA?calo fueron daAi??ados, por lo que al aAi??o siguiente se retiraron los fresnos; tambiAi??n se cambiA? la estructura trazando nuevos caminos entre las A?reas verdes, ademA?s de que en cada esquina de la plaza se plantA? una palmera.

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Los jardines permanecerAi??an allAi?? hasta 1952, cuando fueron totalmente retirados. La plaza se quedA? vacAi??a, como una gran explanada, en la que aAi??os mA?s tarde se colocA? la imponente asta bandera que todos conocemos.

SuscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

El 20 de noviembre en el siglo XX y el XXI

Julián González de León Heiblum / Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

BiCentenario #10

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 16.22.32El primer aniversario de la Revolución iniciada el 20 de noviembre de 1910 no tuvo grandes festejos, aunque sí se aclamó al nuevo presidente Francisco I. Madero y al movimiento triunfador. No fue sino hasta 1912 que hubo una ceremonia oficial, con un banquete en Palacio Nacional en el que los invitados eran sobre todo parte de los tres poderes y hubo discursos apologistas. El momento clímax fue la alocución presidencial sobre la justicia, la ley y la libertad.

La crisis económica, entre otros factores, impidió los festejos muy elaborados para ese día, pero había funciones especiales de cine, teatro, música y oratoria, promovidas por la Asociación pro-Madero.

El Comité Oficial de Conmemoracione Patrias se hizo cargo de la celebración durante el gobierno de Álvaro Obregón (1920-1924), pero no fue sino hasta 1929, con el presidente Emilio Portes Gil, que tuvo mayores dimensiones. Se inauguró el Campo Deportivo Militar, aprovechando un festival preparado por la secretaría de Guerra y Marina, con entrega de medallas y concurso de carros alegóricos que sobre todo representaban los deportes propios de los militares, como polo, equitación natación y otros.

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 16.24.03Desfiles deportivos y militares cruzaron el centro de la capital hacia Palacio Nacional en los siguientes años y por varios sexenios, el presidente participaba con discursos cortos y/o rituales patrióticos. A partir de que se decretó en 1946 como fiesta nacional, brigadas de deportistas representaron a las instituciones de gobierno, educación y militares; asociaciones deportivas y laborales y grupos extranjeros en los carros. La cifra de participantes creció con los años; de 8,000 en 1930 pasó a 50,000 en 1934. Luego varió el número, siendo a veces más alto, otras menos. Se redujo en los últimos lustros, quizá por la gradual separación del discurso revolucionario, sobre todo con el ascenso del Partido Acción Nacional al Ejecutivo.

Con el tiempo, se introdujo la práctica de celebrar, antes del 20 de noviembre, torneos a los que se llamó Juegos Deportivos Nacionales de la Revolución. Se añadían y quitaban espectáculos siempre numerosos: demostraciones de la Fuerza Aérea, tablas gimnásticas, bailes, actos de malabarismo, el relevo del Fuego Simbólico de la Revolución Mexicana “una antorcha iba de mano en mano hasta encender una llama fija en el Monumento del mismo nombre” y aun la recreación de la llegada de Madero, Zapata y Villa a la capital.

El desfile perdió a veces su espíritu alegre, como muestra de luto por tragedias nacionales. Fue así en 1984 con las explosiones petroleras en San Juan Ixhuatepec y en 1985 por el terremoto. Hubo años en que los festejos fueron muy elaborados y otros más bien sencillos, como en el 2000, último año del gobierno de Ernesto Zedillo y del Partido Revolucionario Institucional en la presidencia.

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 16.24.57El aniversario solía acompañarse de eventos paralelos, como entrega de galardones a veteranos de la Revolución, así como banquetes, mítines, conciertos, lecturas u obras de teatro. Los presidentes pronunciaban discursos legitimadores e sus gobiernos e inauguraban obras públicas en el D.F. o los estados. Casos especiales fueron la Sala de la Revolución en el Museo Nacional (1935) y el Museo de la Revolución (1986). En el 50 aniversario, los restos fúnebres de Madero se llevaron al Monumento, con una gran ovación al iniciado del movimiento revolucionario.

La solemnidad perdió fuerza en 2004, cuando el presidente Vicente Fox la redujo a su visita personal para poner flores ante la estatua de Madero. Dos años después la canceló, aunque el gobierno del D.F. se encargó. El presidente Felipe Calderón restauró el desfile en 2009, dándole una índole militar.

