Juan Nepomuceno Méndez. El cacique de Tetela

Juan Nepomuceno Méndez. El cacique de Tetela

José Luis Mora Dionisio
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 61.

La sinuosa vida política de este comerciante acaudalado está marcada por los vaivenes de los acontecimientos de mediados y fines del siglo XIX. Defendió a Antonio López de Santa Anna, luego acompañó a Benito Juárez y finalmente sirvió a Porfirio Díaz, siempre con un mismo objetivo: ser el hombre que condujera los destinos de los poblanos.

En la historia de México hay personajes poco conocidos, pero no por ello menos representativos, pues trascendieron el ámbito local para incidir en el escenario nacional. Es el caso de Juan Nepomuceno Méndez, un cacique de la sierra norte de Puebla que participó en el desarrollo de varios acontecimientos que marcaron el devenir del país. Fue testigo de las disputas por definir la forma de gobierno, combatió en la llamada Gran Década Nacional y participó en la consolidación del Estado mexicano bajo la égida de Porfirio Díaz. Incluso ocupó el Ejecutivo de la Unión tras el triunfo de la revolución de Tuxtepec.

La visión que ha prevalecido sobre Juan Nepomuceno Méndez es la de héroe. En Puebla, su trayectoria ha sido reconocida con diversos actos. Está inscrito con letras de oro en el Congreso local, un municipio del estado lleva su nombre y se han construido estatuas en su honor. Estos actos, entre otros, lo han convertido en una figura inmaculada, de la que no se conocen sus aspectos discordantes o más complejos de entender. Luis Enrique Palacios Martínez, uno de sus biógrafos, señala que el personaje era un héroe y estaba dispuesto a sacrificarse por su país, cuando en realidad lo motivaba el deseo de mantener el control de Tetela de Ocampo, su pueblo natal, y obtener la gubernatura de Puebla.

Formación

Juan Nepomuceno Laureano de Jesús Méndez Sánchez nació el 3 de julio de 1824 en Tetela del Oro, actualmente Tetela de Ocampo. En sus primeros años de vida, su familia se adaptó a los constantes cambios en el ejecutivo nacional y estatal y a las disputas por definir la forma de gobierno del país, lo que le permitió obtener el mando de Tetela. Su padre, José Mariano Méndez, era el comerciante más importante de ese pueblo, quien hizo fortuna gracias al comercio de la plata y oro de las minas locales y a los vínculos que tenía con los comerciantes de vainilla en Papantla. Esto le permitió involucrarse en el gobierno local y en 1837 fue nombrado subprefecto, cargo político más importante a nivel local. Para mantener el control de ese pueblo, José Mariano integró a sus familiares a los negocios y al gobierno local.

        Juan Nepomuceno Méndez participó en las actividades de su padre, pero la relación con él fue tensa. Fue un destacado alumno en la escuela local y logró ingresar al Colegio del Estado de Puebla en 1835, junto con su hermanastro Leocadio Guadalupe. Sin embargo, este último convenció a su padre de sacarlos de aquella institución para que regresaran a Tetela y se dedicaran a los negocios familiares, hecho que molestó a Juan Nepomuceno, quien sentía vocación por el estudio.

Asimismo, su progenitor no aprobó su matrimonio con Trinidad González y Costruera en 1843 y le retiró su apoyo, pues esperaba que él se casara con la hija de algún comerciante de vainilla, para que su fortuna se acrecentara. Sin embargo, el padre se retractó pues su hijo era indispensable para el funcionamiento de los negocios familiares. De hecho, le entregó un capital para que hiciera su propia riqueza. Se asoció con los migrantes franceses que residían en Tetela, lo que le permitió convertirse en uno de los hombres más acaudalados de la región.

