Los primeros días de la trigarancia

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 53.

Ana Martha Arroyo Alcántara
Facultad de Filosofía y Letras-UNAM

Cuando fue capturado por las fuerzas del virrey, en marzo de 1821, el capitán José María Portilla, de 23 años, era muy cercano a Iturbide. En su confesión, entrega información relevante que de todos modos no afectaría la marcha emancipadora.

Caballería de línea, acuarela, ca. 1910. The New York public library, Vinkhuizen Collection.

El texto que a continuación se presenta es un interrogatorio realizado al capitán José María Portilla, un oficial trigarante capturado por las fuerzas virreinales durante los primeros días de la rebelión de Agustín de Iturbide; por lo tanto, constituye un excelente acercamiento a la cotidianidad del ejército de las tres garantías. El capitán Portilla sirvió en las fuerzas de Iturbide desde que este quedó al frente, en 1820, de la Comandancia del Sur y Rumbo a Acapulco. Ya iniciada la rebelión, en marzo de 1821, Portilla fue nombrado ayudante de campo y secretario personal de Iturbide, primer jefe del ejército independiente. La cercanía entre ambos quedó reflejada durante el interrogatorio, gracias a lo cual podemos hoy conocer los objetivos, movimientos, estrategias, número de hombres armados y comandantes de la rebelión inicial.

El capitán Portilla recibió la orden de partir a la ciudad de México para entregar una muy variada documentación de oficiales y jefes trigarantes, además de correspondencia personal del propio Iturbide. Así, marchó con un oficio sobre el plan de independencia destinado al virrey Juan Ruiz de Apodaca, conde del Venadito, y con una curiosa carta “íntima” dirigida a la famosa Güera Rodríguez.

Las respuestas del interrogado dejan ver el intenso entusiasmo que se desató en Iguala durante la lectura pública –realizada por el declarante– del plan de independencia y de la lista de nombres que compondrían la junta gubernativa del nuevo imperio mexicano. Además, destacan los calificativos que Portilla usó para referirse a Iturbide, ya que, aunque pareciera ser cercano, negó toda conexión llamándolo “pérfido” y “faccioso”, adjetivos que más tarde serían de uso común en las publicaciones oficiales del gobierno virreinal. Es probable que el capitán se mostrara distante de los cabecillas rebeldes para mantenerse a salvo, dando la impresión de que sólo era un inocente peón que seguía órdenes. Tras el interrogatorio, el oficial trigarante quedó prisionero en México durante varios meses, hasta que escapó el 18 de junio de 1821 con ayuda de las tropas independientes que para entonces comenzaron a asediar la capital.

El documento original pertenece a la colección Agustín de Iturbide Papers, 1799-1880, resguardada por la biblioteca del Congreso de Estados Unidos, y se encuentra microfilmado en la biblioteca Ernesto de la Torre Villar, del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora.

La transcripción que aquí se ofrece es tan sólo un fragmento del documento completo y ha sido adaptada a las actuales reglas ortográficas y gramaticales, recurriendo al uso de abreviaturas para hacer más ágil la lectura.

                                                           El mensajero

Declaración tomada al capitán del regimiento provincial de Tres Villas, José María Portilla, México, 21 de marzo de 1821, Papers of Agustín de Iturbide, caja 14, ff. 8-12.

Don Juan de Torres, teniente coronel de infantería, caballero de la militar y nacional orden de San Hermenegildo, y sargento mayor del regimiento de infantería Don Carlos expedicionario, juez fiscal nombrado por el excelentísimo señor virrey [E. S. V.] para la continuación de este sumario en declaración del capitán Don José Portilla […] México a los veintidós días de marzo de mil ochocientos veintiuno.

[Portilla se halla preso] por haberle dirigido el faccioso Iturbide un oficio, acompañándole otro para que lo pusiere en manos del E. S. V; ignora las razones que ha habido para ello, cree que será por precaución.

[El detenido manifestó] que hasta mediados de febrero del presente año mandaba una sección de 500 hombres de todas armas en el rumbo de Acapulco, y para el verificativo del proyecto de Iturbide, se diseminó la división repartiéndola entre las del mando de los tenientes coroneles Don Rafael Ramiro, Don Francisco Manuel Hidalgo y Don Francisco Berdejo, quedando solos Portilla y su ayudante el teniente de regimiento de tres villas Don Francisco Revilla (el que quedó en la secretaría de Iturbide). Enseguida, Iturbide dijo que le siguiere, eso hizo y quedó a su lado con el título de ayudante de campo y escribiendo en aquella secretaría aquello que Iturbide le confiaba, que seguramente no era lo de mayor consideración ni reservas; y que de todo lo que él tenía de conocimiento lo ha dado al E. S. V y al señor general en jefe del Ejército del Sur [Pascual de Liñán].

