La retina, el cerebro y el corazón de José María Velasco (1840-1912)

Por Enrique Estrada, pintor

Revista BiCentenario #19

Iniciando la visión aérea. Tengo frente a mí la Vista del Valle de México desde el cerro de Santa Isabel que pintó José María Velasco en 1877. Si le quitamos el primer plano, donde todavía vuela el águila con la serpiente en el pico, símbolo fundacional de México, la vista desde este amplísimo espacio de nuestro valle anuncia lo que hasta 26 años después sería posible, pues fue hasta fines de 1903 cuando con el avión de los hermanos Wright el hombre comenzó a volar y dejó para siempre la sola visión terrestre.

VelascoPodemos afirmar que Velasco adelantó la visión aérea por un cuarto de siglo, porque treparse hasta arriba del cerro de Santa Isabel era como la hazaña de los Wright al montarse en el avión Flyer I, en Kitty Hawk, Carolina del Norte. Es decir, él nos cambió de una vez por todas y para siempre nuestra forma de ver el paisaje.

El gran antecedente de la pintura de Velasco es, como sabemos, el pintor italiano Eugenio Landesio, quien como él fue maestro de la Academia de San Carlos. Me atrevo a pensar que, sin los sabios consejos de su maestro, José María Velasco no hubiera alcanzado su gran pintura, por lo menos, sin duda, no lo hubiera hecho en el breve tiempo que duró su primera etapa. Landesio fue su vaso comunicante con Europa, lo cual confirma mi convicción de que la pintura se representa como una larga cadena en la que los antiguos pintores están encadenados a los nuevos. El Dr. Atl, con su continuada perspectiva curvilínea-aérea y un sentido magnifico del paisaje aparecería, de tal manera, como el pintor que sucedió a Velasco y antecedió a Siqueiros. También la obsesiva presencia de los volcanes resulta ser, temáticamente, un eslabón entre estos tres pintores.

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.