Arrasaron cuanto habAi??a y levantaron edificios… las llamadas Torres de Mixcoac

Testimonio de Manuel Guevara OropezaAi??psiquiatra de La CastaAi??eda, editado por Cristina SacristA?n.

RevistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 13.

Sobre una extensiA?n de 141,000 metros cuadrados, perteneciente a la antigua Hacienda de La CastaAi??eda, se edificA? en 1910 un manicomio de grandes dimensiones, forjando uno de los proyectos arquitectA?nicos mA?s ambiciosos del presidente Porfirio DAi??az. Seis dAi??cadas despuAi??s, en esos terrenos no quedaba rastro alguno de las 25 construcciones destinadas a albergar 1,200 pacientes, en lo que con el tiempo fue la instituciA?n psiquiA?trica mA?s importante del paAi??s por su contribuciA?n a la investigaciA?n, la enseAi??anza y la asistencia de enfermos mentales. En su lugar fue erigida una zona habitacional que se inaugurA? en 1972, las Torres de Mixcoac.

 

La CastaAi??eda

La CastaAi??eda

Como sucede con muchas instituciones, los orAi??genes del Manicomio de La CastaAi??eda se conocen bien porque en su momento fue portador de una gran promesa de cambio. Al paso de los aAi??os afloraron las carencias en las instalaciones, en la falta de personal capacitado y de recursos terapAi??uticos, hasta que el gobierno federal, de quien dependAi??a, decidiA? su clausura y demoliciA?n como si estos males se pudieran echar al olvido con hacerlo desaparecer. Quienes vivieron de cerca los A?ltimos aAi??os de La CastaAi??eda nos han relatado esta historia, los esfuerzos por rescatarla una y otra vez, los obstA?culos encontrados y la leyenda negra que la acompaAi??A?.

El Archivo de la Palabra del Instituto Mora conserva el testimonio del psiquiatra Manuel Guevara Oropeza, quien trabajA? en La CastaAi??eda durante casi 40 aAi??os, siendo su director en dos ocasiones. Nacido en 1899 en la ciudad de Orizaba y fallecido en 1980 en la ciudad de MAi??xico, fue entrevistado tres aAi??os antes de su muerte. De ese encuentro publicamos tres fragmentos donde alude a situaciones que no suelen dejar rastro en los documentos: el papel desempeAi??ado por los administradores, cuyos lazos con el poder resultaron muy perniciosos para el Manicomio; la dificultad para emprender una reforma psiquiA?trica nacional por la insensibilidad de las autoridades federales ante el tema de la enfermedad mental; y la campaAi??a desatada contra La CastaAi??eda hacia el final de sus dAi??as, acaso para crear un clima favorable a su destrucciA?n.

La CastaAi??eda

La CastaAi??eda

Manuel Guevara Oropeza fue designado director por primera vez de 1932 a 1934. Durante esos aAi??os le dio continuidad a una terapAi??utica muy en boga que habAi??a sido impulsada por el director anterior, la terapia ocupacional. Esta polAi??mica forma de tratamiento consistAi??a en hacer trabajar a los enfermos, de donde derivaban ingresos monetarios importantes cuya contabilidad no siempre se vigilaba con la debida pulcritud. En su segundo periodo, de 1938 a 1944, resultA? mucho mA?s innovador. Ante el gravAi??simo problema que representaba para el Manicomio el nA?mero de enfermos (que en 1943 alcanzA? la cifra de 3,400), propuso un modelo asistencial que atendiera de manera diferenciada a los pacien- tes agudos de aquellos considerados incurables. Este programa, firmemente apoyado por el doctor Salvador ZubirA?n, subsecretario de Asistencia PA?blica en la SecretarAi??a del mismo nombre, vio nacer la primera Granja para enfermos mentales, inaugurada en 1945.

Ya jubilado, el doctor Guevara Oropeza dio unAi??discurso con motivo de la ceremonia de clausura del Manicomio, que tuvo lugar el 27 de junio de 1968. En la entrevista recuerda una sorpresiva peticiA?n que le hicieron las autoridades de la SecretarAi??a de Salubridad y Asistencia, en ese entonces encabezadas por el secretario Rafael Moreno Valle. TambiAi??n hace el recuento de lo A?nico que se salvA? de aquella fabulosa y monumental construcciA?n y de lo mucho que se perdiA?.

