Estreno de residencia

Arturo SigA?enza
FFyL, UNAM

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 33.

En la inauguraciA?n del hospital para enfermos mentales La CastaAi??eda, una baronesa, el secretario particular del presidente y un general desaliAi??ado y falto de memoria que ya formaba parte de la poblaciA?n del siquiA?trico sostienen una conversaciA?n desopilante.

InauguraciA?n CastaAi??eda (1) (640x479)

La esplendente construcciA?n albergaba ya a sus nuevos huAi??spedes, y se otorgaba un festAi??n para recibir al distinguido sAi??quito que encabezaba el presidente de la repA?blica, formado por embajadores y cA?nsules, destacados empresarios y alta burguesAi??a. La banda de mA?sica de viento, perfectamente uniformada, complacAi??a a los invitados allAi?? reunidos para conmemorar la inauguraciA?n de aquella arquitectura de corte francAi??s, como una muestra de la abundancia econA?mica que seguAi??a pregonando el gobierno a pesar de la inconformidad polAi??tica interna y el creciente descontento entre la plebe. El ingeniero encargado de la obra, hijo del primer mandatario y con el mismo nombre de pila, buscaba su mejor A?ngulo ante los fotA?grafos que se abrAi??an paso entre los opulentos vestidos de las mujeres emperifolladas A?vidas del brindis con champA?n que ya estaba siendo descorchado.

Desde uno de los ventanales, dos personas contemplaban la congregaciA?n en el campo de castaAi??os que rodeaba el vasto edificio. AsAi?? que por fin cumpliA? su promesa, mi preciado amigo…

Se lo dije, baronesa, A?dudA? acaso en algA?n momento de mi palabra?

ai??i??A?Oh!, de ninguna manera, sA?lo que despuAi??s de dos aAi??os de espera… ai??i??dijo agitando mA?s rA?pido su abanicoai??i??, cualquiera puede sospechar de una tomadura de pelo.

Pues ya lo ve. Hasta el seAi??or presidente dejA? en casa su indumentaria de general, para presentarse de frac y sombrero de copa, como exige la ocasiA?n.

Mi marido no ha de tardar en traer mis pertenencias, A?me urge un cambio de prendas!

Se encuentra usted exquisita, baronesa, pierda cuidado. Lo importante es que nos han otorgado un lugar acorde con nuestra clase social.

Como protegidos del gobierno, ya era hora de cambiarnos de aquel muladar…

InauguraciA?n CastaAi??eda (2) (640x478)

La calva del secretario particular brillaba desde esa perspectiva. Declamaba su discurso haciendo pausa cada dos frases para incitar la oleada de aplausos dirigidos al primer mandatario, quien a pesar de verse agotado saludaba generoso a la elite que lo habAi??a sostenido tanto tiempo en el poder. El prA?ximo aniversario de la independencia, fecha que por capricho hizo coincidir con el dAi??a de su cumpleaAi??os, lo tenAi??a atareado como ningA?n otro en sus tres dAi??cadas de mando, debido a las presiones sociales que cada vez cobraban mayor fuerza en el A?mbito popular.

Docenas de cohetones retumbaron al final del sermA?n polAi??tico y la aristocracia se enfilA?, copa en mano, hacia las amplias escalinatas de la entrada principal. Adentro, un anciano de ajadas vestiduras militares, desaliAi??ado y barbudo, corriA? nervioso hacia el ventanal, ocupando con gran destreza su muleta y su pierna de palo hasta que cayA? hecho una piltrafa.

A?Pecho tierra! A?CaAi??ones en la retaguardia!

Guarde compostura, capitA?n, que la guerra ha terminado…

A?Yo nunca bajo la guardia!

Apenas uno se descuida y ya tenemos a la turba en nuestras narices…

RelA?jese, va a incomodar a nuestra querida baronesa…

Salida de concurrentes a la inauguraciA?n del Manicomio (640x471)

A?Baronesa, dice usted? Ejem, ejem… a sus pies, ilustre seAi??ora ai??i??dijo el hombre agitado desde el sueloai??i??, A?no va a presentarnos?

AquAi?? vamos otra vez, le ruego me disculpe… Claro, claro capitA?n, la baronesa De la Croix. Baronesa, el capitA?n GarcAi??a.

La mujer hizo un gesto de enfado y estirA? la mano enguantada de satAi??n. TenAi??a la suficiente paciencia para soportar al pobre hombre que padecAi??a notablemente de la memoria,

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