John J. Burke: el diario de un viaje secreto

 

 

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John J. Burke —fraile de la orden de San Pablo Apóstol, fundador y secretario de la National Catholic Welfare Conference, asociación del episcopado estadounidense— es el autor del diario cuyas páginas reproducimos. En ellas narra su viaje ultra secreto a México, del 1 al 5 de abril de 1928, para reunirse con Plutarco Elías Calles y buscar una solución al conflicto entre la Iglesia y el Estado. Venía con la representación del delegado apostólico para Estados Unidos y México Pietro Fumasoni Biondi. El organizador de la entrevista, celebrada en el fuerte de San Juan de Ulúa, Veracruz, el día 4, fue el embajador de Estados Unidos Dwight W. Morrow.

Captura de pantalla 2013-09-20 a las 18.32.12Eran años álgidos de la guerra sin cuartel entre el gobierno de Calles y los cristeros. Miles de campesinos católicos del centro y centro occidente del país y algunos clérigos ultramontanos, liderados por la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa se incorporaron a la guerra cristera (1926-1929), que costó la vida a 80 000 hombres y mujeres. El episcopado nacional había suspendido los cultos desde 1926 con el apoyo de Roma, para presionar al gobierno y protestar contra las medidas anticlericales. En consecuencia, la mayor parte de los fieles no recibía los servicios religiosos, salvo aquellos que podían procurárselos clandestinamente en algunas casas. Se trataba de un choque entre dos proyectos de país. Por un lado, una iglesia y una feligresía que deseaban que aquella recuperara todo su poder y su influencia en la sociedad, a través de los sindicatos católicos y del control de la educación. Por otro, un gobierno que aspiraba a la consolidación de un Estado fuerte, laico y comprometido con la solución de los problemas sociales.

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Los católicos mexicanos partidarios del movimiento habían logrado movilizar a los influyentes Caballeros de Colón y a la NCWC estadounidenses a fin de presionar a la Casa Blanca para que exigiera al gobierno de México la modificación de los artículos constitucionales que limitaban a la Iglesia. Aquellos que imponían ciertas restricciones al culto exigían que los sacerdotes y las monjas se registraran en la Secretaría de Gobernación para autorizar el número de religiosos en el país y establecían la educación laica. Washington se negaba a interferir con el argumento de que se trataba de la política interna del vecino. No obstante, le interesaba la solución del conflicto para que el gobierno de México se estabilizara, prosperasen las inversiones estadounidenses y el país cumpliera con sus compromisos económicos internacionales.

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La oportunidad para buscar una salida a la guerra se presentó cuando Morrow llegó a México en octubre de 1927. El diplomático estaba convencido de que era posible un arreglo digno y aceptable para los dos bandos a través de un modus vivendi. La Casa Blanca lo autorizó para que mediara extraoficialmente en el conflicto. El representante gozaba de la confianza de Calles y su carácter de extranjero presbiteriano le daba un aura de neutralidad. Morrow se había reunido con Burke en varias ocasiones, la más reciente durante la Conferencia Panamericana en La Habana en enero de 1928. El paulino estaba interesado en la solución del conflicto armado y en la reanudación de los cultos en México, coincidía con la visión del embajador y le pidió que arreglara una entrevista con Calles.

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