Los condominios verticales. Una forma moderna de vivir en la Ciudad de México (1956)

Graciela Garay
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 11.

Tlatelolco

Tlatelolco

En 1938, durante el XV Congreso Internacional de Planificación y de la Habitación celebrado en la Ciudad de México, los participantes reconocieron que el modelo propuesto de casa unifamiliar sólo había beneficiado a especuladores y a los que disfrutaban de crédito. Por tanto, los expertos sugerían levantar edificios altos que impulsaran el crecimiento vertical de la urbe y permitieran la concentración tanto de la población como de los servicios en un espacio perfectamente delimitado para evitar la expansión horizontal de la ciudad. Al densificar el uso del suelo se multiplicaba el número de habitantes del inmueble, bajaban los costos por concepto de servicios y disminuía el problema de la vivienda.

No obstante las ventajas económicas, sociales y urbanas atribuidas a los edificios altos, no todo el mundo estuvo de acuerdo en promover este género arquitectónico. Para los críticos, los rascacielos mexicanos eran imitaciones ridículas de Norteamérica. Aceptar esta solución, decían los escépticos, implicaría enormes inconvenientes por las concentraciones que acarrearía a las ciudades en cuanto al tránsito de vehículos y peatones, sobre todo en las calles del centro, donde generalmente se erigían estas moles por el elevado valor del terreno y como deslumbrantes emblemas publicitarios.

Las cosas comenzaron a cambiar cuando los nuevos sistemas de cimentación permitieron construir edificios altos y el suelo fangoso de la capital dejó de ser pretexto para imaginar rascacielos como los de Nueva York o Chicago. De hecho, la primera gran torre de oficinas de diez niveles ya se había edificado en 1932 frente al Palacio de Bellas Artes para la compañía de seguros La Nacional, obra del arquitecto Manuel Ortiz Monasterio. Esta construcción se hizo en altura, no por falta de terreno en la ciudad sino como un gran anuncio de la empresa.

Vista desde la Alameda

Vista desde la Alameda

A su llegada a México en 1934, Mario Pani –recién graduado de arquitectura de la Escuela de Bellas Artes de París, la institución más prestigiada del mundo desde su fundación por Luis XIV en 1671– se inició en la práctica profesional con proyectos de vivienda privada, entre los que destacan sus edificios de departamentos de diez pisos, notables por su sorprendente altura en relación con las pequeñas dimensiones de su planta. Los críticos de Pani llamaban despectivamente a estas obras “rascacielitos” ya que no podían acostumbrarse a la novedosa arquitectura que surgía en la colonia Cuauhtémoc.

Desde 1922, el arquitecto suizo francés Le Corbusier recomendaba en sus escritos descongestionar los centros de las ciudades mediante el incremento de sus densidades y la multiplicación tanto de los espacios abiertos como de las vías de circulación. Para superar este reto no había más alternativa que edificar construcciones verticales y plurifuncionales sobre una pequeña superficie de la totalidad del terreno. Sea de esto lo que fuere, las ideas del visionario arquitecto llamaron la atención de Pani, quien las reinterpretó y probó en México con el propósito de alentar el crecimiento vertical de la capital y evitar su desmedida expansión horizontal.

En sus búsquedas, Pani no andaba solo. En 1930, y con el patrocinio de la iniciativa privada, el arquitecto Juan Segura erigió el edificio Ermita de ocho niveles. Se trata de una construcción, aún en uso, que combina diversas funciones; comercios en planta baja, cine y tres tipos de departamentos en los pisos superiores con una zona comunal recreativa.

Multifamiliar Miguel AlemA?n

Multifamiliar Miguel Alemán

Finalmente, en 1949 se inauguró el Multifamiliar Miguel Alemán, proyecto y construcción de Mario Pani con Salvador Ortega. Esta estructura representa la primera vivienda colectiva social de gran altura, ubicada en la colonia de Valle, entre las calles de Parroquia y Félix Cuevas, también en la Ciudad de México. El conjunto está integrado por seis edificios de 13 pisos de altura y seis de tres pisos, en los que 1,200 familias comparten parques, espacios abiertos, A?reas deportivas y comercios. Fue así que los “rascacielitos” de Pani, se transformaron en audaces torres de modernos departamentos aún en uso y muy apreciados por sus moradores.

La inflación de la posguerra provocó el déficit en la balanza de pagos nacional, dadas las crecientes importaciones de bienes de producción y capital que requería México para continuar su desarrollo. La recesión estadounidense de 1948 y el fin de la guerra de Corea en 1952 también golpearon severamente a la hasta entonces floreciente economía del país.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.