Los A?ltimos aAi??os de una primera dama

Maddelyne Uribe Delabra / Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM.

Bicentenario #22.

El regreso a MAi??xico de Carmen Romero Rubio no pasA? desapercibido ni en silencio. La viuda de Porfirio DAi??az fue recibida con entusiasmo por viejos porfirista, muchos curiosos y una prensa halagadora a pesar de mA?s de dos dAi??cadas de exilio. Sin otro interAi??s mA?s que pasar en paz la vejez, viviA? con cierta modestia durante mA?s de nueve aAi??os en una casa de la colonia Roma, sosteniendo una vida social austera.

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Carmen Romero Rubio en el exilio, 1913.

Sonaban las campanas del mediodAi??a del 3 de noviembre de 1934, cuando el trasatlA?ntico francAi??s Mexique atracA? en el puerto de Veracruz. Congregada en el muelle, la mA?s distinguida sociedad porteAi??a acudAi??a con ramos de flores y presto entusiasmo para dar la bienvenida a doAi??a Carmen Romero Rubio, viuda de DAi??az, tras casi 23 aAi??os de exilio en Francia. Envejecida y muy delgada (ai??i??) pero tan dulce, tan seAi??ora y tan discreta como siempre, la otrora primera dama volvAi??a -segA?n declaraciones hechas a El Informador- alejada de todo, con sA?lo el deseo de pasar los A?ltimos dAi??as de su vida en MAi??xico. Vivamente emocionada por tan efusiva e inesperada recepciA?n, al ser entrevistada para el periA?dico ExcAi??lsior comentA?: Yo, de MAi??xico, no me he separado nunca. Me encuentro encantada, me siento feliz de hallarme en mi querido MAi??xico. He experimentado intensas emociones en todos sentidos; pero vuelvo a decir que me encuentro dichosa, tanto mA?s cuanto que he vuelto a ver personas para mAi?? muy queridas, asAi?? de mi familia como de mi amistad. [ai??i??] en un dAi??a que coincide con la fecha de uno de los momentos mA?s dichosos de mi vida, [ai??i??] en que me casAi?? por lo civil con mi amado e inolvidable esposo.

arribo de Carmen Romero Rubio a Veracruz 1934 (2)

Carmen Romero Rubio regresa de su exilio, Veracruz, 1934.

Evocada por sus contemporA?neos como una mujer de esmerada educaciA?n, gran sensibilidad y un carA?cter afable, Carmelita, hija del ex ministro lerdista Manuel Romero Rubio, habAi??a contraAi??do nupcias con el general Porfirio DAi??az el 7 de noviembre de 1881, en una ceremonia oficiada por el entonces arzobispo de MAi??xico, Pelagio Antonio de Labastida y DA?valos.

Durante sus aAi??os como primera dama de MAi??xico, asumiA? un rol activo en la esfera pA?blica a travAi??s del ejercicio de la beneficencia, principalmente tras la fundaciA?n de la Casa Amiga de Obrera en el invierno de 1887, misma que le redituA? una creciente simpatAi??a y popularidad en amplios sectores de la sociedad. Sin duda, la vida pareciA? depararle entonces pocos sinsabores; hubo tiempo para pasar las vacaciones de Semana Santa en la finca El Manglar de Villa Chapala, propiedad de su cuAi??ado Lorenzo El Chato ElAi??zaga, visitar cada viernes su huerto de perales en Molino de Rosas y organizar tardes de tAi?? en alguna de sus casas estilo art nouveau de la Colonia JuA?rez, especulaciA?n segura y atractiva donde nunca faltaban el agua potable, los bellos jardines y el alumbrado pA?blico. En general, Carmelita llevaba una vida exenta de temores por el porvenir, plena de confianza en que la paz en MAi??xico, alcanzada a fuerza de sacrificios y abnegaciones, no serAi??a nunca mA?s perturbada. Con esa tranquilidad debiA? de celebrar sus bodas de plata en el otoAi??o de 1906, ofreciendo un convite familiar en la Hacienda de PatAi??, propiedad de Porfirio DAi??az Ortega, hijo, ubicada en Popo-Park, exclusiva zona a las afueras del Valle de MAi??xico, donde el paisaje campirano parecAi??a evocar el magnAi??fico pincel de JosAi?? MarAi??a Velasco.

La revoluciA?n encabezada por el coahuilense Francisco I. Madero en las postrimerAi??as de 1910, trastocA? para siempre la vida de la pareja presidencial, obligA?ndola en 1911 a partir hacia el exilio, aunque con la esperanza de que, al calmarse las pasiones y (ai??i??) juzgarse con absoluta frialdad a los hombres y las cosas de MAi??xico, la verdad acabar(Ai??a) por abrirse paso. Un optimismo inicial que lentamente se desvaneciA?, al igual que la salud del estoico general DAi??az. Es la fatiga A?de tantos aAi??os de trabajo!, solAi??a asegurar Ai??l. Sin embargo, a media maAi??ana del 2 de julio [de 1915] la palabra se le fue acabando y el pensamiento haciAi??ndosele mA?s y mA?s incoherente. ParecAi??a decir algo de la Noria, de Oaxaca, cuenta uno de sus biA?grafos, Enrique Krauze. AsAi??, mientras en MAi??xico se desarrollaba la feroz lucha faccionaria entre Venustiano Carranza y Francisco Villa, a las 18:30, en el apartamento ubicado en el nA?mero 28 de la avenida Bois de Boulogne, en ParAi??s, fallecAi??a el ex presidente de MAi??xico.

Para doAi??a Carmen, Ai??sta constituyA? una dura prueba. Cuando le cerrAi?? los ojos y lo besAi?? por A?ltima vez, creAi?? morir tambiAi??n. Realmente el corazA?n sucumbirAi??a al dolor sino sintiAi??ramos dentro de Ai??l la seguridad de que esta separaciA?n es tan solo pasajera ausencia. A partir de ese momento mantuvo el luto de por vida, guardando, cual austera sacerdotisa de un recuerdo, el recuerdo luminoso de Porfirio DAi??az, segA?n la describiA? el abogado y periodista Nemesio GarcAi??a Naranjo.

[67.3] Carmen Romero Rubio y familiares a su llegada a MAi??xico (2)

Comitiva con Carmen Romero Rubio durante su llegada a la ciudad de MAi??xico, 5 de noviembre de 1934.

La vida tenAi??a que continuar. Habiendo vendido o arrendado gran parte de las propiedades que su padre heredara a ella y sus hermanas, la ahora viuda de DAi??az debiA? ajustarse a un modo de vida cA?modo, pero bastante modesto, pues sus ingresos mensuales apenas oscilaban entre los 3 000 y los 5 000 francos. Su A?nico deseo era vivir en paz. A tales efectos, decidiA? alquilar, junto con su hermana MarAi??a Luisa, un departamento en la avenida VAi??ctor Hugo, donde con frecuencia recibAi??a la visita de sus hijos, nietos y otras amistades. Carlos Tello DAi??az, otro de sus biA?grafos cuenta que:

Estaba consciente de vivir, como todos los exiliados, bajo la sombra de don Porfirio. Su departamento, poblado por los objetos que le pertenecieron, era, por asAi?? decir, un centro de peregrinaciA?n al que concurrAi??an con asiduidad las filas del antiguo rAi??gimen. Uno de los objetos que guardaba con mA?s devociA?n era la bandera del 1er BatallA?n de LAi??nea, que el general DAi??az arrebatA? con sus hombres a las tropas del enemigo durante la batalla del 2 de abril en la ciudad de Puebla.Ai??

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