Los primeros pasos de la ciencia ficción mexicana

Miguel Ángel Castro / Instituto de Investigaciones Bibliográficas, UNAM

BiCentenario #20

Leopoldo Galluzzo, Altre scoverte fatte nella luna dal Sigr, Herschel, 1836

Leopoldo Galluzzo, Altre scoverte fatte nella luna dal Sigr, Herschel, 1836

México en el año 1970 fue la segunda obra de ciencia ficción que recoge la literatura mexicana. Escrita hace 169 años, sus dos personajes hablan de una ciudad culta de 800 000 habitantes, un mundo de profesionales calificados, calles iluminadas, justicia impoluta y una paz construida con base al combate a la corrupción de los funcionarios públicos. Presentamos el cuento escrito bajo el seudónimo de Fósforos.

Vale recordar el éxito editorial que tuvieron hacia finales del siglo XIX las obras de Julio Verne y, más tarde, las de H. G. Wells, que contribuyeron, sin duda, a que fueran consideradas lecturas de entretenimiento provechoso, sobre todo para los jóvenes, y le confirieron a las aventuras científicas, sin proponérselo tal vez, un lugar destacado y propio en la cultura escrita al arranque del siglo XX. Cerraban así el ciclo del viaje en globo alrededor del planeta para especular con el viaje en el tiempo y anunciar el viaje a la Luna en cohete, como lo comprendió y dramatizó en su extraordinaria y perdurable cinta George Méliès en 1902. Es oportuno mencionar que Hugo Gernsback es el menos conocidos de los fundadores de la ciencia ficción (cf) a pesar de que fue él quien popularizó el nombre del género de los textos especulativos con explicaciones científicas en su revista ilustrada Amazing Stories (1926).

El texto que recibe el honor de inaugurar el género de la cf entre nosotros se debe al fraile Manuel Antonio de Rivas. Apareció en 1775 y en él intenta mezclar a Descartes y Newton con Voltaire para imaginar un viaje a la Luna en un carro volador. El título completo revela la anticipación de su autor: Un viaje literario a la luna. Zizigias y cuadraturas lunares ajustadas al meridiano de Mérida de Yucatán por un anctítona o habitador de la luna, y dirigidas al bachiller don Ambrosio de Echeverría, entonador de kyries funerales en la parroquia del Jesús de dicha ciudad, y al presente profesor de logarítmica en el pueblo de Mama de la península de Yucatán, para el año del Señor de 1775. Lo siguen en el siglo xix diez cuentos de diversos autores, anónimos casi todos; Querens, la primera novela de cf mexicana salida en 1890 de la alterada imaginación de Pedro Castera; un puñado de cuentos de Amado Nervo, y Eugenia, narración de Eduardo Urzaiz, publicada en 1919 y, al parecer, cercana a Un mundo feliz de Aldous Huxley.

Para ratificar la existencia de una historia de la literatura de cf mexicana, merece la pena recuperar el cuento México en el año 1970, considerado por los especialistas como el segundo en ver la luz, tras el del fraile Rivas. Fue publicado en El Liceo Mexicano (México, Imprenta de J. M. Lara, 1844, pp. 347‒348), escrito por un autor de personalidad incendiaria ya que se ocultó tras el seudónimo de Fósforos (o Fósforos Cerillos). Los estudiosos de la cf mexicana han aceptado la tesis propuesta por Miguel Ángel Fernández Delgado en diversos trabajos sobre la identificación de Sebastián Camacho y Zulueta como Fósforos‒Cerillos. Sus argumentos se hallan en el compendio Latin American Science Fiction Writers. An A-to-Z Guide, editado por Darrell B. Lockhart en 2004. Fernández menciona que Camacho y Zulueta nació en Jalapa en 1820 (hoy, gracias a la investigación del historiador Antonio Sanchís, podemos precisar que fue en 1822 y tuvo tres esposas; con la primera concibió siete hijos), que se graduó como ingeniero de minas, que fue político y negociante, involucrado en las inversiones relacionados con los ferrocarriles, y que fue senador hasta su muerte en la capital mexicana en 1915.

 México en el año 1970

Don Próspero.– Es preciso confesar, sobrino mío, que los adelantos del siglo xx en todas materias son gigantescos; pero el que más me entusiasma y me hace concebir las más lisonjeras esperanzas de que nuestra juventud causará una revolución brillante en las ciencias y artes, es que por fin los hombres se han convencido íntimamente de que la piedra filosofal para todas las empresas es que cada individuo se dedique exclusivamente a un solo ramo y trate de hacer en él cuantas reformas juzgue convenientes. El defecto más pronunciado de nuestros mayores en los siglos 18 y 19 era el espíritu enciclopédico; y el que no podía dar su opinión sobre varias materias, no era tenido por sabio; lo cual, como debes suponer, sólo producía charlatanes, los más superficiales que pueden concebirse. Registra la mayor parte de los periódicos literarios de México del siglo pasado y los hallarás llenos (principalmente algunos que había de pane lucrando et stomacho deponendo) de artículos de ningún interés, regularmente de costumbres; pero ¡¡¡Qué costumbres!!!… y necesitas echarte a nadar para hallar en ellos algún buen artículo científico o histórico. ¿Quién habrá muerto, que están doblando en todas las iglesias de México?

México, 1870

México, 1870

Ruperto.– El telégrafo eléctrico avisó esta mañana a las siete que ha muerto repentinamente, a las cinco y media de la mañana, el gobernador de las Californias, hombre muy apreciable por sus virtudes, su vasta instrucción y su laboriosidad. El presidente ha dispuesto se le haga un suntuoso funeral: se han preparado 120 globos para conducir las guarniciones militares de México, Puebla, Veracruz, Jalisco, Matamoros, Monterrey y Chihuahua al lugar de dicho funeral; y se han citado a los gobernadores y autoridades principales de todos los departamentos, para que estén a las diez del día de mañana en el palacio del difunto para que asistan a la función fúnebre que debe verificarse en la Catedral de la misma ciudad en que falleció.

Don Próspero.– Si no me perjudicase tanto el movimiento de los globos aerostáticos, iría al funeral; pero a los noventa años nada puede un pobre viejo y desgraciadamente es la edad en que se desea todo, aún con más ahínco que en la infancia.

México, 1870

México, 1870

Ruperto.– Pierda usted cuidado, tío, pues el presidente ha mandado que se grabe la vista de la comitiva del paseo fúnebre, en una lámina de daguerrotipo que tenga ocho varas de largo y seis de ancho, y que se coloque en un salón del palacio de Californias, pero sacándose otro igual que debe colocarse en las casas consistoriales de México, para que recuerde siempre a los gobernadores de este departamento que el buen porte produce siempre la estimación pública. Además se ha de publicar en los periódicos la descripción del funeral.

Don Próspero.– ¿Y los ministros concurrirán?

Ruperto.– Se dice que no; porque están muy disgustados con el presidente, y no quieren acompañarlo.

Don Próspero.– ¿De qué ha provenido esta incomodidad?

Ruperto.– De haberles circulado una orden para que den audiencia a todo el mundo dos horas antes del despacho; pues ha tenido repetidas quejas de que se encierran en sus gabinetes y no quieren oír las solicitudes de los que a ellos ocurren.

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