Cristina SacristA?n
Instituto Mora

Malos manejos administrativos

La administraciA?n de La CastaAi??eda fue el punto negro de toda su vida. Antes de que yo tomara la direcciA?n y en los tiempos mA?s amargos, cuando habAi??a tan poco alimento y en fin, que estuvieron en condiciones muy malas, el administrador de La CastaAi??eda era el que iba, hacAi??a las compras, venAi??a, hacAi??a lo que querAi??a, pero siempre hubo una enorme dificultad para controlar a los administradores. El administrador de La CastaAi??eda era casi siempre un individuo con conexiones polAi??ticas mA?s o menos medianas, bajas, pero muy bien ligado con otras personas, con otros funcionarios y se diluAi??a completamente toda la responsabilidad,Ai??al grado de que difAi??cilmente se podAi??a lograr coger a la gente en sus malos manejos. Cuando se estableciA? el sistema de terapia ocupacional, como se hizo muy en grande y habAi??a talleres de varias clases, se pretendiA? que produjeran y se hizo una comisiA?n para que manejara el dinero, y algunas personas muy seleccionadas que llevaban las cuentas de aquello. Entre las cosas que se hacAi??an en La CastaAi??eda se hacAi??an tapetes persas que se vendAi??an bien caros: llegaron a pagar hasta cinco mil pesos por un tapete de Ai??sos; naturalmente esos ingresos iban a ser distribuidos entre los enfermos que los habAi??an hecho, y entre los demA?s del departamento de terapia ocupacional. Por otro lado, la otra forma de terapia ocupacional era la del campo, entonces sacaban a los enfermos a sembrar y la extensiA?n era muy grande, todo lo que quedaba atrA?s de La CastaAi??eda.

Fachada original de La CastaAi??eda transportada a una hacienda en Amecameca

Fachada original de La CastaAi??eda transportada a una hacienda en Amecameca

Cuando se hizo toda la reorganizaciA?n de La CastaAi??eda, se habAi??a dividido en dos secciones, una secciA?n para hospitalizaciA?n, donde estaban los enfermos que se tenAi??an que atender mAi??dicamente, que se les ponAi??an inyecciones, que se les hacAi??a el tratamiento de paludismo, en fin, todas las cosas que hasta entonces se podAi??an hacer; y elAi??otro, de colonia-asilo, esa colonia-asilo era la de enfermos incurables, pero suficientemente aptos para hacer alguna cosa. [HabAi??a] otros que eran totalmente improductivos, inadaptables, Ai??sos se quedaban en el pabellA?n, pero los demA?s salAi??an todos los dAi??as a trabajar en el campo, y parece que empezA? a producir, pero producAi??a en manos del administrador. Entonces el administrador vio que aquello era un buen negocio, y cuando yo dejAi?? la primera vez La CastaAi??eda [como director], eliminaron a los enfermos y llevaron trabajadores para explotar el campo: naturalmente se perdiA? todo lo que habAi??a pensado de que aquello fuera terapia, de que el producto se pudiera repartir entre los enfermos. AhAi?? se echA? a perder todo… pues yo no culpo a nadie especialmente, sino a esa organizaciA?n burocrA?tica que nos hace depen- der tanto del fulanito que recomendA? a menganito y que el otro lo sostiene. Total, que cambiaron de administrador que era una persona muy hA?bil, sobre todo para sus manejos, y [se] perdiA? ya el control mAi??dico sobre la terapia.

[El administrador] era un recomendado y una persona muy allegada al Jefe de la Beneficencia, acordaba directamente con el Jefe de la Beneficencia, hacAi??a lo que querAi??a. El que yo tuve durante la Ai??poca en que, gracias a las amistades y situaciones especiales que tenAi??amos entonces (a mAi?? me consideraban como persona influyente), me trataba muy bien. El administrador procuraba darme cuenta de lo que hacAi??a, pero yo sabAi??a que me estaba dando cuenta de cosas que no eran ciertas y que no eran lo debido. Si yo protestaba, si yo decAi??a, no habAi??a manera de comprobar quAi?? era lo que estaba pasando. Esto es lo que se referAi??a a estas cosas grandes, de la producciA?n del campo, la producciA?n de algunas cosas del taller. En general, las cosas del taller como eran poquitas sAi?? se podAi??an controlar mejor y despuAi??s se abandonaron porque se empezA? a dejar. Lo de los tapetes ya no se hizo, lo de encuadernaciA?n ya no habAi??a material y todas esas cosas fueron abandonA?ndose; pero en general, la administraciA?n que comprendAi??a no nada mA?s esto de la terapia ocupacional sino todo el manejo de alimentaciA?n para los enfermos, de ropa para los enfermos, se prestabaAi??a multitud de abusos, y eso es lo que principalmente produjo en La CastaAi??eda un malestar y una cosa de maltrato para los enfermos, de mala atenciA?n, de descuido y de abuso; se presentaron abusos dentro de los mismos pabellones, ya no era nada mA?s del administrador, sino multitud de empleados que vivAi??an en La CastaAi??eda, que lograron tener la concesiA?n del administrador, de ocupar un departamento en un lugar, una habitaciA?n en otro lugar, y asAi?? sucesivamente, y de los mismos jefes de pabellA?n, de los enfermeros, que sacaban la comida, que se llevaban alimentos, que las raciones que debAi??an ser para los pabellones se las llevaban para su casa, y esto a pesar de que se habAi??an implantado medidas de revisiA?n para que al salir los trabajadores se viera quAi?? llevaban. Provocaba esto muchas fricciones, muchas protestas, y conforme fue pasando ya el tiempo en la segunda etapa, es decir, despuAi??s de que yo salAi?? llegaron a tener abusos muy grandes y muy difAi??cilmente se pudieron corregir.

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Para leer el artAi??culo completo,Ai??SuscrAi??base a la revista BiCentenario.

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