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Rodolfo Ramírez Rodríguez Facultad de Economía, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 34.  Las narraciones sobre el maguey escritas por figuras públicas destacadas como Manuel Payno Cruzado y los hermanos Pedro e Ignacio Blásquez con el fin de posicionar a la producción pulquera como una industria nacional a la llegada del príncipe de la casa de Austria, muestra que ya a mediados del siglo XIX se veía el potencial económico que tenía para la época.  Se ha creído que la industria del pulque fue impulsada en los años finales del porfiriato cuando se consolidó una estructura productiva y empresarial que con el tiempo se conoció como la “aristocracia pulquera”, nombre que, a su vez, recordaba a las familias con títulos de nobleza que poseyeron haciendas magueyeras en el siglo XVIII . Sin embargo, el deseo por mejorar el proceso de producción de esta bebida en México data de mediados de siglo XIX.  Antes de que el maguey alcanzara el importante honor de ser

Samantha Hernández QuirozBenemérita Universidad Autónoma de Puebla En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 50. En su historia, las pulquerías fueron espacios públicos para beber, pero también para divertirse y comer. Tanto para hombres como para mujeres. Las reglamentaciones y sus prohibiciones durante cuatro siglos no lograron más que fortalecer su tradición y convertirlas en una señal de identidad mexicana. Las pulquerías fueron descritas por cronistas y escritores costumbristas mexicanos en el siglo XIX como lugares que permitían contrastar la alegría con la tristeza de alrededor. Fungieron como esferas para la sociabilidad de los sectores populares, pero en un claro antagonismo, las reglamentaciones oficiales intentaron frenar dicha costumbre. Así, durante varios años se crearon estatutos de tinte moralizador con la intención de quitar a los sectores populares de los expendios de pulque. Sociabilidad Manuel Payno recuerda, en su novela costumbrista Los bandidos de Río Frío, haber visto

El pulque, conocido tambiAi??n como el ai???nAi??ctar de los diosesai???, y durante muchos siglos parte de la dieta del mexicano, se ha podido enlatar y son ya varias las empresas mexicanas que venden buena parte de su producciA?n no sA?lo en el paAi??s, sino en Estados Unidos y la Comunidad Europea. Por mencionar tan sA?lo un ejemplo, una de ellas dedica 100 hectA?reas a la siembra de las cactA?ceas y produce mA?s de 300 mil latas mensuales de pulque y curados de distintos colores y sabores.

Si pudiAi??ramos imaginar una pulquerAi??a del siglo XIX, el resultado se asemejarAi??a a una de las descripciones que hizo el escritor Guillermo Prieto en Memorias de mis tiempos: Un jacalA?n inmenso con techo de dos aguas formado de tejamanil sostenido por vigones y bases de piedra. Uno de sus lados da al aire libre, otro lo forman tablones gruesos, con mesas corridas y sillas bajas de tule. El suelo es de tierra apisonada y se cubre a veces con un poco de aserrAi??n, A?ptimo para jugar rayuela sobre Ai??l.

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