Poesía y guerra: Querétaro en 1808 y 1810

José Martín Hurtado Galves / Escuela Normal Superior de Querétaro
Revista BiCentenario #8
Conspiradores B-8
 

Un correo de la Ciudad de México llegó a Querétaro en la madrugada del 13 de octubre de 1808, avisando de la sublevación del pueblo español en contra de los franceses. Anunciaba que lo habían derrotado por completo. Ante la noticia, “salió la plebe en gallos por las calles en tanta cantidad, que no podían numerarse”. Festejaban con poemas; sus versos elogiaban a los españoles y vituperaban a Napoleón Bonaparte. A fin de que la población participase de manera más entusiasta, se dio orden a los alcaldes para que no rondaran durante las noches en que se celebrase el levantamiento ocurrido el 2 de mayo en Madrid. Y es que la poesía era entonces una forma ideológica de festejar y de asumirse con una postura política. Su valor no sólo estaba en lo literario, sino en que permitía transmitir ideas y sentimientos. Por lo demás, su contenido no difundía nada más lo que el escritor pensaba y sentía, sino también lo que la gente pensaba y sentía al utilizarla como medio de expresión. Una muestra de ello es la forma en que los queretanos la utilizaron en el festejo por el triunfo de los españoles. La “gente mediana y plebeya” fue a festejar a la Alameda ese mismo 13 de octubre y allí, en el centro, “se erigió un palo sobre el cual se puso a la vergüenza una estatua de Bonaparte por artificio del cohetero y adornado de todas las insignias que porta su original; y en lo interior del cuerpo bastante provisión de bombas y demás cositas de lucimiento”. Al pie, este lema:  ”Por traidor fiero astuto, te quemamos como a un pu…” Tal era la efervescencia que el pueblo queretano se desahogó en toda suerte de “dicterios, puyas y chufletas” en contra del emperador francés. Lanzaron piedras, barro y “otras inmundicias” a su efigie y no se detuvieron sino hasta quemarla, con lo que empezó a dar vueltas, truenos y estallidos que pronto la consumieron, entre la alegría general.

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