La muerte regresa. El cólera de 1850 en la ciudad de México.

Claudia Patricio Pardo Hernández
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 37.

La segunda epidemia del vibrio cholerae en el siglo XIX fulminó en pocas horas la vida de Mariano Otero. El agente infeccioso atacaba a todos los sectores sociales en momentos en que se desconocía cómo combatirlo.

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El cólera tuvo su origen en el valle del Ganges, en donde permaneció de forma endémica por siglos, pero en 1817 salió de su nicho e inició un largo recorrido que lo esparció por el mundo sembrando dolor y muerte en las poblaciones a las que llegaba, de ahí que se le conociera como “el viajero funesto” y “el cólera amarillo” o “asiático”. Comerciantes, viajeros, ejércitos, barcos y caravanas se encargaron de ser el “medio de transporte” del vibrio cholerae, el agente infeccioso causante de la temida enfermedad.

El cólera es una infección intestinal aguda que se caracteriza por fiebre elevada, diarrea y vómito, lo que provoca una deshidratación severa en el organismo que puede llevar a la muerte si no se atiende e hidrata adecuadamente al enfermo. Antes del descubrimiento del vibrio cholerae, por mucho tiempo, hasta la publicación de los estudios de Roberto Koch en 1884, no se supo cómo tratar a la enfermedad y se ignoraba la forma de contagio. La causa principal de la transmisión es el agua contaminada por la bacteria.

Las ciudades decimonónicas, carentes de higiene, eran el lugar ideal para la diseminación de las epidemias. En el caso del cólera, en los núcleos urbanos como París o Berlín el rastro de muerte era impresionante, 18 000 y 2 000 decesos sufrieron esas ciudades, respectivamente, en 1832. La enfermedad cruzó por primera vez el Atlántico en el siglo XIX, atacó a Canadá en 1832, poco después a los Estados Unidos, y de ahí el paso a tierras mexicanas fue inminente. Procedente de Nueva Orleans, primero se sintió en Tamaulipas, de donde se comenzó a expandir hacia el interior de la república. Casi al mismo tiempo y procedente de Cuba los otros puntos de entrada del mal fueron Campeche y Yucatán.

En el siglo XIX el cólera atacó a México en diversas ocasiones, 1833, 1850, 1854 y 1882, causando una alta morbilidad y mortalidad entre la población afectada. La falta de conocimiento de su propagación, el inadecuado manejo médico (propio de la época), las precarias condiciones higiénicas de las ciudades y de sus habitantes, la falta de agua potable y el pésimo manejo de las excretas humanas establecieron las condiciones propicias para que la enfermedad se volviera endémica en muchos de los lugares a donde llegó.

 

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