Además de convertirse en un hombre próspero, Méndez participó en la vida pública de Tetela. En 1844 instaló la Compañía Lancasteriana y comenzó sus actividades como apoderado de algunos vecinos y comerciantes del pueblo en litigios sobre bienes y deudas. Su buen desempeño como maestro y representante le valió obtener el respeto de los tetelenses. Asimismo, en 1845 comenzó a participar en el gobierno local. En los siguientes diez años, mientras las administraciones nacional y estatal enfrentaban dificultades para gobernar, el país seguía inmerso en conflictos y sufrió una dolorosa derrota en la guerra contra los Estados Unidos, Tetela se mantuvo en relativa calma. Esto permitió a Juan Nepomuceno Méndez dedicarse a los asuntos locales sin obstáculo y se desempeñó en los cargos de regidor y alcalde en varias ocasiones. En 1855 su padre consideró que ya tenía la suficiente experiencia en los asuntos de la administración local y logró que el gobierno estatal lo nombrara subprefecto.

Demostró ser un funcionario eficaz. Resolvió los problemas por tierras entre los indígenas y defendió los intereses de los tetelenses, logrando que estos lo consideraran su protector, al tiempo que cumplía con las órdenes dictadas por el gobierno estatal y nacional. Incluso fue capaz de sobrevivir a los cambios políticos que provocó el triunfo de la revolución de Ayutla, a pesar de ser partidario de Antonio López de Santa Anna. Llegó a integrar la guardia nacional para defender a esa administración pero al no suceder esto se adhirió al gobierno liberal de Puebla y, si bien las nuevas autoridades desconfiaron de él y lo despojaron de la subprefectura, pronto demostró que podría ser útil y recuperó aquel cargo.

Méndez tenía su vida asegurada: era un hombre próspero, los tetelenses reconocían su autoridad y se desempeñaba en el cargo más importante de su pueblo, adaptado a los cambios de la política nacional y estatal. Sólo tendría que esperar a que su padre falleciera para remplazarlo como cacique de Tetela y vivir con relativa calma el resto de sus días. Sin embargo, los conflictos que sucedieron a finales de 1855 modificaron sus planes.

Guerra y política

En diciembre de 1855, al tiempo que Ignacio Comonfort asumía la presidencia del país, en la sierra norte de Puebla estallaba una rebelión como reacción a la ley Juárez, que abolió los fueros eclesiástico y militar en materia civil y penal. Después de que Antonio de Haro y Tamariz asumiera el mando del movimiento y los rebeldes capturaran Puebla, Comonfort ordenó la movilización a la guardia nacional para combatir a los insurrectos. Méndez acudió al llamado y se integró al batallón de Zacatlán, que venció a los sublevados en el sitio de Puebla de marzo de 1856. A su regreso a Tetela, continuó como subprefecto y aplicó eficazmente la ley Lerdo, que tenía el objetivo de reactivar la economía del país a través de la venta de los bienes de la iglesia, al tiempo que el gobierno recaudaba ingresos.

        El fallecimiento de su esposa Trinidad González y Costruera, en febrero de 1857, provocó que se retirara de la política. No obstante, las elecciones celebradas a mediados de ese año lo motivaron a regresar a la vida pública y ser electo diputado local. En sus primeros meses, su protagonismo en el Congreso fue escaso. Sin embargo, después de ayudar al gobernador Miguel Cástulo de Alatriste a sofocar las rebeliones en su contra, cobró notoriedad. En octubre, sus compañeros lo nombraron diputado secretario y, en diciembre, presidente del Poder Legislativo.

       Tras la proclamación del plan de Tacubaya, que anuló la vigencia de la Constitución y provocó que el país se dividiera entre liberales y conservadores, Méndez acompañó a Alatriste a instalar su administración en la sierra norte de Puebla y movilizó a los tetelenses para que apoyaran al proyecto liberal. Después de organizar la guardia nacional del Estado, se trasladó a Veracruz para ponerse a las órdenes del gobierno de Benito Juárez. En ese puerto, recibió instrucción militar y le encargaron expulsar a los conservadores de la sierra norte de Puebla. Entre 1858 y mediados de 1859, Méndez venció a sus enemigos y logró el reconocimiento de Benito Juárez y Melchor Ocampo, quienes le confiaron la organización de batallones de guardia nacional en la sierra.

