Empresarias y tandas

Gabriela Pulido Llano
DEH-INAH
Revista BiCentenario #6

Semana tras semana: seleccionar un nuevo repertorio, contratar a los actores, mantener la disciplina en los ensayos, tener a mano a los sustitutos, encender las marquesinas aun en tiempos de guerra, difundir desde dentro la luz hacia las calles ocupadas por la noche, recibir a un pA?blico caprichoso e inconforme, sobrevivir a la censura, administrar la austeridad… El teatro en la ciudad de MAi??xico fue una empresa cansada y riesgosa durante las tres A?ltimas dAi??cadas del siglo XIX y la tres primeras del siglo XX. De las miles de puestas en escena que hubo en esos aAi??os se desprende la misma cantidad de anAi??cdotas acerca de las innovaciones y extravagancias de este arte efAi??mero, que a la vez fue uno de los medios de informaciA?n mA?s eficaces y crAi??ticos del paAi??s. A travAi??s de la tanda, expresiA?n teatral que podAi??a agrupar gAi??neros diversos ai??i??zarzuela, opereta, comedia, tragedia-, los capitalinos pudieron conocer los matices de muchos de los eventos de gran trascendencia polAi??tica y reAi??rse de ellos. AsAi??, en 1910, el gran escritor y poeta JosAi?? Juan Tablada llevA? al escenario una sA?tira titulada Madero Chantecler. Tragicomedia zoolA?gico-polAi??tica de rigurosa actualidad en tres actos y en verso, que incluAi??a una apologAi??a a Victoriano Huerta. A Madero le dirAi??a:

A?QuAi?? paladAi??n vas a ser,
te lo digo sin inquinas;
Gallo bravo quieres ser,
Y te falta, Chantecler,
Lo que ponen las gallinas!
Ai??

PARA LEER ESTE ARTICULO COMPLETO, SUSCRIBASE A BICENTENARIO.