Alameda Central de la Ciudad de MAi??xico. Cuatro siglos de remodelaciones

Eulalia Ribera CarbA? / Instituto de Investigaciones Dr. JosAi?? MarAi??a Luis Mora

BiCentenario #20

Cuando en 1592 se iniciaron los trabajos de jardAi??nes en lo que hoy es la Alameda capitalina, los anegamientos eran una constante. El ganado compartAi??a el lugar con un tianguis. Durante dAi??cadas formA? parte del esplendor del virreinato, el porfiriato lo hizo uno de sus sAi??mbolos y en el A?ltimo siglo los remozamientos fueron a la par de la estAi??tica de los momentos polAi??ticos.

Casimiro Castro, “La ciudad de MAi??xico tomada en el globo desde el noroeste”, MAi??xico y sus alrededores, MAi??xico, Decaen, 1864.

El jardAi??n de la Alameda Central de la ciudad de MAi??xico fue reabierto el 26 de noviembre de 2012 para gozo de los paseantes, con el anuncio de que, luego de ocho meses de haberle sometido a intensos trabajos de remodelaciA?n y limpieza, los mexicanos recobrA?bamos parte de nuestra historia. Lo cierto es que, mA?s que recobrarla, esta A?ltima actuaciA?n en la Alameda escribiA? una mA?s de las pA?ginas de historia de un espacio que se redefine desde hace mA?s de 400 aAi??os, cada vez que el gobierno decide recomponerlo y adaptarlo a las exigencias polAi??ticas, sociales, ideolA?gicas o estAi??ticas de su tiempo.

Casimiro Castro, "Interior de la Alameda de MAi??xico, MAi??xico y sus alrededores, MAi??xico, Decaen, 1864.

Casimiro Castro, “Interior de la Alameda de MAi??xico, MAi??xico y sus alrededores, MAi??xico, Decaen, 1864.

A mediados del siglo XVI el virrey Antonio de Mendoza iniciA? el reordenamiento de la ciudad de MAi??xico con los lineamientos dictados por el urbanismo utA?pico y el espAi??ritu humanista del Renacimiento. Quiso ensanchar tambiAi??n la traza reticular hacia el poniente, mA?s allA? de los lAi??mites del islote de MAi??xicoai??i??TenochtitlA?n, y para eso adquiriA? los terrenos cenagosos comprendidos entre la vieja calzada MAi??xicoai??i??Tacuba (hoy Avenida Hidalgo) y la reciAi??n prolongada calle de San Francisco (hoy Madero). Fue ahAi?? donde en 1592 se iniciaron las obras de un jardAi??n para el ornato urbano por iniciativa del virrey Luis de Velasco.

Miguel Mata y Reyes, El aguador, 1854, Museo Nacional de Historia

Miguel Mata y Reyes, El aguador, 1854, Museo Nacional de Historia

Se plantaron los primeros A?lamos que dieron el nombre al sitio y proyectaron las calzadas y una fuente; pero la saturaciA?n de agua en un suelo chinampero hizo penosos y difAi??ciles los trabajos. El jardAi??n quedaba constantemente anegado, y durante todo el siglo xvii fue siempre pisoteado por el ganado que libre lo invadAi??a para pastar en Ai??l, aplastado por el tianguis que se instalaba encima y sucio por la basura que azolvaba las acequias.

Pese a todo, se mantuvo la vocaciA?n asignada al lugar, y a comienzos del xviii, la Alameda era el paseo pA?blico de la capital de Nueva EspaAi??a. Cada aAi??o, el cabildo elegAi??a a un alcalde encargado de su cuidado y el jardAi??n era escenario importante del calendario festivo: el arribo de virreyes y arzobispos, la celebraciA?n veraniega de San Juan, Corpus Christi, carnestolendas; todo pasaba por ahAi??. Para la segunda mitad de siglo, los ejidos y barrios que se extendAi??an alrededor habAi??an ido perdiendo su carA?cter rural, y la edificaciA?n y reconstrucciA?n de iglesias, conventos y casas reflejA? el crecimiento econA?mico y el esplendor urbano del virreinato. El jardAi??n se hizo eco de la reforma administrativa, la ciencia, la tAi??cnica y las inquietudes higiAi??nicas. Fue un paseo ilustrado con la desecaciA?n y consolidaciA?n definitiva de su suelo, la instalaciA?n de caAi??erAi??as, nuevas plantaciones, riego y por supuesto decoraciA?n con cercas, fuentes, estatuas, portadas y ampliaciones diseAi??adas por arquitectos de la talla de Ignacio de Castera y Manuel TolsA?.

La Alameda, circa 1960, Col. RAA

La Alameda, circa 1960, Col. RAA

A fines de la colonia, la Alameda era el paseo predilecto de los moradores de la ciudad de MAi??xico. Pero, como es lA?gico suponer, con la lucha de independencia y los difAi??ciles aAi??os de inestabilidad polAi??tica y zozobra econA?mica que siguieron, quedA? lastimada y abandonada. No fue sino hasta despuAi??s de la restauraciA?n de la repA?blica, una vez pasados los horrores de la guerra civil y la intervenciA?n extranjera, cuando se reiniciaron con dedicaciA?n los trabajos para rehacer las infraestructuras del jardAi??n y mejorar su imagen. Desde entonces todo fue innovaciA?n. El Estado liberal, definitivamente consolidado con la dictadura de Porfirio DAi??az, se empeAi??A? en mostrar grandeza y refinamiento con fuentes, monumentos ai???clA?sicosai???, bancas de fierro fundido, columnas de chiluca y banquetas de cemento Portland. En la Alameda se instalaba cuanto exigAi??a la bella Ai??poca: kioscos para la mA?sica; carpas para bailes, teatro y zarzuelas; jacalones provisionales para tAi??teres, acrA?batas y prestidigitadores; puestos de comida y bebida; aparatos mecA?nicos desmontables; una pajarera y un reloj elAi??ctrico; un tren infantil; el extraordinario pabellA?n morisco; flores y A?rboles de los nuevos gustos botA?nicos y el fastuoso hemiciclo de inspiraciA?n clA?sica, dedicado a Benito JuA?rez. Esta es la Alameda que modificada mA?s o menos, hemos heredado en el siglo xxi y la que los encargados del ordenamiento, acicalamiento y gobierno del espacio urbano han restaurado para su conservaciA?n.

La Alameda en mayo de 2013

La Alameda en mayo de 2013

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