Archivo del Autor: José Armando Chávez Velasco

Fausto E. Gómez García Doctorado en Historia, Facultad de Filosofía y Letras – UNAM En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. Entre 1984 y 1995 la holandesa Safuega se instaló en Guadalajara y Tepoztlán, dando lugar al desarrollo de un proyecto de feminismo radical que denominó Oasis, y que atraería no sólo a mexicanas sino también a mujeres estadunidenses y europeas.  Un grupo de feministas lesbianas de Guadalajara, Jalisco, organizó en junio de 2006 un evento titulado “Foro en retrospectiva del movimiento lésbico: Evento en memoria de Safuega”. El homenaje rendía culto a los logros de esa amiga y compañera, quien había muerto recientemente bajo circunstancias inciertas, y de la cual la mayoría de las asistentes llevaba años sin saber nada de ella. En 1985, Safuega había establecido un espacio para lesbianas en el pueblo de Tepoztlán, Morelos, e hizo mucho por poner en contacto a las feministas lesbianas de México con

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 71. Comentarios en el muro de Facebook  Sobre “La Preparatoria Popular” “Una experiencia de autogestión educativa” (BiCentenario, núm. 61).  Fui alumna de la Prepa Popular. Además de las materias obligatorias requeridas por la UNAM, tuvimos un seminario político, en el que estudiamos a Marx, Engels y bastantes filósofos más. En tercer año leímos un libro de literatura cada mes. Gracias a todos mis profesores.   Imelda Pérez Hernández   Sobre “La Casa del Estudiante Indígena, ¿un experimento psicológico-social? (1926-1932)” (BiCentenario, núm. 12).  Mi abuelo, el profesor Epifanio Estrada Cruz, fue admitido ahí. La educación que recibió lo hizo un gran maestro, distinguido en Atlixco por su dedicación y compromiso con la niñez poblana, además de ser reconocido como poeta, músico y compositor.  Iris Gómez Estrada  POR AMOR A LA HISTORIA  La Casa Kahlo fue el hogar de una familia cuyo legado al patrimonio cultural de México es muy grande. Resguarda recuerdos, objetos y

Darío Fritz  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. La mujer de la imagen es una abuela. Una abuela migrante mexicana que recoge tomates en un campo de Santa Clara Valley, California, y que junto a su “amplia” familia había migrado en 1938, como en años anteriores, desde Glendale, Arizona, para trabajar en las cosechas californianas. El meticuloso dato del rango familiar que la autora de la foto, Dorothea Lange, dejó registrado, permite correr la certera imaginación de que a sus alrededores, una prole significativa de hasta nietos, estarían pendientes como ella de los frutos ya maduros para recoger. Tampoco la imaginación sería caprichosa si dijéramos que no muy lejos de allí, la abuela y los suyos pasarían las horas de descanso bajo una carpa sin servicio alguno. Le pasaba a los blancos, y con más razón a latinos y afroamericanos. En esos años, Lange y otros dos colegas, Rusell Lee y Walker Evans, habían

En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. Encaramados en la inestabilidad política de gran parte del siglo xix y cubiertos por la ausencia de autoridad en los caminos rurales del país, arropados en la convivencia con los pueblos a donde la fortuna nunca llegaría, los bandidos fueron motivo de inseguridad, miedo y terror para quienes querían cruzar las solitarias rutas de tierra y polvo del país. Se hicieron leyenda bajo el nombre de Joaquín Murrieta, Juan Vicario, Leonardo Márquez y Heraclio Bernal, así como de bandas célebres: Los Plateados y Los Chaveños. La valentía los convirtió en mito entre los suyos, así como el crimen, los maltratos y, obviamente, el robo, en motivo de persecución. Lograda la estabilidad política y entrada la modernidad porfiriana, fueron perdiendo vitalidad hasta desaparecer (décadas después se organizaría otra criminalidad letal y corruptora que seguimos padeciendo. Pero esa es otra historia).  En el

Aurora Reyes Flores Ana Rosa Suárez Argüello Instituto Mora En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. La pintora Aurora Reyes Flores hace un retrato de la poesía, filosofía y enseñanza de su amiga Juana Belén Gutiérrez Chávez, una intelectual que desde su mirada liberal, la defensa de la mujer y el periodismo supo ganarse un lugar en el México de principios del siglo XX, aun a costa de la cárcel y la persecución.  El testimonio que aquí se presenta da cuenta de la profunda admiración que Aurora Reyes Flores, considerada la primera pintora muralista mexicana, sintió por Juana Belén Gutiérrez Chávez, quien desde los años del porfiriato sostuvo –hasta el sacrificio personal– que la justicia no admite demoras y la palabra puede ser un arma.  Juana Belén había nacido en Durango en 1875 y creció en Coahuila, entre la escuela de una hacienda y los libros que fue leyendo por su cuenta. Su formación fue, sobre todo, autodidacta: aprendió leyendo, escribiendo y discutiendo, hasta convertir el periodismo en oficio y destino. Viuda

