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Fausto E. Gómez García Doctorado en Historia, Facultad de Filosofía y Letras – UNAM En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. Entre 1984 y 1995 la holandesa Safuega se instaló en Guadalajara y Tepoztlán, dando lugar al desarrollo de un proyecto de feminismo radical que denominó Oasis, y que atraería no sólo a mexicanas sino también a mujeres estadunidenses y europeas.  Un grupo de feministas lesbianas de Guadalajara, Jalisco, organizó en junio de 2006 un evento titulado “Foro en retrospectiva del movimiento lésbico: Evento en memoria de Safuega”. El homenaje rendía culto a los logros de esa amiga y compañera, quien había muerto recientemente bajo circunstancias inciertas, y de la cual la mayoría de las asistentes llevaba años sin saber nada de ella. En 1985, Safuega había establecido un espacio para lesbianas en el pueblo de Tepoztlán, Morelos, e hizo mucho por poner en contacto a las feministas lesbianas de México con

Marisa Pérez Domínguez Instituto Mora En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. Hubiese preferido Estados Unidos, pero su voz filosa no se lo permitió. La obligada salida a Cuba del intelectual porfirista transitó entre el desagrado por el clima, limitaciones económicas y la imposibilidad de hallarse cómodo siendo extranjero. La novela Santa, publicada en 1903, es sin duda alguna la obra que le dio gran reputación literaria a Federico Gamboa en las letras hispanoamericanas. El éxito fue tal que años después la transformaron en un melodrama inolvidable del cine mexicano; una verdadera leyenda popular. A propósito de este logro editorial, como señaló José Emilio Pacheco, se desprende un diálogo con José Rubén Romero, autor de La vida inútil de Pito Pérez, en donde don Federico declaró: “así como me ve de decente vivo de una mujer: de mi Santa”, a lo que Romero respondió: “pues yo le

José Fernando Madrid Quezada Instituto Mora  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. El siglo XIX no solo fue el de los tiempos de conflictos políticos en la capital del país, también fue el de la expansión de árboles y plantas en calles, paseos y jardines públicos. Gran parte se le debe al Jardín de Plantas de San Francisco, entre otros interesados del empresariado local, por embellecer y modernizar la ciudad.  Para los amantes de los árboles, la Ciudad de México ofrece una mezcla fascinante de especies. En Xochimilco persiste el ahuejote; en Chapultepec resisten los añejos ahuehuetes. Pero junto a ellos abundan laureles de la India, truenos, jacarandas, eucaliptos y ficus: árboles que no son originarios de la cuenca de México y que, sin embargo, hoy parecen inseparables del paisaje capitalino.  La presencia de estas especies no es casual. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, al mismo tiempo que se

Emiliano Canto Mayén CIHS-UACAM  A David Olvera A. En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. El poder se nutre de símbolos y los platos compartidos han sido una manifestación acentuada durante siglos. El emperador de México y su esposa lo expusieron para recibir a diplomáticos, militares, obispos o artistas, fuesen mexicanos o extranjeros. De la sopa de tortuga al filete de lenguado, el cognac y el vino de Burdeos, todo pasaba por platillos europeos con ingredientes nacionales, en viajes a Guanajuato y Mérida o como anfitriones en Palacio Nacional.  Pocos temas son tan atractivos como el arte culinario y las galas durante aquellas épocas que destacan por su abundancia y lujo en banquetes y festines. Mucho se ha escrito sobre las estrategias con las que Maximiliano y Carlota intentaron granjearse la simpatía de los mexicanos y persuadirlos de las ventajas de la monarquía. Los emperadores introdujeron un ceremonial inédito en un país que siempre ha amado las solemnidades: instauraron condecoraciones, organizaron giras oficiales por

Ana Rosa Suárez Argüello Instituto Mora  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. A mediados del siglo XIX, el noroeste del país estaba en la mira del expansionismo imperial estadunidense. Napoleón III se propuso frenarlo. Francia recibió el proyecto de un exsenador californiano para hacer un desarrollo económico basado en la explotación mineral. Las desconfianzas razonables primaban sobre un interés poco genuino para México.  La historia del segundo imperio mexicano está llena de proyectos ambiciosos, grandes ilusiones y realidades imposibles. Entre esas iniciativas destaca el plan del exsenador estadunidense William M. Gwin, quien entre 1864 y 1865 imaginó transformar el noroeste de México –principalmente Sonora y Chihuahua– en un gran centro de colonización y minería. Aunque el proyecto nunca se realizó, revela mucho sobre las tensiones internacionales de la época, la fragilidad del gobierno de Maximiliano y la forma en que los intereses extranjeros veían a México como un territorio a disputar.  Para entender este plan debemos retroceder unos años.

