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A?Manos arriba! El bandolerismo durante la guerra de Independencia

Rodrigo MAi??ndez
Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM
Revista BiCentenario #9, pp. 20-25
Ai??

26 de octubre de 1811

ExcelentAi??sima seAi??ora:

Hace ya dos dAi??as que lleguAi?? sano y salvo a la capital de la AmAi??rica Septentrional. PerdA?neme por no haber escrito antes y dejarla en vilo por la salud de mi persona, pero ha sido el largo trabajo el que me ha arrancado su bello rostro de la mente.

Como ya se lo habAi??a notiii???cado, mi plan era llegar a esta ciudad el 22 de octubre, pero un sinfAi??n de infelicidades retrasA? mi llegada. Una de ellas la mA?s cielo de luna nueva y muchas estrellas. Vuestra SeAi??orAi??a sabe que las convulsiones en esta Nueva EspaAi??a estA?n desatadas, desde que ese ai???bribA?nai??? cura Hidalgo empezA? el levantamiento que persigue la independencia de este reino, el desorden estA? por doquier. Tal situaciA?n ha puesto en predicamentos a la Acordada, que no se da abasto con los bandidos de los caminos. Pareciera que esta ola de ladrones sabe mA?s del trA?nsito en los parajes que las mismas ratas.

Justo cuando bajaba la peligrosa cuesta de ai???El Pinarai??? para dirigirme a Puebla de los A?ngeles y el sendero se torna misterioso, el crujir de la diligencia provocA? que mis huesos se estremecieran como anti cipando lo que en seguida iba a suceder. Todo era silencio, todo era paz, cuando de repente oAi??mos una voz arrebatada: A?Manos arriba!, A?azorrAi??llense todos, que es un asalto!

Asalto a una diligencia

Asalto a una diligencia

Siendo estos ataques de bandoleros resultado de la acciA?n de un grupo de hombres armados, cometidos con un grado mayor o menor de violencia para apropiarse de lo ajeno y por lo general en un marco rural, donde suelen reunirse factores que le son propicios, como el hambre, la pobreza, la ilegalidad, la ignorancia, etc., se puede entender que el fenA?meno fuera una constante en la vida cotidiana de la Nueva EspaAi??a. Veamos como el escritor JosAi?? JoaquAi??n FernA?ndez de Lizardi sube a la escena a una gavilla:

Ahora es tiempo, compaAi??eros, de manifestar nuestro valor y aprovechar nuestro lance, porque sin duda los que vienen son mercaderes que van a emplear a Veracruz y toda su carga se compondrA? de reales y ropa ii???na, la ventaja estA? con nosotros, pues somos cinco y ellos sA?lo tres. Perico, yo y el PAi??pilo les saldremos de frente y el zurdo y el chato les tomarA?n la retaguardia. Si se rinden no hay mA?s que ama rrarlos a ese cerro pero si se resisten no hay que dar cuartel, que todos mueran.

Al estallar la revoluciA?n de 1810, los A?nimos exaltados tanto como la indisciplina y el desor den que se fueron extendiendo facilitaron los movimientos de los bandidos. Hubo quienes se mezclaron con los combatientes de la causa in surgente y se proclamaron amos y seAi??ores de los caminos reales y de la tierra que pisaban. Ofrece testimonio un viajero irlandAi??s, quien se hallaba en Nueva EspaAi??a en el momento de mayor Ai??mpetu de la insurrecciA?n (1814). AsAi?? cuenta que: ai???Antes de entrar en Puebla de los A?ngeles, mi escolta y yo sufrimos un intento de asalto por una gavilla de bandidos pero por temerarios perdieron tres hombres y cinco caballosai???.

Con el desarrollo del conii??i??icto, el odio ai??i??reii??i??ejo del creciente deterioro en las relaciones sociales del virreinatoai??i?? se desbordA?. A cada paso de los rebeldes, se sentAi??a el peligro. El historiador Carlos MarAi??a de Bustamante cuenta cA?mo el furor de los indios llegA? a ser tal que la vida corrAi??a peligro en cualquier momento. Ya en la toma de la AlhA?ndiga de Granaditas ocurriA? que a una mujer le dieron una cuchillada en la cara, tan sA?lo porque a la vista del cadA?ver de un gachupAi??n gritA? despavoridaai??i?? ai???A?Ay pobrecito!ai???

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