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Por amor a la historia: ZimatlA?n

ZimatlA?n

ZimatlA?n

 

El maestro Edmundo Aquino, originario de ZimatlA?n, Oaxaca, y autor conno- tado de litografAi??a y grabado, quiso sa- ber el significado del nombre del pueblo donde naciA?:

Nunca nos lo enseAi??aron. Y A?cA?mo habrAi??an de enseAi??arnos algo que no sabAi??an? La oscuridad nos invadiA?, no sabAi??amos que los orAi??genes de nues- tro pueblo venAi??an de la cultura zapo- teca [...] Tampoco sabAi??a que el idioma que hablaban algunas gentes del pueblo y campesinos que venAi??an los dAi??as miAi??r- coles de mercado era el zapoteco (zaa). Y menos que los tepalcates, pedazos de figuras y caras de barro, que hallaban en los terrenos del pueblo y del campo, pertenecAi??an a la cultura zapoteca.

De manera que se puso a investigar y de su esfuerzo resultA? una pequeAi??a monografAi??a titulada ZimatlA?n. Lugar de la raAi??z del frijolA?n, prologada por el Dr. Miguel LeA?n Portilla, quien nos hace ver cA?mo este trabajo contribuye a fortalecer la identidad de la poblaciA?n y Ai??sta serA? mA?s prA?spera y feliz si afianza su raAi??z de cultura en su propia identidad.

 

La identidad nacional en las novelitas mexicanas de la primera mitad del siglo XIX

Guadalupe GA?mez-Aguado
Centro de EnseAi??anza para Extranjeros, UNAM

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 11.

 

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A?CA?mo eran los mexicanos despuAi??s de la Independencia? A?CA?mo se describAi??an a sAi?? mismos? Hoy en dAi??a es comA?n escuchar que los mexicanos somos alegres, cariAi??osos, informales, flojos, toda una serie de estereotipos que pretenden describir la identidad nacional. Ai??sta, sin embargo, es una construcciA?n cultural cambiante con el paso del tiempo y que se entreteje con ideas y creencias que pretenden describirla de forma definitiva. Vale la pena preguntarnos cA?mo fueron los primeros intentos de construir nuestra identidad nacional.

Nuestros primeros escritores, jA?venes todos, escribieron una serie de relatos breves, a los que se llamA? ai???novelitasai??? hacia la tercera dAi??cada del siglo XIX, donde quisieron lograr una definiciA?n de lo mexicano. Estaban llenos de ideas sobre las oportunidades que brindaba la separaciA?n de EspaAi??a, creAi??an vivir en un paAi??s lleno de riquezas, de recursos naturales ilimitados y en el que sus pobladores se sentAi??an orgullosamente americanos, en contraste con quienes procedAi??an de la vieja Europa, en la que faltaba la libertad. MAi??xico, sin embargo, sufrAi??a de enormes desigualdades no sA?lo polAi??ticas sino sociales y culturales asAi?? como de una gran desuniA?n, producto de las fuertes diferencias entre las clases y del hecho que en su gran territorio sA?lo vivieran ocho millones de habitantes.

A?QuAi?? era entonces lo que distinguAi??a al paAi??s de la Madre Patria? Los nuevos autores se preguntaban a quAi?? apelar para distinguirse de quien durante 300 aAi??os oprimiA?, a sus ojos, a la Nueva EspaAi??a. Para muchos, el esplendoroso pasado indAi??gena fue el signo propio de los mexicanos. Textos histA?ricos y literarios buscaron en lo prehispA?nico lo que hacAi??a A?nica a la naciA?n mexicana. Y ese pasado debAi??a ser esplAi??ndido y uniforme, aun cuando quienes lo vivieron no formaron una unidad polAi??tica. El mito de la naciA?n indAi??gena anterior al dominio hispano se nutriA? de la fe en una posible restauraciA?n de un imaginario imperio mexicano y propagA? el rechazo a lo que tuviera que ver con lo espaAi??ol. La guerra de Independencia fue vista como el movimiento que quiso vengar las injusticias de la conquista, es decir, como el rescate de la libertad perdida tres siglos antes.

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Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Cuaderno de Viaje: A?QuiAi??nes somos los mexicanos?

Carlos DomAi??nguez
Instituto Mora
Revista BiCentenario #7

 

ValdrAi??a la pena preguntarnos quiAi??nes somos los mexicanos con miras a entender las celebraciones del prA?ximo Centenario y Bicentenario. A?QuAi?? significa ser mexicano doscientos aAi??os despA?es de la Independencia y cien aAi??os despuAi??s de la RevoluciA?n? A?Significa, simplemente, que nos ponemos la camiseta cada vez que juega la selecciA?n mexicana, que sabemos de memoria el nombre de algunos ai???hAi??roesai??? aunque confundamos a los de la guerra de Independencia con los de la de Reforma, que estamos orgullosos de nuestra comida, que no perdemos ocasiA?n para llevar a nuestros amigos extranjeros a visitar las pirA?mides de Teotihuacan? A?O hace falta algo mA?s?

Cuando uno regresa a MAi??xico despuAi??s de vivir varios aAi??os en el extranjero es inevitable que los encuentros fortuitos en las calles, los contrastes sociales y el misticismo de las tradiciones nos hagan reflexionar sobre lo que llamamos ai???naciA?n mexicanaai??i??. Es inevitable porque vivir fuera significa encontrarse con ai???el otroai??? y ese encuentro siempre nos obliga a definirnos en tAi??rminos de los referentes mA?s obvios: la comida, el paisaje, la historia, las tradiciones y acaso el fA?tbol y otras pasiones de menor importancia; porque tarde o temprano, los contrastes entre MAi??xico y otros paAi??ses nos muestran que esos referentes simbA?licos y culturales que desde afuera nos parecAi??an tan obvios al hablar de nuestra naciA?n y nuestra identidad nacional ocultan en realidad mucho de lo que en verdad somos. MA?s aA?n, si se toma conciencia de lo que significa que MAi??xico estAi?? a punto de celebrar dos siglos de vida independiente y un siglo de la RevoluciA?n Mexicana, resulta tentador preguntarnos no sA?lo quiAi??nes somos, sino si seguimos siendo los mismos o, en otras palabras, si los fundamentos de nuestra identidad han cambiado a lo largo de todo este tiempo.

A los viajeros que hemos vivido este proceso obligado de reflexiA?n nos llama la atenciA?n, por ejemplo, la manera en que muchos mexicanos damos por hecho la existencia y la continuidad de ai???la naciA?nai??i?? y de una identidad nacional compartida, como si fuera algo que no es problemA?tico, que ha existido desde siempre y jamA?s cambiarA?. Pero la historia nos demuestra que no es asAi??. Las identidades y las naciones han estado sujetas al fluir eterno de la historia: los imperios han surgido y desaparecido (Roma, Bizancio, TenochtitlA?n), los reinos de antaAi??o se han convertido en invenciones nacionalistas que pueden o no corresponder con los territorios de sus antecesores (el Imperio Austro-HA?ngaro, la UniA?n SoviAi??tica) y los paAi??ses se han dividido y/o fracturado (EtiopAi??a y Eritrea, la ex-Yugoslavia).

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