El México conservador que recibió triunfal a Maximiliano y Carlota

Arturo Hernández Guzmán

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 49.

En medio de una crisis política, la resistencia de los soldados liberales y un país en el cual Benito Juárez ejercía el poder, los sectores acaudalados de México dieron una recepción idílica para el emperador Maximiliano de Habsburgo y la emperatriz Carlota enviados por Napoleón III. La prensa mexicana celebró la ocupación y la fiesta de bienvenida, como así lo haría también la francesa.

Entrada a la ciudad de México, el 12 de junio, de sus majestades el emperador Maximiliano y la emperatriz, litografía en Le Monde Illustré, 30 de julio de 1864, p. 72. Biblioteca Nacional de Francia, Gallica.

Entrada a la ciudad de México, el 12 de junio, de sus majestades el emperador Maximiliano y la emperatriz, litografía en Le Monde Illustré, 30 de julio de 1864, p. 72. Biblioteca Nacional de Francia, Gallica.

A mediados del siglo XIX, la prensa había adquirido gran relevancia en varios países. Los periódicos incidían de manera crucial en el terreno político, artístico y literario, éste último influenciado por su novedoso carácter folletinesco. Asimismo, en virtud de la reproducción de atractivas imágenes –a través del grabado y la técnica litográfica– los periódicos publicaron efigies de personajes, paisajes e imágenes de acontecimientos recientes. En ese sentido, la prensa mexicana y europea dio cuenta de L´Expédition du Mexique -como se nombró a la intervención francesa en México (1863-1864)- a través de detalladas noticias y referencias visuales que siguieron de cerca el curso de la expedición militar orquestada por Napoleón III. Por un lado, a raíz de la ocupación de la ciudad de México a cargo del ejército expedicionario francés en junio de 1863, los impresos mexicanos partidarios de la intervención manifestaron su adhesión a la elección de Maximiliano de Habsburgo como emperador de México, por lo que fueron preparando en sus páginas el terreno para la recepción del soberano y su esposa. Y, por otro, la prensa francesa además de celebrar la toma de Puebla en 1863, también aplaudió el momento cumbre de la expedición: la recepción de Maximiliano y Carlota en la ciudad de México. Ambos discursos perpetrados por las prensas francesa y mexicana, proyectaron una imagen idealizada del acontecimiento.

Ocupación de la ciudad

Después de dar a conocer la noticia de la toma de Puebla –el 17 de mayo de 1863–, la ciudad de México emprendió una serie de medidas defensivas en contra del ejército expedicionario francés. Una de ellas, por ejemplo, consistió en abastecer de víveres al ejército del centro –encargado de la defensa de la ciudad–, sin embargo, en la capital no hubo enfrentamientos armados a la entrada del ejército francés. De esa forma, la ciudad no padeció un estado de sitio o una severa corte marcial impuesta por un ejército invasor como ocurrió en septiembre de 1847 durante la invasión norteamericana. Así, el 10 de junio de 1863 el ejército del mariscal Frédéric Forey entró victorioso en la ciudad de México.

Consumada la entrada del ejército francés en la capital mexicana, las familias más ricas de la ciudad se entendieron con la oficialidad invasora. Las autoridades conservadoras se encargaron de organizar suntuosos bailes, recepciones y tertulias para hacer más cómoda su estancia. Por otro lado, la prensa conservadora se encargó de animar a la población para que acudiera a los bailes y festejos en honor al ejército intervencionista. Además, el propio mariscal Forey organizó un baile en agradecimiento por la recepción que le brindaron las autoridades y las familias acomodadas que simpatizaban con la intervención. A decir de La Sociedad –periódico de tendencia conservadora editado en la ciudad de México de 1857 a 1867–, el evento se llevaría a cabo en el Teatro Nacional, considerado por el mismo periódico conservador como “uno de los edificios más hermosos de América”.

Según las descripciones detalladas de los periódicos de la capital, el baile que se realizó en el portentoso recinto que en tiempos del segundo imperio pasaría a ser el teatro imperial, ofreció a una “población herida por tanto tiempo en sus sentimientos más nobles […] la expresión de una firme esperanza en el porvenir”. Asimismo, los redactores señalaron que si “en Francia, después de la caída de Robespierre, las principales familias de París, fatigadas de los desórdenes y violencias del terrorismo acudían a los salones del Directorio, donde brillaban con todo el lujo de sus trajes a la griega”, las familias mexicanas bien podían convivir con el ejército expedicionario. De esa forma, los bailes y tertulias llevadas a cabo a raíz de la ocupación de la capital por el ejército invasor tuvieron el objetivo de estrechar alianzas entre la alta sociedad, los soldados franceses y las autoridades conservadoras de la capital que más tarde se encargarían de preparar la recepción de Maximiliano y Carlota.

[…]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

PARA SABER MÁS

ACEVEDO, ESTHER, Testimonios artísticos de un episodio fugaz (1864-1867), México, Museo Nacional de Arte, 1996.

CONTE CORTI, EGON CAESAR, Maximiliano y Carlota, México, FCE, 2003.

PANI, ERIKA, “Novia de republicanos, franceses y emperadores: la ciudad de México durante la intervención francesa”, en Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad, El Colegio de Michoacán, 2000, en https://cutt.ly/ltkgO5X.

RATZ, KONRAD, Tras las huellas de un desconocido: nuevos datos y aspectos de Maximiliano de Habsburgo, México, Siglo XXI Editores/Conaculta, 2008.

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