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John J. Burke: el diario de un viaje secreto

BiCentenario #6

 

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John J. Burke –fraile de la orden de San Pablo Apóstol, fundador y secretario de la National Catholic Welfare Conference, asociación del episcopado estadounidense– es el autor del diario cuyas páginas reproducimos. En ellas narra su viaje ultra secreto a México, del 1 al 5 de abril de 1928, para reunirse con Plutarco Elías Calles y buscar una solución al conflicto entre la Iglesia y el Estado. Venía con la representación del delegado apostólico para Estados Unidos y México Pietro Fumasoni Biondi. El organizador de la entrevista, celebrada en el fuerte de San Juan de Ulóa, Veracruz, el día 4, fue el embajador de Estados Unidos Dwight W. Morrow.

Captura de pantalla 2013-09-20 a las 18.32.12Eran años álgidos de la guerra sin cuartel entre el gobierno de Calles y los cristeros. Miles de campesinos católicos del centro y centro occidente del país y algunos clérigos ultramontanos, liderados por la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa se incorporaron a la guerra cristera (1926-1929), que costó la vida a 80 000 hombres y mujeres. El episcopado nacional había suspendido los cultos desde 1926 con el apoyo de Roma, para presionar al gobierno y protestar contra las medidas anticlericales. En consecuencia, la mayor parte de los fieles no recibía los servicios religiosos, salvo aquellos que podían procurárselos clandestinamente en algunas casas. Se trataba de un choque entre dos proyectos de país. Por un lado, una iglesia y una feligresía que deseaban que aquella recuperara todo su poder y su influencia en la sociedad, a través de los sindicatos católicos y del control de la educación. Por otro, un gobierno que aspiraba a la consolidación de un Estado fuerte, laico y comprometido con la solución de los problemas sociales.

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Los católicos mexicanos partidarios del movimiento habían logrado movilizar a los influyentes Caballeros de Colón y a la NCWC estadounidenses a fin de presionar a la Casa Blanca para que exigiera al gobierno de México la modificación de los artículos constitucionales que limitaban a la Iglesia. Aquellos que imponían ciertas restricciones al culto exigían que los sacerdotes y las monjas se registraran en la Secretaría de Gobernación para autorizar el número de religiosos en el país y establecían la educación laica. Washington se negaba a interferir con el argumento de que se trataba de la política interna del vecino. No obstante, le interesaba la solución del conflicto para que el gobierno de México se estabilizara, prosperasen las inversiones estadounidenses y el país cumpliera con sus compromisos económicos internacionales.

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La oportunidad para buscar una salida a la guerra se presentó cuando Morrow llegó a México en octubre de 1927. El diplomático estaba convencido de que era posible un arreglo digno y aceptable para los dos bandos a través de un modus vivendi. La Casa Blanca lo autorizó para que mediara extraoficialmente en el conflicto. El representante gozaba de la confianza de Calles y su carácter de extranjero presbiteriano le daba un aura de neutralidad. Morrow se había reunido con Burke en varias ocasiones, la más reciente durante la Conferencia Panamericana en La Habana en enero de 1928. El paulino estaba interesado en la solución del conflicto armado y en la reanudación de los cultos en México, coincidía con la visión del embajador y le pidió que arreglara una entrevista con Calles.

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Alameda Central de la Ciudad de México. Cuatro siglos de remodelaciones

Eulalia Ribera Carbó
Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  20.

Cuando en 1592 se iniciaron los trabajos de jardínes en lo que hoy es la Alameda capitalina, los anegamientos eran una constante. El ganado compartía el lugar con un tianguis. Durante décadas formó parte del esplendor del virreinato, el porfiriato lo hizo uno de sus símbolos y en el último siglo los remozamientos fueron a la par de la estética de los momentos políticos.

Casimiro Castro, “La ciudad de México tomada en el globo desde el noroeste”, México y sus alrededores, México, Decaen, 1864.

El jardín de la Alameda Central de la ciudad de México fue reabierto el 26 de noviembre de 2012 para gozo de los paseantes, con el anuncio de que, luego de ocho meses de haberle sometido a intensos trabajos de remodelación y limpieza, los mexicanos recobrábamos parte de nuestra historia. Lo cierto es que, más que recobrarla, esta última actuación en la Alameda escribió una más de las páginas de historia de un espacio que se redefine desde hace más de 400 años, cada vez que el gobierno decide recomponerlo y adaptarlo a las exigencias políticas, sociales, ideológicas o estéticas de su tiempo.

