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Secuestros de guerrilleros en el sigo XIX

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 52.

Ilihutsy Monroy Casillas
Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, UNAM

En el contexto de la conflictividad política y social en México por la intervención francesa y el establecimiento del segundo imperio con Maximiliano de Habsburgo, se suscitó una serie de secuestros en el valle del Mezquital con motivaciones diferentes, que pasaban por la urgencia de dinero fácil, la antipatía hacia extranjeros ricos y la venganza social.

O. Laballéz, Al acecho, acuarela, ca. 1850. Museo Nacional de Historia. Secretaría de Cultura-INAH-MEX. Reproducción autorizada por el INAH.
O. Laballéz, Al acecho, acuarela, ca. 1850. Museo Nacional de Historia. Secretaría de Cultura-INAH-MEX. Reproducción autorizada por el INAH.

El 7 de junio de 1864 una sección sublevada de la guerrilla a las órdenes del coronel Catarino Fragoso secuestró al empresario español Félix Cuevas en la hacienda de Tlahuelilpan. Este grupo armado, coordinado por un “español llamado Gutiérrez y un mexicano conocido con el nombre de Mariano Curiel”, lo tomó preso y retuvo en el monte por siete días. Entonces sufrió maltratos, pasó “varias noches al raso” y fue llevado de un punto a otro, sin misericordia. El comerciante, originario de Santander –llegó a México en 1847–, recibió apoyo de algunos conocidos y pagó 7 000 pesos por su propio rescate. Después del intercambio, los captores lo liberaron en Eloxochitlán, pueblo cercano a Tlahuelilpan, en el Mezquital, actual estado de Hidalgo, México.

Cuevas fue al juzgado de Tula a denunciar los ultrajes y violencia que vivió, para lo cual exigió que se levantara un juicio en contra de Fragoso y se le devolviera su dinero. Su demanda estaba de acuerdo con la Ley para castigar los delitos contra la nación, contra el orden y la paz pública (1856) y el Decreto del 3 de junio de 1861, que si bien eran de corte republicano, ayudaron al plagiado a enfrentar esta incómoda situación para encontrar justicia. El juez letrado, José María Cordero, inició el trámite, para lo cual recibió el testimonio del afectado, así como de seis testigos, quienes contestaron un interrogatorio minucioso para conocer el hecho y apoyar la versión de la víctima.

Cuevas estaba muy interesado en culpar a Catarino Fragoso por los sucesos ya que, si ello prosperaba, se abría la oportunidad de que le regresaran la suma que pagó. El coronel Fragoso se había adherido recientemente al imperio, por lo que su estatus le hacía confiar a Cuevas en una devolución económica y en el resarcimiento de los daños. Sin embargo, los documentos permiten que sospechemos de una relación en la que imperaba la venganza, en un ambiente de gran conflicto político y social por la intervención francesa y el establecimiento del segundo imperio con Maximiliano de Habsburgo al frente. Por tanto, es conveniente que sepamos más del contexto de este secuestro y de sus protagonistas.

Antecedentes

Años antes, Félix Cuevas había dejado la administración de esa misma hacienda, cuyos propietarios eran los miembros de la familia del Conde de la Cortina. No hay registros localizados hasta el momento sobre el trabajo que hizo al frente, pero sí conocemos que los dueños tenían una larga historia de desavenencias con sus vecinos. La historia más dolorosa y violenta era la que sostenían contra el pueblo de Mixquiahuala, de origen otomí, que combatía desde siglos antes para que se le devolvieran varias hectáreas y el usufructo sobre ellas.

De Mixquiahuala surgieron combatientes de todo tipo: abogados que llegaron a la cárcel por defender sus tierras, campesinos que expresaron su desacuerdo cotidianamente, y guerrilleros que lucharon contra todo tipo de propuestas políticas que los afectaran. Mixquiahuala estaba en una tormentosa y larga guerra en defensa de sus tierras. Era terreno fértil del deseo de venganza.

Y de allí brotó el guerrillero Catarino Fragoso. Según una nota de El pájaro verde (12 de febrero de 1864), esta comunidad y Fragoso tenían una estrecha vinculación, lo cual era comprensible porque el pueblo era “de tiempos muy atrás belicosísimos”.

Fragoso conducía un coche, y sus áreas de acción eran los caminos y las rutas interrelacionadas por mercancías, peajes, inseguridad, y dificultades que lo unían a los valles del Mezquital, Pachuca y México. Por eso conocía, quizá sólo de vista, varios oficios, condiciones económico-sociales y paisajes de ricos valles, grandes zonas agrícolas, comunidades otomíes, lugares áridos dedicados a la minería, sitios obrero-artesanales, centros político-económicos y ciudades mestizas. Así, entre 1861 y 1870, tomó esa amplia región como zona de acción militar.

