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José Fernando Madrid Quezada Instituto Mora  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70. El siglo XIX no solo fue el de los tiempos de conflictos políticos en la capital del país, también fue el de la expansión de árboles y plantas en calles, paseos y jardines públicos. Gran parte se le debe al Jardín de Plantas de San Francisco, entre otros interesados del empresariado local, por embellecer y modernizar la ciudad.  Para los amantes de los árboles, la Ciudad de México ofrece una mezcla fascinante de especies. En Xochimilco persiste el ahuejote; en Chapultepec resisten los añejos ahuehuetes. Pero junto a ellos abundan laureles de la India, truenos, jacarandas, eucaliptos y ficus: árboles que no son originarios de la cuenca de México y que, sin embargo, hoy parecen inseparables del paisaje capitalino.  La presencia de estas especies no es casual. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, al mismo tiempo que se

Emiliano Canto Mayén CIHS-UACAM  A David Olvera A. En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70. El poder se nutre de símbolos y los platos compartidos han sido una manifestación acentuada durante siglos. El emperador de México y su esposa lo expusieron para recibir a diplomáticos, militares, obispos o artistas, fuesen mexicanos o extranjeros. De la sopa de tortuga al filete de lenguado, el cognac y el vino de Burdeos, todo pasaba por platillos europeos con ingredientes nacionales, en viajes a Guanajuato y Mérida o como anfitriones en Palacio Nacional.  Pocos temas son tan atractivos como el arte culinario y las galas durante aquellas épocas que destacan por su abundancia y lujo en banquetes y festines. Mucho se ha escrito sobre las estrategias con las que Maximiliano y Carlota intentaron granjearse la simpatía de los mexicanos y persuadirlos de las ventajas de la monarquía. Los emperadores introdujeron un ceremonial inédito en un país que siempre ha amado las solemnidades: instauraron condecoraciones, organizaron giras oficiales por

Ana Rosa Suárez Argüello Instituto Mora  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70. A mediados del siglo XIX, el noroeste del país estaba en la mira del expansionismo imperial estadunidense. Napoleón III se propuso frenarlo. Francia recibió el proyecto de un exsenador californiano para hacer un desarrollo económico basado en la explotación mineral. Las desconfianzas razonables primaban sobre un interés poco genuino para México.  La historia del segundo imperio mexicano está llena de proyectos ambiciosos, grandes ilusiones y realidades imposibles. Entre esas iniciativas destaca el plan del exsenador estadunidense William M. Gwin, quien entre 1864 y 1865 imaginó transformar el noroeste de México –principalmente Sonora y Chihuahua– en un gran centro de colonización y minería. Aunque el proyecto nunca se realizó, revela mucho sobre las tensiones internacionales de la época, la fragilidad del gobierno de Maximiliano y la forma en que los intereses extranjeros veían a México como un territorio a disputar.  Para entender este plan debemos retroceder unos años.

Ramón Aureliano Instituto Mora  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70.   Los modismos, gestos, argot y sentido del humor del mexicano de mediados del siglo XX configuran el personaje de “Resortes”, un artista “espontáneo” como se decía él, que de niño hacía títeres y luego recorrería la carpa y los salones de bailes hasta saltar al teatro y el cine.  Actor y diestro “bailador”, según sus propias palabras, “Resortes” no fue únicamente un actor cómico del cine mexicano, sino el resultado vivo de una cultura popular que se forjó en las carpas, los salones de baile y en la observación aguda de la vida cotidiana. Antes de consolidarse como una figura reconocida en el cine, su trayectoria estuvo atravesada por la precariedad económica, la resistencia de sus padres hacia el mundo artístico y una formación completamente autodidacta. Aprendió del contacto directo con el público, la improvisación y en la capacidad de transformar la experiencia popular en recurso escénico. Comenzó su amplia carrera en las carpas, como comediante y en el

Renato Alejandro Flores Chinchót  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70. Lealtad, fidelidad, resignación. Mucho se espera de los hombres. Nada se reprocha. Algo se perderá en el camino. Todo sea por la revolución.  Gustavo:  Yo que vivo para mí, para mis viajes, para correr; tú que vives para mí, por mis viajes, y que te quedas quieto cuando vago por el mundo. ¿Quién más podría ser sino mi mejor secretario? Tú. Si no en China, en Italia; si no en Nueva York, en San Francisco, si no por el Viaducto, por uno de esos 30 000 kilómetros de asfalto que me ayudaste a desarrollar. No hubo un solo día, desde hace 20 años, en que no hayas hecho todo ese maldito papeleo para el que yo no nací.  Puedo decir, con absoluto orgullo, que desde el primer lance en el Congreso has sido siempre mi más fiel aliado. Indomable, como eres, desde

Sebastián Tapia Vázquez Instituto Mora  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70. El juicio y muerte de este líder de los abolicionistas de la esclavitud en Estados Unidos no pasó desapercibido en la prensa conservadora de laCiudadd de México de 1859. Lo utilizó como un símil entre la supuesta fragilidad moral y política del país vecino con el ideario liberal, y sinónimo del inevitable fracaso de ese proyecto político. Encabezados como “Exequias por el alma de John Brown” y títulos similares poblaron los impresos conservadores de la ciudad de México entre 1859 y 1860, donde relataban los últimos momentos de vida de un reo condenado a la horca en Estados Unidos. ¿Por qué, cuando México se encontraba en medio de una cruenta guerra intestina, los responsables de los impresos dedicaron algunas de sus primeras planas para hablar de sucesos que tuvieron lugar fuera de sus fronteras? ¿Quién fue John Brown? Un acto de reflexión en torno a estos cuestionamientos puede arrojar luz sobre la globalización experimentada al mediar el siglo XIX, donde los sucesos locales no estaban aislados, sino que fueron observados como parte de

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