Casimiro Castro, "Interior de la Alameda de MAi??xico, MAi??xico y sus alrededores, MAi??xico, Decaen, 1864.

Casimiro Castro, “Interior de la Alameda de México, México y sus alrededores, México, Decaen, 1864.

A mediados del siglo XVI el virrey Antonio de Mendoza inició el reordenamiento de la ciudad de México con los lineamientos dictados por el urbanismo utópico y el espíritu humanista del Renacimiento. Quiso ensanchar también la traza reticular hacia el poniente, más allá de los límites del islote de México-Tenochtitlán, y para eso adquirió los terrenos cenagosos comprendidos entre la vieja calzada Méxicoa-Tacuba (hoy Avenida Hidalgo) y la recién prolongada calle de San Francisco (hoy Madero). Fue ahí donde en 1592 se iniciaron las obras de un jardín para el ornato urbano por iniciativa del virrey Luis de Velasco.

Miguel Mata y Reyes, El aguador, 1854, Museo Nacional de Historia

Miguel Mata y Reyes, El aguador, 1854, Museo Nacional de Historia

Se plantaron los primeros álamos que dieron el nombre al sitio y proyectaron las calzadas y una fuente; pero la saturación de agua en un suelo chinampero hizo penosos y difíciles los trabajos. El jardín quedaba constantemente anegado, y durante todo el siglo XVII fue siempre pisoteado por el ganado que libre lo invadía para pastar en él, aplastado por el tianguis que se instalaba encima y sucio por la basura que azolvaba las acequias.

Pese a todo, se mantuvo la vocación asignada al lugar, y a comienzos del XVIII, la Alameda era el paseo público de la capital de Nueva España. Cada año, el cabildo elegía a un alcalde encargado de su cuidado y el jardín era escenario importante del calendario festivo: el arribo de virreyes y arzobispos, la celebración veraniega de San Juan, Corpus Christi, carnestolendas; todo pasaba por ahí. Para la segunda mitad de siglo, los ejidos y barrios que se extendían alrededor habían ido perdiendo su carácter rural, y la edificación y reconstrucción de iglesias, conventos y casas reflejó el crecimiento económico y el esplendor urbano del virreinato. El jardín se hizo eco de la reforma administrativa, la ciencia, la técnica y las inquietudes higiénicas. Fue un paseo ilustrado con la desecación y consolidación definitiva de su suelo, la instalación de cañerías, nuevas plantaciones, riego y por supuesto decoración con cercas, fuentes, estatuas, portadas y ampliaciones diseñadas por arquitectos de la talla de Ignacio de Castera y Manuel Tolsá.

La Alameda, circa 1960, Col. RAA

La Alameda, circa 1960, Col. RAA

A fines de la colonia, la Alameda era el paseo predilecto de los moradores de la ciudad de México. Pero, como es lógico suponer, con la lucha de independencia y los difíciles años de inestabilidad política y zozobra económica que siguieron, quedó lastimada y abandonada. No fue sino hasta después de la restauración de la república, una vez pasados los horrores de la guerra civil y la intervención extranjera, cuando se reiniciaron con dedicación los trabajos para rehacer las infraestructuras del jardín y mejorar su imagen. Desde entonces todo fue innovación. El Estado liberal, definitivamente consolidado con la dictadura de Porfirio Díaz, se empeñó en mostrar grandeza y refinamiento con fuentes, monumentos “clásicos”, bancas de fierro fundido, columnas de chiluca y banquetas de cemento Portland. En la Alameda se instalaba cuanto exigía la bella época: kioscos para la música; carpas para bailes, teatro y zarzuelas; jacalones provisionales para títeres, acróbatas y prestidigitadores; puestos de comida y bebida; aparatos mecánicos desmontables; una pajarera y un reloj eléctrico; un tren infantil; el extraordinario pabellón morisco; flores y árboles de los nuevos gustos botánicos y el fastuoso hemiciclo de inspiración clásica, dedicado a Benito Juárez. Esta es la Alameda que modificada más o menos, hemos heredado en el siglo XXI y la que los encargados del ordenamiento, acicalamiento y gobierno del espacio urbano han restaurado para su conservación.

La Alameda en mayo de 2013

La Alameda en mayo de 2013

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