Xalapa, blindada contra el cólera

Rogelio Jiménez Marce
Universidad Iberoamericana, Puebla.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 23.

La prevención de las autoridades fue determinante para que una epidemia desatada entre 1833 y 1834,  pudiera ser controlada y se evitaran así la muerte masiva de sus pobladores. Un rol clave en el éxito de las medidas de salubridad pública lo tuvo el municipio que actuó con celeridad en colaboración con las autoridades militares de la época.

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Vista General de Jalapa, litografía, ca. 1867. Col. Particular (Ramón Aureliano, RAA)

El cholera morbus fue una de las enfermedades que mayor impacto tuvieron en el siglo XIX. Incubada en el continente asiático, se convirtió en una pandemia que recorrió el mundo durante 1832. En el caso de México, ingresó por dos caminos: los puertos de Tampico y Campeche, lugares desde los que se desplazaría al resto del país. En el caso particular de Xalapa, y a diferencia de otras ocasiones, la enfermedad llegó a esta población desde Puebla o Tlaxcala.

Este artículo busca mostrar las acciones que tomó el Ayuntamiento de Xalapa para evitar que el cólera morbus causara graves daños entre la población de la ciudad –en la década de 1830 era la cabecera del cantón del mismo nombre y contaba con una población de 10 628 habitantes–, y que consistieron en la promulgación de una serie de medidas tendientes a preservar la salubridad pública, aunque su decisión de cambiar la ubicación de los hospitales le generaría conflictos con las autoridades militares.

Amagos de una epidemia

El gobernador de Veracruz, Antonio Guillet, comunicó al ayuntamiento de Xalapa, el 21 de enero de 1833, por medio del Jefe del Departamento, Francisco Díaz y Herrera, que había recibido una circular, firmada por el presidente Manuel Gómez Pedraza, en la que se decía que el cólera morbus había invadido el estado de Chiapas, motivo por el que ordenaba a la Junta de Sanidad que dictara las medidas necesarias para evitar su propagación. Aunque el cabildo obedeció estos mandatos, la enfermedad no hizo su aparición debido a que la noticia difundida por Gómez Pedraza era falsa. Sin embargo, evidenciaba el temor que se sentía ante la posibilidad de que la enfermedad se manifestara en suelo nacional.

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Palacio municipal de Jalapa; en Manuel Rivera Cambas, Historia antigua y moderna de Jalapa, México, Imprenta de I. Cumplido, 1869.

Ahora bien, como el 6 de marzo se recibieron informes de que Guatemala había sido atacada por la dolencia y se manifestaban algunos brotes en Comitán, Chiapas, la corporación determinó volver a realizar las acciones estipuladas en enero, advirtiendo que se pusiera especial atención en la vigilancia de la cárcel y los hospitales. En primer lugar se ordenó la limpieza y blanqueo de la cárcel, en tanto se solicitó que los dos hospitales que se encontraban en el centro de la población, el Militar y el de Caridad, fueran trasladados al edificio denominado Cuartel Chico. La disposición no fue bien recibida por el coman- dante Gregorio Gómez, de modo que para evitar confrontaciones el cabildo del municipio pidió que los hospitales se ubicaran en el denominado Cuartel Grande. La medida tuvo que esperar por dos razones: la falta de fondos y la estructura del inmueble.

Ante la urgencia, las autoridades municipales proclamaron un bando sobre medidas de policía para el aseo de calles y casas, y formó una comisión que tendría dos tareas: recorrer tiendas y panaderías para examinar la calidad de los alimentos y bebidas que se expendieran, así como vigilar la limpieza de las calles. Al mismo tiempo, se pidió a los médicos de Xalapa que propusieran un método curativo contra el cólera y evaluaran los que se habían formulado en otros lugares para saber si eran aplicables a la ciudad. Esta demanda resultaba explicable. De acuerdo con el historiador Manuel Rivera Cambas, nadie había podido señalar las razones por las que la enfermedad se producía, lo cual motivó la aparición de numerosos métodos curativos, pero sin resultados palpables.

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José Guadalupe Posada. Corrido “El Cólera”. Col. RAA

Otras medidas preventivas propuestas por el cabildo fueron la prohibición de introducir a la ciudad ovejas, cabras y chivos, la formación de otra comisión para acelerar el traslado de los hospitales al Cuartel Chico y la organización de una suscripción pública para socorrer a los enfermos del cólera. También solicitó que el gobernador de Puebla enviara tres facultativos con experiencia en el tratamiento de la enfermedad y la prohibición de demostraciones públicas de dolor. Pidió que los sacerdotes estuvieran disponibles cuando se les requiriese, integrar una tercera comisión que visitara las boticas para evitar alteraciones en el precio de las medicinas y el otorgamiento de facultades extraordinarias al Ayuntamiento en cuanto se manifestara la enfermedad.

El 28 de agosto fue aprobado un segundo bando de policía que mostraba, en once puntos, cuáles eran las acciones que debían realizar los vecinos y los castigos que se les aplicarían en caso de desobediencia. Resulta interesante mencionar que en el bando no se tomaron en cuenta algunas disposiciones sugeridas por el jefe del Departamento, entre las que se encontraban la destrucción de los basureros, el nombramiento de un ayudante del regidor jefe de cuartel y la reunión de una comisión más, que evitara la especulación de los alimentos. Otra de las medidas propuestas era el establecimiento de un lazareto, pero a causa de los problemas económicos fue preciso solicitar ayuda pecuniaria al gobernador del Estado, quien contestó que no podía extender ésta a título personal sino que debía solicitarse un préstamo de las arcas de la entidad. El cabildo solicitó un empréstito de 3 000 pesos, que se autorizó pero por 1 500, los cuales serían entregados por el administrador de la aduana y manejados por el vicegobernador Javier Echeverría.

El 6 de septiembre, el ayuntamiento recibió de la junta de facultativos formada por José María Pérez, Joaquín García, Jorge Ojeda, José María de Molina, Manuel Ortiz, José Manuel Camargo y Juan B. de Orduña y Bonilla, el método curativo que, según pensaban, era el más adecuado para aplicarse a las condiciones de la ciudad. Consideraban que su método tenía tal sencillez que podía ser puesto en práctica por cualquier vecino de regular razón, por lo que fue impreso y distribuido en Xalapa y los pueblos del cantón.

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