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Las aventuras y desventuras de un guerrillero. Antonio Rojas y los Galeanos de Jalisco

Iván Segura Muñoz
Universidad de Guadalajara

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 46.

Además del ejército permanente y las milicias, durante la guerra de Reforma y el segundo imperio operaron distintas fuerzas irregulares al servicio de liberales y conservadores. La vida del guerrillero Antonio Rojas ilustra la formación de estas fuerzas, sus tácticas y modo de operar, así como sus calores e ideales.

156El combate mediante guerrillas fue una táctica bastante socorrida en el México del siglo xix. Si bien era criticada por ser opuesta al enfrentamiento honorable que imperaba en la doctrina militar de aquellos años, podía llegar a ser bien manejada por ejércitos compuestos por hombres con muy poca o nula disciplina militar, pues no se requería atacar frontalmente al enemigo en campo abierto o realizar complicadas maniobras. Al contrario, el principal objetivo de la guerrilla versaba en el hostigamiento a las tropas enemigas de forma irregular y sorpresiva, atacándolas desde puntos en los cuales una fuerza menor podía ocultarse para después escapar a caballo impunemente.

Durante la intervención francesa, las guerrillas desempeñaron un papel importante en el lado juarista pues, tras la toma de Puebla y de la ciudad de México, en 1863, estas continuarían con la lucha hasta 1867, momento en el que se retomó el enfrentamiento directo en el sitio de Querétaro.

Uno de los guerrilleros de mayor relevancia en el occidente del país, especialmente en el estado de Jalisco, fue Antonio Rojas, cuyo legado se caracterizó tanto por sus acciones a favor del bando liberal como por la polémica que causó su modo de combatir, que implicó una serie de agravios a la población civil y la ejecución de enemigos sin juicio alguno.

El caso de Rojas llama la atención por su activa participación en dos de los conflictos más relevantes del siglo XIX: la guerra de Reforma y la intervención francesa, los cuales engloban la denominada Gran Década Nacional (1857-1867). En ambos casos, sus tropas tuvieron un papel protagónico en la zona occidental del país al fungir como una fuerza ligera encargada del hostigamiento al enemigo. No obstante, su habilidad en el combate le permitió desempeñar un papel de mayor importancia en las campañas mediante enfrentamientos directos, lo que a la larga le valió varios ascensos en el escalafón militar. Su experiencia ejemplifica la importancia de las guerrillas en los conflictos armados de la centuria y su influencia en la institución militar mexicana.

161Guerrillero liberal

Antonio Rojas nació en Tepatitlán, Jalisco, en el rancho del Buey, en 1818. Se conoce poco de sus primeros años de vida, salvo que, tras el estallido de la guerra de Reforma, se convirtió en bandolero aprovechando el caos de la guerra que poco a poco se extendía hacia Jalisco. Tampoco está claro el motivo que obligó a Rojas a ingresar en el conflicto armado, pero al llegar las noticias de lo sucedido en Tacubaya, dirigió una carta al gobernador de Jalisco, Pedro Ogazón, con el fin de ofrecer sus servicios para organizar una fuerza armada que apoyara al gobierno liberal. Sin embargo, la respuesta del gobernador no fue lo que Rojas esperaba (probablemente temía por su pasado como bandolero), pero ello no fue motivo para continuar con su idea de levantarse en armas y, al poco tiempo, ya se encontraba al mando de un numeroso grupo de hombres.

Entre sus primeras acciones como parte de la causa liberal, Rojas efectuó diversas correrías por las poblaciones civiles, imponiendo préstamos forzosos y confiscando lo necesario para la manutención de su grupo. Si bien estas acciones hicieron de él un bandido a ojos de los jaliscienses, lo cierto fue que la intensidad de la guerra hizo que el bando liberal aceptara sus servicios como líder de una fuerza ligera que sirviera de apoyo a las operaciones militares del ejército principal en la región. Así, durante sus servicios a la causa, Rojas se mantuvo al mando de distintas agrupaciones que variaron en composición y número. No obstante, la unidad que siempre comandó fue el llamado regimiento Galeana, cuyo nombre daría el característico mote de Galeanos a sus soldados.

Aunque los Galeanos eran una fuerza ligera dirigida a hostigar y emboscar al enemigo, ello no impidió que se le asignaran tareas más importantes que requerían un enfrentamiento directo con el enemigo. Así pues, durante la guerra de Reforma, el regimiento Galeana recibió la orden de auxiliar a las fuerzas del general Jesús González Ortega en la toma de Zacatecas, y a su paso rumbo al norte derrotó a múltiples fuerzas conservadoras y tomó algunas ciudades, entre ellas, Aguascalientes. También apoyó al general Ramón Corona en contra del caudillo Manuel Lozada, conocido como el Tigre de Álica, y aunque no logró derrotarlo de forma definitiva, sí consiguió mantenerlo a raya.

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