El Colegio Nacional de MinerAi??a comprometido con enfrentar al invasor

Emmanuel RodrAi??guez Baca
Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 36.

Autoridades, profesores, alumnos y empleados de la instituciA?n educativa no dudaron en 1847 en ofrecerse para participar en el combate contra las tropas estadunidenses que se apoderaban de ciudades del norte del paAi??s y avanzaban hacia la ciudad de MAi??xico. Sin embargo, poco se sabe de quAi?? forma cooperaron cada uno de ellos. Pasada la guerra adoptarAi??an caminos distintos: unos a favor del imperio francAi??s y otros por la causa republicana

Colegio de MinerAi??a LitografAi??a

En el transcurso del aAi??o 1847 la situaciA?n para MAi??xico se presentaba desalentadora, debido al estado de guerra con Estados Unidos. Los estadunidenses incursionaron en la repA?bliAi??ca apoderA?ndose de Chihuahua, Matamoros, Monterrey y Saltillo. A pesar de estos triunfos la campaAi??a se prolongaba y parecAi??a no tener fin ya que la ciudad de MAi??xico, centro polAi??Ai??tico del paAi??s, aA?n se encontraba lejos. Esta situaciA?n llevA? a James K. Polk a abrir un nuevo frente por Veracruz, pues se creAi??a que la ocupaciA?n de este puerto proporcionarAi??a un camino mA?s fA?cil para llegar a la capital. En dicha conflagraciA?n habrAi??an de participar un sinfAi??n de mexicanos quienes, sin importar su condiciA?n social, edad o ideas polAi??ticas, ofreAi??cieron sus servicios para combatir al invasor. En esta situaciA?n se hallaron las autoridades, profesores, empleados y estudiantes del ColeAi??gio de MinerAi??a quienes, de distintas maneras, ya sea econA?micas o empuAi??ando el fusil, se prestaron para hacer una obstinada resistencia el ejAi??rcito enemigo en defensa del territorio nacional. Pero, A?de quAi?? manera lo hicieron?

Garita de Belen, entrada a la ciudad de MAi??xico (640x448)

El 26 de octubre, RamA?n TomA?s del MoAi??ral, director interino del plantel, a nombre de los profesores y empleados, se dirigiA? al miAi??nistro de Relaciones Interiores y Exteriores, JosAi?? MarAi??a Lafragua, para manifestarle los deseos de los empleados y autoridades del coAi??legio de contribuir a la subsistencia del ejAi??rcito del Norte mientras duraran las hostilidades, comprometiAi??ndose a aportar de sus sueldos, 70 pesos y dos reales cada mes.ai???

Lafragua recibiA? con entusiasmo este ofreAi??cimiento y el 27 de octubre contestA? a Del Moral para informarle que el Supremo Poder Ejecutivo habAi??a ai???visto con mucha satisfacAi??ciA?n los sentimientos que animan a dichos individuos [...] dA?ndole las correspondientes graciasai??? por ese distinguido gesto. Por otra parte, le participA? que a la brevedad darAi??a las instrucciones pertinentes al gobernador del Distrito Federal para que este recogiera el dinero y lo depositara en la junta encargada de la recolecciA?n de fondos que se estableciA? en la ciudad de MAi??xico. El gobierno recibiA? esos primeros donativos en diciembre.

Entrada de Scott a la ciudad de MAi??xico (640x424)

Pero no sA?lo las autoridades y los empleaAi??dos del Colegio Nacional de MinerAi??a se comAi??prometieron a ayudar en la defensa del terriAi??torio mexicano. En el mes de abril de 1847, al conocerse en la ciudad de MAi??xico la noticia de la rendiciA?n del puerto de Veracruz, el coAi??ronel retirado Manuel Reyes Veramendi, en uniA?n de algunos vecinos de la capital, entre los que se encontraban estudiantes del colegio como Juan I. Matute, Blas MA?zquiz, Manuel Gil y PAi??rez, JosAi?? JoaquAi??n Herrera y Felipe B. BerriozA?bal, asAi?? como los profesores JosAi?? SaAi??lazar Ilarregui, catedrA?tico de matemA?ticas, y Manuel Morales, de francAi??s e inglAi??s, enviaAi??ron una carta al gobierno general en la que solicitaban que en vista de la situaciA?n en que se hallaba la repA?blica, se les emplease en la lucha contra el enemigo.

En la comunicaciA?n, los suscritos indicaban que al hallarse la naciA?n al borde de un abismo y como ciudadanos dignos de tal nombre, no podAi??an lamentar en secreto las desgracias de la patria, ya que, a su parecer, esto era propio de ai???las almas pusilA?nimes, e indigno de los verdaderos ciudadanos.ai??? Por ello, y para vinAi??dicar el ai???honor mejicano altamente ultrajadoai??? al ondear ai???en siete plazas el odiado pabellA?n de las estrellas, ocupados mA?s de dos tercios de nuestro territorio y el Gobierno sin recursos para batir con buen Ai??xito al enemigoai???,Ai??solicitaban se les facultara para organizarse en guerrilla con la finalidad de hostilizar la marcha del ejAi??rcito del general Winfield Scott hacia la capital del paAi??s.

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