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La ciudad que soñó y proyectó Maximiliano

Revista Bicentenario # 18

Sergio Estrada Reynoso / Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Las sociedades europeas experimentaron profundas transformaciones sociales a lo largo del siglo XIX. Las revoluciones agrícola e industrial hicieron que muchos mujeres y hombres abandonaran las zonas rurales, donde vivía la mayoría de la gente, y se concentraran en las ciudades. Ante el crecimiento demográfico, las poblaciones citadinas tuvieron que demoler sus viejas murallas y planificar el proceso de construcción de ensanches urbanos. Esta transformación europea fue advertida por sus gobernantes, por lo que proyectar una nueva fisonomía para las capitales se convirtió en necesidad, signo de estatus e indicio de progreso.

Fernando Maximiliano de Habsburgo pudo ver cuando su hermano, el emperador Francisco José, mandó derrumbar las añejas murallas de Viena y construir en su lugar la avenida Ringstrasse (en español: Calle anillo), que no es otra cosa que un hermoso bulevar circular que rodea el centro de la capital. La nobleza y la alta burguesía vienesas se apresuraron a construir a lo largo de ella significativas obras arquitectónicas tanto públicas como privadas. Muy probablemente el archiduque de Austria imaginó un plan similar para la ciudad de México.

Maximiliano

El Paseo del Emperador
Como es sabido, al poco tiempo de haber llegado Maximiliano a México, en 1864, dispuso irse a vivir al Castillo de Chapultepec, aunque todos los días se trasladaba al Palacio Imperial (Nacional) para el despacho habitual del trabajo, pero regresaba a comer en el alcázar del castillo y sobre todo pasaba ahí la noche.

Fue un día por la mañana, cuando se dirigía en carruaje a Palacio, bien por la calzada de la Verónica, atravesando la hacienda de la Teja hasta llegar a la glorieta con la estatua de Carlos IV, popularmente llamada El Caballito, bien por la vieja calzada y cañería de Chapultepec, cuando debió venir a la mente del emperador la idea de comprar los terrenos inmediatos al castillo, a fin de trazar una avenida que comunicara en forma directa la entrada del bosque con la glorieta del Caballito y formar un hermoso paseo. Se facilitaría de tal manera su diario traslado y regalaría al mismo tiempo a su capital con una vía bella y útil, muy del estilo de los bulevares y avenidas que se construyeron a lo largo y ancho de las principales ciudades europeas. Cuenta José Luis Blasio, secretario particular de Maximiliano, que debería parecerse a la avenida de los Tilos de Berlín o a cualquiera de las hermosas arterias de París. El paseo mexicano recibiría la denominación oficial de Nuevo camino de Chapultepec, si bien se le conoció popularmente como Calzada Imperial o Paseo del Emperador. Es hoy el Paseo de la Reforma.

México 1865

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PARA SABER MÁS:

  • Eduardo Báez Macías, Guía del archivo de la Antigua Academia de San Carlos. 1781-1910, México, UNAM, 2003.
  • José Luis Blasio, Maximiliano íntimo. El emperador Maximiliano y su corte, México, UNAM, 1996.
  • *Visitar la mapoteca “Manuel Orozco y Berra”, avenida Observatorio 192, col. Observatorio, México D.F.
  • *Consultar el catálogo en línea de la mapoteca “Manuel Orozco y Berra”: http://w2.siap.sagarpa.gob.mx/mapoteca/
  • Se podrán descargar gratuitamente el Plano General de la ciudad de México en 1866, el Plano del Pueblo de Chapultepec y el Proyecto del zócalo y edificios que lo rodean.  http://w2.siap.sagarpa.gob.mx/mapoteca/mapas/951-OYB-725-A.jpg
  • http://w2.siap.sagarpa.gob.mx/mapoteca/mapas/831-OYB-725-A.jpg
  • http://w2.siap.sagarpa.gob.mx/mapoteca/mapas/1500-OYB-725-A.jpg

Una evocación de la Ciudad de México. Luis Ortiz Macedo, arquitecto

Graciela de Garay – Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 2.

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Parece increíble que un capitalino recuerde una Ciudad de México que para las jóvenes generaciones, nacidas a finales de los ochenta del siglo pasado, se antoje una tierra incógnita, producto de la fantasía nostálgica de alguien ajeno a la complejidad urbana, típica de las ciudades latinoamericanas contemporáneas.

En efecto, el recuerdo del arquitecto Luis Ortiz Macedo nos traslada a un pasado, cuando la Ciudad de México se movía a ritmos lentos y la urbanización acelerada aún no mostraba los estragos de la explosión demográfica y la especulación del uso del suelo.

En un relato breve y ameno, Ortiz Macedo, restaurador de monumentos, cuenta la historia de la Ciudad de México a lo largo del siglo XX. En esta evocación, el estudioso de la capital habla de la composición urbana, sus límites y expansión. Además, el arquitecto describe cómo vivió, entre los años treinta y sesenta, una ciudad pequeña, poco poblada, con escasos recursos e infraestructura anticuada, pero llena de vida gracias a la interacción de las diversas clases sociales que convivían cotidianamente.

La realidad es que el censo de 1921, elaborado por el Departamento de Estadística Nacional, registró en el Distrito Federal una población de 906 063 habitantes de los cuales 615 367 (67.9 por ciento) se asentaba en la Ciudad de México, y el resto se distribuía en las 12 municipalidades foráneas. Según el censo, las municipalidades eran las siguientes: Azcapotzalco, Coyoacán, Cuajimalpa, Guadalupe Hidalgo, Iztapalapa, Milpa Alta, Mixcoac, San Ángel, Tacuba, Tacubaya, Tlalpan y Xochimilco. Los datos arrojados por el recuento estadístico mostraban una Ciudad de México eminentemente rural. Sin embargo, los asentamientos conocidos como colonias, entre los que se distinguían la Guerrero, la Hidalgo, la de los Arquitectos y Santa María la Ribera, iniciadas desde mediados del siglo XIX, ya se habían consolidado y surgían otras nuevas.

En efecto, a principios del siglo XX, cuando Porfirio Díaz gobernaba México, las élites del Distrito Federal comenzaron a migrar del A?rea central a las zonas sur y poniente de la ciudad. Pronto, pueblos como Mixcoac o San Ángel se fueron convirtiendo en sitios de recreo o descanso para las élites urbanas. La tendencia de las clases acomodadas a trasladar su residencia del centro al sur y poniente de la ciudad se reforzó a lo largo del siglo XX. Fue así como se crearon las colonias Roma, Condesa, Polanco, Lomas de Chapultepec, Satélite y Santa Fe. Dentro de este proceso, el oriente de la ciudad se fue convirtiendo en la zona de las colonias populares como serían: Ciudad Nezahualcóyotl, Pantitlán, Chalco, Colonia Moctezuma. Naturalmente, los nuevos asentamientos introdujeron una compleja dinámica urbana que se manifestó a través de diversos problemas relacionados con la demanda urgente de servicios, comunicaciones y control administrativo.

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