Sebastián Tapia Vázquez Instituto Mora  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. El juicio y muerte de este líder de los abolicionistas de la esclavitud en Estados Unidos no pasó desapercibido en la prensa conservadora de la Ciudad de México de 1859. Lo utilizó como un símil entre la supuesta fragilidad moral y política del país vecino con el ideario liberal, y sinónimo del inevitable fracaso de ese proyecto político. Encabezados como “Exequias por el alma de John Brown” y títulos similares poblaron los impresos conservadores de la Ciudad de México entre 1859 y 1860, donde relataban los últimos momentos de vida de un reo condenado a la horca en Estados Unidos. ¿Por qué, cuando México se encontraba en medio de una cruenta guerra intestina, los responsables de los impresos dedicaron algunas de sus primeras planas para hablar de sucesos que tuvieron lugar fuera de sus fronteras? ¿Quién fue John Brown? Un acto de reflexión en

Rodolfo Ramírez Rodríguez Facultad de Economía, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 34.  Las narraciones sobre el maguey escritas por figuras públicas destacadas como Manuel Payno Cruzado y los hermanos Pedro e Ignacio Blásquez con el fin de posicionar a la producción pulquera como una industria nacional a la llegada del príncipe de la casa de Austria, muestra que ya a mediados del siglo XIX se veía el potencial económico que tenía para la época.  Se ha creído que la industria del pulque fue impulsada en los años finales del porfiriato cuando se consolidó una estructura productiva y empresarial que con el tiempo se conoció como la “aristocracia pulquera”, nombre que, a su vez, recordaba a las familias con títulos de nobleza que poseyeron haciendas magueyeras en el siglo XVIII . Sin embargo, el deseo por mejorar el proceso de producción de esta bebida en México data de mediados de siglo XIX.  Antes de que el maguey alcanzara el importante honor de ser

Lorena Careaga Viliesid Academia Mexicana de la Historia Miembro corresponsal por Quintana Roo En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70. Del pueblo costero quintanarroense solo quedan ruinas y un único habitante, Valentín. Pero detrás, en el tiempo, se remonta a una historia de progreso, de la mano del auge de la producción del chicle y su exportación. Esa mañana Don Valentín abrió los ojos más tarde que de costumbre. Eran casi las siete cuando se levantó de la hamaca aún con sueño. Había llovido toda la noche y eso siempre le producía cierta inquietud, como una voz susurrando en su interior que no le permitía dormir profundamente, sino que lo mantenía en una especie de vigilia, de la cual despertaba de inmediato si el golpeteo de la lluvia, persistente y monótono, variaba de algún modo.             Con su tazón de café negro en la mano, observó el

Anna Ribera Carbó Instituto Nacional de Antropología e Historia Eulalia Ribera Carbó Instituto Mora En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70. ¿Qué observaciones puede hacer un extranjero sobre el México que se encuentra al llegar aquí? Montserrat Pecanins da cuenta sobre costumbres e idiosincrasia, con un humor mordaz y recuerdos cargados de sentimiento. Desde que los primeros europeos avistaron costas mexicanas en el siglo xvi, numerosos viajeros han dejado testimonio de lo que encontraron. Lo hicieron a finales del xxviii, extranjeros de diversas nacionalidades, no sólo españoles, empujados por un afán de conocimiento propio del pensamiento ilustrado. Después de lograda la independencia política del país, a ese interés científico se sumó el económico y político de quienes venían procedentes de las potencias europeas o del vecino Estados Unidos, interesados en los recursos naturales y la posibilidad de apoderarse de los circuitos comerciales restringidos hasta hacía poco tiempo

Flor de María Salazar Mendoza Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Autónoma de San Luis Potosí En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70. La tardía respuesta de las autoridades de salubridad de San Luis Potosí ante la llegada de la influenza motivó un rápido movimiento de la sociedad civil organizada en la Cámara Nacional de Comercio y las Damas de la Caridad. Su aporte fue trascendental para dar a conocer las medidas a aplicar y el reparto de medicinas y plantas medicinales. En el otoño de 1918 los habitantes de San Luis Potosí vivieron días de angustia, miedo e incertidumbre por causa del virus de la influenza, cuya etiología se desconocía entonces por lo que el tratamiento resultaba más complicado. Existen reportes que registran la presencia de la enfermedad en Europa y Asia desde el siglo VIII y se sabe que, a partir de entonces, existió

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