        El entonces coronel Méndez consideró que no sólo podía usar el respaldo del gobierno liberal para mantener su cacicazgo en Tetela, sino obtener la gobernatura poblana. De hecho, logró su objetivo, convenció al presidente Juárez de que Alatriste era un mal gobernante. No obstante, no consiguió que el resto de los liberales poblanos, como Rafael Cravioto, reconocieran su autoridad. Así que, a mediados de 1860, cuando Juárez volvió a confiar en Alatriste, lo relegó a un papel secundario durante el resto de la guerra de reforma. Tras la conclusión de este conflicto, ocupó nuevamente una curul en el Congreso local y pudo ajustar cuentas con Alatriste, pues él y el resto de los diputados lo obligaron a renunciar por no derrotar a las guerrillas conservadoras. Aunque esperaba recuperar el ejecutivo poblano, se conformó con el cargo de secretario de Gobernación y Milicia local.

      La intervención francesa en el país, motivada por los intereses expansionistas de Napoleón III y el anhelo de los conservadores por instalar una monarquía en México, lo obligaron a sumarse de nuevo en la guardia nacional para defender al gobierno republicano. Aunque tuvo una destacada participación en la batalla del 5 de mayo de 1862, en la que resultó herido y las secuelas de esa lesión lo afectaron el resto de su vida, e incluso combatió en el sitio de Puebla al año siguiente, su intervención en la guerra posterior contra Francia y el imperio de Maximiliano fue episódica.

El general Miguel Negrete le otorgó el grado general de brigada en julio de 1863, pero Méndez no estuvo dispuesto a participar en la resistencia republicana en la sierra. Se resistía a colaborar con varios de sus enemigos, como el gobernador Rafael Cravioto, pues este no lo respaldó en el conflicto que tuvo con Alatriste durante la guerra de reforma. Al mismo tiempo había perdido el control político de Tetela, que estaba en manos de su cuñado Francisco de Paula Zamitiz. Optó por mantenerse alejado de las operaciones militares hasta diciembre de 1864, cuando Fernando María Ortega asumió la gubernatura poblana y le pidió que dirigiera la lucha contra el imperio en la sierra, a cambió de que le ayudara a recuperar su cacicazgo en Tetela.

Entre 1865 y 1866 consiguió que los tetelenses entregaran recursos para sostener a la resistencia y movilizó a la guardia nacional para combatir tenazmente al ejército imperial en la sierra poblana. Incluso, cuando su pueblo fue capturado, continuó luchando desde la zona de Papantla con el apoyo de los campesinos de la región, quienes lo consideraban su protector. Su lucha contra el imperio de Maximiliano encerraba como contraparte el interés del reconocimiento de Juárez por sus servicios, sin embargo, este provendría del general Porfirio Díaz, con quien entabló una buena relación mientras colaboraban para derrotar al imperio. En 1867, el general Méndez siguió las instrucciones de Díaz para organizar a las tropas republicanas que capturaron la capital poblana en abril, al tiempo que él se dirigió al sitio de Querétaro. Mientras se desarrollaba esta última operación, el militar oaxaqueño le entregó la gubernatura interina de Puebla, pues confiaba que podría resolver los conflictos que vivía esa entidad.

La búsqueda del poder

Tras el triunfo de la república, el presidente Juárez ordenó a Méndez que abandonara la gubernatura de Puebla; no confiaba en él, pues no le perdonaba que lo hubiera engañado durante la guerra de reforma para conseguir el mando político y militar de ese estado. La respuesta de Méndez fue el desafío. Se presentó luego a las elecciones estatales de 1868, pero el Congreso local ignoró los resultados e instaló a Rafael J. García, compadre del oaxaqueño, en la gubernatura. De inmediato movilizó a sus partidarios en la sierra norte de Puebla y se levantó en armas, pero fracasó. Derrotado, regresó a Tetela para consolidar su cacicazgo e impulsar la carrera política de familiares y amigos, al tiempo que intentaba reconciliarse con Juárez.

