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México: el reino del mambo

Carlos A. Díaz
El Colegio de México

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 49.

Los años del sexenio de Miguel Alemán fueron centrales para el desarrollo de este género musical cubano que tuvo en el matancero Damaso Pérez Prado su artista más destacado. Los grandes éxitos del cine de oro mexicano lo incluyeron como una figura estelar para popularizar un ritmo cuya efervescencia cultural se comparó, al menos en Estados Unidos, con el rock and roll.

Dámaso Pérez Prado en México, ca. 1955. Archivo General de la Nación, Fototeca, Hermanos Mayo, Alfabético Artistas, sobre 989/1-A, fotografía 12.

Dámaso Pérez Prado en México, ca. 1955. Archivo General de la Nación, Fototeca, Hermanos Mayo, Alfabético Artistas, sobre 989/1-A, fotografía 12.

El cubano Damaso Pérez Prado (1916-1989), conocido como el Rey del mambo, llegó a la ciudad de México durante el desarrollo de la Edad de Oro del Cine Mexicano (1936-1959). De 1948 a 1953, Pérez Prado participó en ocho películas: Perdida (1950), Al son del Mambo (1950), Pecado ser pobre (1950), Serenata en Acapulco (1951), Amor perdido (1951), Víctimas de pecado (1950), Del Can-Can al Mambo (1951) y Salón de baile (1952). Musicalizó otras siete: Coqueta (1949), Aventurera (1949), Pobre corazón (1950), Mala hembra (1950), El amor no es ciego (1950), Simbad el mareado (1950) y Cantando nace el amor (1954). Su actuación en el cine mexicano inició con Coqueta, estrenada el 22 de julio de 1949, y dirigida por Fernando A. Rivero, y terminó con Cantando nace el amor, estrenada el 15 de abril de 1954, bajo la dirección de Miguel M. Delgado, meses después de haber sido expulsado del país. Su expulsión ha sido materia de especulación: se consideró que fue deportado porque se atrevió a hacer un arreglo en ritmo de mambo del himno nacional mexicano, que sostuvo amoríos con la esposa de un líder posrevolucionario y que fue vencido por la censura triunfal de la Legión Mexicana de la Decencia. De todos modos, el estudioso Leopoldo Gaytán sostiene que la decisión ministerial, una aplicación particular del artículo 33 de la Constitución de 1917 de los Estados Unidos Mexicanos, se debió más bien al incumplimiento del contrato que tenía con el Teatro Cervantes.

El aporte de Pérez Prado al mundo del entretenimiento en México fue notorio durante esos seis años de estancia, porque además de las quince películas anotadas, grabó con RCA Mexicana tres discos de 78 rpm: Yo no sé/Rabo y oreja (1950),  Mambo a la kenton/Mambo en sax (1950) y Al compás del Mambo/Tocineta (1950). También realizó un EP de 45 rpm, en el que se incluye el famoso Mambo Universitario, dedicado a la Universidad Nacional Autónoma de México, y cuatro discos de larga duración de 33 rpm: Mambo en sax, La niña Popoff, Las novias del Mambo (las tres sin fecha precisa) y El Rey del Mambo (1955). Todo esto, sin contar las grabaciones con sellos y filiales discográficas de otros países (Estados Unidos e Italia, por ejemplo), o los espectáculos en vivo y televisados en que se presentó. La contribución de Pérez Prado al cine mexicano comenzó con la musicalización de Coqueta, y desde ese momento su música acompañó la fotografía de algunas películas de directores extranjeros como Richard Fleischer en Bandido (1956), Federico Fellini en La dolce vita (1960), Bob Balaban en Parents (1989), Pedro Almodóvar en Kika (1993) y Tim Burton en Ed Wood (1994), aunque no compuso originalmente para ellos. Incluso, una vez expulsado de México, el músico cubano no dejó de participar en varias producciones locales como Locos por la televisión (1958), Música y dinero (1958), Locura musical (1958) y Primer orfeón (1964)], y continuaron a su regreso en 1964 y hasta su muerte en la ciudad de México en 1989.

La figura del matancero sólo ha sido tratada por Gaytán en su tesis de licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Este ensayo pretende subrayar su aporte musical para el cine en México, y resaltar la importancia que su primera estancia en el país tuvo para su carrera musical y la propagación del mambo.

De Cuba para el mundo

Arcaño y sus Maravillas, Arsenio Rodríguez, José Curbelo, Julio Cueva, Bebo Valdés, René Hernández, Tito Puente, Tito Rodríguez, Machito, Anselmo Sacasas y Damaso Pérez Prado son algunos de los músicos que participan de la disputa sobre la autoría del mambo, de acuerdo con el musicólogo Ned Sublette. A estos músicos, de Cuba y Nueva York, el mambo les pertenece ya sea porque denominaron así a una sección del son cubano, nombraron a un momento del baile, crearon un sencillo o un disco que contenía la palabra mambo, o tocaron ritmos que después fueron conocidos como mambo, entre otras razones. Esta controversia de no acabar pone de manifiesto la construcción colectiva y transnacional de un género musical cuyo impacto cultural en Estados Unidos fue comparable al del rock and roll. Y es que más que la creación de un individuo o un grupo musical, el mambo resultó de conexiones e influencias interdependientes entre músicos cubanos, estadunidenses y caribeños en La Habana y Nueva York, alrededor de 1946, y fue la evolución de un flujo permanente de estilos, recursos e ideas cubanas, y de base cubana, que se remontan a la década de 1930. Lo anterior se hace evidente con los términos imprecisos que se usaron para clasificar estos ritmos, dada la dificultad de situarlos en un solo lugar: “música latina” en América del Norte y Europa, y “música caribeña” o “tropical” en América Latina.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Para saber más

GARCÍA RIERA, EMILIO, Historia documental del cine mexicano, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, t. IV y V, 1992.

GAYTÁN APAEZ, LEOPOLDO, “El mambo de Pérez Prado y el cine mexicano”, tesis de licenciatura en ciencias de la comunicación, UNAM, 1996, en https://cutt.ly/staemVQ

MORA, CARL J., Mexican Cinema: Reflections of a Society, California, Universidad de California, 1989.

SUBLETTE, NED, Cuba and Its Music. From the First Drums to the Mambo, Chicago, Chicago Review Press, 2004.