La revolución y el tiburón martillo
Javier Rico M. Facultad de Filosofía y Letras, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 29-30. El viaje estudiantil del verano de 1975 a un lejano Puerto Escondido estaba impregnado de ideales revolucionarios. En el camino, el descubrir el México profundo dejó otras enseñanzas para aquellos jóvenes que luego se perderían en sus propias búsquedas de vida. “Pero ustedes no traen nada, ¿verdad?” Por un instante (sólo por un instante) sus palabras fluyeron como un mero trámite para mantener la conversación. “No…”, respondieron casi a coro. Pero pasado ese momento, quizá por una especie de súbita revelación, nos llenamos de espanto. Había pronunciado la frase con el rostro hacia nosotros, pero en realidad su mirada se perdía en el camino que dejábamos atrás a bordo de un vehículo de carga. ¿Era una pregunta como cualquier otra, una sospecha o, peor aún, aun advertencia?, ¿qué había querido decir con …nada…?, ¿objetos robados,
Veracruz en la mirada de Montserrat Pecanins
Anna Ribera Carbó Instituto Nacional de Antropología e Historia Eulalia Ribera Carbó Instituto Mora En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70. ¿Qué observaciones puede hacer un extranjero sobre el México que se encuentra al llegar aquí? Montserrat Pecanins da cuenta sobre costumbres e idiosincrasia, con un humor mordaz y recuerdos cargados de sentimiento. Desde que los primeros europeos avistaron costas mexicanas en el siglo xvi, numerosos viajeros han dejado testimonio de lo que encontraron. Lo hicieron a finales del xxviii, extranjeros de diversas nacionalidades, no sólo españoles, empujados por un afán de conocimiento propio del pensamiento ilustrado. Después de lograda la independencia política del país, a ese interés científico se sumó el económico y político de quienes venían procedentes de las potencias europeas o del vecino Estados Unidos, interesados en los recursos naturales y la posibilidad de apoderarse de los circuitos comerciales restringidos hasta hacía poco tiempo
En boca de todos
Darío Fritz En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 33. A estos señores la puntualidad no les trae preocupación. El horario en la ciudad es mero ardid para cubrir apariencias. Con overol o con corbata, todo a su debido momento porque es hora de ganarse una pronta inmortalidad en foto. Una selfie, podría decirse hoy, y seguimos, que es mi segundo de fama, antes de que nos ganen el mandado. A estos jóvenes, en cambio, le va aquello de Umberto Eco, de que una cosa es ser famoso “el mejor chofer, por ejemplo, en el recorrido Tacubaya-Mixcoac-San Ángel, si eso interpretamos del joven que lleva peinado con brillantina, o el mejor obrero de la fábrica, en el caso del moreno de sombrero”, pero muy distinto es estar en boca de todos. Ese era otro menester. Estar en boca de todos, así sea por un desliz de esos que