[Portilla declaró] no recibir pliego ni carta alguna [de Iturbide] y que ciertamente todas las que recibiera o reciba las abrirá el E. S. V., pues protesta su buena fe y sana intención. Cuando vino condujo algunas cartas abiertas para las familias de oficiales que se hallan en aquel destino, otras cerradas para el padre y esposa de Iturbide, y otra que le encargó Iturbide bajo mayor reserva para una señora conocida en esta capital como la Güera Rodríguez, que contenía asuntos familiares sin mezclarse de ninguna suerte con los de Estado. Satisfecho de que no volvería a hallarse bajo la dominación de Iturbide, sino muerto o prisionero (lo que es muy dudoso), abrió otra carta y la leyó al señor coronel Don José Joaquín Márquez y Donallo […], quien le aconsejó que dejase la comisión que le encargó Iturbide y extraer la contestación de Rodríguez para que con más conocimientos diere cuenta al E. S. V. todas las cartas, sin excepción, las puso en manos de dicho señor excelentísimo y además le dio verbalmente todas las noticias que sabía para que S. E. hiciera de ellas su uso más conveniente, si hubiere venido como confidente de Iturbide habría conservado más reserva y acaso se habría manejado de suerte que no hubiese recaído la menor sospecha en él.

El exponente no perdió prisa alguna para ganarse la confianza de Iturbide; a pesar de ello, no cree haberla llegado a lograr, pero que bien muestra la misma carta de la Rodríguez, en la que firma Iturbide con el nombre de Damiano, se explica en ella en términos que no se puede formar sentido sin tener antecedente, y que este no lo tenía [por lo cual no puede señalar el objetivo de esta carta.]

Respecto a su adhesión al rey y a la nación española, puede dar tantas pruebas que no sería fácil asentarlas en una declaración, pero si el declarante hubiera sabido los desatinados proyectos de Iturbide en el tiempo y en las circunstancias en que las supo el señor coronel Don José Gabriel de Armijo, Iturbide no hubiera dado paso adelante; pero que cuando el declarante tuvo noticia de tal empresa no le quedó más recurso que callar, adherirse provisionalmente al plan y esperar la ocasión de eludirse con ventajas de la nación, pero que esta no se le presentó ni se atrevió a promover una contrarrevolución en el cuartel general de Iturbide porque se lo impedía el entusiasmo y total alucinamiento del que manda su cuerpo el teniente coronel Don Francisco Manuel Hidalgo. Pudo haber sublevado algunos pocos soldados que hubieran seguido gustosos a Portilla pero que para esto faltó resolución, pues habrían sido víctimas y no se habría logrado el intento.

Se hallaba Iturbide con toda su fuerza en el pueblo de Teloloapan, de cuyo pueblo salió el declarante el 16 del presente mes y año en la noche. Vio en poder de Iturbide cartas confidenciales de los señores brigadieres Don Melchor Álvarez y Don Pedro Celestino Negrete, del señor coronel Don Anastasio Bustamante, del sargento mayor de fieles del Potosí Don Joaquín Parres, pero que le han asegurado ser falseadas las firmas por el paisano Don Antonio Mier que se halla preso en esta capital. Puede asegurar con certeza las contestaciones consistentes al sistema de independencia del señor Armijo y de muchos otros sujetos de esta capital, ignora quienes sean, por entenderse únicamente con iniciales tanto en sus cartas como en los cuadernos de copiadores de Iturbide. Mier sí sabe con certeza los sujetos de esta capital y de otras partes del reino que se hallan complicados, pues él sí ha sido un verdadero agente de Iturbide y este no le dirigía sus cartas a Palacio.

[Dice que] el plan de Iturbide lo sabe desde el 18 o 20 de febrero. Este plan se reduce a hacer la independencia de esta parte de la monarquía española erigiéndola en imperio (dando el colorido a tan audaz perfidia con el falso velo de la religión, la que supone atacada por nuestro congreso de Cortes), nombrar emperador del reino al señor don Fernando VII, asegurándose hacía el mejor de los servicios a un rey oprimido por una porción de hombres iniciados en la secta de los iluminados. Y últimamente valiéndose de cuantas tretas le sugirió su maligna viveza, sorprendió a una porción de hombres beneméritos que, sin pensar en otra cosa que en establecer la tranquilidad en este reino, se ocupaban en perseguir las gavillas de bandidos que infestaban la Tierra Caliente y la Sierra Madre.

Abrazaron el partido de Iturbide una partida del regimiento de infantería de línea de Fernando VII, […] el regimiento de infantería de línea de la Corona con la mayor parte de sus oficiales […], una parte del regimiento de infantería de Murcia […], el batallón de infantería de línea de Santo Domingo […]; una parte del regimiento provincial de Tres Villas […] el regimiento provincial de Celaya con todos sus oficiales y banderas; una pequeña parte del batallón provincial del Sur […]; un corto piquete del batallón provincial de México […] dos compañías del regimiento de dragones de España […] una partida de dragones del Rey […] dos escuadrones de la Reina Isabel […] una partida de fieles del Potosí […] y una compañía de caballería de Chilapa […]; que su total compondrían a la salida de Portilla, por un cálculo inexacto, sobre 1 300 o 1 400 hombres, pero que de estos desertan diariamente muchos; se incluye en ese número la Compañía de Caballería de Chapa de Mota con su comandante teniente coronel don Epitacio Sánchez. […] Toda esa fuerza se hallaba en Teloloapan.

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