Víctor Manuel Carlos Gómez Universidad Autónoma de Aguascalientes En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. La representación pictórica del delincuente que atraca diligencias en el México del siglo XIX está marcada por el clasismo y una mirada racial, donde estos son morenos y pobres, mientras sus víctimas son gente adinerada y blanca. El único propósito es mostrar su capacidad para hacer daño.  Salieron de madrugada con rumbo al cerro del Águila para juntar leña, sin saber que escondidos entre unos matorrales los esperaban unos bandidos. Padre e hijo eran arrieros y habían recorrido esa ruta innumerables veces. Iban sin prisa, al paso en sus burros. De repente, dos hombres saltaron desde la orilla del camino impidiéndoles pasar, amenazándolos con un machete y un mosquete. Juan de Luna reunió valor y dijo a su hijo que se resistirían al asalto. No había terminado de hablar cuando un ruido a su espalda llamó su atención. De la oscuridad emergieron seis sujetos cubiertos de la

Eréndira Paz López  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. Durante más de medio siglo se normalizó el abandono paterno del hogar. Madres e hijos fueron las víctimas. Mucho cambió a partir de la entrada del siglo XXI La narrativa se modificó y las mujeres comenzaron a ser escuchadas. Con la protesta en las calles, se aprobó una significativa transformación legal. Aun así, hay una deuda que no prescribe.  El origen de la deuda moral no está en los códigos civiles ni en las reformas recientes; está en la estructura social que México construyó durante más de medio siglo, una estructura que convirtió el abandono paterno en costumbre, la maternidad en obligación y la infancia en daño colateral. No fue un fenómeno aislado ni una anomalía social: fue una pedagogía nacional que cruzó generaciones enteras, moldeando lo que se consideraba normal, tolerable o incluso inevitable.  En los años setenta, cuando la separación

Marisa Pérez Domínguez Instituto Mora En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. Hubiese preferido Estados Unidos, pero su voz filosa no se lo permitió. La obligada salida a Cuba del intelectual porfirista transitó entre el desagrado por el clima, limitaciones económicas y la imposibilidad de hallarse cómodo siendo extranjero. La novela Santa, publicada en 1903, es sin duda alguna la obra que le dio gran reputación literaria a Federico Gamboa en las letras hispanoamericanas. El éxito fue tal que años después la transformaron en un melodrama inolvidable del cine mexicano; una verdadera leyenda popular. A propósito de este logro editorial, como señaló José Emilio Pacheco, se desprende un diálogo con José Rubén Romero, autor de La vida inútil de Pito Pérez, en donde don Federico declaró: “así como me ve de decente vivo de una mujer: de mi Santa”, a lo que Romero respondió: “pues yo le

José Fernando Madrid Quezada Instituto Mora  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. El siglo XIX no solo fue el de los tiempos de conflictos políticos en la capital del país, también fue el de la expansión de árboles y plantas en calles, paseos y jardines públicos. Gran parte se le debe al Jardín de Plantas de San Francisco, entre otros interesados del empresariado local, por embellecer y modernizar la ciudad.  Para los amantes de los árboles, la Ciudad de México ofrece una mezcla fascinante de especies. En Xochimilco persiste el ahuejote; en Chapultepec resisten los añejos ahuehuetes. Pero junto a ellos abundan laureles de la India, truenos, jacarandas, eucaliptos y ficus: árboles que no son originarios de la cuenca de México y que, sin embargo, hoy parecen inseparables del paisaje capitalino.  La presencia de estas especies no es casual. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, al mismo tiempo que se

Emiliano Canto Mayén CIHS-UACAM  A David Olvera A. En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 71. El poder se nutre de símbolos y los platos compartidos han sido una manifestación acentuada durante siglos. El emperador de México y su esposa lo expusieron para recibir a diplomáticos, militares, obispos o artistas, fuesen mexicanos o extranjeros. De la sopa de tortuga al filete de lenguado, el cognac y el vino de Burdeos, todo pasaba por platillos europeos con ingredientes nacionales, en viajes a Guanajuato y Mérida o como anfitriones en Palacio Nacional.  Pocos temas son tan atractivos como el arte culinario y las galas durante aquellas épocas que destacan por su abundancia y lujo en banquetes y festines. Mucho se ha escrito sobre las estrategias con las que Maximiliano y Carlota intentaron granjearse la simpatía de los mexicanos y persuadirlos de las ventajas de la monarquía. Los emperadores introdujeron un ceremonial inédito en un país que siempre ha amado las solemnidades: instauraron condecoraciones, organizaron giras oficiales por

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