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Una virreina durante la guerra de independencia

Ana Rosa Suárez Argüello
Instituto Mora
Revista BiCentenario #17

Sabemos acerca del papel desempeñado por un sinnúmero de mujeres durante la lucha por la Independencia de México y cómo, de manera más o menos emprendedora y eficaz, participaron en las distintas conspiraciones que se dieron, llevaron armas e información al campo de campaña colaboraron económicamente con la causa rebelde. Conocemos muy poco, sin embargo, de aquellas vinculadas con el bando realista, bien por convencimiento propio, bien por razones familiares o de clase social. En este sentido, la historia de María Francisca de Góndara resulta interesante pues como esposa del general Félix María Calleja tuvo ocasión de estar cerca, primero del mando militar, más tarde del mando político por haberse convertido su esposo en virrey de la Nueva España. Siendo criolla por nacimiento, uno puede preguntarse si este origen no marcó su visión de la insurgencia, si por lo mismo ella pudo influir en la toma de decisiones o si más bien se limitó a desempeñar el rol femenino disminuido que le concedían la tradición y las costumbres. Busquemos una respuesta en la obra titulada La virreina mexicana, doña María Francisca de la Góndara de Calleja, escrita por José de Jesús Núñez y Domínguez, escritor, político y diplomático mexicano (1887-1959), obra publicada por la Imprenta Universitaria en 1950 y que al día de hoy representa el mejor y más completo trabajo que se ha escrito acerca de ella.

María Francisca de Góndara nació el 29 de enero de 1786, en la hacienda de San Juan de Vanegas, propiedad de su padre, en San Luis Potosí. Muertos sus progenitores cuando era muy pequeña, ella y sus dos hermanas fueron educadas por los tíos, como las niñas de la élite de entonces, en las primeras letras, la costura, la cocina y el rezo. Solían pasar el tiempo entre la ciudad de San Luis Potosí y la cercana hacienda de Bledos, propiedad de su tío. Por ser éste el Alférez Real de la Intendencia, las tres se convertirían con los años en buenos partidos. Esto, y un rostro amable, buen porte y maneras distinguidas, debieron atraer muchos pretendientes a María Francisca. Nadie iba a suponer que un día marcharía al altar con un hombre mucho mayor y de carácter sesudo y melancólico: don Félix María Calleja.
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