Batallón de San Patricio. Deserciones para huir del racismo.

Eli de Jesús Mayorga Mejía 
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 36.

Un grupo de soldados irlandeses decidió desertar del ejército estadunidense durante la guerra de 1846 y sumarse al mexicano. La mayor parte pagó con su vida aquella fuga. Fueron migrantes que buscaron un mejor horizonte económico en estados unidos, pero queriendo escapar del maltrato social que recibían confiaron en una institución que al fin y al cabo los trató peor.

03. Batalla de Churubusco (640x461)

La guerra entre México y Estados Unidos (1846-1848) es uno de los acontecimientos que más trauma causa en la identidad mexicana, la construcción histórica de este evento ha dejado a los mexicanos como víctimas de un vecino atroz que le quitó la mitad del territorio a una joven nación.

Entre lo recordado y lo olvidado de este conflicto, se encuentra el Batallón de San Pa­tricio. Para quienes no conocen su leyenda, fue un grupo de desertores del ejército esta­dunidense de origen irlandés que se unieron a los mexicanos al ver cómo un pueblo de fe católica era sometido por otro de doctrina protestante. En el campo de batalla se dice que defendieron Churubusco con el mayor valor posible. Pero vayamos más allá de la le­yenda, preguntémonos con mayor profundi­dad ¿quiénes eran estos hombres? y ¿por qué se unieron a los mexicanos?

Las respuestas no son tan complejas, pero tampoco son tan minimalistas como nos las han hecho aprender. Para empezar, la pre­gunta inicial para abordar el tema debería ser: ¿Por qué había irlandeses en el ejército estadunidense? De 1845 a 1852 Irlanda sufrió una fuerte escasez de patata que era el alimen­to base de la mayoría de la población, dicha hambruna provocó una emigración masiva y el lugar de mayor recepción fue Estados Unidos.

Batalla de Contreras (640x465)

Una vez en Estados Unidos, su panorama fue igual de complicado. Durante la década de 1840, los irlandeses fueron vistos como una raza inferior. Esto era algo arbitrario y por lo regular basado en prejuicios. Los estudios que se hicieron tuvieron el objetivo de legitimar “científicamente” la superioridad racial anglo­sajona sobre cualquier otra en el continente y justificar que, como raza “superior”, conta­ba con el derecho de expandirse por todo el continente. Estos inmigrantes se asentaron en la zona norte de la nación norteamericana, mayormente en Nueva York.

Aunado a esto, Estados Unidos estaba cre­ciendo aceleradamente en el ámbito territorial, lo cual generó diversos problemas que desem­bocarían en la Guerra Civil. Además del cre­cimiento territorial, en la década de 1840, los estadunidenses comenzaron a industrializarse en el norte, en tanto que el sur explotó sus recursos naturales para vender los productos en el mercado internacional.

A pesar de que el panorama parecía pro­penso para prosperar en Estados Unidos, mu­chos irlandeses sufrieron miseria, tuvieron que asentarse en viviendas miserables en los peores barrios de las ciudades, dispuestos a ganar di­nero de cualquier forma y a conformarse con el poco salario que se les diera. Algunos, sin la fortuna de hallar trabajo, tenían que dedi­carse al crimen o vivir de la caridad. En cuan­to a las mujeres, trabajaban como sirvientas domésticas a cambio de un sueldo muy bajo y se llegaban a prostituir.

A falta de oportunidades y de la constan­te discriminación que sufrían por parte de la sociedad estadunidense, muchos inmigrantes decidieron ingresar al ejército estadunidense, ya que tendrían comida y sueldo garantizado. Era una opción decente de ganarse la vida. Sin embargo, los irlandeses eran socialmente mar­ginados en el servicio militar estadunidense. Se les negaba las oportunidades de ser ascendidos de acuerdo con sus capacidades. Por lo regular eran castigados por faltas por las cuales otros no lo eran. Fueron disciplinados con severidad pues se les consideraba tercos o perezosos.

01. Inmigrantes en EU (640x359)

Los castigos hacia los inmigrantes eran frecuentes y, en ocasiones, superaban los lí­mites legales, aunque no podía sancionarse a ningún elemento sin que fuera ordenado por una corte marcial. Los castigos autorizados a menudo, como la muerte misma y rayas [mar­cas dejadas por el látigo], eran aplicados por deserción. También se empleaba el confina­miento, trabajos forzados (la bola y la cadena), pérdida de salarios y prestaciones, y la baja deshonrosa del servicio. Las sanciones leves consistían en hacer turnos de guardia extra y llevar una bola de cañón de ida y vuelta en una ruta determinada, entre otras. Estos últimos escarmientos no enunciados en los reglamentos se abrieron paso en el uso común de los oficiales.

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