Editorial #37

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 37.

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En un MAi??xico como el de la mitad del siglo XIX en el que dominaban los privilegios de las corporaciones militares y eclesiA?sticas, aunado al poder econA?mico de comerciantes y grandes propietarios, la emergente clase media de pequeAi??os propietarios y profesionales encontrA? en hombres clave para ese momento como el jalisciense Mariano Otero, figuras visionarias en la construcciA?n y direcciA?n de un paAi??s con mayores igualdades, federalista y en el que los derechos individuales fueran respetados.

Hace 170 aAi??os, este brillante jurista y polAi??tico impulsA? y logrA? incorporar en las discusiones que dieron lugar al Acta Constitutiva y de Reforma de 1847, el Juicio de Amparo, plasmado como un instrumento del liberalismo jurAi??dico decimonA?nico para garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos, y que hasta el dAi??a de hoy representa el principal recurso jurAi??dico al que han recurrido diversos sectores sociales para obtener una aplicaciA?n de la norma acorde con los principios de la ConstituciA?n.

Aunque puesto en vigencia seis aAi??os antes en la ConstituciA?nAi??PolAi??tica de YucatA?n, por el jurista Manuel Crescencio RejA?n, elAi??amparo tuvo alcance nacional a partir del Congreso ConstituyenteAi??y Extraordinario de 1846-1847 que debAi??a elaborar una nuevaAi??carta magna, y en el que Otero, representante por Jalisco, fue suAi??principal impulsor. Desde entonces, ha sido un medio constitucionalAi??por excelencia dentro de la estructura jurAi??dica, abarcandoAi??temas tan diversos como la materia civil, penal, administrativaAi??y laboral. En la actualidad es uno de los recursos legales mA?sAi??socorridos y que contribuye a que el poder judicial se considereAi??uno de los pilares mA?s confiables de las instituciones mexicanas.

BiCentenario dedica este nA?mero especial a Mariano Otero como hombre indispensable para entender la consolidaciA?n de las instituciones a partir de aquel documento constitucional queredactA? junto a un grupo de legisladores que entendAi??an que en MAi??xico la distribuciA?n del poder se debAi??a ampliar y ya no podAi??a ser propiedad de unos pocos sectores. Que los estados recobraran la soberanAi??a interna, asociados bajo la forma federativa, y que se incorporaran los derechos individuales, en los cuales el de amparo serAi??a su garantAi??a fundamental, eran pasos concretos establecidos en la ConstituciA?n promulgada en 1857.

Que Otero fuera una de esas figuras prominentes de la transformaciA?n polAi??tica del paAi??s, tenAi??a que ver con su formaciA?n en una Guadalajara entonces liberal y federalista, renuente a los privilegios sociales, que sAi?? se veAi??an en la ciudad de MAi??xico. Jurista estudioso y profundamente crAi??tico, fue la cara quizA? mA?s visible, o la que ha logrado perdurar a lo largo del tiempo, de un grupo de personalidades ai??i??Mariano Riva Palacio, Ignacio Cumplido, Juan Manuel GonzA?lez UreAi??a, Manuel MarAi??a Gaxiola, Francisco Elorriaga o Luis de la Rosa, entre otrosai??i??, que luchaban contra el antiguo conservadurismo y pretendAi??a darle otro rumbo al paAi??s. Otero consideraba imperioso introducir orden y uniA?n en la polAi??tica, mejorar la economAi??a y la recaudaciA?n, aplicar justicia en la reparticiA?n de los impuestos, reorganizar la fuerza militar con buenos cuadros de jefes y oficiales, disciplinados y fieles. Pregonaba por el fin de las ideas monA?rquicas y antiindependentistas, a las que el clero contribuAi??a con su poder intocable y criticaba a la prensa servil a esos intereses.

El joven legislador mostraba su desazA?n, se aislaba, segA?n decAi??a un aAi??o antes de morir, para no mezclarse con la mala polAi??tica de entonces. PreferAi??a limitar su actividad polAi??tica a votar en el Senado a conciencia. Pero ese desA?nimo circunstancial era propio de su compromiso. Otero se interesaba en el rumbo polAi??tico de MAi??xico, aunque tambiAi??n era un hombre que formaba parte del ambiente intelectual de la Ai??poca, asiduo a las discusiones y debates en tertulias, miembro de la Academia de LetrA?n, creador de un A?rgano polAi??tico como El Siglo Diez y Nueve. ai???Nos hemos propuesto publicar el presente diario, cuyo objeto mA?s esencial serA? el de calmar las pasiones agitadas con tantos aAi??os de inquietudes, promover la uniA?n de todos los mexicanos e indicar lo que creamos conveniente a nuestra regeneraciA?n polAi??ticaai???, escribAi??a en su primer nA?mero de octubre de 1841. AsAi?? como el Congreso serAi??a el foro desde el cual defenderAi??a sus principios, el periodismo fue el vehAi??culo para dar a conocer su particular visiA?n del MAi??xico de entonces.

El Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestiA?n social y polAi??tica que se agita en la repA?blica mexicana, que escribiera en 1842, serAi??a un texto fundamental para entender cA?mo analizaba el momento polAi??tico y econA?mico. AllAi?? hablaba de la clase media que debAi??a emerger como ai???el principal elemento de la sociedadai??i?? el verdadero germen del progreso y el ingrediente polAi??tico mA?s natural y favorable que pudiera desearse para la futura ConstituciA?n de la RepA?blica.ai???

A Mariano Otero se le recuerda por su paso como congresista, las controversias y argumentos por contar con un rAi??gimen legal orientado a defender las garantAi??as y derechos de los ciudadanos, ante las injusticias y abusos de los funcionarios pA?blicos. Tuvo tambiAi??n un breve paso en la administraciA?n pA?blica como secretario de Relaciones Exteriores del presidente JosAi?? JoaquAi??n de Herrera. Fue en un momento crAi??tico para el paAi??s, cuando la derrota en la guerra contra Estados Unidos marcaba el A?nimo general, la economAi??a estaba en mal estado, el ejAi??rcito desbaratado y la reconciliaciA?n entre los mexicanos era indispensable. Los asuntos a los que se enfrentA? no fueron menores como el retiro de las tropas estadunidenses de la aduana de Veracruz y la problemA?tica de los mexicanos que se quedaron en los territorios comprendidos en el tratado de paz.

En el recuerdo de Mariano Otero y su legado vale precisar cuA?nto sacrificio le implicA? tambiAi??n, aA?n y a pesar de su bA?squeda pacAi??fica y conciliatoria por la unidad nacional y un cambio de mentalidad, que sus ideas progresistas lo condujeran a la cA?rcel en 1842. AllAi?? aprenderAi??a cA?mo se podAi??an violar leyes y derechos civiles sobre las personas. De cA?mo abusa una autoridad sin lAi??mites, especialmente sobre el ciudadano comA?n y corriente. Ese encarcelamiento serAi??a el origen de una permanente dedicaciA?n por diseAi??ar un cA?digo de garantAi??as y derechos que defendieran al ciudadano, y resultar su herencia fundamental para generaciones de mexicanos: el Juicio de Amparo.

La primera sentencia de un juicio de este tipo, tras su incorporaciA?n a la carta magna de 1857, se resolviA? en una hoja. En la actualidad contienen centenares de pA?ginas. Se ha vuelto una instancia jurAi??dica compleja, a tono tambiAi??n con los cambios sociales de los A?ltimos 170 aAi??os. El peligro de transformarse en elitista, alejado de los conocimientos mayoritarios de la poblaciA?n, comienza a ser seAi??alado por algunos estudiosos. Este homenaje de BiCentenario a Mariano Otero trata de recuperar las vicisitudes de un hombre visionario, pero tambiAi??n es una invitaciA?n a atesorar y cuidar aquello que se considera imprescindible para nuestra convivencia diaria y una garantAi??a de igualdad ciudadana.

DarAi??o Fritz