En 1872, a pedido de Porfirio Díaz, aceptó colaborar en la revolución de la Noria, pues no sólo mantenía una buena relación con el militar oaxaqueño, sino que era el único que podía ayudarlo a obtener la gubernatura. Aunque Méndez tuvo a la sazón escaso protagonismo militar, movilizó a los pueblos de la sierra para apoyar a Díaz y convenció a Juan Francisco Lucas y Juan Crisóstomo Bonilla, sus aliados desde la guerra de reforma, de dirigir a las tropas rebeldes en Puebla. Sin embargo, el movimiento fracasó estrepitosamente. Después, durante la administración de Sebastián Lerdo de Tejada, Méndez intentó, sin éxito, recuperar su protagonismo en la política poblana.

Hacia 1876 Díaz lo vuelve a invitar a colaborar en la revolución de Tuxtepec. Méndez desempeña un papel fundamental en el triunfo del movimiento, permitiéndole regresar al escenario poblano y nacional. Como recompensa por sus servicios, fue nombrado encargado del Ejecutivo de la Unión entre diciembre de 1876 y febrero de 1877. Después de entregar la presidencia a Díaz, Méndez esperaba recibir al fin la gubernatura de su estado, pero el general la entregó a Juan Crisóstomo Bonilla, aliado del tetelense. Díaz adoptó esta medida porque no quería enemistarse con José María Couttolenc, un importante hacendado del centro de Puebla, que también colaboró en el triunfo del movimiento. A cambio, Méndez ocupó una curul en el Senado.

El 1 de octubre de 1880, dos meses antes de que Manuel González ascendiera a la presidencia de la República, el general Méndez cumplió con sus aspiraciones al tomar posesión como gobernador constitucional de su estado. Si bien su administración impulsó la educación y las obras públicas, sus adversarios impidieron que se consolidara en el poder con revueltas que desestabilizaron la entidad. Además, Méndez confrontó a Díaz por su deseo de reelegirse y este no toleró su rebeldía. A principios de 1885 le impidió instalar a su hijo Miguel en la gubernatura e impuso al general Rosendo Márquez. Asimismo, como sospechaba que el tetelense se trasladaría a la sierra para movilizar a la guardia nacional, le ordenó instalarse en la ciudad de México para asumir la presidencia de la Suprema Corte de Justicia Militar. De esta manera, Méndez perdió el mando de su estado, aunque se mantuvo trabajando en la administración porfirista hasta 1894 cuando muere.

En síntesis, al indagar en la vida de Juan Nepomuceno Méndez, podemos descubrir que no luchó por abnegación patriótica, sino que su motivación fue mantener un cacicazgo que le permitiera posicionarse en la vida pública poblana y nacional, y cumplir con su mayor aspiración política, llegar a la gubernatura de Puebla.

Para saber más

  • Aguilar Patlán, Venancio Armando, Tetela de Ocampo durante la Intervención Francesa, México, Gobierno del Estado de Puebla, 2012.
  • Mora Dionisio, José Luis, “El león de la montaña, la trayectoria del general Juan Nepomuceno Méndez, 1824-1867”, México, tesis de maestría en Historia Moderna y Contemporánea, Instituto Mora, 2023.
  • Palacios Martínez, Luis Enrique, Juan N. Méndez héroe republicano, maestro de integridad, México, Instituto de Investigaciones Legislativas, Financieras y Socioeconómicas Gilberto Bosques Saldívar del Congreso del Estado de Puebla, 2020.
  • Thomson, Guy P. C., El liberalismo popular mexicano Juan Francisco Lucas y la sierra de Puebla, 1854-1917, México, Educación y Cultura, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2011.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *